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Psicóloga en Vecindario y online - Cuando el compromiso mata el deseo

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Cuando el compromiso mata el deseo

 

Heridas infantiles y miedo a la intimidad en las relaciones de pareja

 

En muchas relaciones de pareja ocurre un fenómeno desconcertante: tras años de vínculo estable —tres, cuatro, cinco años—, convivencia emocional satisfactoria, complicidad, risas, proyectos compartidos, aparece de pronto una sensación difícil de explicar.

La pareja ya no gusta.

No apetece el contacto sexual.

El cuerpo del otro empieza a generar rechazo.

Y la idea de boda, hijos o familia provoca angustia más que ilusión.

 

Con frecuencia, la persona que lo vive se pregunta:

“¿Se me ha acabado el amor?”

“¿He elegido mal?”

“¿Ya no me atrae?”

 

Sin embargo, en muchos casos no estamos ante una falta de amor, sino ante la activación de heridas emocionales profundas, generalmente originadas en la infancia.

 

El momento clave: cuando el vínculo se vuelve definitivo

 

Mientras la relación es:

  • ligera
  • divertida
  • sin grandes compromisos
  • con margen de salida

 

el deseo suele mantenerse.

 

Pero cuando aparece:

  • la estabilidad prolongada
  • la expectativa de “para siempre”
  • la boda
  • los hijos
  • la familia

 

el vínculo deja de ser solo una relación y se convierte en una estructura emocional profunda.

 

Ahí es donde el inconsciente entra en juego.

 

El deseo no desaparece porque sí

 

El deseo sexual no se apaga únicamente por rutina o monotonía.

En muchos casos, lo que desaparece es la seguridad interna para sostener la intimidad profunda.

 

El cuerpo empieza a decir:

 

“Esto es demasiado cerca.”

“Esto es demasiado definitivo.”

“Aquí no puedo escapar.”

 

Y entonces aparece el rechazo como mecanismo de defensa.

 

Heridas infantiles que pueden estar detrás

 

  1. Herida de apego inseguro

 

Personas que crecieron con:

  • figuras afectivas inconsistentes
  • amor impredecible
  • miedo al abandono o a la invasión

 

aprenden que:

  • amar es peligroso
  • depender es arriesgado

 

Cuando la pareja se convierte en “hogar emocional”, se activa el miedo:

 

“Si me vinculo del todo, puedo perderme o sufrir.”

 

El deseo cae como forma de crear distancia.

 

  1. Herida de fusión o invasión

 

En historias donde:

  • no hubo límites claros
  • el niño fue emocionalmente absorbido
  • se esperaba que cuidara a los adultos

 

la intimidad profunda se vive como pérdida de identidad.

 

Cuando la pareja quiere compartirlo todo:

  • proyectos
  • cuerpo
  • futuro
  • familia

 

el cuerpo responde rechazando:

 

“Si me entrego, dejo de ser yo.”

 

La pérdida de deseo protege la individualidad.

 

  1. Asociación inconsciente entre compromiso y sacrificio

 

Si el modelo familiar fue:

  • padres infelices
  • relaciones sostenidas por obligación
  • matrimonios sin deseo ni vitalidad

 

el inconsciente aprende que:

 

compromiso = renuncia

familia = pérdida de libertad

estabilidad = apagamiento vital

 

Cuando la relación avanza hacia ese lugar, el deseo cae para evitar repetir el destino parental.

 

  1. Miedo a la dependencia emocional

 

Algunas personas aprendieron muy pronto que necesitar es peligroso.

Se volvieron autosuficientes, independientes, fuertes.

 

Pero una pareja estable implica:

  • necesitar
  • apoyarse
  • mostrar vulnerabilidad

 

El deseo sexual, que abre la puerta a la dependencia emocional, se inhibe como defensa.

 

  1. Confusión entre intensidad y amor

 

En historias donde el amor temprano estuvo ligado a:

  • tensión
  • incertidumbre
  • altibajos emocionales

 

la calma se vive como aburrimiento.

 

Una relación sana, estable y predecible puede generar:

 

“Esto no me mueve.”

“No siento lo mismo.”

 

No porque falte amor, sino porque falta la activación emocional conocida.

 

El rechazo al cuerpo del otro: un lenguaje simbólico

 

Cuando alguien dice:

  • “Ya no me gusta su cuerpo”
  • “No me apetece tocarlo/a”
  • “Me genera rechazo físico”

 

muchas veces el cuerpo está expresando:

 

“No puedo sostener esta cercanía.”

“No puedo entrar en este nivel de compromiso.”

 

No es el cuerpo del otro el problema, sino lo que representa: permanencia, hogar, futuro, dependencia, familia.

 

¿Por qué terminar parece la única salida?

 

Porque el sistema emocional infantil no conoce términos medios.

No sabe regular:

  • cercanía sin fusión
  • compromiso sin pérdida
  • amor sin peligro

 

Romper restaura una sensación de alivio inmediato:

  • vuelve el control
  • vuelve la libertad
  • desaparece la presión

 

Pero el patrón tiende a repetirse en relaciones posteriores.

 

¿Qué hacer cuando esto ocurre?

 

No se trata de:

  • forzar el deseo
  • culpabilizarse
  • quedarse por obligación

 

Pero tampoco de huir automáticamente.

 

El trabajo terapéutico consiste en:

  • identificar la herida activa
  • diferenciar el pasado del presente
  • aprender a sostener intimidad sin desaparecer
  • reconstruir el deseo desde la seguridad, no desde la huida

 

Idea final

 

Cuando el deseo desaparece justo cuando el amor se vuelve serio, no suele ser falta de amor, sino miedo a la profundidad del vínculo.

 

El cuerpo no está fallando.

Está protegiendo a una parte antigua que aprendió que amar podía doler.

 

Y lo que se aprendió una vez, puede revisarse, elaborarse y transformarse.

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