miércoles, 23 de septiembre de 2026

DESPERSONALIZACIÓN Y DESREALIZACIÓN - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Despersonalización y desrealización en niños: síntomas y ayuda psicológica

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Despersonalización y desrealización

Despersonalización y desrealización en niños: síntomas y ayuda psicológica

Despersonalización y desrealización en niños: cuando un niño siente que él o el mundo no parecen reales

Un niño puede acercarse a sus padres y decir frases difíciles de comprender: “siento que esto no es real”, “parece que estoy soñando”, “me noto raro”, “es como si no fuera yo” o “parece que estoy viendo mi vida desde fuera”.

Para una familia, escuchar algo así puede resultar muy preocupante. Además, el propio niño puede asustarse porque no entiende qué le está ocurriendo y puede tener dificultades para encontrar las palabras necesarias para explicarlo.

Estas experiencias pueden estar relacionadas con fenómenos de despersonalización o desrealización, dos formas de desconexión que pueden aparecer asociadas a ansiedad intensa, situaciones de estrés, experiencias emocionalmente difíciles u otros problemas psicológicos. Sin embargo, experimentar algún episodio de este tipo no significa necesariamente que el niño presente un trastorno.

Por ello, cuando estas sensaciones son frecuentes, persistentes, generan miedo o comienzan a interferir en su vida cotidiana, es importante realizar una evaluación psicológica individualizada.

¿Qué es la despersonalización en niños?

La despersonalización consiste en una sensación de desconexión respecto a uno mismo.

El niño puede tener la impresión de sentirse diferente, extraño o desconectado de su cuerpo, sus pensamientos o sus emociones.

No todos los niños saben explicar esta experiencia de manera clara. Dependiendo de su edad, pueden utilizar expresiones como:

  • “No me siento yo.”
  • “Es como si estuviera fuera de mi cuerpo.”
  • “Siento mi cuerpo raro.”
  • “Parece que me veo desde fuera.”
  • “Sé que soy yo, pero no me siento como yo.”
  • “Es como si hiciera las cosas automáticamente.”

En otras ocasiones no consiguen describir lo que sienten y simplemente dicen que están “raros”.

Precisamente por ello, escuchar cómo el niño describe espontáneamente la experiencia es especialmente importante.

¿Qué es la desrealización infantil?

En la desrealización, la sensación de extrañeza no se centra fundamentalmente en uno mismo, sino en el entorno.

El niño sabe dónde está y puede reconocer a las personas y lugares que le rodean, pero puede experimentar el mundo como extraño, distante o poco real.

Puede explicarlo diciendo:

  • “Parece que estoy soñando.”
  • “Todo parece falso.”
  • “Mi casa parece diferente aunque sé que es mi casa.”
  • “Las personas parecen lejanas.”
  • “Es como si hubiera una pantalla entre el mundo y yo.”
  • “Todo se ve extraño.”
  • “Parece que las cosas no son reales.”

Una característica importante de estas experiencias es que habitualmente se conserva el contacto con la realidad. El niño experimenta una sensación de irrealidad, pero puede reconocer que se trata de una sensación.

Despersonalización y desrealización: ¿son lo mismo?

No exactamente, aunque pueden aparecer juntas.

En la despersonalización, la sensación de desconexión afecta principalmente a uno mismo:

“Yo no parezco yo.”

En la desrealización, la extrañeza afecta principalmente al entorno:

“El mundo no parece real.”

Un mismo niño puede experimentar únicamente una de ellas o presentar ambas sensaciones en distintos momentos.

¿Por qué puede aparecer despersonalización o desrealización en un niño?

No existe una única causa y no debe presuponerse el origen de estos síntomas sin realizar previamente una evaluación.

En algunos niños, las experiencias de desconexión pueden aparecer en periodos de ansiedad intensa o estrés emocional. También pueden estar relacionadas con situaciones que el menor está viviendo como difíciles, amenazantes o desbordantes.

Entre los factores que deben explorarse pueden encontrarse:

  • ansiedad intensa;
  • ataques de pánico;
  • estrés mantenido;
  • experiencias traumáticas;
  • conflictos familiares importantes;
  • situaciones de violencia;
  • experiencias de acoso escolar;
  • pérdidas o cambios vitales significativos;
  • dificultades emocionales que el niño no consigue expresar;
  • problemas importantes de sueño.

También es necesario valorar otras posibles explicaciones psicológicas o médicas.

Por este motivo, el objetivo de una evaluación no debe ser colocar rápidamente una etiqueta diagnóstica, sino comprender qué está experimentando ese niño concreto y qué factores pueden estar relacionados con sus síntomas.

¿La despersonalización infantil significa que mi hijo está perdiendo el contacto con la realidad?

Esta es una de las preocupaciones que pueden aparecer en las familias.

La sensación de irrealidad propia de la despersonalización o la desrealización no implica necesariamente que el niño esté perdiendo el contacto con la realidad.

De hecho, una característica relevante es que la persona suele conservar la capacidad para reconocer que aquello que experimenta se siente extraño o irreal, aunque la sensación pueda ser muy intensa y angustiante.

No obstante, cuando un niño presenta cambios importantes en su percepción, conducta o funcionamiento habitual, resulta fundamental valorar cuidadosamente los síntomas y realizar el diagnóstico diferencial correspondiente.

¿Cómo puede afectar la desrealización o despersonalización a un niño?

Cuando estas experiencias se repiten, el miedo a que vuelvan a aparecer puede convertirse en una fuente adicional de ansiedad.

El niño puede comenzar a preguntarse constantemente:

“¿Por qué me siento así?”

“¿Me volverá a pasar?”

“¿Y si no vuelvo a sentirme normal?”

Esta preocupación puede favorecer una mayor vigilancia de sus propias sensaciones. El niño empieza a observar continuamente cómo se siente, si las cosas parecen reales o si vuelve a notar alguna sensación extraña.

En determinados casos puede aparecer un círculo en el que la sensación de desconexión produce miedo, el miedo aumenta la activación emocional y esa activación hace que el niño preste todavía más atención a las sensaciones.

Por ello, no solo es importante valorar el síntoma, sino también qué significado le está atribuyendo el menor y cómo está respondiendo ante él.

Señales por las que conviene consultar con un profesional

Un episodio aislado no permite concluir que exista un trastorno psicológico.

Sin embargo, sería recomendable solicitar una valoración cuando las experiencias:

  • aparecen repetidamente;
  • se mantienen durante un periodo prolongado;
  • producen un miedo intenso;
  • interfieren en el colegio, las relaciones o las actividades cotidianas;
  • hacen que el niño evite lugares o situaciones;
  • están acompañadas de ansiedad intensa o ataques de pánico;
  • aparecen después de una experiencia especialmente difícil;
  • provocan cambios significativos en su comportamiento;
  • generan una preocupación constante por “volverse loco”, perder el control o dejar de sentirse él mismo.

La evaluación permite determinar si estamos ante episodios asociados a ansiedad o estrés, síntomas disociativos u otra situación que necesite una intervención diferente.

¿Cómo se evalúa la despersonalización y desrealización en niños?

La evaluación psicológica infantil debe adaptarse a la edad, desarrollo y capacidad del niño para describir lo que experimenta.

No basta con preguntar simplemente: “¿Tienes despersonalización?”

Es necesario explorar cómo comenzó la experiencia, qué siente exactamente, cuándo aparece, cuánto dura, qué estaba ocurriendo antes de que comenzara y qué hace el niño cuando aparece.

También resulta importante conocer su situación familiar, escolar y social, así como posibles acontecimientos estresantes recientes o anteriores.

La información aportada por los padres es muy relevante, pero también lo es escuchar directamente al menor y permitirle explicar su experiencia utilizando sus propias palabras.

Cuando las características de los síntomas lo requieren, puede ser necesario recomendar además una valoración médica para descartar otras posibles causas.

¿Cómo se trabaja psicológicamente con un niño que presenta estos síntomas?

La intervención debe diseñarse después de comprender qué función tienen los síntomas y qué factores están relacionados con ellos.

En algunos casos puede ser necesario trabajar sobre la ansiedad y el miedo a las propias sensaciones. En otros, será especialmente importante abordar situaciones de estrés, experiencias traumáticas, dificultades familiares o problemas emocionales que puedan estar contribuyendo al malestar.

El trabajo psicológico puede incluir, dependiendo de cada caso:

  • ayudar al niño a comprender lo que le ocurre sin asustarlo;
  • aprender a reconocer sus emociones y sensaciones corporales;
  • disminuir el miedo asociado a las experiencias de irrealidad;
  • trabajar la ansiedad cuando está presente;
  • aprender estrategias de regulación emocional;
  • utilizar estrategias de conexión con el momento presente y el entorno;
  • identificar situaciones que aumentan los síntomas;
  • trabajar experiencias emocionalmente difíciles cuando resulte necesario;
  • orientar a los padres sobre cómo responder cuando aparecen los episodios.

El objetivo no consiste únicamente en intentar que una sensación desaparezca, sino en comprender al niño dentro de su contexto y ayudarle a recuperar seguridad y funcionamiento en su vida cotidiana.

¿Cómo pueden ayudar los padres?

Cuando un niño intenta explicar que “no se siente real” o que “todo parece un sueño”, puede ser difícil saber qué responder.

Conviene evitar ridiculizar la experiencia, discutir con él sobre si debería o no sentirse así o mostrar una alarma excesiva.

Frases como “eso son tonterías”, “deja de pensar en eso” o “no tienes nada” pueden hacer que el menor deje de comunicar lo que está experimentando.

Puede resultar más útil transmitir calma y curiosidad:

“Entiendo que esa sensación te asusta. Cuéntame cómo la notas.”

Escuchar no significa confirmar interpretaciones catastróficas. Significa proporcionar al niño un espacio seguro para poder describir una experiencia que probablemente él tampoco comprende.

Psicóloga infantil para despersonalización y desrealización

Si tu hijo te ha contado que se siente desconectado de sí mismo, que parece estar soñando, que el mundo le resulta extraño o que las cosas parecen irreales, es comprensible que quieras saber qué está ocurriendo.

Estas expresiones pueden tener diferentes explicaciones y deben comprenderse dentro de la historia y las circunstancias particulares de cada menor.

Como Psicóloga General Sanitaria, realizo evaluación e intervención psicológica con niños y adolescentes desde un enfoque integrativo, adaptando el proceso a las necesidades concretas de cada caso y trabajando también con la familia cuando resulta necesario.

La finalidad inicial será comprender qué está experimentando el menor, qué factores pueden estar relacionados con esos síntomas y qué tipo de intervención puede ser la más adecuada.

Puedes contactar conmigo para solicitar información o concertar una primera consulta.

Preguntas frecuentes sobre despersonalización y desrealización en niños

¿Puede un niño tener despersonalización o desrealización?

Sí. Aunque el trastorno de despersonalización/desrealización es poco frecuente durante la infancia, las experiencias de despersonalización o desrealización pueden aparecer en niños y adolescentes. Su presencia aislada no significa necesariamente que exista un trastorno.

Mi hijo dice que parece que está soñando, ¿puede ser desrealización?

La sensación de estar viviendo dentro de un sueño es una de las formas en las que algunas personas describen la desrealización. Sin embargo, esa expresión por sí sola no permite establecer un diagnóstico y es necesario conocer el resto de los síntomas y el contexto en el que aparecen.

¿La despersonalización puede aparecer por ansiedad?

La ansiedad intensa puede estar relacionada con experiencias de despersonalización o desrealización. Por ello, durante la evaluación es importante explorar la presencia de ansiedad, pánico, estrés y otros posibles factores asociados.

¿Puede estar relacionada con un trauma?

Las experiencias disociativas pueden aparecer asociadas a acontecimientos traumáticos o situaciones de estrés emocional intenso. Sin embargo, no debe darse por hecho que un niño ha sufrido un trauma únicamente porque presente despersonalización o desrealización.

¿Cuándo debería llevar a mi hijo al psicólogo?

Es recomendable solicitar valoración profesional cuando las sensaciones son recurrentes o persistentes, generan un malestar importante, asustan al niño o interfieren en su vida familiar, escolar o social.

¿La despersonalización es una psicosis?

No son lo mismo. En la despersonalización/desrealización se mantiene habitualmente el juicio de realidad: la persona reconoce que está experimentando una sensación de extrañeza o irrealidad. Aun así, cualquier alteración importante o persistente de la percepción en un menor debe ser evaluada profesionalmente.

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IDENTIDAD Y PSICOPATOLOGÍA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - El sistema nervioso y la construcción de la identidad: memoria, trauma y regulación emocional


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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Trastornos de Conducta y Personalidad

 El sistema nervioso y la construcción de la identidad: memoria, trauma y regulación emocional

  1. El sistema nervioso y la construcción de la identidad

La identidad no depende de una única estructura cerebral, sino que emerge de la interacción entre distintos sistemas implicados en la percepción corporal, la emoción, la memoria, la regulación y los procesos cognitivos superiores.

Durante el desarrollo, estos sistemas experimentan importantes procesos de maduración. Las experiencias tempranas y posteriores, especialmente cuando implican estrés intenso o prolongado, pueden influir en la manera en que el organismo procesa e integra la información sensorial, emocional y cognitiva.

Cuando una experiencia sobrepasa los recursos de regulación de la persona, determinados componentes de la experiencia pueden quedar insuficientemente integrados. Esto ayuda a comprender por qué algunas experiencias traumáticas pueden reaparecer posteriormente en forma de sensaciones corporales, emociones intensas, imágenes, recuerdos fragmentarios o determinadas respuestas defensivas.

  1. Sistema nervioso autónomo, cuerpo y memoria somática

El sistema nervioso autónomo (SNA) participa en la regulación de funciones corporales y en las respuestas adaptativas frente a situaciones interpretadas como relevantes o amenazantes.

La ínsula, especialmente por su papel en la interocepción, interviene en la representación cerebral de los estados internos del organismo. Las experiencias emocionales pueden asociarse así a determinadas configuraciones corporales que posteriormente contribuyen a orientar la conducta.

Aquí resulta útil relacionarlo con la hipótesis del marcador somático de Antonio Damasio. Según esta propuesta, determinadas señales corporales asociadas a experiencias previas pueden contribuir a orientar rápidamente nuestras decisiones ante situaciones posteriores.

Después de experiencias amenazantes pueden aparecer patrones defensivos como:

  • lucha;
  • huida;
  • inmovilización o parálisis;
  • búsqueda de proximidad y conexión;
  • evitación o retirada interpersonal.

Cuanto más intensamente se haya asociado una determinada situación con una respuesta defensiva, más fácilmente ciertos estímulos posteriores que compartan características emocionales pueden desencadenar respuestas semejantes.

  1. Hipocampo y amígdala: memoria contextual y memoria emocional

La amígdala y el hipocampo cumplen funciones diferentes pero estrechamente relacionadas.

La amígdala interviene especialmente en la detección de relevancia emocional y amenaza, mientras que el hipocampo resulta fundamental para la memoria episódica y contextual, permitiendo situar los acontecimientos en unas coordenadas espaciales y temporales.

Durante situaciones de estrés intenso, la actividad de los sistemas de estrés puede alterar el funcionamiento normal de estos circuitos. El cortisol, las catecolaminas y otros mediadores pueden modificar la consolidación y recuperación de los recuerdos.

La activación noradrenérgica de la amígdala puede favorecer la consolidación de determinados componentes emocionales de una experiencia. Al mismo tiempo, niveles elevados o prolongados de estrés pueden perjudicar determinados procesos dependientes del hipocampo.

Esto permite comprender una aparente paradoja del trauma: algunos aspectos emocionales o sensoriales del acontecimiento pueden quedar extraordinariamente fijados mientras que su contextualización autobiográfica resulta fragmentaria o deficiente.

Pueden aparecer fenómenos como recuerdos intrusivos, pesadillas, dificultades para recuperar determinados aspectos del acontecimiento o respuestas emocionales intensas ante estímulos asociados al mismo.

Una precisión importante: no sería correcto afirmar simplemente que amígdala e hipocampo «funcionan de forma opuesta» y que cuanto más funciona uno menos funciona el otro. Su relación es mucho más compleja y depende del tipo, intensidad y duración del estrés.

  1. Tálamo e integración de la información

El tálamo constituye una importante estación de procesamiento e integración de información sensorial y participa en circuitos relacionados con la atención, la conciencia y la regulación cortical.

En situaciones traumáticas graves pueden producirse alteraciones en la integración de distintos componentes de la experiencia. Clínicamente, esto puede relacionarse con fenómenos disociativos como:

despersonalización, sensación de extrañeza respecto de uno mismo;

desrealización, percepción del entorno como extraño o irreal;

amnesia disociativa, dificultad para recuperar determinados contenidos autobiográficos relacionados con experiencias relevantes.

Conviene, sin embargo, no presentar como hecho neurobiológico establecido que estos fenómenos sean consecuencia directa de «un exceso de opioides en el tálamo por activación dorsovagal». Esa formulación pertenece a determinadas interpretaciones teóricas del trauma y no constituye una explicación neurobiológica consensuada de la disociación.

  1. Corteza cerebral, conciencia e identidad

Las áreas corticales permiten formas cada vez más complejas de representación de uno mismo y del entorno.

La construcción del self o sentido de identidad requiere la integración de información corporal, emocional, autobiográfica y social procedente de múltiples sistemas cerebrales.

Por ello, la identidad no puede localizarse simplemente «en la corteza». Participan redes distribuidas que incluyen estructuras corticales y subcorticales.

Cuando existen estados persistentes de hiperactivación o hipoactivación asociados al estrés, pueden verse afectados procesos como la atención, la regulación emocional, la memoria autobiográfica, la interpretación de las señales sociales y la capacidad para elaborar narrativamente las propias experiencias.

  1. Trauma, relaciones interpersonales y desarrollo

Otro aspecto fundamental es que las experiencias potencialmente traumáticas no se limitan exclusivamente a situaciones en las que existe peligro físico o riesgo para la vida.

También pueden resultar psicológicamente muy relevantes determinadas experiencias interpersonales, especialmente cuando son persistentes y ocurren durante etapas sensibles del desarrollo: rechazo, negligencia, violencia, humillación, imprevisibilidad de los cuidadores o ausencia de regulación interpersonal adecuada.

Sin embargo, tampoco toda experiencia dolorosa, frustrante o interpersonalmente difícil constituye por sí misma un trauma. Su impacto depende de múltiples factores: intensidad, duración, etapa evolutiva, significado atribuido, recursos personales, contexto interpersonal y disponibilidad de apoyo.

  1. Desarrollo, regulación emocional e identidad

A lo largo de la infancia, adolescencia y edad adulta se producen importantes transformaciones neuropsicológicas y sociales.

Las relaciones tempranas contribuyen al aprendizaje de la regulación emocional. Posteriormente, el desarrollo del lenguaje permite representar y comunicar los estados internos. Durante la adolescencia adquieren especial importancia las relaciones entre iguales, la autonomía y la elaboración progresiva de la identidad.

En la juventud y edad adulta continúan desarrollándose procesos relacionados con autonomía, proyectos vitales, relaciones significativas y construcción de una narrativa coherente sobre quién se es.

Por ello, la identidad debe entenderse como un proceso dinámico, resultado de la interacción entre biología, desarrollo, memoria, aprendizaje, relaciones interpersonales, cultura y experiencias vitales.

  1. Sustancias implicadas en la comunicación y regulación del sistema nervioso

En estos procesos intervienen neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas. Conviene distinguirlos porque no todos actúan de la misma manera.

Adrenalina y noradrenalina. Participan en la respuesta de activación frente a acontecimientos relevantes o amenazantes, aumentando el estado de alerta y preparando al organismo para responder.

Dopamina. Interviene en procesos de motivación, aprendizaje, recompensa, saliencia y control motor. No es correcto reducirla a «dopamina baja = depresión» y «dopamina alta = delirio», porque su funcionamiento depende de los circuitos cerebrales implicados y es considerablemente más complejo.

Cortisol. Es uno de los principales productos finales del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y participa en la respuesta del organismo al estrés. Sus efectos dependen tanto de la intensidad como de la duración y del patrón temporal de activación.

Glutamato. Es el principal neurotransmisor excitador del sistema nervioso central y desempeña un papel fundamental en plasticidad sináptica, aprendizaje y memoria. Una activación glutamatérgica excesiva puede producir efectos perjudiciales, pero tampoco sería correcto afirmar que el glutamato es, por sí solo, «el causante de los ataques de pánico».

GABA. Es el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central. Contribuye al equilibrio entre excitación e inhibición neuronal y participa en múltiples procesos relacionados con la regulación de la actividad cerebral.

Opioides endógenos. Incluyen sustancias como endorfinas, encefalinas y dinorfinas. Participan, entre otras funciones, en la modulación del dolor, recompensa, estrés y determinadas experiencias afectivas.

Oxitocina. Participa en numerosos procesos sociales y fisiológicos, entre ellos aspectos relacionados con el vínculo, la conducta social y determinadas formas de regulación interpersonal. Sus efectos dependen considerablemente del contexto y no debe entenderse simplemente como la «hormona del apego».

Idea central 

cuerpo → emoción → memoria → integración → conciencia → identidad.

El organismo detecta y responde a lo que ocurre; la experiencia adquiere significado emocional; algunos de sus componentes se almacenan en diferentes sistemas de memoria; la adecuada integración de esos componentes permite construir una experiencia autobiográfica coherente; y esa continuidad entre cuerpo, emociones, recuerdos y relaciones contribuye a la construcción progresiva del self y de la identidad.

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martes, 22 de septiembre de 2026

VIOLENCIA DE GÉNERO - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Sigo queriéndole después del maltrato: ¿es normal?

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Violencia de Género

Sigo queriéndole después del maltrato: en terapia también puedes hablar de lo que realmente sientes

Quizá hay algo que no te atreves a contarle a nadie.

Tu familia sabe lo que ocurrió.

Tus hijos pueden haber visto tu sufrimiento o haberte ayudado a salir de la relación.

Tus amistades quizá estuvieron a tu lado cuando peor estabas.

Todos esperan que estés mejor.

Que no quieras volver a verle.

Que después de todo lo ocurrido tengas claro que esa relación terminó.

Pero hay una parte de tu historia que quizá estás viviendo en silencio:

sigues queriéndole.

Piensas en él.

Le echas de menos.

Recuerdas los momentos buenos.

Quizá deseas verle.

Puede que incluso una parte de ti quiera volver.

Y entonces aparece otra preocupación:

«¿Cómo voy a decir esto después de todo lo que ha ocurrido?»

En terapia también podemos hablar de eso.

No necesitas contarme lo que crees que deberías sentir.

Puedes contarme lo que realmente estás sintiendo.

Quizá estás diciendo a los demás que estás bien cuando no es toda la verdad

Después de salir de una relación de maltrato puede producirse una situación especialmente difícil.

Las personas que te quieren sienten alivio porque has conseguido salir.

Te apoyan.

Intentan protegerte.

Y quizá tú también les dices:

«No voy a volver.»

«Ya lo tengo claro.»

«No quiero saber nada más de él.»

Pero después llega la noche.

Estás sola.

Y piensas en él.

Quizá miras el teléfono esperando un mensaje.

Recuerdas cómo era vuestra relación cuando estabais bien.

Te preguntas qué estará haciendo.

Puede que incluso imagines cómo sería volver.

Y todo esto puede provocar mucha vergüenza porque parece incompatible con lo que ocurrió.

Por eso algunas mujeres terminan llevando dos experiencias simultáneamente: la que pueden contar a los demás y la que viven cuando están solas.

En terapia me interesa conocer ambas.

No tienes que demostrarme que has dejado de quererle

Pedir ayuda psicológica después de haber sufrido maltrato no exige haber dejado de sentir amor por esa persona.

Tampoco necesitas demostrarme que tienes claro qué quieres hacer.

Puedes acudir a consulta sintiendo alivio por haber salido y, al mismo tiempo, deseando regresar.

Puedes estar enfadada y echarle de menos.

Puedes recordar perfectamente lo que te hizo y seguir sintiendo cariño.

Puedes saber que hubo comportamientos que te hicieron daño y continuar preguntándote si podría cambiar.

Las emociones contradictorias también pueden formar parte de tu experiencia.

Y podemos hablar de ellas.

Puedes decirme «quiero volver con él»

Esta quizá sea una de las frases que más miedo puede dar pronunciar.

Especialmente cuando todo el mundo a tu alrededor considera evidente lo que deberías hacer.

En consulta puedes decir:

«Quiero volver con él.»

Y mi primera respuesta no necesita ser juzgarte.

Podemos intentar comprenderlo.

¿Qué echas de menos?

¿Qué ocurre cuando estás sola?

¿Qué significaba esa relación para ti?

¿Qué parte de aquella vida deseas recuperar?

¿Qué esperas que pudiera cambiar?

¿Qué sientes que has perdido?

¿Qué te preocupa del futuro sin él?

Quizá algunas de estas preguntas tengan respuesta y otras todavía no.

No pasa nada.

La terapia también puede ser el lugar donde empecemos a descubrirlas.

No tienes que protegerme de tu verdad

A veces una paciente puede empezar a seleccionar lo que cuenta a su psicóloga.

Puede pensar:

«Esto no se lo voy a decir porque va a pensar que estoy haciendo las cosas mal.»

«Después de todo lo que le he contado, ¿cómo voy a reconocer ahora que quiero verle?»

«Seguro que me dice que no debería sentir esto.»

Pero si precisamente aquello que más te preocupa queda fuera de la consulta, estamos dejando fuera una parte fundamental de tu experiencia.

No necesito que me cuentes una versión de ti que parezca más fuerte, más coherente o más recuperada.

Necesito comprender cómo estás realmente.

También aquello que te resulta contradictorio.

También aquello que todavía no comprendes.

También aquello que te avergüenza.

Hablar de algo no significa que tengamos que hacerlo

Esta distinción es fundamental.

Sentir no es decidir.

Pensar no es actuar.

Desear no es hacer.

Puedes hablar durante una sesión de cuánto deseas verle sin que eso signifique que vayas a hacerlo.

Puedes reconocer que quieres volver sin haber decidido volver.

Puedes hablar del amor que todavía sientes sin negar la violencia que sufriste.

La consulta puede permitirnos crear un espacio entre lo que sientes y lo que finalmente decides hacer.

Y en ese espacio podemos comprender mucho mejor qué te está ocurriendo.

Tampoco voy a obligarte a hablar mal de él

Puede que otra de tus preocupaciones sea esta:

«Todo el mundo habla de él como si fuera un monstruo, pero yo no lo veo solamente así.»

Quizá recuerdes cosas buenas.

Puede que haya aspectos de él que todavía valores.

Momentos en los que te sentiste querida.

Experiencias importantes que compartisteis.

Reconocer esos recuerdos no significa negar la violencia.

No necesitas transformar toda tu historia en algo horrible para poder reconocer que determinadas conductas fueron inaceptables o te hicieron daño.

Podemos trabajar con una realidad mucho más compleja:

hubo cosas que significaron mucho para ti y también hubo cosas que te hicieron sufrir.

No tenemos que borrar una parte para reconocer la otra.

Puedes hablar de aquello que nadie entiende

Quizá las personas de tu entorno te dicen:

«Después de lo que te hizo, no entiendo cómo puedes echarle de menos.»

Y quizá tú tampoco lo entiendes.

Precisamente por eso podemos hablarlo.

La terapia puede ser un lugar para poner palabras a cuestiones como:

«¿Por qué sigo queriéndole?»

«¿Por qué pienso tanto en él?»

«¿Por qué tengo ganas de verle?»

«¿Por qué recuerdo más los momentos buenos ahora que hemos terminado?»

«¿Por qué una parte de mí sigue esperando que cambie?»

«¿Por qué me siento culpable por haberle dejado?»

«¿Por qué estoy triste si sé que la relación me hacía daño?»

No necesitas conocer las respuestas antes de venir.

Encontrarlas puede formar parte de la terapia.

También podemos hablar de lo que te da vergüenza

Puede haber pensamientos, sentimientos o comportamientos que todavía no hayas contado a nadie.

Quizá has respondido algún mensaje.

Has buscado información sobre él.

Has deseado encontrártelo.

Has pensado en llamarlo.

Has fantaseado con una reconciliación.

O simplemente sigues sintiendo deseo, cariño o preocupación por él.

Sentir vergüenza puede llevarte a esconder precisamente aquello que más te preocupa.

Mi intención no es que vengas a consulta para demostrar que estás haciendo todo correctamente.

Vienes para poder trabajar con lo que realmente está ocurriendo.

Escucharte sin juzgar no significa restar importancia a lo que ocurrió

Esto también quiero dejarlo muy claro.

Que puedas hablar libremente de tus sentimientos no significa que ignoremos comportamientos violentos ni posibles situaciones de riesgo.

Podemos comprender que quieras verle y, al mismo tiempo, hablar de tu seguridad.

Podemos entender que todavía le quieras y reconocer determinadas conductas como violentas.

Podemos respetar tus sentimientos y ayudarte a observar riesgos que quizá necesiten ser tenidos en cuenta.

Y si existe una situación de peligro actual, amenazas, acoso, intimidación o medidas judiciales, la seguridad necesita formar parte del trabajo.

Escucharte y protegerte no son objetivos incompatibles.

No voy a sustituir tus decisiones por las mías

Después de una relación en la que quizá otra persona decidió durante mucho tiempo lo que podías hacer, con quién podías relacionarte, cómo debías comportarte o incluso qué tenías derecho a sentir, considero especialmente importante que la terapia no reproduzca otra relación de control.

Eso no significa que como psicóloga no vaya a señalar algo que considere preocupante.

Puedo ayudarte a identificar comportamientos violentos.

Podemos valorar riesgos.

Puedo ofrecerte información.

Podemos cuestionar determinadas interpretaciones y trabajar sobre aquello que te está haciendo daño.

Pero el objetivo no es que termines dependiendo de mí para saber qué tienes que hacer.

Es ayudarte a recuperar progresivamente tu capacidad para comprender, valorar y decidir.

Quizá nunca has podido contar toda la historia

Puede que hayas hablado anteriormente de lo ocurrido.

Con familiares.

Con amistades.

Con profesionales.

Incluso con la policía, abogados u otros recursos.

Pero contar hechos no siempre significa haber podido contar cómo los viviste.

Quizá todavía quedan muchas cosas dentro.

El amor.

El deseo.

La rabia.

La culpa.

La pena.

Los recuerdos buenos.

La vergüenza.

La soledad.

Las dudas.

El miedo.

Las ganas de volver.

O incluso pensamientos que se contradicen entre sí.

En terapia no necesitamos ordenar todo eso antes de empezar.

Podemos empezar precisamente por el desorden.

¿Cómo trabajo contigo en terapia?

Mi forma de trabajar parte de escuchar y comprender tu experiencia antes de intentar encajarla en una explicación.

No necesito que llegues con una decisión tomada.

Tampoco espero que me cuentes toda tu historia en la primera sesión.

Podemos avanzar a tu ritmo y trabajar sobre aquello que en este momento está ocupando tu mente, generándote sufrimiento o impidiéndote avanzar.

Habrá momentos para comprender.

Momentos para trabajar emociones.

Momentos para revisar pensamientos.

Momentos para hablar de límites y relaciones.

Y, cuando sea necesario, momentos para abordar experiencias traumáticas o prestar especial atención a tu seguridad.

Pero hay algo que quiero que puedas saber desde el principio:

no tienes que venir a terapia a representar el papel de la mujer que ya lo tiene todo claro.

Puedes venir siendo tú.

Con tus contradicciones incluidas.

Psicóloga para mujeres que han sufrido violencia física o psicológica: online y en Vecindario

Si has sufrido violencia en tu relación y existen cosas que no puedes contar a las personas que tienes alrededor, la consulta puede ofrecerte un espacio diferente.

Puedes hablar de lo que ocurrió.

Pero también de lo que continúa ocurriendo dentro de ti.

Incluso si lo que necesitas decir es:

«Todavía le quiero.»

«Le echo muchísimo de menos.»

«Pienso en él todas las noches.»

«Quiero volver y me avergüenza reconocerlo.»

No necesitas ocultarlo para que podamos trabajar juntas.

Ofrezco atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria, desde un enfoque integrativo y adaptado a cada persona.

Puedes empezar por contarme aquello que en este momento más te preocupa.

No lo que crees que deberías sentir. Tu verdad.

Y desde ahí podremos empezar a trabajar.

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VIOLENCIA DE GÉNERO - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Por qué es tan difícil dejar una relación en la que existe maltrato?

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Violencia de Género

 ¿Por qué es tan difícil dejar una relación en la que existe maltrato?

Desde fuera puede parecer sencillo.

Si una persona te humilla, te controla, te amenaza, te hace sentir miedo o llega a agredirte físicamente, ¿por qué no terminar la relación y marcharse?

Sin embargo, para una mujer que está viviendo una relación de maltrato, la situación puede ser mucho más compleja.

La pregunta «¿por qué no se va?» puede incluso aumentar la culpa y la incomprensión que ya siente.

Quizá una pregunta más útil sea:

¿Qué está haciendo tan difícil que pueda marcharse?

No existe una única respuesta. El miedo, el vínculo afectivo, la esperanza de que la pareja cambie, los hijos, el aislamiento, la dependencia económica, la pérdida progresiva de confianza en una misma o el temor a lo que pueda ocurrir después de la separación pueden intervenir simultáneamente.

Comprenderlo es fundamental para acompañar sin juzgar.

Puedes querer a alguien que también te está haciendo daño

Una de las cuestiones que desde fuera puede resultar más difíciles de comprender es que el maltrato no elimina automáticamente el vínculo afectivo.

Una mujer puede reconocer que determinadas conductas son inaceptables y continuar queriendo a su pareja.

Puede recordar cómo era la relación al principio.

Puede seguir viendo cualidades en él.

Puede pensar en los proyectos que construyeron juntos, en sus hijos, en los momentos buenos o en la vida que esperaba tener a su lado.

Y también puede desear que termine la violencia sin desear necesariamente que termine la relación.

Estos sentimientos contradictorios no significan que la mujer quiera ser maltratada.

Significan que los vínculos humanos pueden ser complejos.

«Quizá cambie»

Después de un episodio de violencia pueden aparecer disculpas, arrepentimiento, promesas o periodos en los que la relación mejora.

La persona puede volver a encontrar al hombre del que se enamoró y pensar:

«Ahora sí se ha dado cuenta.»

«Esta vez será diferente.»

«En realidad él no es así.»

Cuando posteriormente vuelve a producirse un comportamiento violento, aparece de nuevo la confusión.

La esperanza puede convertirse así en una poderosa razón para permanecer en la relación, especialmente cuando existen periodos suficientemente buenos como para mantener la expectativa de recuperar aquello que la relación fue o que se esperaba que llegara a ser.

El maltrato psicológico puede hacerte dudar de ti misma

Cuando durante mucho tiempo una persona escucha que exagera, que interpreta mal las cosas, que provoca los conflictos, que es demasiado sensible o que todo ocurre por su culpa, puede comenzar a cuestionar su propia percepción.

Puede preguntarse:

«¿Y si realmente el problema soy yo?»

«¿Quizá estoy exagerando?»

«¿Y si no es para tanto?»

Esta pérdida de confianza en el propio criterio puede hacer mucho más difícil tomar una decisión tan importante como terminar una relación.

La persona no solamente necesita decidir qué hacer.

Primero puede necesitar volver a confiar en que tiene derecho a interpretar lo que está viviendo.

El miedo también puede impedir marcharse

En algunas relaciones existe un miedo real a las consecuencias de la separación.

La mujer puede temer cómo reaccionará su pareja si descubre que quiere terminar la relación.

Puede haber amenazas, intimidación, persecución, acoso o miedo a que la violencia aumente.

Por eso no debemos asumir que marcharse equivale automáticamente a estar segura.

Cuando existe violencia actual, una separación puede necesitar planificación y valoración de la seguridad.

La decisión de terminar una relación violenta no debería contemplarse únicamente como una cuestión de voluntad.

En determinados casos también es una cuestión de protección.

«¿Y qué hago con mis hijos?»

Cuando existen hijos, la decisión puede resultar todavía más compleja.

Una mujer puede preocuparse por cómo les afectará una separación, dónde vivirán, qué ocurrirá con su relación con el padre o cómo será la organización familiar después.

También puede sentir que está destruyendo una familia.

O puede temer las posibles consecuencias que tendría la separación sobre sus hijos o sobre ella misma.

Desde fuera alguien puede pensar:

«Precisamente por los niños debería marcharse.»

Pero para la persona que está dentro de la situación puede no resultar tan sencillo.

Los hijos pueden convertirse simultáneamente en una razón para plantearse salir y en una fuente enorme de miedo e incertidumbre respecto a cómo hacerlo.

La dependencia económica puede limitar las opciones reales

No todas las personas que quieren terminar una relación disponen inmediatamente de los recursos necesarios para hacerlo.

Puede existir dependencia económica.

Quizá la mujer no tenga ingresos propios suficientes, no sepa dónde vivir, haya dejado de trabajar durante años, dependa económicamente de su pareja o tema no poder mantener a sus hijos.

En algunos casos, además, el control económico forma parte de la propia dinámica de violencia.

Por eso es importante distinguir entre «no quiere marcharse» y «no encuentra todavía una manera segura y viable de hacerlo».

No son lo mismo.

El aislamiento hace todavía más difícil pedir ayuda

En algunas relaciones, la persona ha ido alejándose progresivamente de familiares, amistades y otras fuentes de apoyo.

A veces ese aislamiento ha sido impuesto directamente.

Otras veces se ha producido de manera gradual.

Cuando finalmente contempla la posibilidad de marcharse puede sentir que está completamente sola.

Quizá incluso haya intentado explicar anteriormente lo que ocurre y haya recibido respuestas como:

«Pues déjalo.»

«Yo eso no lo aguantaría.»

«Si has vuelto con él será porque tampoco estará tan mal.»

Ese tipo de respuestas puede hacer que la persona deje de contar lo que está viviendo.

Sentirse juzgada puede aumentar todavía más el aislamiento.

«¿Cómo he permitido llegar hasta aquí?»

También puede aparecer vergüenza.

Una mujer puede sentirse avergonzada de reconocer determinadas situaciones ante familiares, amigos o profesionales.

Especialmente si anteriormente defendió a su pareja, volvió con él después de una separación o aseguró a otras personas que las cosas habían cambiado.

Puede pensar que los demás van a juzgarla.

Y cuanto más avergonzada se siente, más difícil puede resultarle pedir ayuda.

Por eso es tan importante que cuando finalmente habla encuentre escucha y comprensión, no un interrogatorio sobre por qué no actuó antes.

Haber vuelto con tu pareja no significa que aceptes el maltrato

Algunas relaciones atraviesan varias separaciones y reconciliaciones antes de producirse una ruptura definitiva.

Desde fuera esto puede generar frustración:

«¿Otra vez has vuelto con él?»

Pero volver no significa necesariamente que la mujer no comprenda lo sucedido.

Puede continuar existiendo amor, miedo, esperanza, dependencia, presión, preocupación por los hijos o una enorme dificultad para imaginar una vida diferente.

Cada regreso puede formar parte de un proceso complejo en el que la persona todavía está intentando comprender qué está viviendo y qué quiere hacer.

Juzgarla por haber vuelto puede conseguir precisamente lo contrario de lo que pretendemos: que la próxima vez no cuente lo que está ocurriendo.

No todas las mujeres permanecen por las mismas razones

También es importante evitar otra simplificación.

No existe un perfil único de mujer que permanece en una relación violenta.

Una mujer económicamente independiente puede tener enormes dificultades para marcharse.

Otra puede reconocer perfectamente la violencia y permanecer temporalmente porque teme las consecuencias de una separación.

Otra puede continuar profundamente vinculada emocionalmente.

Otra quizá todavía no identifique algunas conductas como maltrato.

Y en muchas pueden coexistir varias razones.

Por eso comprender una relación de violencia exige escuchar la historia concreta de esa persona.

Acompañar no significa presionar

Cuando alguien que queremos está viviendo una situación de maltrato puede aparecer una necesidad comprensible de conseguir que salga inmediatamente de la relación.

Pero presionar, reprochar o amenazar con retirar nuestro apoyo si vuelve con su pareja puede aumentar su aislamiento.

Acompañar no significa considerar aceptable la violencia.

Podemos expresar preocupación.

Podemos señalar comportamientos que nos parecen graves.

Podemos ayudar a buscar información y recursos.

Podemos estar disponibles.

Y, cuando existe riesgo, es fundamental no minimizarlo.

Pero también necesitamos recordar que recuperar la capacidad de decidir puede ser precisamente una parte esencial del proceso.

En terapia no voy a preguntarte «¿por qué no te fuiste?»

Me interesa comprender algo diferente:

¿Qué estaba ocurriendo para que marcharte resultara tan difícil?

¿Qué sentías?

¿Qué temías?

¿Qué esperabas que cambiara?

¿Qué necesitabas?

¿Qué recursos tenías entonces?

¿Qué obstáculos encontrabas?

¿Y qué necesitas ahora?

Estas preguntas permiten comprender la experiencia sin convertir a la propia mujer en responsable de la violencia que otra persona ha ejercido.

Si todavía no sabes qué quieres hacer, también puedes pedir ayuda

No necesitas acudir a terapia diciendo:

«He decidido dejarlo.»

También puedes llegar diciendo:

«No sé qué hacer.»

Podemos empezar desde ahí.

Comprender la relación, identificar comportamientos que te están haciendo daño, explorar cómo te encuentras, valorar tu seguridad y ayudarte a recuperar progresivamente confianza en tus propias percepciones y decisiones.

Si finalmente decides terminar la relación, podremos trabajar también las consecuencias emocionales de ese proceso.

Y si todavía no estás preparada para tomar una decisión, eso también puede formar parte del trabajo terapéutico.

Recuperar tu capacidad para decidir

Uno de los efectos más profundos de determinadas relaciones de violencia puede ser sentir que progresivamente has dejado de dirigir tu propia vida.

Por eso la terapia no debería sustituir el control ejercido por la pareja por el control ejercido por otra persona.

Mi trabajo no consiste en decidir por ti.

Consiste en ayudarte a disponer de mayor claridad, seguridad y recursos para que puedas tomar decisiones desde un lugar diferente.

A veces el primer paso no es marcharse inmediatamente.

Puede ser simplemente empezar a reconocer:

«Esto que estoy viviendo me está haciendo daño y necesito hablar de ello.»

Y pedir ayuda ya puede ser una manera de comenzar a recuperar espacio propio.

Psicóloga para mujeres que han sufrido violencia física o psicológica

Si estás viviendo o has vivido una relación marcada por violencia física, maltrato psicológico, amenazas, control, humillaciones o miedo y te resulta difícil comprender por qué has permanecido en ella o qué hacer ahora, podemos trabajar sobre ello sin juicios.

No necesitas justificar por qué te quedaste.

No necesitas avergonzarte por haber vuelto.

Y tampoco necesitas llegar a consulta con una decisión tomada.

Ofrezco atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria, desde un enfoque integrativo y adaptado a tu situación.

Podemos comenzar por comprender qué estás viviendo y qué necesitas ahora.


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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


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