TERAPIA DE PAREJA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Por qué una sola sesión de terapia de pareja no basta? Ejemplos reales que lo demuestran
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¿Por qué una sola sesión de terapia de pareja no basta? Ejemplos reales que lo demuestran
Muchas parejas llegan a consulta buscando una solución rápida a sus problemas, con la esperanza de que una única sesión de terapia de pareja sea suficiente para salvar la relación. Sin embargo, aunque es común que después de la primera sesión ambos se sientan más tranquilos, escuchados y fortalecidos, lo cierto es que sin continuidad la mejoría dura poco.
La realidad es que la terapia de pareja no es una varita mágica: es un proceso que requiere compromiso, tiempo y disposición para trabajar tanto en lo individual como en lo conjunto. Veamos algunos ejemplos frecuentes de lo que ocurre cuando las parejas se quedan solo en esa primera cita.
- Infidelidad puntual: el bucle de las preguntas sin fin
Una pareja acude tras descubrir una infidelidad “puntual”. Quien ha sido engañado quiere que su pareja le explique con todo detalle lo que ocurrió: cómo conoció a la otra persona, qué hicieron, cuántas veces, qué sintió… Esta búsqueda de detalles suele generar un círculo tóxico de dolor y obsesión, que acaba debilitando más la relación.
En la sesión, el terapeuta puede ayudar a cortar este patrón y ofrecer pautas para trabajar la confianza. Ambos salen de la consulta con esperanza. Pero si luego no siguen las recomendaciones, vuelven a caer en las mismas dinámicas, y la relación termina estancándose.
- Infidelidades repetidas: cuando el problema es estructural
Otro caso frecuente es el de parejas donde una de las personas ha sido infiel varias veces, con distintas personas, a lo largo de los años. La otra parte ha perdonado en repetidas ocasiones y acude a consulta pidiendo ayuda para que “su pareja cambie”.
Aquí, el problema no se resuelve en una sesión. Es necesario un proceso profundo que explore las causas de esa conducta y que trabaje también en la autoestima de quien la sufre. Salir de una primera cita con un acercamiento momentáneo no soluciona nada si después no hay voluntad real de trabajar la relación y las heridas emocionales.
- La personalidad pasivo-agresiva: desgaste silencioso
Hay relaciones donde uno de los miembros adopta un estilo pasivo-agresivo: parece complaciente, pero constantemente boicotea, critica de forma sutil o manipula la situación. Esto genera en la pareja síntomas como ansiedad, tristeza, ira o incluso depresión, sin que identifique claramente la causa.
En la primera sesión, es común que la persona pasivo-agresiva intente mostrar su mejor cara, monopolizar la conversación o incluso victimizarse, para que el terapeuta lo perciba como “el bueno”. La pareja sale confundida: siente un alivio temporal, pero al poco tiempo los síntomas regresan porque no se trabajó en profundidad el problema.
- Cuando los hijos son motivo de conflicto
Otra situación habitual aparece cuando hay desacuerdos sobre la educación de los hijos. Uno de los progenitores puede ser más permisivo y el otro más autoritario, lo que genera discusiones constantes. En la primera sesión, el terapeuta ayuda a que ambos entiendan sus diferencias y encuentren puntos en común, lo que produce un respiro inmediato.
Sin embargo, si no continúan con el proceso terapéutico, vuelven a caer en las mismas discusiones, y los hijos terminan convirtiéndose en el centro del conflicto.
- La comunicación destructiva
Muchas parejas creen que “hablarlo todo” es la solución, pero en realidad convierten cada diálogo en una lista de reproches: “tú no haces”, “yo me siento mal porque tú…”. En la primera sesión, el terapeuta les enseña que discutir de esa manera solo refuerza el ego y el resentimiento.
El alivio dura mientras la pareja mantiene la motivación inicial. Pero si no practican las herramientas aprendidas, regresan a la misma dinámica de ataque y defensa, minando poco a poco el vínculo.
¿Qué tienen en común todas estas situaciones?
Que una sola sesión no es suficiente. Puede dar claridad, esperanza y una sensación temporal de bienestar, pero si la pareja no se compromete a seguir trabajando:
- Los mismos problemas reaparecen.
- Se repiten los patrones tóxicos.
- El vínculo se debilita hasta llegar al desgaste o la ruptura.
Conclusión: la terapia de pareja es un camino, no una cita única
Acudir a terapia de pareja cuando ya hay mucho dolor acumulado, infidelidades repetidas o dinámicas destructivas muy arraigadas, y esperar que todo se solucione en una sola cita, es poco realista.
La primera sesión puede ser un punto de partida esperanzador, pero para transformar la relación de verdad hace falta compromiso: asistir de forma constante, trabajar en la terapia individual de cada miembro si es necesario y aplicar las herramientas aprendidas en el día a día.
La terapia de pareja sí puede salvar relaciones, siempre que ambos estén dispuestos a mirar hacia dentro, asumir responsabilidades y construir un camino nuevo juntos.
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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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