miércoles, 23 de septiembre de 2026

IDENTIDAD Y PSICOPATOLOGÍA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - El sistema nervioso y la construcción de la identidad: memoria, trauma y regulación emocional


 Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Trastornos de Conducta y Personalidad

 El sistema nervioso y la construcción de la identidad: memoria, trauma y regulación emocional

  1. El sistema nervioso y la construcción de la identidad

La identidad no depende de una única estructura cerebral, sino que emerge de la interacción entre distintos sistemas implicados en la percepción corporal, la emoción, la memoria, la regulación y los procesos cognitivos superiores.

Durante el desarrollo, estos sistemas experimentan importantes procesos de maduración. Las experiencias tempranas y posteriores, especialmente cuando implican estrés intenso o prolongado, pueden influir en la manera en que el organismo procesa e integra la información sensorial, emocional y cognitiva.

Cuando una experiencia sobrepasa los recursos de regulación de la persona, determinados componentes de la experiencia pueden quedar insuficientemente integrados. Esto ayuda a comprender por qué algunas experiencias traumáticas pueden reaparecer posteriormente en forma de sensaciones corporales, emociones intensas, imágenes, recuerdos fragmentarios o determinadas respuestas defensivas.

  1. Sistema nervioso autónomo, cuerpo y memoria somática

El sistema nervioso autónomo (SNA) participa en la regulación de funciones corporales y en las respuestas adaptativas frente a situaciones interpretadas como relevantes o amenazantes.

La ínsula, especialmente por su papel en la interocepción, interviene en la representación cerebral de los estados internos del organismo. Las experiencias emocionales pueden asociarse así a determinadas configuraciones corporales que posteriormente contribuyen a orientar la conducta.

Aquí resulta útil relacionarlo con la hipótesis del marcador somático de Antonio Damasio. Según esta propuesta, determinadas señales corporales asociadas a experiencias previas pueden contribuir a orientar rápidamente nuestras decisiones ante situaciones posteriores.

Después de experiencias amenazantes pueden aparecer patrones defensivos como:

  • lucha;
  • huida;
  • inmovilización o parálisis;
  • búsqueda de proximidad y conexión;
  • evitación o retirada interpersonal.

Cuanto más intensamente se haya asociado una determinada situación con una respuesta defensiva, más fácilmente ciertos estímulos posteriores que compartan características emocionales pueden desencadenar respuestas semejantes.

  1. Hipocampo y amígdala: memoria contextual y memoria emocional

La amígdala y el hipocampo cumplen funciones diferentes pero estrechamente relacionadas.

La amígdala interviene especialmente en la detección de relevancia emocional y amenaza, mientras que el hipocampo resulta fundamental para la memoria episódica y contextual, permitiendo situar los acontecimientos en unas coordenadas espaciales y temporales.

Durante situaciones de estrés intenso, la actividad de los sistemas de estrés puede alterar el funcionamiento normal de estos circuitos. El cortisol, las catecolaminas y otros mediadores pueden modificar la consolidación y recuperación de los recuerdos.

La activación noradrenérgica de la amígdala puede favorecer la consolidación de determinados componentes emocionales de una experiencia. Al mismo tiempo, niveles elevados o prolongados de estrés pueden perjudicar determinados procesos dependientes del hipocampo.

Esto permite comprender una aparente paradoja del trauma: algunos aspectos emocionales o sensoriales del acontecimiento pueden quedar extraordinariamente fijados mientras que su contextualización autobiográfica resulta fragmentaria o deficiente.

Pueden aparecer fenómenos como recuerdos intrusivos, pesadillas, dificultades para recuperar determinados aspectos del acontecimiento o respuestas emocionales intensas ante estímulos asociados al mismo.

Una precisión importante: no sería correcto afirmar simplemente que amígdala e hipocampo «funcionan de forma opuesta» y que cuanto más funciona uno menos funciona el otro. Su relación es mucho más compleja y depende del tipo, intensidad y duración del estrés.

  1. Tálamo e integración de la información

El tálamo constituye una importante estación de procesamiento e integración de información sensorial y participa en circuitos relacionados con la atención, la conciencia y la regulación cortical.

En situaciones traumáticas graves pueden producirse alteraciones en la integración de distintos componentes de la experiencia. Clínicamente, esto puede relacionarse con fenómenos disociativos como:

despersonalización, sensación de extrañeza respecto de uno mismo;

desrealización, percepción del entorno como extraño o irreal;

amnesia disociativa, dificultad para recuperar determinados contenidos autobiográficos relacionados con experiencias relevantes.

Conviene, sin embargo, no presentar como hecho neurobiológico establecido que estos fenómenos sean consecuencia directa de «un exceso de opioides en el tálamo por activación dorsovagal». Esa formulación pertenece a determinadas interpretaciones teóricas del trauma y no constituye una explicación neurobiológica consensuada de la disociación.

  1. Corteza cerebral, conciencia e identidad

Las áreas corticales permiten formas cada vez más complejas de representación de uno mismo y del entorno.

La construcción del self o sentido de identidad requiere la integración de información corporal, emocional, autobiográfica y social procedente de múltiples sistemas cerebrales.

Por ello, la identidad no puede localizarse simplemente «en la corteza». Participan redes distribuidas que incluyen estructuras corticales y subcorticales.

Cuando existen estados persistentes de hiperactivación o hipoactivación asociados al estrés, pueden verse afectados procesos como la atención, la regulación emocional, la memoria autobiográfica, la interpretación de las señales sociales y la capacidad para elaborar narrativamente las propias experiencias.

  1. Trauma, relaciones interpersonales y desarrollo

Otro aspecto fundamental es que las experiencias potencialmente traumáticas no se limitan exclusivamente a situaciones en las que existe peligro físico o riesgo para la vida.

También pueden resultar psicológicamente muy relevantes determinadas experiencias interpersonales, especialmente cuando son persistentes y ocurren durante etapas sensibles del desarrollo: rechazo, negligencia, violencia, humillación, imprevisibilidad de los cuidadores o ausencia de regulación interpersonal adecuada.

Sin embargo, tampoco toda experiencia dolorosa, frustrante o interpersonalmente difícil constituye por sí misma un trauma. Su impacto depende de múltiples factores: intensidad, duración, etapa evolutiva, significado atribuido, recursos personales, contexto interpersonal y disponibilidad de apoyo.

  1. Desarrollo, regulación emocional e identidad

A lo largo de la infancia, adolescencia y edad adulta se producen importantes transformaciones neuropsicológicas y sociales.

Las relaciones tempranas contribuyen al aprendizaje de la regulación emocional. Posteriormente, el desarrollo del lenguaje permite representar y comunicar los estados internos. Durante la adolescencia adquieren especial importancia las relaciones entre iguales, la autonomía y la elaboración progresiva de la identidad.

En la juventud y edad adulta continúan desarrollándose procesos relacionados con autonomía, proyectos vitales, relaciones significativas y construcción de una narrativa coherente sobre quién se es.

Por ello, la identidad debe entenderse como un proceso dinámico, resultado de la interacción entre biología, desarrollo, memoria, aprendizaje, relaciones interpersonales, cultura y experiencias vitales.

  1. Sustancias implicadas en la comunicación y regulación del sistema nervioso

En estos procesos intervienen neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas. Conviene distinguirlos porque no todos actúan de la misma manera.

Adrenalina y noradrenalina. Participan en la respuesta de activación frente a acontecimientos relevantes o amenazantes, aumentando el estado de alerta y preparando al organismo para responder.

Dopamina. Interviene en procesos de motivación, aprendizaje, recompensa, saliencia y control motor. No es correcto reducirla a «dopamina baja = depresión» y «dopamina alta = delirio», porque su funcionamiento depende de los circuitos cerebrales implicados y es considerablemente más complejo.

Cortisol. Es uno de los principales productos finales del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y participa en la respuesta del organismo al estrés. Sus efectos dependen tanto de la intensidad como de la duración y del patrón temporal de activación.

Glutamato. Es el principal neurotransmisor excitador del sistema nervioso central y desempeña un papel fundamental en plasticidad sináptica, aprendizaje y memoria. Una activación glutamatérgica excesiva puede producir efectos perjudiciales, pero tampoco sería correcto afirmar que el glutamato es, por sí solo, «el causante de los ataques de pánico».

GABA. Es el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central. Contribuye al equilibrio entre excitación e inhibición neuronal y participa en múltiples procesos relacionados con la regulación de la actividad cerebral.

Opioides endógenos. Incluyen sustancias como endorfinas, encefalinas y dinorfinas. Participan, entre otras funciones, en la modulación del dolor, recompensa, estrés y determinadas experiencias afectivas.

Oxitocina. Participa en numerosos procesos sociales y fisiológicos, entre ellos aspectos relacionados con el vínculo, la conducta social y determinadas formas de regulación interpersonal. Sus efectos dependen considerablemente del contexto y no debe entenderse simplemente como la «hormona del apego».

Idea central 

cuerpo → emoción → memoria → integración → conciencia → identidad.

El organismo detecta y responde a lo que ocurre; la experiencia adquiere significado emocional; algunos de sus componentes se almacenan en diferentes sistemas de memoria; la adecuada integración de esos componentes permite construir una experiencia autobiográfica coherente; y esa continuidad entre cuerpo, emociones, recuerdos y relaciones contribuye a la construcción progresiva del self y de la identidad.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


martes, 22 de septiembre de 2026

VIOLENCIA DE GÉNERO - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Sigo queriéndole después del maltrato: ¿es normal?

 Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Violencia de Género

Sigo queriéndole después del maltrato: en terapia también puedes hablar de lo que realmente sientes

Quizá hay algo que no te atreves a contarle a nadie.

Tu familia sabe lo que ocurrió.

Tus hijos pueden haber visto tu sufrimiento o haberte ayudado a salir de la relación.

Tus amistades quizá estuvieron a tu lado cuando peor estabas.

Todos esperan que estés mejor.

Que no quieras volver a verle.

Que después de todo lo ocurrido tengas claro que esa relación terminó.

Pero hay una parte de tu historia que quizá estás viviendo en silencio:

sigues queriéndole.

Piensas en él.

Le echas de menos.

Recuerdas los momentos buenos.

Quizá deseas verle.

Puede que incluso una parte de ti quiera volver.

Y entonces aparece otra preocupación:

«¿Cómo voy a decir esto después de todo lo que ha ocurrido?»

En terapia también podemos hablar de eso.

No necesitas contarme lo que crees que deberías sentir.

Puedes contarme lo que realmente estás sintiendo.

Quizá estás diciendo a los demás que estás bien cuando no es toda la verdad

Después de salir de una relación de maltrato puede producirse una situación especialmente difícil.

Las personas que te quieren sienten alivio porque has conseguido salir.

Te apoyan.

Intentan protegerte.

Y quizá tú también les dices:

«No voy a volver.»

«Ya lo tengo claro.»

«No quiero saber nada más de él.»

Pero después llega la noche.

Estás sola.

Y piensas en él.

Quizá miras el teléfono esperando un mensaje.

Recuerdas cómo era vuestra relación cuando estabais bien.

Te preguntas qué estará haciendo.

Puede que incluso imagines cómo sería volver.

Y todo esto puede provocar mucha vergüenza porque parece incompatible con lo que ocurrió.

Por eso algunas mujeres terminan llevando dos experiencias simultáneamente: la que pueden contar a los demás y la que viven cuando están solas.

En terapia me interesa conocer ambas.

No tienes que demostrarme que has dejado de quererle

Pedir ayuda psicológica después de haber sufrido maltrato no exige haber dejado de sentir amor por esa persona.

Tampoco necesitas demostrarme que tienes claro qué quieres hacer.

Puedes acudir a consulta sintiendo alivio por haber salido y, al mismo tiempo, deseando regresar.

Puedes estar enfadada y echarle de menos.

Puedes recordar perfectamente lo que te hizo y seguir sintiendo cariño.

Puedes saber que hubo comportamientos que te hicieron daño y continuar preguntándote si podría cambiar.

Las emociones contradictorias también pueden formar parte de tu experiencia.

Y podemos hablar de ellas.

Puedes decirme «quiero volver con él»

Esta quizá sea una de las frases que más miedo puede dar pronunciar.

Especialmente cuando todo el mundo a tu alrededor considera evidente lo que deberías hacer.

En consulta puedes decir:

«Quiero volver con él.»

Y mi primera respuesta no necesita ser juzgarte.

Podemos intentar comprenderlo.

¿Qué echas de menos?

¿Qué ocurre cuando estás sola?

¿Qué significaba esa relación para ti?

¿Qué parte de aquella vida deseas recuperar?

¿Qué esperas que pudiera cambiar?

¿Qué sientes que has perdido?

¿Qué te preocupa del futuro sin él?

Quizá algunas de estas preguntas tengan respuesta y otras todavía no.

No pasa nada.

La terapia también puede ser el lugar donde empecemos a descubrirlas.

No tienes que protegerme de tu verdad

A veces una paciente puede empezar a seleccionar lo que cuenta a su psicóloga.

Puede pensar:

«Esto no se lo voy a decir porque va a pensar que estoy haciendo las cosas mal.»

«Después de todo lo que le he contado, ¿cómo voy a reconocer ahora que quiero verle?»

«Seguro que me dice que no debería sentir esto.»

Pero si precisamente aquello que más te preocupa queda fuera de la consulta, estamos dejando fuera una parte fundamental de tu experiencia.

No necesito que me cuentes una versión de ti que parezca más fuerte, más coherente o más recuperada.

Necesito comprender cómo estás realmente.

También aquello que te resulta contradictorio.

También aquello que todavía no comprendes.

También aquello que te avergüenza.

Hablar de algo no significa que tengamos que hacerlo

Esta distinción es fundamental.

Sentir no es decidir.

Pensar no es actuar.

Desear no es hacer.

Puedes hablar durante una sesión de cuánto deseas verle sin que eso signifique que vayas a hacerlo.

Puedes reconocer que quieres volver sin haber decidido volver.

Puedes hablar del amor que todavía sientes sin negar la violencia que sufriste.

La consulta puede permitirnos crear un espacio entre lo que sientes y lo que finalmente decides hacer.

Y en ese espacio podemos comprender mucho mejor qué te está ocurriendo.

Tampoco voy a obligarte a hablar mal de él

Puede que otra de tus preocupaciones sea esta:

«Todo el mundo habla de él como si fuera un monstruo, pero yo no lo veo solamente así.»

Quizá recuerdes cosas buenas.

Puede que haya aspectos de él que todavía valores.

Momentos en los que te sentiste querida.

Experiencias importantes que compartisteis.

Reconocer esos recuerdos no significa negar la violencia.

No necesitas transformar toda tu historia en algo horrible para poder reconocer que determinadas conductas fueron inaceptables o te hicieron daño.

Podemos trabajar con una realidad mucho más compleja:

hubo cosas que significaron mucho para ti y también hubo cosas que te hicieron sufrir.

No tenemos que borrar una parte para reconocer la otra.

Puedes hablar de aquello que nadie entiende

Quizá las personas de tu entorno te dicen:

«Después de lo que te hizo, no entiendo cómo puedes echarle de menos.»

Y quizá tú tampoco lo entiendes.

Precisamente por eso podemos hablarlo.

La terapia puede ser un lugar para poner palabras a cuestiones como:

«¿Por qué sigo queriéndole?»

«¿Por qué pienso tanto en él?»

«¿Por qué tengo ganas de verle?»

«¿Por qué recuerdo más los momentos buenos ahora que hemos terminado?»

«¿Por qué una parte de mí sigue esperando que cambie?»

«¿Por qué me siento culpable por haberle dejado?»

«¿Por qué estoy triste si sé que la relación me hacía daño?»

No necesitas conocer las respuestas antes de venir.

Encontrarlas puede formar parte de la terapia.

También podemos hablar de lo que te da vergüenza

Puede haber pensamientos, sentimientos o comportamientos que todavía no hayas contado a nadie.

Quizá has respondido algún mensaje.

Has buscado información sobre él.

Has deseado encontrártelo.

Has pensado en llamarlo.

Has fantaseado con una reconciliación.

O simplemente sigues sintiendo deseo, cariño o preocupación por él.

Sentir vergüenza puede llevarte a esconder precisamente aquello que más te preocupa.

Mi intención no es que vengas a consulta para demostrar que estás haciendo todo correctamente.

Vienes para poder trabajar con lo que realmente está ocurriendo.

Escucharte sin juzgar no significa restar importancia a lo que ocurrió

Esto también quiero dejarlo muy claro.

Que puedas hablar libremente de tus sentimientos no significa que ignoremos comportamientos violentos ni posibles situaciones de riesgo.

Podemos comprender que quieras verle y, al mismo tiempo, hablar de tu seguridad.

Podemos entender que todavía le quieras y reconocer determinadas conductas como violentas.

Podemos respetar tus sentimientos y ayudarte a observar riesgos que quizá necesiten ser tenidos en cuenta.

Y si existe una situación de peligro actual, amenazas, acoso, intimidación o medidas judiciales, la seguridad necesita formar parte del trabajo.

Escucharte y protegerte no son objetivos incompatibles.

No voy a sustituir tus decisiones por las mías

Después de una relación en la que quizá otra persona decidió durante mucho tiempo lo que podías hacer, con quién podías relacionarte, cómo debías comportarte o incluso qué tenías derecho a sentir, considero especialmente importante que la terapia no reproduzca otra relación de control.

Eso no significa que como psicóloga no vaya a señalar algo que considere preocupante.

Puedo ayudarte a identificar comportamientos violentos.

Podemos valorar riesgos.

Puedo ofrecerte información.

Podemos cuestionar determinadas interpretaciones y trabajar sobre aquello que te está haciendo daño.

Pero el objetivo no es que termines dependiendo de mí para saber qué tienes que hacer.

Es ayudarte a recuperar progresivamente tu capacidad para comprender, valorar y decidir.

Quizá nunca has podido contar toda la historia

Puede que hayas hablado anteriormente de lo ocurrido.

Con familiares.

Con amistades.

Con profesionales.

Incluso con la policía, abogados u otros recursos.

Pero contar hechos no siempre significa haber podido contar cómo los viviste.

Quizá todavía quedan muchas cosas dentro.

El amor.

El deseo.

La rabia.

La culpa.

La pena.

Los recuerdos buenos.

La vergüenza.

La soledad.

Las dudas.

El miedo.

Las ganas de volver.

O incluso pensamientos que se contradicen entre sí.

En terapia no necesitamos ordenar todo eso antes de empezar.

Podemos empezar precisamente por el desorden.

¿Cómo trabajo contigo en terapia?

Mi forma de trabajar parte de escuchar y comprender tu experiencia antes de intentar encajarla en una explicación.

No necesito que llegues con una decisión tomada.

Tampoco espero que me cuentes toda tu historia en la primera sesión.

Podemos avanzar a tu ritmo y trabajar sobre aquello que en este momento está ocupando tu mente, generándote sufrimiento o impidiéndote avanzar.

Habrá momentos para comprender.

Momentos para trabajar emociones.

Momentos para revisar pensamientos.

Momentos para hablar de límites y relaciones.

Y, cuando sea necesario, momentos para abordar experiencias traumáticas o prestar especial atención a tu seguridad.

Pero hay algo que quiero que puedas saber desde el principio:

no tienes que venir a terapia a representar el papel de la mujer que ya lo tiene todo claro.

Puedes venir siendo tú.

Con tus contradicciones incluidas.

Psicóloga para mujeres que han sufrido violencia física o psicológica: online y en Vecindario

Si has sufrido violencia en tu relación y existen cosas que no puedes contar a las personas que tienes alrededor, la consulta puede ofrecerte un espacio diferente.

Puedes hablar de lo que ocurrió.

Pero también de lo que continúa ocurriendo dentro de ti.

Incluso si lo que necesitas decir es:

«Todavía le quiero.»

«Le echo muchísimo de menos.»

«Pienso en él todas las noches.»

«Quiero volver y me avergüenza reconocerlo.»

No necesitas ocultarlo para que podamos trabajar juntas.

Ofrezco atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria, desde un enfoque integrativo y adaptado a cada persona.

Puedes empezar por contarme aquello que en este momento más te preocupa.

No lo que crees que deberías sentir. Tu verdad.

Y desde ahí podremos empezar a trabajar.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


VIOLENCIA DE GÉNERO - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Por qué es tan difícil dejar una relación en la que existe maltrato?

Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Violencia de Género

 ¿Por qué es tan difícil dejar una relación en la que existe maltrato?

Desde fuera puede parecer sencillo.

Si una persona te humilla, te controla, te amenaza, te hace sentir miedo o llega a agredirte físicamente, ¿por qué no terminar la relación y marcharse?

Sin embargo, para una mujer que está viviendo una relación de maltrato, la situación puede ser mucho más compleja.

La pregunta «¿por qué no se va?» puede incluso aumentar la culpa y la incomprensión que ya siente.

Quizá una pregunta más útil sea:

¿Qué está haciendo tan difícil que pueda marcharse?

No existe una única respuesta. El miedo, el vínculo afectivo, la esperanza de que la pareja cambie, los hijos, el aislamiento, la dependencia económica, la pérdida progresiva de confianza en una misma o el temor a lo que pueda ocurrir después de la separación pueden intervenir simultáneamente.

Comprenderlo es fundamental para acompañar sin juzgar.

Puedes querer a alguien que también te está haciendo daño

Una de las cuestiones que desde fuera puede resultar más difíciles de comprender es que el maltrato no elimina automáticamente el vínculo afectivo.

Una mujer puede reconocer que determinadas conductas son inaceptables y continuar queriendo a su pareja.

Puede recordar cómo era la relación al principio.

Puede seguir viendo cualidades en él.

Puede pensar en los proyectos que construyeron juntos, en sus hijos, en los momentos buenos o en la vida que esperaba tener a su lado.

Y también puede desear que termine la violencia sin desear necesariamente que termine la relación.

Estos sentimientos contradictorios no significan que la mujer quiera ser maltratada.

Significan que los vínculos humanos pueden ser complejos.

«Quizá cambie»

Después de un episodio de violencia pueden aparecer disculpas, arrepentimiento, promesas o periodos en los que la relación mejora.

La persona puede volver a encontrar al hombre del que se enamoró y pensar:

«Ahora sí se ha dado cuenta.»

«Esta vez será diferente.»

«En realidad él no es así.»

Cuando posteriormente vuelve a producirse un comportamiento violento, aparece de nuevo la confusión.

La esperanza puede convertirse así en una poderosa razón para permanecer en la relación, especialmente cuando existen periodos suficientemente buenos como para mantener la expectativa de recuperar aquello que la relación fue o que se esperaba que llegara a ser.

El maltrato psicológico puede hacerte dudar de ti misma

Cuando durante mucho tiempo una persona escucha que exagera, que interpreta mal las cosas, que provoca los conflictos, que es demasiado sensible o que todo ocurre por su culpa, puede comenzar a cuestionar su propia percepción.

Puede preguntarse:

«¿Y si realmente el problema soy yo?»

«¿Quizá estoy exagerando?»

«¿Y si no es para tanto?»

Esta pérdida de confianza en el propio criterio puede hacer mucho más difícil tomar una decisión tan importante como terminar una relación.

La persona no solamente necesita decidir qué hacer.

Primero puede necesitar volver a confiar en que tiene derecho a interpretar lo que está viviendo.

El miedo también puede impedir marcharse

En algunas relaciones existe un miedo real a las consecuencias de la separación.

La mujer puede temer cómo reaccionará su pareja si descubre que quiere terminar la relación.

Puede haber amenazas, intimidación, persecución, acoso o miedo a que la violencia aumente.

Por eso no debemos asumir que marcharse equivale automáticamente a estar segura.

Cuando existe violencia actual, una separación puede necesitar planificación y valoración de la seguridad.

La decisión de terminar una relación violenta no debería contemplarse únicamente como una cuestión de voluntad.

En determinados casos también es una cuestión de protección.

«¿Y qué hago con mis hijos?»

Cuando existen hijos, la decisión puede resultar todavía más compleja.

Una mujer puede preocuparse por cómo les afectará una separación, dónde vivirán, qué ocurrirá con su relación con el padre o cómo será la organización familiar después.

También puede sentir que está destruyendo una familia.

O puede temer las posibles consecuencias que tendría la separación sobre sus hijos o sobre ella misma.

Desde fuera alguien puede pensar:

«Precisamente por los niños debería marcharse.»

Pero para la persona que está dentro de la situación puede no resultar tan sencillo.

Los hijos pueden convertirse simultáneamente en una razón para plantearse salir y en una fuente enorme de miedo e incertidumbre respecto a cómo hacerlo.

La dependencia económica puede limitar las opciones reales

No todas las personas que quieren terminar una relación disponen inmediatamente de los recursos necesarios para hacerlo.

Puede existir dependencia económica.

Quizá la mujer no tenga ingresos propios suficientes, no sepa dónde vivir, haya dejado de trabajar durante años, dependa económicamente de su pareja o tema no poder mantener a sus hijos.

En algunos casos, además, el control económico forma parte de la propia dinámica de violencia.

Por eso es importante distinguir entre «no quiere marcharse» y «no encuentra todavía una manera segura y viable de hacerlo».

No son lo mismo.

El aislamiento hace todavía más difícil pedir ayuda

En algunas relaciones, la persona ha ido alejándose progresivamente de familiares, amistades y otras fuentes de apoyo.

A veces ese aislamiento ha sido impuesto directamente.

Otras veces se ha producido de manera gradual.

Cuando finalmente contempla la posibilidad de marcharse puede sentir que está completamente sola.

Quizá incluso haya intentado explicar anteriormente lo que ocurre y haya recibido respuestas como:

«Pues déjalo.»

«Yo eso no lo aguantaría.»

«Si has vuelto con él será porque tampoco estará tan mal.»

Ese tipo de respuestas puede hacer que la persona deje de contar lo que está viviendo.

Sentirse juzgada puede aumentar todavía más el aislamiento.

«¿Cómo he permitido llegar hasta aquí?»

También puede aparecer vergüenza.

Una mujer puede sentirse avergonzada de reconocer determinadas situaciones ante familiares, amigos o profesionales.

Especialmente si anteriormente defendió a su pareja, volvió con él después de una separación o aseguró a otras personas que las cosas habían cambiado.

Puede pensar que los demás van a juzgarla.

Y cuanto más avergonzada se siente, más difícil puede resultarle pedir ayuda.

Por eso es tan importante que cuando finalmente habla encuentre escucha y comprensión, no un interrogatorio sobre por qué no actuó antes.

Haber vuelto con tu pareja no significa que aceptes el maltrato

Algunas relaciones atraviesan varias separaciones y reconciliaciones antes de producirse una ruptura definitiva.

Desde fuera esto puede generar frustración:

«¿Otra vez has vuelto con él?»

Pero volver no significa necesariamente que la mujer no comprenda lo sucedido.

Puede continuar existiendo amor, miedo, esperanza, dependencia, presión, preocupación por los hijos o una enorme dificultad para imaginar una vida diferente.

Cada regreso puede formar parte de un proceso complejo en el que la persona todavía está intentando comprender qué está viviendo y qué quiere hacer.

Juzgarla por haber vuelto puede conseguir precisamente lo contrario de lo que pretendemos: que la próxima vez no cuente lo que está ocurriendo.

No todas las mujeres permanecen por las mismas razones

También es importante evitar otra simplificación.

No existe un perfil único de mujer que permanece en una relación violenta.

Una mujer económicamente independiente puede tener enormes dificultades para marcharse.

Otra puede reconocer perfectamente la violencia y permanecer temporalmente porque teme las consecuencias de una separación.

Otra puede continuar profundamente vinculada emocionalmente.

Otra quizá todavía no identifique algunas conductas como maltrato.

Y en muchas pueden coexistir varias razones.

Por eso comprender una relación de violencia exige escuchar la historia concreta de esa persona.

Acompañar no significa presionar

Cuando alguien que queremos está viviendo una situación de maltrato puede aparecer una necesidad comprensible de conseguir que salga inmediatamente de la relación.

Pero presionar, reprochar o amenazar con retirar nuestro apoyo si vuelve con su pareja puede aumentar su aislamiento.

Acompañar no significa considerar aceptable la violencia.

Podemos expresar preocupación.

Podemos señalar comportamientos que nos parecen graves.

Podemos ayudar a buscar información y recursos.

Podemos estar disponibles.

Y, cuando existe riesgo, es fundamental no minimizarlo.

Pero también necesitamos recordar que recuperar la capacidad de decidir puede ser precisamente una parte esencial del proceso.

En terapia no voy a preguntarte «¿por qué no te fuiste?»

Me interesa comprender algo diferente:

¿Qué estaba ocurriendo para que marcharte resultara tan difícil?

¿Qué sentías?

¿Qué temías?

¿Qué esperabas que cambiara?

¿Qué necesitabas?

¿Qué recursos tenías entonces?

¿Qué obstáculos encontrabas?

¿Y qué necesitas ahora?

Estas preguntas permiten comprender la experiencia sin convertir a la propia mujer en responsable de la violencia que otra persona ha ejercido.

Si todavía no sabes qué quieres hacer, también puedes pedir ayuda

No necesitas acudir a terapia diciendo:

«He decidido dejarlo.»

También puedes llegar diciendo:

«No sé qué hacer.»

Podemos empezar desde ahí.

Comprender la relación, identificar comportamientos que te están haciendo daño, explorar cómo te encuentras, valorar tu seguridad y ayudarte a recuperar progresivamente confianza en tus propias percepciones y decisiones.

Si finalmente decides terminar la relación, podremos trabajar también las consecuencias emocionales de ese proceso.

Y si todavía no estás preparada para tomar una decisión, eso también puede formar parte del trabajo terapéutico.

Recuperar tu capacidad para decidir

Uno de los efectos más profundos de determinadas relaciones de violencia puede ser sentir que progresivamente has dejado de dirigir tu propia vida.

Por eso la terapia no debería sustituir el control ejercido por la pareja por el control ejercido por otra persona.

Mi trabajo no consiste en decidir por ti.

Consiste en ayudarte a disponer de mayor claridad, seguridad y recursos para que puedas tomar decisiones desde un lugar diferente.

A veces el primer paso no es marcharse inmediatamente.

Puede ser simplemente empezar a reconocer:

«Esto que estoy viviendo me está haciendo daño y necesito hablar de ello.»

Y pedir ayuda ya puede ser una manera de comenzar a recuperar espacio propio.

Psicóloga para mujeres que han sufrido violencia física o psicológica

Si estás viviendo o has vivido una relación marcada por violencia física, maltrato psicológico, amenazas, control, humillaciones o miedo y te resulta difícil comprender por qué has permanecido en ella o qué hacer ahora, podemos trabajar sobre ello sin juicios.

No necesitas justificar por qué te quedaste.

No necesitas avergonzarte por haber vuelto.

Y tampoco necesitas llegar a consulta con una decisión tomada.

Ofrezco atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria, desde un enfoque integrativo y adaptado a tu situación.

Podemos comenzar por comprender qué estás viviendo y qué necesitas ahora.


RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Qué significa la apertura radical y cómo puede ayudarte en terapia?

Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque

 ¿Qué significa la apertura radical y cómo puede ayudarte en terapia?

Cada modelo de terapia psicológica parte de una determinada manera de comprender por qué sufrimos y qué puede ayudarnos a cambiar.

Algunos tratamientos ponen especialmente el foco en los pensamientos, otros en las emociones, los esquemas aprendidos, las conductas de evitación, las experiencias traumáticas o diferentes formas de afrontar las dificultades.

La Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT) presta especial atención a algo diferente: cómo nos comunicamos emocionalmente con los demás y cómo nuestras señales sociales facilitan o dificultan la conexión.

Esto adquiere especial importancia en las personas con un estilo de sobrecontrol, porque pueden experimentar un considerable sufrimiento interno sin que los demás lleguen a percibirlo.

Pero la apertura radical es algo más que aprender determinadas habilidades. Parte de una manera particular de entender el bienestar psicológico y las relaciones humanas.

Tres capacidades importantes para el bienestar psicológico

Desde esta perspectiva, existen tres capacidades especialmente importantes:

receptividad, flexibilidad y conexión social.

La receptividad nos permite estar abiertos a información nueva, incluso cuando contradice lo que pensábamos.

La flexibilidad nos ayuda a modificar nuestra respuesta cuando las circunstancias cambian, en lugar de permanecer sujetos a una única manera de actuar.

Y la conexión social nos permite establecer relaciones significativas con otras personas.

No significa que necesitemos estar constantemente acompañados ni que todas las personas tengan que ser especialmente sociables.

Una persona puede disfrutar enormemente de la soledad, necesitar mucho espacio personal o preferir pocos vínculos y encontrarse perfectamente bien.

Lo importante es poder establecer conexión emocional cuando la deseamos o necesitamos, sin que la rigidez, el miedo a mostrarnos vulnerables o el exceso de control nos lo impidan.

La manera en que mostramos lo que sentimos importa

Uno de los conceptos más interesantes de RO-DBT es el de señalización social.

Podemos entenderlo de una manera muy sencilla: constantemente comunicamos a los demás información sobre nuestro estado interno mediante nuestra expresión facial, el tono de voz, los gestos, la postura corporal, la mirada y nuestra manera de responder.

Imagina que estás sufriendo, pero cuando alguien te pregunta qué ocurre sonríes ligeramente y contestas:

«Nada, estoy bien».

La otra persona solamente puede responder a las señales que recibe.

Si habitualmente ocultamos nuestro malestar, mantenemos una expresión muy controlada o mostramos algo diferente de lo que sentimos, las personas cercanas pueden tener dificultades para saber cuándo necesitamos apoyo.

Por eso alguien puede tener personas a su alrededor y, sin embargo, experimentar una profunda soledad emocional.

No necesariamente porque los demás no quieran acercarse, sino porque puede resultarles difícil saber cómo hacerlo.

«No vemos las cosas como son, sino como somos»

Esta idea resume bastante bien otro de los principios de la apertura radical.

Todos interpretamos la realidad desde nuestra historia, nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, nuestras emociones y nuestra manera particular de entender el mundo.

Por eso, apertura radical no significa pensar que los demás tienen razón y nosotros estamos equivocados.

Significa estar dispuestos a preguntarnos:

«¿Y si hay algo que no estoy viendo?»

O incluso:

«¿Qué podría aprender de esto?»

La diferencia es importante.

No se trata de renunciar al propio criterio. Se trata de no convertir nuestra interpretación en la única interpretación posible.

Cuestionarnos no significa culpabilizarnos

También quiero diferenciar dos cosas que pueden confundirse fácilmente.

Asumir responsabilidad no significa culparse.

Podemos reconocer nuestra participación en un problema sin concluir automáticamente que somos malas personas, que hemos fracasado o que todo es culpa nuestra.

Y tampoco necesitamos colocar inmediatamente toda la responsabilidad en los demás.

En terapia podemos aprender a preguntarnos:

¿Qué parte de esto depende de mí? ¿Qué puedo aprender? ¿Qué podría hacer de manera diferente la próxima vez?

Sin castigarnos por haber cometido un error.

Los problemas también pueden proporcionarnos información

La apertura radical propone otra forma de relacionarnos con las dificultades.

Cuando algo sale mal, nuestra reacción automática puede ser intentar solucionarlo inmediatamente, evitarlo, controlarlo todavía más o interpretarlo como un fracaso.

Pero un problema también puede convertirse en una oportunidad para descubrir algo sobre nosotros mismos.

Podemos preguntarnos:

¿Qué está poniendo de manifiesto esta situación?

¿Qué me cuesta especialmente aquí?

¿Qué podría necesitar aprender?

Esto es lo que en RO-DBT se denomina autoindagación.

No consiste en analizarse obsesivamente ni en buscar qué hemos hecho mal.

Consiste en acercarnos a nuestra propia experiencia con curiosidad.

En terapia yo tampoco tengo todas las respuestas

Hay otro principio de este enfoque que considero especialmente valioso: el terapeuta no debería asumir que comprende completamente a la persona que tiene delante.

Puedo disponer de conocimientos psicológicos, experiencia clínica y diferentes modelos para intentar comprender lo que está ocurriendo.

Pero tú eres quien vive tu experiencia.

Por eso mi interpretación constituye una hipótesis que podemos explorar, no una verdad que tengas que aceptar.

Intentaré comprenderte aunque también reconozca que nunca podré experimentar exactamente el mundo desde tu lugar.

Esta postura permite que la terapia sea un proceso de colaboración y descubrimiento, en lugar de convertirse en una relación en la que una persona «sabe» y la otra simplemente tiene que seguir instrucciones.

Puedes estar sufriendo aunque nadie lo note

Esta cuestión es especialmente importante en el sobrecontrol.

Hay personas cuyo sufrimiento resulta muy visible.

Pero otras continúan trabajando, estudiando, atendiendo sus responsabilidades y relacionándose aparentemente con normalidad mientras internamente están atravesando un considerable malestar.

Incluso pueden minimizarlo cuando alguien les pregunta.

Por eso, que una persona parezca funcionar bien externamente no significa necesariamente que se encuentre bien internamente.

En consulta no necesito que demuestres cuánto estás sufriendo para considerar importante aquello que estás viviendo.

Quizá no necesites aprender a esforzarte todavía más

Muchas personas con un estilo sobrecontrolado llevan toda su vida esforzándose.

Cumplen. Planifican. Anticipan. Se responsabilizan. Intentan hacerlo correctamente. Perseveran incluso cuando están agotadas.

Por eso, en determinados casos, el cambio no consiste en enseñarles a esforzarse todavía más.

Puede consistir en aprender también a descansar, flexibilizar, jugar, disfrutar, equivocarse y poder reírse amablemente de los propios errores.

Esto puede resultar mucho más difícil de lo que parece para alguien acostumbrado a mantenerse permanentemente bajo control.

El terapeuta también tiene que mostrar aquello que propone

RO-DBT considera que no tendría demasiado sentido que un terapeuta dijera:

«Tienes que relajarte, ser más espontáneo y permitirte equivocarte»

mientras él mismo se comporta durante toda la sesión de manera extremadamente seria, rígida, distante y controlada.

Por eso se concede importancia a que el profesional pueda modelar una relación humana, cercana y flexible.

La espontaneidad, el humor adecuado, la calidez o reconocer con naturalidad un error pueden formar parte de esa relación.

No se trata de perder profesionalidad.

Se trata de que la propia relación terapéutica permita experimentar que se puede ser competente sin necesitar ser perfecto.

¿Y qué ocurre cuando hay un conflicto en terapia?

Una ruptura de la alianza terapéutica significa simplemente que algo ha ocurrido entre paciente y terapeuta que ha generado malestar, distancia, enfado, incomprensión o pérdida de confianza.

Desde esta perspectiva, el objetivo no es fingir que no ha sucedido.

Tampoco abandonar automáticamente la relación.

El conflicto puede convertirse en una oportunidad para practicar algo diferente: hablar de lo ocurrido, expresar el desacuerdo y tratar de reparar la relación.

Para una persona que suele retirarse, cerrarse emocionalmente o distanciarse cuando aparece un conflicto, esta experiencia puede resultar especialmente significativa.

Apertura radical no significa estar de acuerdo con todo

Este punto también conviene dejarlo muy claro.

Ser abierto no significa ser ingenuo.

No significa tolerar comportamientos dañinos.

No significa abandonar nuestros límites.

Y tampoco significa que cualquier opinión ajena sea tan válida como la nuestra.

La apertura radical consiste en conservar la disposición a preguntarnos si existe alguna información que todavía no hemos considerado, incluso cuando finalmente decidamos mantener nuestra posición.

Podemos ser firmes y abiertos al mismo tiempo.

Cómo incorporo estos principios a mi forma de trabajar

Cuando trabajo con patrones de sobrecontrol, no busco que la persona deje de ser responsable, reflexiva, perseverante o cuidadosa.

  • Me interesa ayudarla a ampliar sus posibilidades.
  • Que además de controlar pueda flexibilizar.
  • Que además de analizar pueda experimentar.
  • Que además de cumplir pueda descansar.
  • Que además de resolver pueda tolerar temporalmente no saber.
  • Que además de protegerse pueda acercarse cuando desea conexión.
  • Y que pueda equivocarse sin convertir cada error en una prueba de fracaso personal.

La finalidad no es cambiar quién eres.

Es conseguir que aquellas estrategias que quizá te han ayudado durante muchos años no terminen limitando la vida que quieres construir.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


Psicóloga Vecindario online y presencial infantil adolescentes adultos mayores pareja y familia

Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de informes psicológicos

 Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de i...