domingo, 24 de mayo de 2020

TERAPIA DE PAREJA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - TERAPIA DE PAREJA PSICODINÁMICA

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TERAPIA DE PAREJA PSICODINÁMICA

Ambos llevan al matrimonio una “agenda” para las relaciones: su propia y exclusiva constelación de cosas que añoran, temen u odian, unas que por intuición saben cómo debe hacerse en una relación, y otras que les parecen difíciles o imposibles.

Inicialmente ambos congenian dado que cada uno alberga un sentimiento esperanzador respecto al otro, un sentimiento que se manifiesta con fuerza. Por ejemplo, en el caso del hombre, la arrogancia y la obsesión por “estar activo” es lo que para él significa ser hombre, marido y padre. Por debajo de esta arrogancia, anida un sentimiento de vulnerabilidad, una inseguridad y un ansia de aceptación y cariño, que no sabe expresar de ninguna manera, en especial, a su pareja cuya opinión sobre él más le importa. Por otro lado, la mujer puede carecer de confianza, dudar de que alguien pueda entenderla o ayudarla con sus sentimientos y ha asumido algunas de las expectativas negativas de su madre por el hecho de ser mujer; a todo ello se suma la obsesión de su marido por el trabajo. A la mujer puede atraerle la seguridad de su pareja en sí mismo, su firmeza, mientras que a éste le puede gustarle de ella su dulzura y su retraimiento. Estas actitudes presagian una proximidad, una intimidad y un cariño que él anhela. Pero al cabo de treinta años, todas aquellas cualidades que en su día los sedujeron pueden ser precisamente el motivo de los desengaños y lamentaciones en su relación.

La relación de ambos, los patrones de interacción que desarrollaron y los supuestos inconscientes e incuestionables sobre ellos como pareja y sobre cada uno en

particular, son producto de sus respectivas trayectorias en la vida y de la idea básica que cada uno tenía de sí mismo, como hombre y como mujer. En este sentido, la terapia de pareja debe considerar tanto la experiencia intrapsíquica como la historia evolutiva de cada miembro de la pareja y también del sistema interpersonal de su relación.


La psicodinámica de la relación de pareja: La teoría de las relaciones objetales


Cada persona aporta a la relación de pareja unas expectativas, deseos, fantasías, conflictos y formas de comportarse particulares. Parte de este material es consciente y moldeable con las intervenciones terapéuticas que desarrollan las habilidades de los miembros de la pareja de escuchar, negociar, comprometerse y “jugar limpio”. Sin embargo, gran parte de lo que genera el conflicto constante en la pareja se encuentra en el ámbito del inconsciente, lleva una pesada carga afectiva, tiene sus orígenes en las relaciones tempranas, y es mucho menos manejable que los intentos conscientes de reestructurar las interacciones de forma positiva.

Mapas conceptuales con los que el terapeuta puede comprender mejor la psicodinámica de la relación de pareja.

·          Teoría de las relaciones objetales aplicada a la terapia de pareja (CLULOW y MATTINSON, 1989; DICKS, 1967; RUSZCZYNSKI, 1993; SCHARFF y SCHARFF, 1991; SIEGEL, 1992)

·          Enfoques interpsicológico e interaccional (LIVINGSTON, 2001; SHADDOCK, 2000; SOLOMON, 1989),

·          Los modelos basados en el apego (BOWLBY, 1988; JOHNSON, 1996, 2002)

·          El planteamiento tradicional (MITCHELL, 2002).

De un modo u otro, todos estos modelos destacan aspectos diferentes de la teoría psicoanalítica, pero comparten una serie de principios básicos y fundamentales de cada uno de los sistemas psicoanalíticos. Sin embargo, nosotros nos centraremos en ilustrar

por qué son relevantes para comprender la dinámica de la pareja. Entre los principios

nucleares que aportan para comprender la dinámica de la pareja están el inconsciente dinámico, la transferencia y la forma de manifestarse el estrés y la lucha por el poder en la relación de pareja.


Principios básicos de los enfoques psicodinámicos de la pareja

El inconsciente dinámico

En todos los planteamientos analíticos de la terapia de pareja, el principio básico y de mayor importancia es que la conducta está determinada por motivaciones inconscientes y también conscientes. Siendo las inconscientes las que hay que explorar y entender para poder ayudar a la pareja a alcanzar un equilibrio. Estas motivaciones inconscientes evolucionan a partir de la infancia, cuando el niño en desarrollo se construye un “modelo de trabajo” (BOWLBY, 1988) de las relaciones y de cómo funcionan. Este modelo de trabajo del mundo interior del niño se corresponde con las primeras experiencias que éste tiene de los padres, los hermanos y otros cuidadores, y con la forma en que todos ellos hayan satisfecho o desatendido las necesidades y los deseos del niño. Como dice RUSZCZYNSKI (1993):

La capacidad emocional e intelectual del bebé es muy limitada, de ahí que sea incapaz de aprehender la “realidad” de quienes lo rodean y que tienda a experimentar los sentimientos de forma extrema. Las experiencias “buenas” se idealizan y dan lugar a la fantasía de la omnipotencia y las experiencias “malas” se convierten en aterradoras y persecutorias. Este mundo interno representa una realidad convincente, según la que se interpretan las situaciones externas. Las formas en que el ser humano se relaciona con su entorno y con los otros que lo habitan se caracterizan por estas primeras experiencias ... Sin embargo, quedan residuos de las imágenes más primitivas, que pueden reactivarse a partir de determinadas situaciones, relaciones o sucesos de la vida. Cada relación nueva que se da a lo largo de la vida se experimenta con el telón de fondo de estas imágenes internas, las más “maduras” y también las más primitivas (RUSZCZYNSKI, 1993, págs. 7-8.)

Las relaciones íntimas activan en todos nosotros estas primeras imágenes internas y experiencias. Cuando en un matrimonio se revive este material arcaico, sin que suponga excesiva amenaza al yo adulto o sexual de cada persona, es posible que se traduzca en un crecimiento y un avance. En estos matrimonios, cada uno de sus miembros piensa que el amor del otro lo sostiene con suficiente seguridad (CLEAVELY, 1993). Sin embargo, cuando estas imágenes interiorizadas derivan de unas experiencias negativas de la infancia, por ejemplo, el abandono o el maltrato, es probable que generen una gran dificultad en la relación de pareja. En efecto, las relaciones de pareja abren la oportunidad de empezar a ocuparse de los conflictos no resueltos de estas tempranas experiencias. Inconscientemente, tendemos a repetir la dinámica de las primeras relaciones, una realidad que se debe en parte a que en la actualidad podemos ponernos en contacto con la experiencia vivida y encontrar una forma mejor de abordarla.

También puede haber una presión para que se repita la dinámica en un intento por convertir la relación de pareja en una relación ideal. Cuanto más dañada esté la primera experiencia relacional, más necesitará la relación de pareja albergar esperanzas y deseos, cuyo mantenimiento se hará cada vez más difícil (CLEAVELY, 1993).

La idea del inconsciente dinámico se ha utilizado para destacar la interacción entre la dinámica de la relación actual y la de relaciones pasadas. Existe una activa interacción entre los procesos conscientes e inconscientes. El inconsciente es dinámico en el sentido de que busca manifestarse constantemente, por lo general ante otra persona que pueda satisfacer las necesidades y los deseos reprimidos (RUSZCZYNSKI, 1993). El inconsciente nunca está fijo, sino en un estado de flujo, pues las relaciones nuevas modifican los viejos esquemas y los viejos “modelos de trabajo” influyen en las nuevas relaciones.

La transferencia

La transferencia se puede entender como el proceso por el que el patrón de relación actual de la persona se configura inconscientemente por la experiencia que esa persona haya tenido de relaciones fundamentales en sus primeros años de vida, en especial durante la primera infancia. Algunas de estas primeras experiencias relacionales fueron lo que la persona necesitaba en su momento —unas experiencias “suficientemente buenas”, en expresión memorable de WINNICOTT (1965)— para facilitar un posterior desarrollo emocional. Otras experiencias relacionales no fueron “suficientemente buenas”: fueron decepcionantes o simplemente no existieron, o tal vez resultaron demasiado agobiantes desde la perspectiva del grado de ilusión o frustración que implicaron, para el óptimo desarrollo emocional. Juntas, estas experiencias “suficientemente buenas” y “no suficientemente buenas” sientan la base sobre la que la persona desarrolla su “agenda para la relación” propia e inconsciente, el patrón exclusivamente personal de lo que la persona busca, espera, teme y añora en sus relaciones adultas. Tal patrón se convierte en

la lente subjetiva a través de la que la persona de forma instintiva, e inconsciente, percibe y experimenta y por consiguiente gestiona u organiza su experiencia de las

relaciones. Aquello que la persona inconscientemente espere ver o que ocurra en su relación será a lo que reaccione, con independencia de lo que la otra persona se

proponga. Así ocurre en especial en las relaciones en las que los sentimientos tengan mucha importancia, o en los momentos de incertidumbre, ansiedad o tensión en la relación (GRANT y CRAWLEY, 2002).

Lo habitual es que la transferencia se produzca cuando el cliente reacciona de forma inconsciente al terapeuta de acuerdo con estos patrones establecidos en los primeros años de vida mediante las relaciones con los padres y los hermanos. La transferencia incluye los sentimientos hacia el terapeuta, las expectativas sobre cómo comportarse y lo que el cliente prevé del terapeuta (GRANT y CRAWLEY, 2002). Por ejemplo, es posible que el cliente espere gustar al terapeuta o que éste lo apruebe, que se muestre crítico, que lo comprenda, que lo maltrate, que lo ignore o que lo abandone.

Sin embargo, la transferencia no sólo se produce en las relaciones de terapia. Surge en todas las relaciones: con la pareja, amigos, amantes, jefes y demás, en especial en las relaciones de cierta importancia o intensidad (BALINT, 1993; GRANT y CRAWLEY, 2002).

Sin darnos cuenta, damos por supuesto que los demás reaccionarán con nosotros tal como antes se nos trató, en particular por parte de nuestra madre, padre o hermanos. Y así nos comportamos de acuerdo con tales supuestos (GRANT, 2000). Participar de una relación despierta tantas fantasías y expectativas inconscientes que lo más probable es que la transferencia mutua sea muy intensa. Una transferencia que puede incluir las transferencias idealizantes más positivas, o las experiencias de transferencias más difíciles, hostiles o de rechazo.

Las parejas llevarán a la terapia su “transferencia más centrada” hacia el otro miembro. Pero también llevarán una transferencia contextual compartida (SCHARFF y

SCHARFF, 1991). Ésta se refiere a las esperanzas y los temores comunes respecto a la capacidad del terapeuta de proporcionarles un sostenimiento terapéutico para su relación de pareja.

La ansiedad y la defensa

El papel de la ansiedad y la defensa es esencial para comprender la dinámica evolutiva de la pareja. Todos experimentamos alguna que otra vez impulsos o sentimientos que nos provocan ansiedad. Esta ansiedad, a su vez, genera una defensa o un mecanismo protector. Las defensas ayudan a proteger a la persona de la ansiedad y el conflicto insoportables. Reducen el efecto de una experiencia amenazante, porque la pasan del ámbito consciente al inconsciente (GRANT y CRAWLEY, 2002; JUNI, 1997). De esta forma, las defensas pueden favorecer la autoestima, y proteger a la persona de los impulsos sexuales o agresivos peligrosos, de los sentimientos dolorosos o de temor.

En la relación de pareja, la proyección y la identificación proyectiva, dos mecanismos de defensa, son especialmente importantes. Con la proyección, el yo puede negar rasgos y necesidades como la agresividad, la ambición, la dependencia, la restrictividad y el control o la falta de control y proyectarlos a la pareja (GRANT, 2000; GRANT y CRAWLEY, 2002). Este proceso puede interactuar con la identidad de género (GRANT y PORTER, 1994). Por ejemplo, el varón puede proyectar sus necesidades de dependencia a su pareja femenina y así experimentar a ésta como un ser “necesitado”. Esta defensa permite al varón distanciarse de sus propias necesidades de dependencia y mantener su identidad masculina de un ser autónomo (GRANT, 2000). También los rasgos positivos se pueden proyectar. Por ejemplo, la mujer puede proyectar su calma y sensibilidad a su pareja masculina y así dar por supuesto que será él quien asuma estas cualidades para la pareja. Esto la protege de tener que preocuparse de su propia insensibilidad hacia los demás.

Gran parte de la terapia tiene que ver con ayudar a las parejas a eliminar sus mutuas proyecciones. A veces, éstas son muy intensas y están fuertemente afianzadas. Por ejemplo, si el hombre ha tenido una serie de aventuras, no puede soportar la ansiedad de contemplar el impacto que su conducta ha producido en la relación y, en lugar de hacerlo, acusa continuamente a su pareja de querer abandonar el matrimonio e iniciar relaciones extramatrimoniales. Otra defensa habitual en las relaciones de pareja es utilizar la ira, el control, el alejamiento y el rechazo para defenderse de los sentimientos de tristeza y vulnerabilidad.

Estos sentimientos despiertan la ansiedad que se trata con el uso de las emociones secundarias, aquellas que cubren las emociones primarias que a menudo se reactivan desde la infancia debido a la intensidad de la relación de pareja. Por ejemplo:

Mary y Don son dos jóvenes profesionales con trabajos absorbentes. A Mary le enfurece que Don casi siempre se retrasa en las actividades sociales programadas, o en la cena en casa. Según Don, si llega tarde se debe simplemente a presiones y reuniones importantes del trabajo, que no sabe eludir para cumplir con sus otros compromisos. Piensa que Mary lo controla en exceso y que tiene unas expectativas completamente irracionales. Le gustaría que supiera comprender mejor las muchas exigencias que le impone su vida. Ella, sin embargo, piensa que la impuntualidad no solo es de mala educación, sino un signo claro de que no la respeta ni se preocupa por sus necesidades. Es tanta la cólera que siente cuando él llega tarde, que lo ataca con acusaciones de egoísmo, crueldad deliberada e inmadurez y lo amenaza con romper la relación. Este patrón normalmente se agudiza y agrava y suele terminar con Don marchándose de casa. En la terapia, después de una delicada exploración, se puso de manifiesto que Mary interpretaba la tardanza de Don como un abandono y, cuanto más tarde llegaba, mayor era su angustia. De pequeña, Mary vivió la experiencia de un abandono emocional extremo por parte de su madre y de su padre, quienes estaban demasiado abstraídos en sus profesiones y su glamurosa vida social como para prestarle mucha atención. A los 15 años, sus padres le pusieron un piso para ella sola, porque pensaban que les generaba demasiados problemas. En esencia, el sentimiento primario de Mary era de tristeza porque se sentía abandonada por Don. Para defenderse de tal sentimiento se encolerizaba con él, una furia que en parte iba dirigida a sus padres. A Don le aterrorizaban las amenazas de Mary de acabar con la relación, porque a él lo habían echado de casa a los 17 años, sin más contemplaciones. Sin embargo, era incapaz de expresar el miedo que Mary le provocaba y en su lugar se protegía alejándose, cosa que a ella le enfurecía aún más.

Referencia

Crawley, J., & Grant, J. (2008). Terapia de pareja. El yo en la relación. Morata.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


jueves, 21 de mayo de 2020

TERAPIA DE PAREJA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - MI PAREJA ES CELOSA. ¿QUÉ HAGO?

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MI PAREJA ES CELOSA. ¿QUÉ HAGO?



Lo primero es saber con quién se está, dónde se encuentra uno en la singladura de la relación, cuál es la gravedad de la situación, el nivel de tolerancia o las líneas rojas que no se deben traspasar y cuándo se debe buscar ayuda. Se analizan serenamente las circunstancias presentes y cómo se ha llegado a ellas.
Puede suceder que los celos no alcancen una gravedad o una intensidad que llegue a hacer imposible la vida de pareja. Puede tratarse sólo de una molestia o un fastidio que, aunque afecte seriamente a la relación, sólo la ponga a prueba de cuando en cuando. Se trataría de situaciones sin gravedad y tolerables, en las que la decisión fácil es tratarlo con la pareja e intentar adaptarse y llevar adelante como sea la relación. En ese caso, el cariño puede volver a brillar como antes y la relación renace fortalecida. Cuando surgen conductas de celos, hay que hablar y aclararlas.
 En el límite, en la línea roja, estos comportamientos afectan seriamente a la vida de pareja, todo se organiza alrededor de los celos y las discusiones sobre el tema son continuas. Se deben valorar los costes personales, profesionales o de otro tipo de sus exigencias y negarse a ellas si no se consideran apropiadas. Si el diálogo y la reflexión no consiguen atenuar las cosas o cambiarlas, es el momento de proponer a la pareja acudir a un profesional para que ayude a resolver la situación. Es frecuente que el celoso acuda a la consulta obligado por su pareja bajo la amenaza de romper la relación. Antes de llegar a ese extremo deben probarse otras alternativas más amistosas y consensuadas. Es mejor convencer basándose en las ventajas derivadas de superar las situaciones de malestar y sufrimiento que experimenta, antes que recurrir a la coacción o al chantaje emocional. El enfoque es más positivo, ya que el énfasis de los argumentos descansa más en los inconvenientes de sus emociones negativas y en los beneficios que se pueden obtener.


Si vive con un celoso, recuerde que:

a)    Es una persona con miedo, que se siente amenazada y, en algunas ocasiones, herida.
b)    Es alguien excesivamente sensible hacia todo lo que remotamente se puede interpretar como una amenaza a la relación.
c)    Es importante crear un ambiente de tranquilidad, que le dé seguridad y confianza, hablando y aclarando los temas y sucesos cuando sea razonable o necesario
d)    Manifieste siempre sus sentimientos cuando le pregunte cómo se encuentra. Si le molestan los celos de su pareja, debe decirlo, hacerle ver lo irrazonable y absurdo de su posición y quejarse del daño y sufrimiento que a usted le provocan. Todo ello de la manera más cercana, cortés y respetuosa, pero firme. Una táctica que algunos utilizan es poner ejemplos de personas conocidas de ambos que muestren celos excesivos. Al referirse a terceros se subraya su carácter celoso como infundado y excesivo. Por ejemplo: «¿Sabes que el marido de Ana es muy celoso? No la deja ir sola al supermercado. ¿Habrá un tío más raro?» o «Antonio es celoso hasta decir basta. No le deja a su mujer ni el menor escote. Va vestida como una monja. ¿Cómo se puede ser así en estos tiempos? No sé cómo ella lo aguanta». Una estrategia de este estilo, reiterada, pero sin agobiar ni cansar y variando los protagonistas y las conductas de los ejemplos, puede ser eficaz en muchos casos.
e)    Igualmente, el celoso anticipa y padece un dolor psicológico que puede ser más o menos intenso. En algunos casos puede llegar a ser equiparable o superior al dolor físico más atroz. Como persona herida, se defiende y puede atacar. Por ello, el trato que se le da debe ser cuidadoso, dirigido a atenuar sus males y a que no se cause daño ni a sí mismo ni a nadie. Pero esto no quiere decir que sus ideas y sus comportamientos se acepten como tales. Se le debe decir claramente, y con el mayor respeto y cariño, cuáles de sus ideas, actitudes y actos son inaceptables y por qué se piensa que es así. Nunca se debe asumir la responsabilidad de los celos no motivados del otro. No hay que pagar los platos que rompe con su comportamiento exagerado e irracional. La conducta debe ser la que se corresponde con los deseos, circunstancias, limitaciones e historia personal de cada cual. Esto quiere decir, por ejemplo, no privarse de saludar ni de hablar con nadie, ni cambiar de aficiones, estudios u horizonte profesional sólo por el hecho de que la otra persona abrigue celos infundados. Uno debe vivir su propia vida, no la de otro. Se trata de convivir, es decir, de vivir con otra persona; de recorrer juntos el camino de la vida, no de someterse a sus manías y exigencias. Todos tenemos derecho tanto a nuestro espacio íntimo en el día a día como a intentar llevar adelante nuestro proyecto de vida personal en todos los ámbitos que podamos. A primera vista, puede parecer contraproducente no inhibirse delante de la pareja. Por ejemplo, al escuchar un comentario elogioso sobre un posible rival amoroso, el celoso se inquietará y pensará: «Si esto lo hace delante de mí, ¿qué no será capaz de hacer a mis espaldas?». Pero es esencial no esconderse y que la libertad de uno no se vea coartada. Si se cede desde el primer momento o incluso en los asuntos aparentemente más sencillos, y sin ninguna otra motivación, se refuerza la conducta controladora de la persona celosa y se le da pie a que exija más.

Un primer objetivo es que el amante celoso se sienta seguro, mostrando lo bien que se está juntos, sin dar explicaciones de todo lo que se hace. Por cautela y para evitar problemas, discusiones o escenas de celos, puede surgir la duda de si es conveniente, en un momento dado, no decir algo que pueda alarmar o suscitar una avalancha de preguntas directas o de pesquisas más o menos sutiles. Se miente o se oculta información en este caso para no generar desconfianza, para no empeorar la relación y para no generar problemas. Para ahorrar explicaciones y no tener que generar excusas y más excusas. Pero sólo debe hacerse de forma ocasional, pues si se prolonga este comportamiento sigiloso se puede llegar a situaciones insostenibles, a molestias no manifestadas o enfados y, sobre todo, a un estado crónico de desconfianza y ocultación de información. Además, cuanta más información se oculta, más probabilidades hay de que la descubra y, por tanto, de que empeore la relación. Por eso, en caso de duda es mejor hablar.

Hay que decir que hablar las cosas es la mejor manera de abordar las situaciones difíciles, pero no es una fórmula mágica que lo resuelva todo. En algunos momentos puede que no solucione nada. Sólo debería hacerse cuando se puede razonar, por lo que no merece la pena intentarlo en estados de gran agitación. Siempre puede servir para desahogarse, decir lo que uno piensa y siente; también para saber qué experimenta y opina la otra persona y para intentar, al menos, aclarar o resolver algún aspecto concreto del problema. Dicho esto, hablar las cosas y aclararlas permite no caer en sus trampas y chantajes emocionales, que suelen llevar a escenas de celos y fuertes discusiones. Se puede recurrir a sus propios argumentos, con expresiones del tipo: «Si tanto me quieres, por qué no confías en mí». Si sale a la luz una situación que pueda ser objeto de sospechas o de discusión, conviene aclararla en todos sus extremos.

 Igualmente, es conveniente no dar celos intencionadamente ni reprochárselos, esto es, no hay que «picar» al celoso. Por otro lado, un chantaje emocional continuado es intolerable. Quien lo utiliza continuamente o lleva la presión al límite para conseguir algo, por ejemplo, con expresiones del tipo «si me quieres de verdad», simplemente no quiere a su pareja. Sólo se ama a sí mismo. Se debe evitar

·         Detecte las señales de peligro, sus antecedentes: qué hizo, cuándo, a quién (antiguas novias o parejas).
·         Anticípese. Esté preparada para el peor escenario: cómo defenderse, cómo pedir ayuda y cómo huir. Tenga a mano los teléfonos de emergencia y de asistencia a mujeres maltratadas.

·         Es muy importante saber cómo se comporta bajo los efectos del alcohol y otras sustancias, como la cocaína. Como se ha visto, el alcohol puede contribuir a desencadenar una agresión.
·         La separación aumenta el peligro de agresión física. Hágase a la idea no sólo de que la relación no ha terminado, sino de que el riesgo es aún mayor. No baje la guardia y tome medidas de protección suficientes.

·         Ante la amenaza de agresión o ante la agresión real, por leve que sea, se debe cortar de inmediato con la pareja. En España existen un teléfono de atención a la mujer
·       maltratada, 016, y servicios de asesoramiento completos (psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales, abogados) ofertados por entidades públicas y organizaciones privadas. No dude en seguir las indicaciones de protección que se le indiquen.

·         La agresión verbal, en forma de insultos o amenazas, debe atajarse de inmediato y se debe reclamar respeto. Si no se detiene y se repite, es el aviso de una futura agresión física o de un trato denigrante que no se debe consentir.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es







jueves, 7 de mayo de 2020

DISFUNCIONES SEXUALES Psicóloga Vecindario TRASTORNO DE DOLOR GÉNITO-PÉLVICO/PENETRACIÓN Criterios diagnósticos

 

Psicóloga María Jesús Suárez Duque

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Atención psicológica individual. Terapia de pareja. Terapia de familia

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DISFUNCIONES SEXUALES

TRASTORNO DE DOLOR GÉNITO-PÉLVICO/PENETRACIÓN

Criterios diagnósticos DSM-V

A.    Dificultades persistentes o recurrentes con una (o más) de las siguientes:

1.      Penetración vaginal durante las relaciones

2.      Marcado dolor vulvovaginal o pélvico durante las relaciones vaginales o los intentos de penetración

3.      Marcado temor o ansiedad de sentir dolor vulvovaginal o pélvico antes, durante o como resultado de la penetración vaginal

4.      Tensión o contracción marcada de los músculos del suelo pélvico durante el intento de penetración vaginal.

B.     Los síntomas del Criterio A han persistido durante unos 6 meses como mínimo

C.     Los síntomas del Criterio A provocan un malestar clínicamente significativo en el individuo

D.    La disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación (p.ej. violencia de género) u otros factores estresantes significativos, o se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

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