martes, 7 de abril de 2020

ADICCIÓN A LA COCAÍNA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Qué es la cocaína, tolerancia, intoxicación, comorbilidad...

¿QUÉ ES LA COCAÍNA?
La cocaína es un potente estimulante del SNC que provoca:
·          Sensación subjetiva de euforia
·          Inquietud
·          Aumenta la comunicación verbal
·          Incrementa el rendimiento mental
·          Frena la inhibición
El efecto más evidente sobre la conducta es su incomparable capacidad de recompensa o refuerzo positivo.

¿Cuál es el mecanismo de acción de la cocaína?

Su mecanismo de acción es por bloqueo de la recaptación presipnática en la sinapsis noradrenérgicas, dopaminérgicas y en menor medida serotoninérgicas.
Su potencialidad efectiva se relaciona con la transmisión dopaminérgica a través de los receptores D1 y D2. Los lugares de acción de la cocaína son:
·         El núcleo accumbens
·         La corteza prefrontal media
·         Núcleos caudado y putamen
·         Hipocampo
El núcleo accumbens es el lugar crítico para muchos de los efectos conductuales que desencadena. Su acción en los circuitos mesolímbicos y mesocortical se relaciona con la euforia (Koob y Volkow, 2016).

Tolerancia a la cocaína

Las hipótesis sobre la neuroadaptación a cocaína se centran en el estudio de:
·         Depleción de los depósitos de dopamina
·         Hipersensibilidad de los receptores post-sinápticos de dopamina y noradrenalina
·         Hipersensibilidad de los autorreceptores de dopamina
·         Interaccíón con otros neurotransmisores como serotonina, encefalinas o GABA
·         Degeneración tóxica de las neuronas dopaminérgicas
Interviniendo factores de transcripción y alteraciones en la expresión de determinados genes.
El consumo crónico produce depleción de dopamina (disminuye su síntesis, lo que reduce la disponibilidad de los receptores D1 y D2) y otros neurotransmisores, de manera que se produce una disregulación que está en la base biológica del crawing, lo que potencia la autoadministración en un intento de mantener constante el grado de desensibilización (Koob y Volkow, 2016).

Intoxicación por cocaína

Puede producir a nivel del SNC multitud de síntomas, fundamentalmente por acción sobre el sistema dopaminérgico, entre los que se encuentran:
·         Elevación del estado de ánimo
·         Aumento de energía
·         Aumento del rendimiento
·         Disminución de la sensación de fatiga
·         Hiperactividad motora
·         Aumento de la fluidez verbal
·         Ansiedad e irritabilidad
·         Insomnio
·         Anorexia
·         Alteraciones en la percepción
·         Alteraciones en la capacidad crítica y discriminativa
·         Reacciones paranoides
·         Conducta estereotipada
·         Anhedonia y disforia tras el cese de consumo

La intoxicación por cocaína puede acompañarse de:

·         Taquicardia o bradicardia (ritmo cardíaco lento)
·         Dilatación pupilar
·         Tensión arterial elevada o reducida
·         Sudoración o escalofríos
·         Náuseas o vómitos
·         Pérdida de peso
·         Agitación o retraso psicomotor
·         Debilidad muscular
·         Depresión respiratoria
·         Dolor toráxico o arritmias cardiacas
·         Confusión
·         Convulsiones
·         Discinesias
·         Distonías o coma

Las alteraciones psíquicas y conductuales más comunes que precisan tratamiento son:

·         Cuadros con agitación psicomotora, con agresividad, irritabilidad y síntomas periféricos de estimulación adrenérgica
·         Alteraciones sensoperceptivas que en altas dosis o población vulnerable puede provocar el desarrollo de una psicosis paranoide
·         Cuadros maniformes
El diagnóstico de intoxicación se hace ante un estado transitorio que aparece durante o poco después del consumo de cocaína, y cursa con las alteraciones comportamentales, cambios psicológicos o alteraciones del estado afectivo clínicamente significativos ya señalados.
En el tratamiento de la intoxicación por cocaína se recomienda priorizar el tratamiento con benzodiacepinas y evitar en lo posible los antipsióticos.
El uso de antipsicóticos tiene mayor riesgo de efectos extrapiramidales (hipersensibilidad de receptores dopaminérgicos), aumentar el crawing y de reducir el umbral convulsivo.

El uso de antipsicóticos se reserva para:

·         La presencia de sintomatología psicótica o maniforme. En estos se recomienda la utilización de antipsicóticos atípicos, excepto clozapina.
·         Importante agitación psicomotriz. A mayor componente de agitación psicomotora existe mayor riesgo de rabdomiólisis (Es la descomposición del tejido muscular que ocasiona la liberación de los contenidos de las fibras musculares en la sangre. Estas sustancias son dañinas para el riñón y con frecuencia causan daño renal). Su presencia obliga a medidas de hidratación y alcalinización de la orina

Síndrome de abstinencia

El SA de cocaína no es generalmente un cuadro grave y se desarrolla entre las 18 horas y los 7 días tras el cese o reducción del consumo prolongado e intenso de cocaína. En el período inicial (6-12 horas) suele aparecer irritabilidad, dificultad de concentración, disforia, anorexia y síntomas depresivos. En fases posteriores (abstinencia retardada) puede cursar con anhedonia, astenia, hiperfagia y aumento de la necesidad de consumo de cocaína.
El diagnóstico de SA se realiza ante la presencia de síntomas característicos (fatiga, sueños vividos o desagradables, insomnio o hipersomnia, aumento de apetito, retraso motor o agitación) que se presentan ante el cese o reducción del consumo, tras un so reiterado en dosis elevadas durante un tiempo prolongado. Los síntomas deben provocar un malestar significativo o deterioro en áreas importantes de funcionamiento (laboral, familiar o social).
El síndrome de abstinencia de cocaína, en ausencia de complicaciones no suele precisar tratamiento farmacológico específico, aunque frecuentemente es necesario tratar sintomáticamente algunos síntomas como el insomnio, la ansiedad o el crawing.
Síntomas psicóticos
El consumo de cocaína puede producir síntomas psicóticos.
Según el DSM-V, pueden aparecer durante o poco después del consumo (Intoxicación por estimulantes con alteraciones en la percepción), o en el mes posterior al consumo (Trastorno Psicótico Inducido).
La aparición de síntomas psicóticos transitorios en forma de reacciones paranoides o alucinaciones se conoce como Psicosis Inducida por Cocaína (PIC), cuadro que, siendo frecuente, no siempre aparece. A diferencia de Trastorno Psicótico Inducido, en la Psicosis Inducida por Cocaína el paciente es consciente de que tales síntomas están relacionados con el consumo de la sustancia.
La psicosis inducida es muy común en individuos dependientes de cocaína que buscan tratamiento. Según resultados de estudios recientes, hasta un 53,8% de pacientes dependientes de cocaína presentan síntomas psicóticos bajo la influencia de esta sustancia (principalmente ideación paranoide y suspicacia), siendo más frecuente en aquellos que consumen grandes dosis, con diagnósticos de trastorno de personalidad y dependencia de cannabis a lo largo de sus vidas. La cantidad de cocaína y el inicio precoz del consumo se relacionan positivamente con la aparición de este cuadro, así como vías de administración fumada o intravenosa. Sin embargo, el número de años de consumo de cocaína no parece correlacionarse con su aparición (Roncero et al., 2013).

Comorbilidad y consumo de cocaína

La cocaína es la sustancia psicoactiva que con mayor frecuencia se asocia con trastornos mentales. Según el estudio ECA, estos adictos presentan un riesgo 11 veces superior de padecer un trastorno mental añadido frente a los no adictivos, presentando e l 5,7% de ellos algún tipo de psicopatología, a la vez que los sujetos con trastornos mentales presentan un mayor riesgo de padecer una dependencia de cocaína que aquellos que no sufren trastornos mentales (Regier et al, 1990).

Los trastornos psiquiátricos agudos que han asociado al consumo de cocaína son muy variados, incluyendo
·         Deterioro cognitivo
·         Alteraciones de motivación
·         Alteraciones de introspección
·         Desinhibición
·         Trastornos de atención
·         Inestabilidad emocional
·         Trastorno del control de impulsos
·         Agresividad
·         Trastornos depresivos y anhedonia
·         Trastornos de ansiedad
·         Trastornos de psicomotricidad
·         Psicosis cocaínica

El incremento de transmisión dopaminérgica podría explicar los estados confusionales con agitación psicomotriz, paranoia o psicosis. La depleción en las sinapsis dopaminérgicas y en otras que provoca el uso crónico facilitaría los trastornos depresivos.
Al finalizar la persistencia de la psicopatología desencadenada por la cocaína se observa que la euforia, la agitación y la paranoia remiten rápidamente con un período de abstinencia, existiendo dudas sobre su acción a largo plazo. Sin embargo, algunos estudios en población general que consume cocaína no muestran elevados niveles de psicopatología, a diferencia de los adictos a cocaína que demandan tratamiento. Así, en la población general que consume cocaína se describen alteraciones del sueño, síntomas de ansiedad y sintomatología referencial.

Influencia de la dependencia de cocaína en la evolución de los trastornos psiquiátricos

Los pacientes con trastorno por uso de cocaína y comorbilidad asociada, comparados con los que tienen un solo diagnóstico, presentan generalmente (Martínez-Gras et al., 2016):
·         Más problemas familiares, laborales y legales

·         Mayor frecuencia de conductas de violencia
·         Autolesiones
·         Infección por VIH
·         Suicidio y mortalidad temprana
·         Demanda tratamiento con mayor frecuencia
·         Cuentan con más reingresos

· Realizan peor seguimiento ambulatorio tanto por su consumo de cocaína como de otro trastorno psiquiátrico
La dependencia de cocaína ocasiona un mayor número de ingresos psiquiátricos por causas diferentes al consumo, así como de urgencias por complicaciones psiquiátricas. La cocaína empeora el pronóstico de los trastornos afectivos, de la esquizofrenia, del trastorno antisocial de personalidad, trastorno de ansiedad y trastorno por déficit de atención, presentando todas estas patologías más trastornos de conducta.
La depresión es un factor de riesgo para el consumo de cocaína en los adictos a opiáceos que están en mantenimiento con metadona, presentando los adictos deprimidios peor evolución y mayor número de hospitalizaciones.
Los individuos con trastorno de ansiedad que consumen cocaína complican su cuadro. El consumo de estimulantes y la abstinencia de depresores agravan el trastorno de pánico y la agorafobia y los estimulantes agravan los síntomas del TOC.
Los pacientes psicóticos que consumen cocaína, al igual que los que consumen otro tipo de drogas, tienen peor calidad de vida, y más síntomas paranoides y conductas auto-heteroagresivas que los no adictos y presentan una edad más joven de inicio que los no consumidores.


Influencia de los trastornos psiquiátricos en la evolución de la dependencia de cocaína

La presencia de un trastorno psiquiátrico concomitante o de psicopatología sobreañadida a la drogodependencia ocasiona una evolución peor de la adicción.
El mayor riesgo de suicidio, la mayor dificultad para iniciar la abstinencia y la mayor severidad de recaídas hacen que el manejo de la adicción sea mucho más complejo que el de los pacientes con un solo diagnóstico.

Referencia
Ochoa, E., Molins, S., & Seijo, P. (s.f.). Guías clínicas basadas en la evidencia científica: Comorbilidad psiquiátrica en adicciones. Socidrogalacohol.

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domingo, 6 de octubre de 2019

DEPENDENCIA EMOCIONAL Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿EN QUIÉN SE FIJAN LOS DEPENDIENTES EMOCIONALES?

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LOS OBJETOS DE LOS DEPENDIENTES: ¿EN QUIÉN SE FIJAN LOS DEPENDIENTES EMOCIONALES?

 


Castelló (2012) denomina “objetos” a las personas que los dependientes emocionales encuentran especialmente interesantes como parejas. Esto no quiere decir que todo aquel que tenga una relación con un dependiente sea un "objeto", porque los dependientes emocionales pueden emparejarse con otra persona sin estar especialmente motivados para ello, y sólo con la finalidad de paliar su intolerancia a la soledad. Pero, incluso en esta situación, continuarán con la "caña preparada" por si les aparece alguien verdaderamente interesante, que sea capaz de mover todos sus cimientos y por el que harían casi cualquier cosa: estas personas son los objetos, y no cualquiera se ajusta al perfil necesario.

El principal denominador común de los diferentes perfiles de objeto (salvo uno) es el escaso interés que muestran hacia los dependientes, hacia sus parejas. Esto no significa necesariamente que tengan en la realidad escaso interés, sino que no lo muestran, por lo que la relación con ellos por fuerza conducirá al desequilibrio: uno estará muy involucrado, y el otro distante y lejano. Esta característica centrada en el desinterés la encuentran muy atractiva los dependientes emocionales, lo cual nos puede chocar porque, en teoría, debería ser todo lo contrario; es decir, normalmente, tendríamos que encontrar atractivo que los demás se fijen en nosotros, y repelernos un comportamiento opuesto. Pero los dependientes operan justo al revés: pueden tener cien pretendientes empeñados en conquistarlos, pero ellos se fijarán en el que mira para otro lado.

El motivo de este comportamiento es doble. Por un lado, el desinterés se puede considerar como un signo de fortaleza, de poca necesidad del otro o de autosuficiencia, lo cual el dependiente lo interpreta de forma favorable ya que denota una especie de poder, que contrasta con su baja autoestima. A veces, estas sensaciones de poder sirven para estimular fantasías de ser protegido

A veces, estas sensaciones de poder sirven para estimular fantasías de ser protegido por ese "ser superior" idealizado al que se considera el objeto. Además de que el desinterés se considera signo de fortaleza y, por

lo tanto, acentúa los deseos de idealización del otro que tienen los dependientes, dicho desinterés también conduce a que se busque el cariño y la aceptación que el objeto no está proporcionando.

Es decir, los dependientes, por su historia personal son muy sensibles al rechazo y al abandono, y cualquier persona que se comporte mostrando poco interés les va a recordar el comportamiento de otras personas muy significativas, que fueron buscadas con ahínco en etapas pasadas de la vida. Mantener esta actitud de búsqueda de cariño de aquel que lo rechaza es también muy característico de los dependientes emocionales, de ahí que sientan algo especial cuando están en presencia de alguien que escatima el interés y la valoración y cuando consideren que tienen que hacer lo imposible para conseguir que cambien de tendencia.

Además del desinterés, otro rasgo común en los objetos es la arrogancia o el excesivo celo en cultivar su ego. A partir de aquí hay un poco de todo, unos se exceden mucho en esa arrogancia (los narcisistas) y otros no llegan a tanto, pero siempre están "encantados de haberse conocido" y teniendo muy claro que valen más que la mayoría y, por supuesto, que su pareja. Este factor también contribuye a que se trate de personas más idealizables, porque tienen un concepto alto de sí mismos; con esto, incrementan su atractivo de cara al dependiente emocional. Con este rasgo se multiplican las posibilidades de que aparezca el desequilibrio en la relación de pareja, ya que, si hay desinterés y además un cierto sentido de superioridad, el resultado forzosamente será que uno de los miembros de la pareja será el "importante", y el otro su satélite, que girará dando vueltas alrededor suyo.

Los tres perfiles de los objetos

1) los objetos narcisistas

Los objetos narcisistas son, con diferencia, los más habituales. Es cierto que dentro de los objetos narcisistas hay cierta heterogeneidad, ciertas diferencias, pero no las suficientes como para establecer otro tipo de clasificación. 
 El narcisista es aquel que se quiere mucho a sí mismo y además en exclusividad, es decir, reserva su amor únicamente a su persona despreciando al resto. Piensa que vale infinitamente más que cualquier otra persona y que, por lo tanto, su superioridad justifica tanto su auto-satisfacción como su separación y desprecio del resto del mundo. El narcisista es tan egoísta que, para justificar su comportamiento por y para sí mismo, distorsiona la realidad.


Los narcisistas sólo se relacionan con los otros si es para conseguir algo de ellos, tanto en el plano material como en el emocional en forma de alabanzas; de esta forma, es habitual que tengan una especie de "corte" o séquito que les ríen las gracias y que les sobrevaloran de la misma manera que ellos hacen consigo mismos.

En la medida en que el narcisismo es de mayor intensidad, esto se produce con mayor frecuencia; en cierto modo, el éxito social del narcisista cimenta esta descompensación de suministros afectivos. Pensemos en un futbolista de prestigio antes y después de serlo, o sea, cuando jugaba en las categorías inferiores y cuando dio el salto a un equipo puntero. ¿Tendría el mismo concepto de él y de los demás? Ya sabemos que, cuando la fama acompaña y los demás no hacen más que admirar y endiosar, muy fácilmente se sube dicha fama a la cabeza. Como es lógico, no todos los narcisistas tienen tal grado de reconocimiento público, pero para hablar de un narcisismo importante sí es preciso, más por habitual que por necesario, que gocen de un cierto éxito social.

El narcisismo de las personas que tienen una idea endiosada de sí mismos y que piensan que no deben rodearse del vulgo conforma lo que los profesionales llamamos "trastorno narcisista de la personalidad". Pero no todos los narcisistas que entran dentro del perfil de objeto que estamos describiendo se ajustan obligatoriamente a dicho trastorno; digamos que estos serían el extremo, mientras que otros se encontrarían en diferentes puntos medios de menor intensidad.

En esos puntos medios se mueven otros individuos con una menor arrogancia, menos endiosamiento y también más frustración: son narcisistas que no tienen éxito o reconocimiento social y que viven con rabia su escasa aceptación por parte de los otros. Igualmente se consideran superiores, pero sin la contundencia y rotundidad que se producen por la admiración de los otros: estas personas detestan igualmente a la gente, pero pueden ser más hostiles porque piensan que los demás les boicotean o les tienen envidia. En el seno de una relación de pareja son más peligrosos ya que presentan una importante frustración de su ego que desean descargar, y para ello el dependiente emocional es el chivo expiatorio preferido.

Otra modalidad de narcisista "venido a menos" está, precisamente, muy cercana a la dependencia emocional: los "evitadores del compromiso" (el término habitual "fobia al compromiso" es poco riguroso y disparatado). Son personas muy egoístas, centradas totalmente en sí mismas, con una idea de superioridad con respecto a los demás -de ahí su narcisismo y que entren dentro de este perfil de objeto-, y que huyen de las ataduras propias de las relaciones de pareja ... aunque prácticamente siempre estén inmersas en relaciones de este tipo. Es un "sí, pero no" difícil de entender. Eso sí, no todos los evitadores del compromiso están cortados por el mismo patrón: hay otros que simplemente no quieren saber nada de relaciones de pareja bien porque no les apetece, o bien porque han pasado experiencias adversas que no desean repetir, pero que actúan en consecuencia y no se meten en líos íntimos con otras personas.

Dentro del narcisismo hay cierta diversidad, pero todos comparten los rasgos con diferente intensidad de ser egocéntricos, egoístas, soberbios y desinteresados con respecto a los demás, a los que ningunean o simplemente detestan.

Los dependientes emocionales consideran tan atractivas a estas personas, que manifiestamente no le convienen a nadie porque son lo contrario que ellos, son individuos que sobreutilizan su suministro afectivo interno y, por lo tanto, reflejan una autoimportancia, una seguridad y un comportamiento dominante que a personas con baja autoestima y/o muy necesitadas afectivamente les parece que son "portadoras" de una especie de amor que guardan de forma celosa, o que tienen unas cualidades de protección por su ego inflado que superan a las de los demás, que son demasiado normales, aburridos e incluso débiles, poco interesantes. Los dependientes emocionales siempre se quedan con los "malos de la clase" por considerar que son los fuertes, los que mandan y los que, por lo tanto, más pueden proteger y más pueden buscar para conseguir su ansiada atención; mientras que los "empollones" son demasiado buenas personas, predecibles y aburridos.

Aparte de la influencia de la baja autoestima y de la necesidad afectiva para empujar al dependiente emocional a dirigirse a estos individuos, también destaca la importancia de que, en sus trayectorias vitales, han dedicado una buena parte de sus esfuerzos para conseguir la atención de personas significativas que reiteradamente se la han negado: esto provoca que, al encontrarse con personas poco interesadas en ellos y muy autosuficientes, se les active su comportamiento de búsqueda de atención, como si no pudieran asimilar un rechazo o un abandono e hicieran todo lo posible y lo imposible por evitarlo. En este sentido, no hay nada peor para conquistar a un dependiente emocional que manifestarle interés, cortejarle y estar muy pendiente y "abobado" por él, porque entonces no se activará la tendencia antes mencionada de ansiedad y búsqueda desesperada de aceptación.



2) Los objetos posesivos

Los objetos posesivos igual que los evitadores del compromiso, son individuos cuyo comportamiento tiene también mucho que ver con la dependencia emocional. Viven con mucha intensidad las relaciones de pareja, deseando exclusividad con su compañero y poniendo su relación como prioridad. En definitiva, comportándose como dependientes emocionales, salvo que en lugar de asumir un rol subordinado y dejarse llevar y proteger en la relación por alguien idealizado, ocupan un papel dominante y tiránico con el que, al mismo tiempo que se satisface una necesidad afectiva enfermiza (o sea, se producen entradas del suministro afectivo externo), se infla el ego dominando y sintiéndose superior a la pareja, en la que se descargan las frustraciones con rabia y hostilidad.

Son individuos muy ambivalentes, es decir, quieren/necesitan y odian al mismo tiempo a sus parejas, produciéndose una coexistencia de sentimientos opuestos hacia una misma persona que denota que dicha coexistencia ha sido frecuente en sus trayectorias personales. Además, existen otro tipo de objetos, más violentos, pasionales y atormentados, que también saben captar la atención de los dependientes emocionales: vienen a ser una mezcla de los objetos narcisistas, y de los objetos problemáticos.

La actitud dominante, tiránica y posesiva de estas personas se considera por los dependientes emocionales estándar como un signo de fuerza, una demostración de poder que encuentran atractiva por ser justo lo contrario de su comportamiento, basado en la autoanulación y la baja autoestima. La fuerza personal la consideran digna de fascinación, admiración y sobrevaloración; si, además, añadimos la posesividad de este perfil de objeto, tenemos que no sólo son fuertes a ojos de los dependientes, sino que también proporcionan cercanía y fusión exclusiva con sus parejas, algo que también es gratificante. El problema es cuando surge la agresividad propia de estas personas por ser muy frustradas, por querer descargar su ira y alimentar su ego a costa del de sus parejas, dominándolas y utilizándolas a su antojo.

Las relaciones entre un dependiente emocional estándar y un objeto posesivo se denominan "interdependencia", ya que ambos miembros de la pareja comparten su necesidad afectiva enfermiza, con la única diferencia de que uno de los dos juega un papel dominante y el otro uno subordinado y anulado.



3) los objetos problemáticos

Los objetos problemáticos son las clásicas personas "complicadas" que tradicionalmente se han descrito como las parejas de los codependientes. La codependencia es un problema que se centra en la tendencia de los individuos que la padecen a tener relaciones con personas adictas a sustancias, y a querer "salvarles" de su adicción hasta el punto de que dicha actitud de control y cuidados constantes se convierte en el fundamento de la pareja. Según Castelló (2012), la codependencia es exactamente igual y equivalente a la dependencia emocional porque se dan todos los componentes:

·          relaciones desequilibradas

·          tendencia a concebir la vida siempre al lado de alguien -con el consiguiente encadenamiento de parejas-

·          miedo a la soledad

·          idealización del compañero (porque, aunque sea un "calamidad", se le considera un superviviente y alguien complejo, interesante, inaccesible y, por lo tanto, idealizables)

·          síndrome de abstinencia en caso de rupturas

·          esfuerzos desesperados por mantener la relación a toda costa con humillaciones, autoanulación...

Además de eso, hablando con supuestos "codependientes", en la clínica se puede observar que dicen las mismas cosas que los dependientes emocionales, tienen los mismos miedos, describen igual su necesidad afectiva: en fin, son tan parecidos que sólo queda pensar que también son dependientes emocionales.

La diferencia es que, siendo dependientes, no se emparejan con objetos de tipo narcisista, sino con otros que he llamado "problemáticos", que comparten con los anteriores su actitud de desinterés hacia el dependiente o su intención de dominar en la relación para conseguir sus fines y, por qué no, para satisfacer sus propias necesidades afectivas. Los dependientes que escogen este tipo de objetos suelen tener un grado mayor de patología o, dicho de otra forma, un mayor nivel de desequilibrio emocional. Normalmente, han tenido vidas en las que han estado presentes el maltrato o pautas familiares muy enfermizas, que han derivado en que tengan inmensas necesidades afectivas y a que se identifiquen con personas problemáticas -este tipo de objetos- con la intención de salvarles o cuidarles, como si estuvieran haciéndolo consigo mismos, pero con una abnegación autodestructiva. Es una mezcla de "cuidaré al otro como yo hubiera querido que hicieran conmigo" y de "me someteré al otro porque mi vida sólo tiene sentido para eso, lo que sea con tal de que no me abandonen".

La pauta de cuidados continuos de estos dependientes emocionales graves no es ni más ni menos que la ya expuesta necesidad de agradar, que alcanza muchas veces grados de sometimiento excesivo en la mayoría de las relaciones de las personas con dependencia.

Los objetos problemáticos no tienen por qué ser exclusivamente personas con adicciones, esto es una influencia heredera del ya mencionado término de "codependencia"; pueden ser individuos conflictivos, con tendencias violentas, con problemas con la justicia, con comportamientos peculiares, marginales...

Celebran con entusiasmo la aparición de un dependiente en sus vidas, al que exprimen como una naranja en todos los sentidos: material, afectivo, práctico (por ejemplo, utilizarles como escudo para dar la cara cuando incumplen obligaciones laborales).

Este tipo de personas son las que despiertan la atención de los dependientes emocionales por considerarlas interesantes (los "normales" son aburridos), idealizables por ser una especie de "rebeldes sin causa" y, además, por activar el chip proteccionista creado por infancias muy desgraciadas. En ocasiones, estos dependientes emocionales han sido utilizados en el pasado como intermediarios o cuidadores de diferentes personas de la familia como hermanos, abuelos o incluso los propios padres, por lo que identifican el cuidado, la entrega y la abnegación con la búsqueda de aceptación, con el único papel por el que se les ha considerado válidos.

En todo caso, esta tendencia excesiva al cuidado tiene no sólo este cariz sino también, como he dicho, el de agradar al otro para que no le abandone incluso a riesgo de ser gravemente perjudicado, porque esta es la esencia de la dependencia emocional: satisfacer la necesidad afectiva es más importante que el sujeto en sí, o, dicho de otra forma, es la aceptación del otro lo que da sentido.

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¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?

La dependencia emocional es un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas.

El dependiente presenta una frustración o una insatisfacción en su área afectiva que pretende compensar centrándose preferentemente en sus relaciones de pareja. El mundo del amor se convierte en lo más relevante para el dependiente emocional, que vive sus relaciones de manera tremendamente intensa y que siente que lo único que realmente importa es el otro, sin poder concebir su existencia sin alguien a su lado.

El dependiente emocional suele tener relaciones de pareja desequilibradas, aporta mucho más que el otro viviendo en una eterna falta de correspondencia. Prioriza tanto su relación amorosa que pone en compromiso el resto de sus facetas: su estado de ánimo irá en función de dicha relación, su tiempo se dedicará a la otra persona (mientras que ella se deje), sus pensamientos girarán en torno a la aceptación o al temido rechazo del otro...Mientras la relación vaya bien (aunque para otro esa situación sea inadmisible), podrá cumplir con sus tareas habituales; pero si esto no es así, todo salta por los aires: estado de ánimo, trabajo, responsabilidades familiares, obligaciones, aficiones y demás. Lo más importante (incluyendo los hijos si se tienen) es la pareja. Si la relación se rompe, aparece angustiada, con el rostro desencajado, llorando continuamente, pensando en morirse, con una ansiedad terrorífica, sin poder concentrarse en nada sólo en el monotema de la pérdida de la relación. No obstante, este calvario desaparece como arte de magia en dos situaciones:

1)    La expareja contacta con el dependiente y propone una cita, o bien alimenta esperanzas de una hipotética reconciliación.

2)    En medio del sufrimiento, y contra todo pronóstico por estar el individuo echando de menos de forma obsesiva a su anterior pareja, aparece otra persona que previamente se ha buscado. “A rey muerto, rey puesto” o “Un clavo quita a otro clavo”.

En cualquiera de estas dos situaciones, el rictus desencajado del dependiente da paso, sin solución de continuidad, a un semblante sereno e incluso eufórico. Y esto puede ocurrir en cuestión de minutos, algo imposible de ver en otros problemas psicológicos como la depresión, las fobias...

Los dependientes emocionales realmente están más enamorados obsesivamente de la relación que de la persona. El amor sano está “personalizado”, el insano no tanto. No obstante, cuando el dependiente está en plena relación ni se le pasa por la cabeza cambiar de pareja porque está focalizado en ella siempre y cuando sea satisfactoria y esté a la altura de sus expectativas, porque cualquiera no vale.

Se trata de relaciones basadas en la sumisión, la idealización y el terror al rechazo, al abandono. Esto puede llegar al punto de aguantar malos tratos, de que se conforme con relaciones en las que el otro no tiene el menor interés en él, o de que soporte humillaciones por parte de la pareja (por ejemplo, la obligación de hacer la cena a ella y a su amante en su propia casa...). Asimismo, defienden la relación a ultranza o como mínimo, con un terror brutal a la ruptura

Bibliografía

Castelló, J. (2012). La superación de la dependencia emocional. Como impedir que el amor se convierta en un suplicio. Ediciones Corona Boreals.

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