domingo, 10 de diciembre de 2023

Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Los sentimientos de culpa son más positivos que los de vergüenza

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 Los sentimientos de culpa son más positivos en el ámbito interpersonal que la vergüenza

 

   Los sentimientos de culpa son más positivos que los sentimientos de vergüenza en el ámbito interpersonal:
   1) Diversos estudios muestran que la culpa (tanto la culpa “rasgo” o disposicional como la culpa “estado” o situacional) tiende a asociarse con la empatía.

   Se ha constatado que las personas tendentes a sentir culpa suelen ser personas bastante empáticas, mientras que las tendentes a la vergüenza, ante el sufrimiento ajeno, son poco propensas a experimentar empatía centrada en el otro y, en cambio, tienden a experimentar malestar personal. 

   Esta relación es consistente con los planteamientos de Hoffman (1998), quien sostiene que la “culpa interpersonal” surge de la conjunción de la reacción empática ante el sufrimiento ajeno y la conciencia de ser el agente causal de dicho sufrimiento. 

   Atendiendo a la distinción entre culpa y vergüenza que defiende Tangney, la vergüenza, al focalizarse en el yo en su conjunto, deja poco espacio para la atención al sufrimiento ajeno, mientras que la culpa, al focalizarse en la conducta específica, favorece, en principio, que el sujeto atienda a las consecuencias de su conducta en los otros.

2) Diversos estudios muestran que la vergüenza (tanto disposicional como situacional) tiende a asociarse con la ira. 

   Así, se ha constado que las personas tendentes a la vergüenza suelen ser también tendentes a los sentimientos de ira, hostilidad, resentimiento y suspicacia, mientras que las tendentes a la culpa no muestran tales rasgos (Tangney, 1995).

   Asimismo, se ha constatado que la disposición a experimentar vergüenza se asocia a una regulación constructiva de la misma. Los estudios sobre la vergüenza situacional muestran resultados similares: las experiencias de vergüenza, en general, implican una mayor animadversión y agresividad hacia los otros que las de culpa.

   Tangney (1999) explica esta asociación entre vergüenza e ira señalando que, en la experiencia de vergüenza, la hostilidad que inicialmente se dirige hacia uno mismo fácilmente puede volverse hacia el exterior en un esfuerzo por proteger su yo. Sin embargo, bien podría ser que esta tendencia de la vergüenza a transformarse en hostilidad sea típica de países que promueven el “yo independiente”, y no tanto de otras culturas que promueve un yo más interdependiente, y en las que más bien serían las reacciones de orgullo las que vivirían como amenazantes y provocarían la puesta en marcha para reducirlas.

Bibliografía

Fernández, E., García, B., Jiménez, M. P., Martín, M. D., & Domínguez, F. J. (2011). Psicología de la Emoción. Madrid: Universitaria Ramón Areces.


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Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Implicaciones de la culpa y la vergüenza en el ámbito interpersonal

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 Implicaciones de la culpa y la vergüenza en el ámbito interpersonal


   Mientras que 
la vergüenza provoca un deseo de escapar de la situación, de desaparecer, la culpa mantiene a la persona ligada a la situación interpersonal, señalándole el camino hacia la acción reparadora. Más que respuestas de evitación, los sentimientos de culpa provocan deseos de confesar, pedir perdón, reparar el daño hecho y actuar de otro modo en el futuro. Por tanto, la culpa parece ser una emoción más positiva, con un mayor valor moral, que la vergüenza.

   No obstante, ambas emociones pueden jugar un papel determinante en la acción y estar en la base de acciones altamente morales en favor de los demás. Por ejemplo, personas que han vivido situaciones extremas donde el compromiso con una causa como sería la ayuda a los judíos perseguidos por la Alemania nazi implicaba costes altos cuando se les pregunta qué les movió a actuar de ese modo, dicen que sentían que tenían que hacerlo, porque si no, habrían sentido vergüenza de sí mismas posteriormente. Del mismo modo, muchas acciones miserables no se llevan a cabo simplemente por “vergüenza moral”.

Bibliografía

Fernández, E., García, B., Jiménez, M. P., Martín, M. D., & Domínguez, F. J. (2011). Psicología de la Emoción. Madrid: Universitaria Ramón Areces.

 

 


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viernes, 8 de diciembre de 2023

MALTRATO PSICOLÓGICO Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Dificultades que pueden presentar las víctimas tras la separación del agresor

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Dificultades que pueden presentar las víctimas de acoso psicológico tras la separación del agresor


1)    Algunas personas superan la situación sin más secuela psíquica que la de un mal recuerdo que se domina con facilidad. Éste es el caso de la mayoría de los acosos extrafamiliares de corta duración. 

2)    La mayoría de las veces, las ex víctimas pasan por situaciones desagradables de reminiscencia de la situación traumática, y lo acepta. 

   Los intentos de olvidar producen a menudo la aparición de trastornos psíquicos o somáticos retardados, como si el sufrimiento hubiera permanecido en el psiquismo como un cuerpo extraño, a la vez activo e inaccesible.

   La experiencia de la violencia puede dejar rastros benignos que son compatibles con la persecución de una vida social prácticamente normal. Las víctimas parecen psíquicamente indemnes, pero persisten en ellas síntomas menos específicos que son como un intento de eludir la agresión padecida. Esto síntomas pueden ser:

·         Ansiedad generalizada

·         Fatiga crónica

·         Insomnio

·         Dolores de cabeza

·         Dolores múltiples

·         Trastornos psicosomáticos (hipertensión arterial, eccema, úlcera gastroduodenal...)

·         Conductas de dependencia como la bulimia, el alcoholismo o la toxicomanía (las más frecuentes)

   Cuando las personas consultan a su médico de cabecera, suelen solicitarle la prescripción de un medicamento sintomático o de un ansiolítico. No establecen ningún vínculo -las víctimas no hablan de ello- entre la violencia que padecieron y los trastornos que presentan en ese momento.

   Por otro lado, puede darse lo que se ha interpretado como una violencia transmitida. Las víctimas pueden quejarse a posteriori de su propia e incontrolable agresividad la cual puede ser una secuela de la época en que no se podían defender.

   Otras víctimas pueden desarrollar toda una serie de síntomas que se aproximan a la definición del estrés postraumático. No es habitual hablar de estrés postraumático en el caso de las víctimas de perversión moral, pues esta denominación se reserva para las personas que han afrontado un acontecimiento en el que la seguridad física o la de un compañero se vieron amenazadas. Sin embargo, las personas amenazadas, acosadas o difamadas son víctimas psíquicas (Le Crocq, 1994). Igual que las víctimas de guerra, se las ha colocado en un “estado de sitio” virtual que las ha obligado a permanecer constantemente a la defensiva (Hirigoyen, 1999).

   Las agresiones y las humillaciones se inscriben en la memoria y se vuelven a vivir a través de imágenes, pensamientos y emociones intensas y repetitivas, ya sea durante el día -mediante impresiones bruscas de inminencia de una situación idéntica-, ya sea por la noche, cuando provocan insomnio o pesadillas.

   Las víctimas necesitan hablar de los acontecimientos que las traumatizaron, pero la evocación del pasado produce manifestaciones psicosomáticas equivalentes al miedo. Así, presentan trastornos de memoria o de concentración. A veces, pierden el apetito o, al contrario, adoptan conductas bulímicas y aumentan el consumo de alcohol o de tabaco.

   A largo plazo, las víctimas llevan a cabo conductas de evitación debido al miedo a enfrentarse con el agresor y al recuerdo de la situación traumática. Se trata de estrategias para no pensar en el acontecimiento que genera estrés y para evitar todo lo que pueda evocar ese recuerdo doloroso. Estas conductas de evitación pueden reducir el interés por determinadas actividades que en otro tiempo fueron importantes, y genera asimismo una restricción de los afectos. Al mismo tiempo, persisten signos neurovegetativos tales como trastornos del sueño e hipervigilancia.

   Casi todas las víctimas de acoso moral describen este tipo de reminiscencias dolorosas; algunas consiguen desprenderse de ellas al concentrarse en actividades exteriores, profesionales o benéficas.

   Con el tiempo la experiencia vivida no se olvida, pero se puede participar cada vez menos en ella. Diez o veinte años más tarde, las víctimas pueden seguir teniendo una sensación de angustia ante determinadas imágenes de su agresor. Aun cuando hayan logrado una vida plena, su recuerdo todavía puede traer consigo un sufrimiento fulgurante. Todo lo que evoque, de cerca o de lejos, lo que han padecido las hará huir, pues el trauma ha desarrollado en ella una capacidad para identificar, mejor que otras personas, los elementos perversos de una relación.

   Respecto al acoso en la empresa, la importancia de las consecuencias a largo plazo sólo se suele percibir cuando, tras una larga baja, parecen encontrarse mejor y se les sugiere que vuelvan al trabajo. De esta manera, vuelven de nuevo los síntomas: angustia, insomnio...entrando en un círculo vicioso que lo puede conducir al desempleo: recaída, nueva baja, vuelta al trabajo, recaída...
Referencias bibliográficas

M.F., H. (1999). El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Barcelona.


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