viernes, 25 de diciembre de 2020

TOC Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿QUÉ ES EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO?

 

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¿QUÉ ES EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO?

 

Las personas que padecen un trastorno obsesivo compulsivo. Se debaten con una alteración neurobiológica que llena sus mentes de pensamientos no deseados y les amenaza con sufrir un desastre si no efectúan ciertos rituales repetitivos

y carentes de sentido. No son un grupo extraño. Aproximadamente uno de cada cuarenta individuos lo padecen.

El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por las obsesiones y/o compulsiones que consumen tiempo, son estresantes y/o interfieren con las rutinas, las relaciones interpersonales o el funcionamiento cotidiano.

 Las obsesiones constituyen impulsos, ideas, imágenes o pensamientos persistentes que se introducen en la mente de la persona y

provocan una preocupación o ansiedad excesivas.

Las compulsiones conforman actos o conductas repetitivos que se ejecutan como respuesta a las obsesiones para aliviar o evitar la preocupación y/o ansiedad.

Con frecuencia pretenden impedir o evitar mágicamente algún acontecimiento temido tal como la muerte, la enfermedad o algún

infortunio percibido.

El trastorno obsesivo compulsivo presenta múltiples caras, pero el estilo y el modo de los pensamientos y conductas que presentan los

individuos en este desorden son destacada e inconfundiblemente consistentes.

TIPOS BÁSICOS DE TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Los comprobadores viven con la sensación, exagerada e irracional, de ser responsables de los posibles daños y catástrofes que pueden

acontecerles a los demás como resultado de sus comprobaciones “imperfectas”. Se sienten impelidos a comprobar repetidamente objetos tales como puertas, cerraduras y a apagar los dispositivos domésticos para asegurarse que han evitado los posibles desastres que pudieran haber acontecido en caso de que no se hubiera efectuado la comprobación.

Los que se lavan y los que limpian padecen obsesiones sobre una posible contaminación por suciedad, gérmenes, virus o substancias

extrañas. Viven con el temor constante de sufrir algún daño o de causar un perjuicio a los demás debido a la acción de tales agentes contaminantes.

Los que ordenan creen que deben organizar ciertos objetos de un modo determinado, exacto o “perfecto”. Llegan a sentirse extremadamente

tensos si aquellos son movidos, tocados u ordenados de un modo distinto.

Los obsesivos puros experimentan pensamientos e imágenes involuntarios, intrusos y horrendos en los que causan daño a los demás. En

vez de implicarse en rituales conductuales, pueden dedicarse a pensamientos repetitivos, tales como contar, rezar o repetir ciertas palabras,

para contrarrestar sus pensamientos generadores de ansiedad. También pueden revisar mentalmente, y de modo obsesivo, las situaciones

para protegerse ante la duda y reducir la ansiedad.

Los acumuladores recolectan objetos insignificantes y padecen dificultades para deshacerse de cosas que la mayoría de la gente consideraría

“porquerías”.

La gente con escrupulosidad obsesiva se centra en cuestiones religiosas o morales. Sus compulsiones pueden implicar la oración y la

búsqueda de confirmación de los demás en lo referente a su “pureza” moral.

Muchas personas pueden identificarse, hasta cierto punto, con todas estas formas de trastorno obsesivo compulsivo. ¿Quién no ha comprobado una segunda vez si la cerradura se encuentra cerrada? La valiosa y empolvada colección de periódicos viejos de alguien puede

que no sea sino una “porquería” a los ojos de otra persona. Sin embargo, cuando la conducta interfiere significativamente con la vida cotidiana, el problema podría ser un trastorno obsesivo compulsivo.

Quizás usted padezca algunos de los síntomas descritos con anterioridad, pero no interfieran significativamente con su vida.

Es habitual que las personas que padecen un trastorno obsesivo compulsivo presenten una serie de síntomas. Por ejemplo, Cherry Pedrick experimenta problemas con las comprobaciones, los rituales mentales y el lavado de manos. Muchas personas con trastorno obsesivo

compulsivo padecen un síntoma predominante durante años, tan sólo logran que desaparezca uno y comience otro. Por ejemplo, alguien

que ha sido un limpiador compulsivo durante años puede perder el temor a la suciedad y convertirse en un comprobador. O al revés. No

existe un patrón típico.

Ejemplos de historias de personas con TOC

a)     La historia de Cherry: “Y si...?” –una compañía no deseada

Mi conflicto con el trastorno obsesivo compulsivo comenzó con el temor de que no había cerrado la puerta al salir de casa. Después de

un tiempo, mi necesidad de comprobarla y mi preocupación se incrementó hasta que invadía toda mi vida. Regresaba a casa para verificar

la cerradura, la cafetera o la cocina. Cuando estaba lejos de casa, con frecuencia me detenía en lo que estaba haciendo y volvía a mi coche para comprobar que el freno de mano estaba puesto y la puerta cerrada.

Las situaciones hipotéticas de “¿y si...?” se convirtieron en una compañía constante. “¿Y si había dejado abierta la puerta del coche, se

metía un niño y se hacía daño?”. “¿Y si no había puesto el freno y el coche se ponía en marcha y atropellaba a alguien?”.

Las obsesiones giraban en torno al temor de que hubiera hecho algo –o lo hubiera omitido– que podría resultar dañino para los demás.

También sufría problemas con el lavado de manos cuando preparaba comidas, temiendo que pudiera contaminarlas.

b)    La historia de Mary

Los temores obsesivos sobre la posibilidad de enfermarse muy gravemente irrumpieron en la vida de Mary cuando su hijo mayor contrajo

un virus que amenazó su vida. Comenzó a evitar la sangre, la suciedad, los gérmenes y las manchas rojas por miedo a la posibilidad –con independencia de su improbabilidad– de enfermarse y, por tanto, no ser capaz de cuidar de su hijo. Sus temores persistieron y empeoraron

durante cinco años antes de decidirse a ponerse en tratamiento.

Para entonces se lavaba sus manos aproximadamente cien veces al día y su ritual de ducha diaria le suponía una hora entera.

Evitaba pasar cerca de hospitales, clínicas y consultorios médicos porque pensaba que se encontraban “contaminados”. Ciertas calles también se hallaban fuera de los límites, calles donde era probable que moraran vagabundos, porque consideraba que ellos tenían más posibilidad de sufrir heridas abiertas que la gente que vivía en un hogar.

Ella evitaba cualquier cosa que presentara una mancha roja porque existía la posibilidad de que tal elemento pudiera camuflar una mancha

de sangre.

Mary sólo se sentía realmente cómoda en ciertas áreas de su propio hogar que etiquetaba como “seguras y limpias”. Estas secciones se encontraban vetadas para otros miembros de su familia, en especial para su marido. Como él trabajaba para una empresa de paquetería y

diariamente efectuaba entregas a los hospitales locales, ella pensaba que su marido estaba “contaminado”. Cuando él volvía del trabajo,

debía ducharse de inmediato y poner su ropa en la lavadora de modo que Mary no tuviera que tocarla en absoluto.

c)     La historia de Melody

Aunque ella no recordaba una época en la que no fuera excesivamente comprobadora, Melody no consideró su conducta de comprobación

como un problema hasta que llegó a la Universidad. Se mudó de la casa de sus padres a un pequeño departamento junto con una compañera. En un primer momento su compañera estaba agradecida por la preocupación de Melody. Le hacía sentirse segura el hecho de ver a Melody comprobar la puerta, la cocina y los electrodomésticos cada noche. Sin embargo, los rituales nocturnos de Melody fueron prolongándose

progresivamente y se añadían más y más objetos a su comprobación nocturna.

Su compañera de habitación se alarmó cuando observó que Melody estaba comprobando las ventanas que siempre estaban cerradas y que

miraba la parte de atrás de los armarios y debajo de las camas. Además, todo debía comprobarse en un cierto orden. Si Melody era interrumpida

o perdía la concentración, comenzaba de nuevo. A veces reiniciaba la comprobación simplemente porque “no le pareció bien”.

Melody también efectuaba copias de su trabajo académico y las guardaba en una caja. Por las noches comprobaba dichas copias una y otra vez, temerosa de haber omitido algún punto crucial o de haber escrito algo ofensivo. Telefoneaba a casa tres o cuatro veces diarias para verificar que sus padres y su hermano pequeño se encontraban bien. También lo hacía con sus amigos y con aquellos con quienes se había relacionado durante el día. ¿Había dicho algo equivocado? ¿Habría enfermado a alguien al toser sin tapar su boca? Pasaba noches enteras revisando los acontecimientos del día, buscando los errores que pudiera haber cometido y el modo en el que pudiera haber dañado a alguien.

d)    La historia de Robert

También la comprobación constituía un problema para Robert, pero la mayor parte de sus compulsiones de comprobación guardaban relación

con la conducción. Una noche vio a un hombre de pie, en la mediana situada entre los dos carriles. Miró por el retrovisor y observó

al individuo cruzando rápidamente la carretera tras él. ¿Le había golpeado? Miró atrás y no le vio en el otro lado de la calle. Robert cambió de sentido en la siguiente intersección y regresó. Condujo despacio hacia el punto en el que había contemplado al hombre. Ningún muerto. Podía verlo con sus ojos, pero, con todo, no se encontraba seguro. Volvió a girar y pasar conduciendo por el lugar.

Una hora después llegó tarde a su cita y se encontraba dubitativo. Fue a casa y esperó con angustia las noticias de la televisión. Seguramente

informarían de un accidente si alguien hubiera resultado herido.

Una semana después, Robert pasó conduciendo junto a una mujer que iba en bicicleta por el carril destinado a ello. De nuevo, sintió el temor. ¡Quizás le había atropellado! Miró por el retrovisor. Todavía seguía allí, pedaleando tranquilamente, inconsciente de sus miedos.

Pronto se encontraría mirando detrás y comprobando por su retrovisor siempre que pasaba junto a algún peatón o ciclista. Adquirió el hábito de ver las noticias todas las noches a las 11 para comprobar si había existido algún accidente por las zonas en las que había conducido.

e)     La historia de Ben

De niño, Ben ordenaba los juguetes de su habitación con sumo cuidado. Los soldados de juguete se encontraban en una caja. Los puzles tenían su propio lugar en la estantería. Sus libros se clasificaban en las baldas de acuerdo a su tamaño. Los bajos a la derecha, los altos a la izquierda. En la escuela, los demás niños cuchicheaban sobre los rituales de Ben. Colocaba sus libros bajo su silla en el mismo lugar cada día. Su lapicero siempre estaba afilado y lo situaba en la parte superior de su pupitre, exactamente en el medio. Ponía una goma en la esquina superior derecha, no excesivamente cerca del borde. Sus papeles siempre se encontraban cuidadosamente ordenados en el centro de su mesa.

De adulto, Ben raramente recibía visitas en su casa. Implicaba demasiado esfuerzo volver a colocar las cosas en su sitio una vez que los

invitados se iban. No podía disfrutar de las escasas visitas que efectuaban sus familiares debido a la ansiedad que experimentaba cuando

algo se movía de su lugar.

f)      La historia de Jack

La dificultad de Jack era cruzar el umbral de las puertas. Si le venía un “mala” premonición o “sentía que algo no iba bien”, debía volver y atravesar de nuevo la puerta. Cuando pasaba por una puerta, se veía obligado a tocar el lado derecho, después el izquierdo y luego la parte

superior. Si se sentía bien, pasaba por ella. En caso contrario, retrocedía un paso, luego avanzaba y repetía el ritual de los toques.

Sentarse o levantarse de una silla también implicaba un ritual. Primero, Jack tocaba el suelo, después ambos lados de la silla y finalmente se

levantaba. Escribir le exigía mucho esfuerzo y tiempo. Tenía que volver a trazar cada letra dos veces. Consecuentemente, a Jack todo le llevaba

mucho más tiempo que a la mayoría de las personas. Ponía su despertador a las tres de la madrugada para poder salir de casa a las siete. Cada

paso en la tarea de vestirse y arreglarse debía hacerse “perfectamente”.

g)    La historia de Mark

La culpa le atormentaba a Mark constantemente. Rezaba cuando le venían “malos pensamientos”, generalmente de naturaleza blasfema o

sexual. Pero la oración debía ser perfecta o, de lo contrario, no servía.

Por lo tanto, los rezos debían repetirse una y otra vez hasta que pareciesen “correctos”. Era particularmente doloroso para Mark que los pensamientos negativos invadieran su mente casi siempre que se encontraba en la iglesia. Debido a ello, se sentía tentado a no ir más a

misa y abandonar por completo su fe en Dios. Pero también temía que si dejaba la iglesia se sentiría incluso más culpable.

h)    La historia de Liz

“La basura de una persona es un tesoro para otra”. Durante años Liz justificó su acumulación de objetos repitiéndose esa frase. Pero la

mayor parte de los elementos acumulados en las cajas que se amontonaban en su apartamento no constituían tesoro alguno. Con el tiempo,

las cajas se convirtieron en una molestia. Liz trató de resolver el problema mudándose. Puso las cajas en un almacén y volvió a empezar, pero su nuevo departamento rápidamente se llenó también de cajas.

Liz guardaba los periódicos, revistas, recibos y correspondencia, incluso la propaganda y catálogos que recibía en su buzón. No estaba segura de por qué razón lo hacía. Pero la idea de tirar algo le hacía sentirse

extremadamente ansiosa.

i)      La historia de Ann

Mientras preparaba la comida para su hija de dos años, Ann agarró el cuchillo para cortar tomate. De repente, e inesperadamente, surgió

en su mente la idea de clavarle el cuchillo a su hija. Horrorizada por tal pensamiento, se sintió abrumada por un sentimiento de culpa muy

intenso. El pensamiento volvió a aparecer al día siguiente, cuando se encontraba, de nuevo, en la cocina. Esa noche, mientras bañaba a su

hija, surgió en su cabeza la idea de “¿Qué sucedería si ahogo a mi hija?”. Nuevamente, tal pensamiento le trastornó profundamente.

Durante los siguientes días pensó una y otra vez, ¡Debo de ser una madre horrible para pensar cosas tan terroríficas! ¡Mejor que haga lo que sea

para detener esos pensamientos! Con el fin de mantenerse alejada de tales ideas, se distrajo repitiéndose Soy una buena madre y nunca haría eso.

Pero, con todo, los pensamientos se repetían y cada vez con más fuerza. Siempre que se encontraba a solas con su hija se sentía ansiosa.

Comenzó a evitar tocar cuchillos o cualquier objeto afilado en presencia de su pequeña hija. Se aseguró de que su madre (quien ignoraba todo sobre sus pensamientos de distress) estuviera presente cuando bañaba a su hija.

j)      La historia de Ron

Los pensamientos involuntarios también atormentaban a Ron. En su mente se desarrollaban de continuo ciertas escenas como si se tratase

de una película interminable. Éstas le asustaban porque temía que se pudieran convertir en realidad. Dañaba a alguien, generalmente a

su esposa. Él sabía que no maltrataría a su mujer, de modo que ¿por qué inundaban su mente los pensamientos de dañarle? Podía encontrarse

disfrutando de una película o de una comida y los pensamientos irrumpían en su mente. Cuando los pensamientos no le torturabansonaba la música. La melodía sonaba una y otra vez durante días. E inesperadamente también la melodía cambiaba; otra música le reemplazaba

y comenzaba a atormentarle.

 

Bibliografía

C., P., & M., H. B. (2003). Guía práctica del TOC. Pistas para su liberación. Desclée de Brouwer.

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lunes, 21 de diciembre de 2020

ADICCIÓN A PSICOFÁRMACOS Psisóloga María Jesús Suárez Duque - PRINCIPIOS GENERALES DE LA PRESCRIPCIÓN DE PSICOFÁRMACOS

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PRINCIPIOS GENERALES DE LA PRESCRIPCIÓN DE PSICOFÁRMACOS (The Bethlem & Maudsley NHS Trust 1999 Prescribing Guidelines [13])

·         La valoración diagnóstica es fundamental, sujeta a revisiones.

·         La farmacoterapia sola suele resultar insuficiente para una completa recuperación: normalmente se necesitan la educación y la psicoterapia.

·         La fase en la que se encuentra la enfermedad tiene una importancia crítica en términos de la intervención y de la duración del tratamiento.

·         La relación riesgo/beneficio debe considerarse cuando se desarrolla una estrategia terapéutica.

·         Una historia de buena respuesta previa personal o familiar ante un agente específico ha de considerarse de primera elección para episodios posteriores.

·         Es importante identificar síntomas diana que sirvan como marcadores de la psicopatología y monitorizar su presencia o ausencia a lo largo del curso del tratamiento.

·         Hay que observar el desarrollo de efectos adversos a lo largo del curso completo del tratamiento. Su monitorización a menudo supone la realización de pruebas de laboratorio para garantizar su seguridad, así como su eficacia óptima.

·         La decisión de instaurar un tratamiento psicofarmacológico debe producirse después de valorar sus potenciales y beneficios.

·         Hay que realizar una completa evaluación de los síntomas del paciente que incluya un examen del estado mental y físico y test de laboratorios. Esta evaluación ha de permitir establecer un clínico.

·         Se tiene que evitar el uso de las combinaciones de fármacos (polifarmacia) siempre que sea posible. Si es necesario, hay que tener en cuenta las interacciones farmacodinámicas y farmacocinéticas.

·         Se debe utilizar la dosis mínima efectiva.

·         Tanto la instauración de un fármaco como su retirada han de llevarse a cabo de forma gradual. En situaciones agudas en las que esto no sea posible, tiene que valorarse qué fármaco permite la clínica más adecuada. En la retirada de los fármacos pueden aparecer fenómenos de discontinuación, síntomas rebote o síntomas de abstinencia.

·         En los cambios de un fármaco a otro hay que considerar la vida media del que se va a retirar por la aparición de posibles síntomas de discontinuación o de potenciales interacciones.

·         En la retirada de los fármacos se debe considerar cuánto tiempo ha estado tomando el paciente la medicación y la posible abstinencia física o psicológica.

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viernes, 4 de diciembre de 2020

PROBLEMAS SEXUALES Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Etiología de las disfunciones sexuales

ETIOLOGÍA DE LAS DISFUNCIONES SEXUALES

   Son muchas y muy diversas las variables implicadas en la aparición y mantenimiento de las disfunciones sexuales y, en contra de lo que se pensaba, en la actualidad parece evidente que en la mayor parte de los casos son los factores psicosociales los que juegan el papel etiológico fundamental, y no los factores orgánicos como se creía hasta fechas relativamente recientes.

   Ciertamente, algunos trastornos sexuales se manifiestan como consecuencia directa de trastornos orgánicos, tales como la diabetes, la hipertensión, o los trastornos pituitarios; así como a partir de la ingestión de ciertas sustancias (antihipertensivos, alcohol, o barbitúricos); o, incluso, como resultado de determinadas intervenciones quirúrgicas. Pero no es menos cierto que la forma en que la persona y su pareja reaccionan ante la disfunción en estos casos, puede condicionar drásticamente su ejecución y su satisfacción sexual. Por otro lado, en la mayor parte de los casos no llegan a identificarse factores orgánicos específicos que puedan explicar la aparición y/o el mantenimiento de la disfunción sexual. Por ello, suele otorgarse una mayor relevancia a los factores "psicológicos" para explicar la aparición y desarrollo de una disfunción sexual. Con todo, la actuación clínica deberá considerar siempre un enfoque bio-psico-social dado que, en una gran parte de los casos, no será posible distinguir con precisión entre una etiología exclusivamente física y una causa psicológica o social, ni hasta qué punto alguna o todas ellas están actuando de forma dependiente o aislada en una determinada disfunción.

Según diversos autores (Kaplan, 1974; Masters y Johnson, 1970), las causas de estas disfunciones son orgánicas tan sólo en un 5-10% de los casos. Es más, en la mayoría de los casos no existe una causa única responsable del problema, sino que hay diversos factores que colaboran en la aparición y mantenimiento del mismo, por lo que habrá que recurrir a modelos multicausales para su explicación.

Causas psicológicas y sociales de las disfunciones sexuales (Hawton, 1988, p.56)

En general, se incluyen en este apartado todos aquellos aspectos referentes a una inadecuada educación, formación o experiencia sexual. Los factores etiológicos más frecuentes son:

·         la falta de información;

·         un inadecuado establecimiento de objetivos;

·         la ausencia de conductas apropiadas de interacción sexual; o

·         el desarrollo de respuestas de miedo y ansiedad que pueden alterar el ciclo de la respuesta sexual.

A)   Factores predisponentes

·         Educación moral y religiosa restrictiva

·         Relaciones deterioradas entre los padres

·         Inadecuada educación sexual

·         Experiencias sexuales traumáticas durante la infancia

·         Inseguridad en el propio género o rol psicosexual durante los primeros años

·          Inadecuada información sexual (mitos sexuales)

·         Exposición a modelos paternos con relaciones problemáticas o deterioradas

·         Castigo o descalificación de conductas sexuales iniciales (especialmente en adolescencia)

·         Expectativas inadecuadas respecto a la sexualidad

B)   Factores precipitantes

·         Infidelidad

·         Expectativas poco razonables

·         Disfunción en la pareja con la que se interacciona

·         Algún fallo esporádico

·         Reacción a algún trastorno orgánico

·         Depresión y ansiedad

·         Experiencias sexuales traumáticas

·         Inadecuadas experiencias sexuales, insatisfactorias o traumáticas, especialmente en los primeros aprendizajes sexuales.

·         Problemas generales de relación de la pareja, tales como falta de comunicación, diferentes expectativas, infidelidades o "luchas de poder".

·         Comportamientos inadecuados en la interacción sexual como, por ejemplo, la denominada "conducta de espectador" o bien dedicar un tiempo insuficiente a las caricias o galanteo.  

·          Reacción a trastorno transitorio, fármacos y drogas, el cansancio, o fallo esporádico anterior.

·         Condicionantes psico-biológicos de los períodos de embarazo y/o parto.

·         Falta de adaptación psicológica al cambio biológico en algunas respuestas sexuales, que se producen como consecuencia de la edad.

·         Otras circunstancias adversas de tipo familiar, social, laboral o económico.

C)   Factores de mantenimiento

·         Ansiedad ante la interacción sexual

·         Anticipación de fallo o fracaso

·         Sentimientos de culpabilidad

·         Falta de atracción entre los miembros de la pareja

·         Problemas generales en la relación de pareja

·         Miedo a la intimidad

·         Deterioro de la autoimagen

·         Información sexual inadecuada

·         Escaso tiempo dedicado al galanteo o caricias antes de pasar al coito

·         Trastornos comportamentales más generales (depresión, alcoholismo, anorexia, estados de ansiedad...)

De todos los factores señalados se pueden destacar cuatro que suelen estar presentes en la mayor parte de los casos de disfunción sexual:

·         Una inadecuada educación sexual, con profusión de errores en los conocimientos básicos y de "mitos" acerca del comportamiento sexual humano.

·         Presencia de ansiedad, en diversos grados, asociada a los diversos tipos de conducta y etapas de la relación sexual.

·         Falta de conductas adecuadas para lograr una interacción sexual satisfactoria, especialmente la adopción por parte de la persona del "rol de espectador"

·         Problemas en las relaciones de pareja, fundamentalmente referidos a fallos en la comunicación de la pareja, dentro y fuera de lo sexual.

 

Efectos de las enfermedades físicas en la función sexual (Labrador, 1994, p.46)

   Entre los diferentes factores de tipo físico, biológico u orgánico, que pueden dar lugar a las disfunciones sexuales, se incluyen los síntomas de diversas enfermedades, las consecuencias de intervenciones quirúrgicas o los efectos de determinados fármacos y drogas.

La importancia de estos factores proviene tanto de su capacidad para provocar de forma directa la disfunción, como de sus efectos indirectos, que se refieren a las reacciones de la persona o su pareja ante la presencia de la enfermedad y sus consecuencias. Así, por ejemplo, la persona afectada puede reaccionar anticipando el fracaso o la aparición de dolor, con una reducción en su autoestima o con depresión; mientras que su pareja puede reaccionar con sentimentos de ansiedad, miedo a las interacciones o culpabilidad. Por otro lado, existen algunas sustancias, frecuentemente empleadas en el tratamiento de muy diversas enfermedades, que pueden bloquear o disminuír la respuesta sexual, bien en la fase de deseo, bien modificando los mecanismos orgánicos implicados en las restantes fases de la respuesta sexual, como pueden ser la lubricación, la erección, o el orgasmo. En este sentido, se consideran seguidamente cuatro grupos de sustancias que pueden afectar negativamente al funcionamiento sexual: sedantes, antiandrógenos, anticolinérgicos o antiadrenérgicos, y psicotrópicos.

   Los "sedantes" son sustancias que producen efectos de disminución del interés y la respuesta sexual, mediante la depresión del sistema nervioso central (SNC). En pequeñas dosis, pueden facilitar un incremento del deseo sexual, dado que la depresión del SNC libera de ciertas inhibiciones. Entre ellos están los barbitúricos, hipnóticos, opiáceos, alcohol, cannabis o metadona.

Los "antiandrógenos", estas sustancias contrarrestan el efecto de estimulación que el andrógeno produce en el cerebro, reduciendo también la respuesta sexual. Entre ellos se encuentran los estrógenos, de uso frecuente tanto en mujeres después de la menopausia, como en el hombre para el tratamiento del cáncer de próstata.

Los "anticolinérgicos y antiadrenérgicos", son medicamentos que producen un bloqueo de vasos sanguíneos y nervios que regulan los órganos genitales. Muchas de estas sustancias (reserpina y metildopa) se usan en el tratamiento de la hipertensión, por lo que no es infrecuente que los hipertensos presenten problemas de erección, de interés sexual y depresión.

 

SISTEMA CARDIOVASCULAR

Disfunción en la erección

·         Enfermedad oclusiva aortoilíaca

·         Arteriosclerosis

·         Hipertensión

Fracaso eyaculatorio

·         Hipertensión

Disminución del interés sexual

·         Infarto de miocardio

Disminución actividad sexual

SISTEMA ENDOCRINO

Alteración del interés sexual

·         Insuficiencia suprarrenal

·         Hiperfunción suprarrenal

·         Hipotiroidismo

Disfunción de la erección

·         Diabetes mellitus

·         Hipogonadismo

·         Hipopituarismo

·         Hipertiroidismo

Fracaso eyaculatorio

·         Diabetes mellitus

·         Hipogonadismo

·         Hipopituarismo

Eyaculación retrógrada

·         Diabetes melitus

Pérdida de interés

·         Hipogonadismo

·         Hipopituarismo

Hipersexualidad

·         Hipertiroidismo

TRACTO GENITOURINARIO

Disfunción de la erección

·         Enfermedad de Peyronie

Erección dolorosa

·         Enfermedad de Peyronie

·         Prostatitis

Disfunción eréctil

·         Priapismo

Eyaculación dolorosa

·         Prostatitis

Dolor en la eyaculación

·         Enfermedades venéreas

SISTEMA MUSCULOESQUELÉTICO

Alteración en fase de caricias

·         Artritis

SISTEMA NERVIOSO

Disminución del interés sexual

·         Accidente cerebrovascular

Desinhibición

·         Lesiones lóbulo frontal

Disfunción de la erección

·         Lesiones de la médula espinal

Fracaso eyaculatorio

·         Lesiones de la médula espinal

Disfunción eréctil

·         Esclerosis múltiple

 

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