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HIPOCONDRÍA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Pensamientos, reacciones físicas y estrategias más frecuentes en la Hipondría

 

   


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¿Qué es la Hipocondría?

   La hipondría es un trastorno psicológico en el que la ansiedad es uno de los ingredientes fundamentales, y se caracteriza porque la persona que lo sufre tiene una alta convicción de padecer una enfermedad física grave o potencialmente mortal.

 

Pensamientos en la Hipocondría

La creencia básica es tener una enfermedad mortal que matará a la persona, pero no inmediatamente, no ahora, sino en un futuro de meses o años.

En la misma línea, se teme no sólo el desenlace, la muerte, sino el propio proceso de recibir el diagnóstico, intentar un tratamiento que de todas formas no va a funcionar, notar el deterioro que se irá produciendo, y finalmente morir.

Quien sufre una hipocondría cree que tiene un cáncer, un problema cardíaco o cualquier tipo de extraña enfermedad que los médicos todavía no le han detectado.

“Debo tener un tumor cerebral, un día de estos el corazón me estallará, soy seropositivo, me voy a morir, el hígado me puede fallar o seguro que tengo un alzeimer”

El grado de convicción en que se creen estas ideas es muy variable. En un mismo día, en momentos determinados, se pueden creer al 100 % y en otros con menos intensidad. No es raro que puedan aparecer imágenes, la persona podría verse a sí misma yaciendo en la UCI de un hospital o recibiendo quimioterapia o viendo cómo su médico le dice que sus análisis de sida dan positivo.

A lo largo del tiempo los temores suelen cambiar. Hay personas que tienen un temor predominante y concreto que, aunque con alguna variación, se mantiene relativamente constante. Otros, sin embargo, cambian el contenido de sus temores con el tiempo. Quizás lo más habitual es una combinación de los dos anteriores: un miedo principal, que con variaciones perdura, y diferentes miedos que van alternándose en sucesivos períodos.

 

Suelen aparecer también pensamientos de tipo supersticioso. El contenido más habitual es creer que si piensan en términos realistas o positivos, entonces la enfermedad será un hecho sólido. A partir de ahí, lo habitual es intentar neutralizar esa clase de pensamientos con otros de contenido catastrófico.

Además, aparecen pensamientos acerca de cómo ellos y sus familias encararán este terrible proceso. Imaginan el sufrimiento psicológico que conllevará enfermar y morir, no sólo en ellos sino en sus seres queridos. No es raro, sobre todo cuando tienen hijos pequeños, que aparezcan preocupaciones sobre el futuro de los niños.

 

Reacciones físicas en la Hipocondría

 

Cuando una persona piensa que puede tener cáncer, sida o una gravísima enfermedad cardiaca, inevitablemente se pone nerviosa, aparece la ansiedad. Se nota una gran cantidad de sensaciones físicas que pueden resultar inquietantes: aceleración del corazón, aumento de la velocidad de la respiración, tensión muscular, boca seca, sensaciones en el estómago, calor, dolor de cabeza o de espalda, mareo y muchas más.

La intensidad de la ansiedad no es siempre constante. El grado de ansiedad es directamente proporcional a cuánto se creen estos pensamientos catastróficos. Cuanto más ciertos parecen, más ansiedad producen.

Asimismo, aproximadamente el 70 % de las personas que padecen hipocondría, también sufren ataques de pánico esporádicamente.

 

Estrategias más comunes en la Hipocondría

1. Consultar a médicos, personas de confianza o fuentes fiables sobre su malestar.

2. Auto vigilancia del cuerpo y la consiguiente comprobación de los síntomas que se temen. 
Pesarse a diario para comprobar que no se ha perdido peso, lo que se interpretaría como síntoma de cáncer, revisar la piel buscando manchas indicativas de lesiones cancerígenas, tomarse el pulso para asegurarse de que su corazón no está a punto de estallar o hacer una prueba de equilibrio con el objetivo de ratificar que no tienen un tumor cerebral. A menudo la comprobación sigue unas pautas y reglas completamente subjetivas y con un estilo compulsivo. Por ejemplo, muchas veces no basta con comprobar una vez el supuesto signo de la enfermedad, sino que se necesita repetirlo un extenso número de veces.

Tanto la comprobación, como la reaseguración, puede provocar el efecto contrario a lo que la persona anda buscando: aumentar la ansiedad. Primero, porque puede empeorar el síntoma y segundo, porque se pueden encontrar más señales sospechosas.

3. La distracción

La distracción puede ser hacer cosas o pensar cosas. Uno puede distraerse charlando con los demás, viendo una película, haciendo deporte, o escuchando música.

O puede también distraerse recordando jugadas de un partido de fútbol reciente, escenas de una película interesante o fantaseando sobre un viaje futuro muy deseado.

4. La racionalización

Consiste en conseguir, durante un período corto de tiempo, tranquilidad a base de autoargumentar que el contenido de los temores es falso. Es decir, intentar convencerse de que no tienen ninguna enfermedad. Esto les lleva a repetirse, en una espiral sinfín, una y otra vez, que no les pasa nada, que todo está en su imaginación y que no hay peligro. Se recuerdan la información obtenida a través de la reaseguración, los resultados de las pruebas diagnósticas y se usa mucho el pensamiento positivo: “todo va a ir bien, no te pasa nada, eres joven y fuerte, no te amargues la vida”. Este proceso tiene una eficacia mínima, funciona durante segundos o minutos en el mejor de los casos.

5. La evitación

Evitar oír hablar de enfermedades, no ver películas donde alguno de los protagonistas sufre una enfermedad, dejar de ir a hospitales o consultas médicas, o no ver ni tocar partes del propio cuerpo, son ejemplos de evitación.

 

Diferencias individuales en la Hipocondría
 

Cada persona está bajo la influencia de un amplio número de variables que modulan el protagonismo de la hipocondría.

1. Variables indirectas

Por ejemplo, el estilo de vida. Muchos notan menos su hipocondría cuando están muy ocupados. En esa línea, es habitual que se sufra más el fin de semana si el trabajo es un gran distractor, o en momentos de aburrimiento.

2. El estrés

El estrés no es más que ansiedad y la ansiedad provoca sensaciones. Estas sensaciones tienden a interpretarse como síntomas de posibles enfermedades. Hay personas que notan empeoramiento en el trabajo, puesto que el trabajo les produce estrés.

3. Problemas personales

Los problemas personales, inherentes a la vida, como discusiones de pareja, desavenencias familiares o desajustes económicos, pueden también aumentar o disminuir el grado de malestar hipocondríaco. Si atraen la atención de la persona distrayéndola de sus miedos habituales, lo reducirán. Pero si aumentan su nivel de estrés, probablemente los exacerbarán.

4. Cambios en el estilo de vida

Cambios en eventos ambientales positivos, tienden a suavizar el malestar. Es el caso de preparar o realizar un viaje largo tiempo deseado, iniciar una relación afectiva, estrenar una casa, o cambiar de coche.

5. Sensaciones fisiológicas que produce el propio organismo

Pueden ser cambios inocuos y absolutamente normales parte del funcionamiento habitual del organismo, como el proceso digestivo, la ovulación, sensación de cansancio o de sueño. En otras ocasiones, son cambios biológicos producidos por el propio estrés, como la taquicardia, el mareo o la sensación de falta de aire. También es habitual que estas sensaciones alarmantes las provoque la persona en su proceso de comprobación.

6. Descubrimiento de un “nuevo sintoma”

En ocasiones, lo que inicia la ansiedad es el descubrimiento de “nuevos síntomas” que, en realidad, siempre habían estado allí: un nuevo lunar, una mancha en la piel, una asimetría en la cabeza, o notar que elvelo del paladar es rugoso.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

 


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