viernes, 6 de noviembre de 2026

ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Ansiedad y depresión: aspectos comunes y diferencias psicológicas

 

Ansiedad y depresión: aspectos comunes y diferencias psicológicas

¿Por qué la ansiedad y la depresión comparten tantos síntomas y cómo podemos diferenciarlas?

La ansiedad y la depresión son dos de los problemas de salud mental más frecuentes. Aunque habitualmente hablamos de ellas como alteraciones diferentes, en la práctica clínica encontramos numerosas manifestaciones emocionales, cognitivas, conductuales y físicas que pueden aparecer en ambas.

Una persona con ansiedad puede experimentar insomnio, irritabilidad, dificultades de concentración y agotamiento. Del mismo modo, una persona con depresión puede presentar preocupación excesiva, inquietud, tensión emocional y alteraciones del sueño.

Esta coincidencia puede dificultar su identificación y, en ocasiones, llevarnos a confundir un cuadro ansioso con uno depresivo.

Como psicóloga, considero importante comprender que la ansiedad y la depresión comparten determinadas características, pero también presentan manifestaciones específicas que permiten diferenciarlas.

Uno de los modelos psicológicos que mejor explica esta relación es el modelo tripartito de Clark y Watson (1991).

¿Por qué la ansiedad y la depresión tienen síntomas comunes?

La ansiedad y la depresión comparten una dimensión emocional denominada afecto negativo.

El afecto negativo hace referencia a la tendencia a experimentar emociones desagradables, como preocupación, tristeza, irritabilidad, miedo, culpa o malestar psicológico.

Cuando esta dimensión es elevada, la persona puede experimentar un estado persistente de sufrimiento emocional, independientemente de que predominen los síntomas ansiosos o depresivos.

Por esta razón, determinadas manifestaciones no permiten establecer por sí solas si una persona presenta ansiedad o depresión.

Entre los síntomas compartidos encontramos:

  • Irritabilidad.
  • Preocupación frecuente.
  • Dificultades de concentración.
  • Insomnio y otras alteraciones del sueño.
  • Fatiga o cansancio persistente.
  • Agitación psicomotora.
  • Llanto frecuente.
  • Sentimientos de inferioridad.
  • Culpa.
  • Baja autoestima.

Estos síntomas pueden aparecer en ambos cuadros, aunque su significado y los mecanismos que contribuyen a mantenerlos pueden ser diferentes.

Por ejemplo, una persona con ansiedad puede tener dificultades para dormir porque anticipa posibles amenazas futuras, mientras que una persona con depresión puede permanecer despierta debido a pensamientos repetitivos relacionados con pérdidas, fracasos o sentimientos de inutilidad.

En ambos casos aparece insomnio, pero los procesos psicológicos asociados pueden ser distintos.

El modelo tripartito de la ansiedad y la depresión

Clark y Watson propusieron en 1991 un modelo que permite comprender las semejanzas y diferencias entre los síntomas ansiosos y depresivos.

Este modelo distingue tres dimensiones fundamentales:

  1. Afecto negativo elevado: dimensión compartida por ansiedad y depresión.
  2. Afecto positivo reducido: dimensión especialmente relacionada con la depresión.
  3. Hiperactivación fisiológica: dimensión especialmente relacionada con la ansiedad.

Este planteamiento resulta especialmente útil porque nos ayuda a comprender que no todos los síntomas tienen el mismo valor a la hora de diferenciar ambos problemas.

1. Afecto negativo elevado: lo que comparten ansiedad y depresión

El afecto negativo constituye uno de los principales elementos comunes.

Las personas pueden experimentar preocupación, irritabilidad, malestar emocional, dificultades para concentrarse y una percepción negativa de sí mismas o de sus circunstancias.

Sin embargo, aunque estas manifestaciones coincidan, pueden existir diferencias en la manera de interpretar la realidad.

En la ansiedad suele predominar la anticipación de posibles amenazas.

En la depresión suelen adquirir mayor relevancia las interpretaciones relacionadas con la pérdida, el fracaso, la desesperanza o la desvalorización personal.

Por ejemplo, una persona con ansiedad puede pensar:

«Tengo miedo de que algo salga mal y no sea capaz de afrontarlo».

Mientras que una persona con depresión puede pensar:

«Nada de lo que haga servirá para cambiar mi situación».

Ambas experimentan sufrimiento psicológico, pero la orientación de sus pensamientos puede ser diferente.

2. Bajo afecto positivo: una característica especialmente relacionada con la depresión

El afecto positivo se relaciona con la capacidad para experimentar interés, entusiasmo, satisfacción, disfrute y motivación.

Cuando disminuye significativamente, la persona puede experimentar dificultades para disfrutar de actividades que anteriormente le resultaban agradables.

Esta reducción del afecto positivo constituye una de las características que ayudan a diferenciar la depresión de la ansiedad.

Entre sus manifestaciones encontramos:

  • Anhedonia o disminución de la capacidad para experimentar placer.
  • Pérdida de interés por actividades habituales.
  • Apatía.
  • Disminución de la motivación.
  • Sensación de vacío emocional.
  • Menor iniciativa para realizar actividades.
  • Inhibición psicomotora en algunos casos.

La tristeza, los sentimientos de inutilidad, la desesperanza y las alteraciones del apetito también pueden aparecer en los cuadros depresivos, aunque no todos son indicadores exclusivos de un bajo afecto positivo.

Una persona con depresión puede expresar:

«Antes disfrutaba saliendo con mis amigos, pero ahora nada me apetece».

«Hago las cosas por obligación, pero ya no siento ilusión».

«Me cuesta muchísimo levantarme y empezar el día».

En estos casos, no hablamos simplemente de estar triste, sino de una posible alteración más amplia de la capacidad para experimentar emociones positivas y participar en actividades significativas.

Es importante recordar que la anhedonia también puede aparecer en otros problemas psicológicos y que no todas las personas con depresión presentan exactamente los mismos síntomas.

3. Hiperactivación fisiológica: una característica especialmente relacionada con la ansiedad

La ansiedad se encuentra estrechamente relacionada con la activación de los sistemas fisiológicos que preparan al organismo para responder ante posibles amenazas.

Cuando interpretamos una situación como peligrosa, nuestro sistema nervioso autónomo puede activar respuestas de alerta.

Entre las manifestaciones más frecuentes encontramos:

  • Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Tensión muscular.
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Sensación de falta de aire.
  • Mareos.
  • Molestias gastrointestinales.
  • Nerviosismo e inquietud.
  • Hipervigilancia.
  • Sensación de amenaza o peligro.

En algunos trastornos de ansiedad, especialmente en las crisis de pánico, esta activación puede resultar muy intensa.

La persona puede experimentar miedo a perder el control, desmayarse o sufrir un problema médico grave.

Sin embargo, es importante señalar que la hiperactivación fisiológica no aparece con la misma intensidad en todos los trastornos de ansiedad.

Por ejemplo, en el trastorno de ansiedad generalizada pueden predominar la preocupación persistente, la tensión muscular y la dificultad para tolerar la incertidumbre, sin que necesariamente se produzcan crisis intensas de activación autonómica.

Desesperanza, indefensión e incertidumbre: tres experiencias psicológicas relevantes

Además de las dimensiones emocionales y fisiológicas, existen determinados procesos cognitivos que pueden ayudarnos a comprender las diferencias entre ansiedad y depresión.

La desesperanza en la depresión

La desesperanza aparece cuando la persona considera que su situación no mejorará o que sus esfuerzos no producirán cambios significativos.

Puede manifestarse mediante pensamientos como:

  • «Mi vida siempre va a ser igual».
  • «No tengo futuro».
  • «Nada de lo que haga cambiará las cosas».

La desesperanza puede contribuir al mantenimiento de los síntomas depresivos y constituye un aspecto especialmente importante en la evaluación del riesgo suicida.

No obstante, no todas las personas con depresión presentan desesperanza y esta también puede aparecer en otros problemas psicológicos.

La indefensión: una experiencia compartida

La indefensión hace referencia a la percepción de que no podemos controlar determinadas circunstancias o modificar acontecimientos que nos generan malestar.

Puede aparecer tanto en la ansiedad como en la depresión.

En la ansiedad, la persona puede sentir que no dispone de recursos suficientes para afrontar una amenaza.

En la depresión, puede experimentar la sensación de que sus acciones carecen de eficacia para cambiar una situación negativa.

La indefensión se relaciona con diferentes teorías psicológicas sobre la percepción de control y el aprendizaje.

La incertidumbre en la ansiedad

La incertidumbre constituye un elemento especialmente relevante en numerosos problemas de ansiedad.

La persona puede experimentar dificultades para aceptar que no es posible conocer o controlar todos los acontecimientos futuros.

Esto puede favorecer preocupaciones persistentes, búsqueda de seguridad y conductas de comprobación.

Por ejemplo:

  • «¿Y si me ocurre algo cuando salga de casa?».
  • «¿Y si me equivoco y pierdo mi trabajo?».
  • «¿Y si aparece una enfermedad que todavía no han detectado?».

La persona intenta anticipar todas las posibilidades para sentirse preparada, pero esta necesidad de certeza puede terminar aumentando su preocupación.

La intolerancia a la incertidumbre es especialmente relevante en el trastorno de ansiedad generalizada, aunque también puede aparecer en otros problemas psicológicos.

Diferencias principales entre ansiedad y depresión

Aunque ambas pueden coexistir, podemos identificar algunas tendencias características.

Aspecto Ansiedad Depresión
Emoción predominante Miedo, preocupación o aprensión Tristeza, vacío o pérdida de interés
Orientación temporal frecuente Anticipación del futuro Valoraciones negativas del presente, pasado o futuro
Pensamientos característicos «¿Y si ocurre algo malo?» «Nada va a mejorar»
Activación Frecuentemente elevada Puede estar reducida o acompañarse de agitación
Motivación Puede mantenerse, pero condicionada por el miedo Puede disminuir significativamente
Conducta Evitación de amenazas percibidas Retraimiento y reducción de actividades
Experiencia emocional Sensación de peligro o incertidumbre Desesperanza, desánimo o falta de disfrute

Estas diferencias son orientativas y no constituyen criterios diagnósticos suficientes.

¿Se pueden tener ansiedad y depresión al mismo tiempo?

Sí. La ansiedad y la depresión pueden coexistir y presentar una relación estrecha.

Una persona que experimenta ansiedad persistente puede desarrollar agotamiento emocional, pérdida de motivación y síntomas depresivos.

Del mismo modo, una persona con depresión puede experimentar preocupación intensa por su futuro, dificultades económicas, relaciones personales o estado de salud.

Esta coexistencia se conoce como comorbilidad.

En algunos casos, los síntomas ansiosos y depresivos aparecen simultáneamente, mientras que en otros uno de los cuadros precede al otro.

Por ello, durante la evaluación psicológica resulta importante explorar no solamente los síntomas presentes, sino también su evolución temporal, intensidad, duración y repercusión funcional.

¿Cómo diferenciar ansiedad y depresión en la evaluación psicológica?

Como psicóloga, considero fundamental evitar que el diagnóstico se base exclusivamente en síntomas aislados.

Una persona puede presentar insomnio, irritabilidad y fatiga sin que esto signifique necesariamente que tenga un trastorno de ansiedad o un trastorno depresivo.

La evaluación debe considerar diferentes dimensiones:

  1. Síntomas emocionales: identificar si predominan el miedo, la tristeza, la pérdida de interés, la irritabilidad o una combinación de estas experiencias.
  2. Síntomas cognitivos: explorar preocupaciones, pensamientos negativos, anticipación de amenazas, desesperanza y percepción de control.
  3. Síntomas fisiológicos: valorar la activación corporal, las alteraciones del sueño, el apetito y otras manifestaciones somáticas.
  4. Conductas: analizar si predominan la evitación, la búsqueda de seguridad, el aislamiento o la disminución de actividades.
  5. Evolución temporal: conocer cuándo comenzaron los síntomas, qué circunstancias pueden haber contribuido a su aparición y cómo han evolucionado.
  6. Repercusión funcional: evaluar cómo afectan al trabajo, los estudios, las relaciones sociales y las actividades cotidianas.

También es necesario valorar posibles enfermedades médicas, efectos de medicamentos y consumo de sustancias que puedan explicar o agravar los síntomas.

Tratamiento psicológico de la ansiedad y la depresión

Aunque la ansiedad y la depresión comparten determinados mecanismos, el tratamiento debe adaptarse a las necesidades específicas de cada persona.

En los problemas de ansiedad podemos trabajar aspectos como la preocupación excesiva, la interpretación de amenazas, la intolerancia a la incertidumbre, las conductas de evitación y el miedo a determinadas sensaciones corporales.

En los problemas depresivos puede resultar especialmente importante intervenir sobre la reducción de actividades gratificantes, la pérdida de motivación, los pensamientos negativos persistentes y las dificultades para recuperar experiencias significativas.

Cuando ambas sintomatologías coexisten, el tratamiento puede integrar diferentes estrategias.

Entre las intervenciones psicológicas con respaldo científico se encuentran la terapia cognitivo-conductual, la activación conductual y las intervenciones basadas en la exposición cuando están indicadas.

Otras estrategias, como la aceptación y el compromiso, la atención plena o el trabajo sobre la regulación emocional, pueden incorporarse en función de la formulación clínica y las necesidades de cada paciente.

En determinados casos también puede ser necesaria una valoración psiquiátrica y un tratamiento farmacológico.

¿Cuándo buscar ayuda psicológica?

Es recomendable solicitar ayuda profesional cuando la preocupación, la tristeza, el miedo o la pérdida de interés comienzan a interferir significativamente en la vida cotidiana.

Algunas señales de alerta son:

  • Preocupación persistente difícil de controlar.
  • Pérdida de interés por actividades anteriormente agradables.
  • Aislamiento social progresivo.
  • Alteraciones importantes del sueño.
  • Dificultades para trabajar o estudiar.
  • Miedo intenso que conduce a evitar situaciones cotidianas.
  • Sentimientos persistentes de inutilidad o desesperanza.
  • Deterioro significativo del funcionamiento personal.

Si aparecen pensamientos suicidas, es importante realizar una evaluación profesional del riesgo y solicitar ayuda urgente cuando exista peligro inmediato.

Reflexión final: comprender lo que compartimos y lo que nos diferencia

La ansiedad y la depresión no son experiencias completamente independientes.

Ambas pueden compartir un elevado afecto negativo, manifestado mediante irritabilidad, preocupación, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y sufrimiento emocional.

Sin embargo, existen características que nos ayudan a diferenciarlas.

En la depresión adquiere especial importancia la disminución del afecto positivo, que puede expresarse mediante anhedonia, apatía y pérdida de interés.

En la ansiedad, especialmente en determinados cuadros, destaca la hiperactivación fisiológica, junto con la percepción de amenaza y la anticipación de posibles peligros.

Comprender estas diferencias nos permite realizar una evaluación psicológica más precisa y desarrollar intervenciones adaptadas a las necesidades de cada persona.

Como psicóloga, considero que no debemos centrarnos únicamente en identificar los síntomas, sino también en comprender qué función cumplen, cómo se relacionan entre sí y qué circunstancias pueden estar contribuyendo a su mantenimiento.

Porque detrás de una misma manifestación emocional pueden existir experiencias y necesidades psicológicas muy diferentes.


Atención psicológica en Vecindario y online

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria

Atención psicológica a adolescentes y adultos con problemas de ansiedad, depresión, regulación emocional y dificultades relacionadas con el estrés.

Consulta presencial en Vecindario (Gran Canaria) y atención psicológica online.

Teléfono: 630 72 30 90

Psicóloga en Vecindario:
www.psicologavecindariomariajesus.com

Psicóloga online:
www.psicologamariajesus.com

Referencia bibliográfica

Clark, L. A., & Watson, D. (1991). Tripartite model of anxiety and depression: Psychometric evidence and taxonomic implications. Journal of Abnormal Psychology, 100(3), 316–336.

Artículo psicoeducativo basado en el modelo tripartito de ansiedad y depresión. Su contenido no sustituye una evaluación psicológica individualizada.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es




ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Vómitos por ansiedad

     



Vómitos por ansiedad: cuando el malestar emocional se manifiesta en el estómago

¿Por qué la ansiedad puede provocar náuseas, arcadas y vómitos?

La ansiedad no solamente afecta a nuestros pensamientos y emociones. También puede manifestarse físicamente, provocando síntomas que, en ocasiones, resultan especialmente desagradables y difíciles de comprender.

Uno de estos síntomas son las náuseas y los vómitos asociados a la ansiedad, que pueden aparecer antes de acudir al trabajo, asistir al colegio, afrontar una situación social o incluso al despertar por la mañana, aparentemente sin una causa evidente.

Como psicóloga, considero importante explicar que los síntomas físicos asociados a la ansiedad son reales. No son imaginarios ni voluntarios. El organismo puede responder al estrés emocional mediante cambios fisiológicos que afectan directamente al funcionamiento digestivo.

Sin embargo, también es fundamental recordar que no todos los vómitos tienen un origen psicológico y que, cuando son persistentes o recurrentes, requieren una valoración médica.

¿Por qué la ansiedad puede provocar vómitos?

Nuestro cerebro y nuestro aparato digestivo mantienen una comunicación constante mediante lo que conocemos como eje intestino-cerebro.

Esta conexión implica al sistema nervioso autónomo, al sistema nervioso entérico y a diferentes mecanismos hormonales e inmunológicos.

Cuando percibimos una situación como amenazante, nuestro organismo activa una respuesta de alerta que nos prepara para afrontar el peligro.

Durante esta activación pueden producirse diferentes cambios:

  • Alteraciones de la motilidad gastrointestinal.
  • Sensación de presión o malestar en el estómago.
  • Náuseas y arcadas.
  • Pérdida del apetito.
  • Sensación de nudo en la garganta.
  • Dolor abdominal.
  • Diarrea o necesidad urgente de acudir al baño.
  • En determinadas personas, vómitos.

Estos síntomas pueden aparecer incluso cuando no existe un peligro físico real, porque el sistema nervioso también responde a amenazas anticipadas, preocupaciones y situaciones emocionalmente difíciles.

Vómitos por ansiedad al despertar: ¿por qué ocurren por la mañana?

Algunas personas experimentan náuseas, arcadas o vómitos nada más despertarse.

Este fenómeno puede resultar especialmente desconcertante porque, aparentemente, todavía no ha ocurrido nada que justifique semejante reacción.

Sin embargo, la ansiedad anticipatoria puede comenzar antes de que la persona sea plenamente consciente de sus preocupaciones.

Por ejemplo, un adolescente que experimenta dificultades escolares puede despertarse con náuseas intensas antes de acudir al instituto. Del mismo modo, una persona adulta puede presentar molestias digestivas antes de comenzar su jornada laboral.

Durante las primeras horas del día se producen cambios fisiológicos normales, como el aumento del cortisol asociado al despertar. En algunas personas, estos cambios pueden coincidir con un estado de elevada activación emocional.

No obstante, los vómitos matutinos no deben atribuirse automáticamente a la ansiedad, ya que también pueden relacionarse con problemas digestivos, medicamentos, embarazo, alteraciones metabólicas u otras condiciones médicas.

Ansiedad anticipatoria: el miedo a lo que todavía no ha sucedido

La ansiedad anticipatoria aparece cuando nuestra mente comienza a imaginar situaciones futuras que interpreta como amenazantes.

No necesitamos estar viviendo directamente una experiencia desagradable para experimentar sus consecuencias físicas.

Basta con anticiparla.

Por ejemplo, una persona puede comenzar a sentir náuseas al pensar que tendrá que hablar en público, realizar un examen, desplazarse en transporte público o acudir a una reunión.

En estos casos, el organismo puede responder como si la situación temida ya estuviera ocurriendo.

Cuando las náuseas o los vómitos aparecen repetidamente en circunstancias similares, la persona puede comenzar a asociar determinados lugares, horarios o actividades con el malestar digestivo.

Esta asociación puede favorecer que los síntomas se repitan.

El círculo de la ansiedad, las náuseas y los vómitos

Uno de los aspectos que considero especialmente importantes es comprender cómo puede desarrollarse un círculo de retroalimentación entre las sensaciones físicas y el miedo.

Imaginemos que una persona experimenta náuseas intensas antes de salir de casa.

La experiencia resulta tan desagradable que comienza a preocuparse por la posibilidad de volver a vomitar.

A partir de ese momento, puede aparecer la siguiente secuencia:

  1. La persona anticipa una situación que le genera preocupación.
  2. Su organismo responde con activación fisiológica.
  3. Aparecen náuseas, molestias digestivas o arcadas.
  4. Interpreta estas sensaciones como una señal de que va a vomitar.
  5. Aumenta el miedo y presta todavía más atención a su estómago.
  6. La ansiedad se intensifica y puede agravar el malestar digestivo.

De esta manera, el miedo a vomitar puede convertirse en un factor que mantiene o intensifica las náuseas.

Esto no significa que la persona provoque voluntariamente sus síntomas, sino que los mecanismos de alerta y anticipación pueden contribuir a su persistencia.

Vómitos por ansiedad en niños y adolescentes

Durante la infancia y la adolescencia, el malestar emocional puede expresarse mediante síntomas físicos.

Algunos niños y adolescentes tienen dificultades para identificar, comprender o comunicar lo que sienten.

En lugar de expresar verbalmente que están preocupados, asustados o desbordados, pueden presentar dolor abdominal, náuseas, arcadas o vómitos.

Estas manifestaciones pueden aparecer relacionadas con:

  • Ansiedad escolar o miedo a acudir al colegio.
  • Situaciones de acoso escolar.
  • Ansiedad por separación.
  • Conflictos familiares.
  • Presión académica.
  • Dificultades en las relaciones sociales.
  • Miedo al rechazo o a la evaluación de los demás.
  • Experiencias emocionalmente estresantes.

En algunos casos, los síntomas aparecen principalmente durante los días lectivos y disminuyen durante los fines de semana o las vacaciones.

Este patrón puede orientar la evaluación psicológica, aunque no demuestra por sí solo que exista una causa emocional.

Es importante evitar comentarios como «lo haces para no ir al colegio» o «todo está en tu cabeza».

Los síntomas pueden ser completamente involuntarios y generar un sufrimiento significativo.

Emetofobia: cuando aparece el miedo intenso a vomitar

La emetofobia es una fobia específica caracterizada por un miedo intenso y persistente a vomitar, presenciar vómitos o encontrarse en situaciones relacionadas con ellos.

Una persona con emetofobia puede desarrollar comportamientos como:

  • Evitar determinados alimentos.
  • Comer cantidades muy pequeñas por miedo a vomitar.
  • Evitar restaurantes o celebraciones.
  • Rechazar viajes o desplazamientos largos.
  • Comprobar constantemente sus sensaciones digestivas.
  • Buscar repetidamente garantías de que no va a enfermar.
  • Evitar lugares donde considera que no podría escapar fácilmente.

Estas conductas pueden proporcionar alivio inmediato, pero también contribuir al mantenimiento del miedo.

Es importante diferenciar la emetofobia de las náuseas y los vómitos asociados a la ansiedad, ya que pueden presentarse conjuntamente, pero no son exactamente el mismo problema.

¿Qué relación existe entre el estrés emocional y los problemas digestivos?

El estrés prolongado puede modificar la sensibilidad gastrointestinal y favorecer que determinadas sensaciones digestivas se perciban con mayor intensidad.

En algunas personas, estas alteraciones pueden coexistir con trastornos de la interacción intestino-cerebro, como el síndrome del intestino irritable o la dispepsia funcional.

También puede producirse hipervigilancia corporal, es decir, una atención excesiva y constante hacia las sensaciones físicas.

La persona comienza a observar cada movimiento de su estómago, cada sensación de plenitud o cada pequeña molestia.

Esta vigilancia puede aumentar la preocupación y dificultar que las sensaciones corporales pasen desapercibidas.

No obstante, la presencia de ansiedad no excluye la existencia de una enfermedad digestiva. Ambas situaciones pueden coexistir.

¿Cómo se trabajan los vómitos asociados a la ansiedad en terapia psicológica?

El tratamiento psicológico debe adaptarse a las características de cada persona y comenzar con una evaluación adecuada.

No todas las personas que presentan vómitos relacionados con la ansiedad necesitan la misma intervención.

Desde un enfoque psicológico integrador, podemos trabajar diferentes aspectos.

  1. Identificar los factores desencadenantes

Exploramos cuándo aparecen los síntomas, qué situaciones los preceden y qué pensamientos, emociones o experiencias pueden estar relacionados con ellos.

También analizamos si existen patrones de evitación, preocupación anticipatoria o miedo a las sensaciones físicas.

  1. Comprender la relación entre ansiedad y organismo

La psicoeducación permite comprender cómo funciona la respuesta de estrés y de qué manera puede influir sobre el aparato digestivo.

Entender estos mecanismos puede reducir las interpretaciones catastróficas del malestar corporal.

  1. Trabajar la ansiedad anticipatoria

Mediante estrategias cognitivo-conductuales podemos identificar pensamientos como:

«Seguro que voy a vomitar».

«Si me encuentro mal, no podré soportarlo».

«Voy a hacer el ridículo delante de los demás».

El objetivo no consiste en garantizar que nunca aparecerán náuseas, sino en desarrollar una relación menos amenazante con estas sensaciones.

  1. Reducir la evitación

Cuando una persona comienza a evitar actividades por miedo a experimentar náuseas o vómitos, puede ser necesario trabajar mediante exposición gradual.

La exposición se planifica de forma individualizada, respetando las condiciones médicas y evitando forzar situaciones que puedan resultar perjudiciales.

  1. Favorecer la regulación emocional

Podemos incorporar estrategias de respiración, atención plena, aceptación emocional y regulación fisiológica.

Estas herramientas pueden ayudar a disminuir la activación general, aunque no deben utilizarse como una obligación de eliminar inmediatamente cualquier sensación desagradable.

  1. Abordar experiencias emocionales significativas

En determinados casos, los síntomas aparecen asociados a experiencias de estrés prolongado, conflictos interpersonales o acontecimientos emocionalmente difíciles.

Cuando existen antecedentes traumáticos clínicamente relevantes, puede valorarse una intervención específica orientada al trauma.

Sin embargo, no debemos asumir que todos los vómitos relacionados con la ansiedad tienen su origen en experiencias traumáticas.

¿Qué puedo hacer si tengo náuseas o vómitos cuando estoy nervioso?

Además de solicitar una valoración profesional cuando corresponda, pueden resultar útiles algunas recomendaciones:

  • Observar si los síntomas aparecen en situaciones concretas, sin realizar una vigilancia corporal constante.
  • Mantener horarios de alimentación regulares y adaptados a la tolerancia individual.
  • Evitar permanecer muchas horas sin comer si esto empeora las náuseas.
  • Reducir el consumo excesivo de cafeína cuando aumenta la activación.
  • Practicar estrategias de regulación emocional.
  • Evitar interpretar automáticamente cualquier molestia digestiva como una señal de peligro.
  • Recuperar progresivamente las actividades evitadas, cuando sea seguro hacerlo.
  • Buscar ayuda psicológica si los síntomas están condicionando la vida cotidiana.

Cuando existen vómitos, también es importante prevenir la deshidratación y seguir las indicaciones médicas correspondientes.

¿Cuándo es necesario acudir al médico?

Aunque la ansiedad puede contribuir a las náuseas y los vómitos, resulta fundamental descartar otras posibles causas.

Se recomienda valoración médica cuando los vómitos son recurrentes, persistentes, aparecen sin una explicación clara o afectan a la alimentación y al funcionamiento cotidiano.

Es especialmente importante buscar atención urgente si aparecen sangre en el vómito, dolor abdominal intenso, signos importantes de deshidratación, confusión, dolor de cabeza intenso con síntomas neurológicos o incapacidad para retener líquidos.

En niños y adolescentes, los vómitos repetidos requieren especial atención, particularmente cuando afectan al peso, la hidratación, el crecimiento o la asistencia escolar.

La evaluación psicológica y la valoración médica no son excluyentes, sino complementarias.

¿Se pueden superar los vómitos relacionados con la ansiedad?

Cuando la ansiedad constituye un factor importante en la aparición o mantenimiento de los síntomas, la intervención psicológica puede ayudar a reducir su frecuencia, intensidad e impacto sobre la vida cotidiana.

Sin embargo, la evolución depende de diferentes factores, como el tiempo que llevan presentes, las condiciones médicas asociadas, el nivel de evitación y las circunstancias personales.

En ocasiones, uno de los avances más importantes no consiste en conseguir que desaparezca inmediatamente cualquier sensación de náusea, sino en que la persona deje de vivir pendiente de la posibilidad de vomitar.

Recuperar la confianza en el propio organismo, disminuir el miedo y volver a participar en actividades cotidianas puede formar parte del proceso terapéutico.

Reflexión final

Como psicóloga, considero importante recordar que nuestro organismo y nuestras emociones no funcionan de manera independiente.

La ansiedad puede manifestarse mediante síntomas digestivos intensos y generar un sufrimiento que afecta a la alimentación, las relaciones sociales, el rendimiento académico o la vida laboral.

Cuando las náuseas y los vómitos comienzan a condicionar nuestras decisiones, resulta importante comprender qué está ocurriendo, descartar posibles causas médicas y abordar los factores psicológicos que puedan estar contribuyendo al problema.

No se trata simplemente de aprender a controlar el estómago, sino de comprender y tratar los mecanismos que pueden estar manteniendo el malestar.

Atención psicológica en Vecindario y online

María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria

Atención psicológica a niños, adolescentes y adultos.

Intervención psicológica en ansiedad, síntomas físicos asociados al estrés, ansiedad anticipatoria, fobias y dificultades de regulación emocional.

Consulta presencial en Vecindario (Gran Canaria) y atención psicológica online.

Página web: www.psicologavecindariomariajesus.com

Este artículo tiene una finalidad informativa y psicoeducativa. No sustituye una evaluación médica ni psicológica individualizada.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


jueves, 5 de noviembre de 2026

DEPRESIÓN Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Depresión y enfermedades físicas: causas médicas de los síntomas depresivos

 

Depresión y enfermedades físicas: cuando los síntomas depresivos pueden tener una causa médica

Cuando una persona experimenta tristeza persistente, pérdida de interés, agotamiento, falta de motivación o dificultades para concentrarse, es habitual pensar que puede estar atravesando un episodio depresivo.

Sin embargo, no todos los síntomas depresivos tienen necesariamente su origen en un trastorno depresivo primario.

En ocasiones, determinadas enfermedades físicas, alteraciones hormonales, problemas neurológicos, déficits nutricionales o tratamientos farmacológicos pueden provocar síntomas similares a los de una depresión o contribuir a su aparición.

Como psicóloga general sanitaria, considero fundamental tener en cuenta estas posibilidades durante la evaluación psicológica, especialmente cuando los síntomas aparecen de forma inesperada, se acompañan de manifestaciones físicas o no siguen la evolución habitual de un cuadro depresivo.

Comprender la relación entre la salud física y la salud mental es esencial para realizar un diagnóstico diferencial adecuado y orientar el tratamiento.

¿Todas las personas que presentan síntomas depresivos tienen depresión?

No necesariamente.

La tristeza, la apatía, el cansancio, las alteraciones del sueño y las dificultades de concentración pueden aparecer en diferentes problemas psicológicos, pero también en numerosas enfermedades médicas.

Por ejemplo, una persona con hipotiroidismo puede experimentar fatiga intensa, lentitud cognitiva, desmotivación y estado de ánimo deprimido.

De forma similar, alguien con anemia puede presentar agotamiento, dificultades de atención y disminución de energía, síntomas que podrían confundirse inicialmente con determinadas manifestaciones depresivas.

Esto no significa que todas las personas con estas enfermedades desarrollen depresión.

Tampoco implica que los síntomas psicológicos desaparezcan necesariamente cuando se trata la enfermedad física.

En algunos casos existe una relación fisiológica directa; en otros, el malestar emocional aparece como consecuencia de las limitaciones, el dolor, la incertidumbre o los cambios vitales asociados a la enfermedad.

Enfermedades neurológicas que pueden acompañarse de síntomas depresivos

El sistema nervioso desempeña un papel fundamental en la regulación emocional, la motivación, la memoria y el comportamiento.

Por ello, determinadas enfermedades neurológicas pueden asociarse con síntomas depresivos.

Enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo conocido principalmente por sus manifestaciones motoras, como el temblor, la rigidez y la lentitud de movimientos.

Sin embargo, también puede acompañarse de síntomas no motores, entre ellos depresión, ansiedad, apatía y alteraciones del sueño.

En algunos pacientes, los síntomas emocionales pueden aparecer incluso antes de que las dificultades motoras sean claramente reconocibles.

Es importante diferenciar la apatía, la lentitud motora y la fatiga de un episodio depresivo, aunque ambas condiciones pueden coexistir.

Esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple es una enfermedad inflamatoria y desmielinizante del sistema nervioso central que puede producir alteraciones motoras, sensitivas, visuales y cognitivas.

Las personas con esclerosis múltiple pueden experimentar síntomas depresivos relacionados con diferentes factores, como los procesos neurobiológicos de la enfermedad, la fatiga, las limitaciones funcionales y el impacto emocional del diagnóstico.

En estos casos, la evaluación psicológica debe contemplar tanto los síntomas afectivos como las repercusiones físicas y personales de la enfermedad.

Epilepsia

La epilepsia puede asociarse con alteraciones del estado de ánimo, ansiedad y síntomas depresivos.

Estas manifestaciones pueden relacionarse con factores neurobiológicos, el impacto de las crisis, determinadas medicaciones o las dificultades psicosociales que experimenta la persona.

Enfermedades neurodegenerativas y deterioro cognitivo

Algunas enfermedades que afectan a la memoria y otras funciones cognitivas pueden acompañarse de apatía, irritabilidad, aislamiento social y cambios emocionales.

En personas mayores, es especialmente importante diferenciar entre depresión, deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

Una depresión puede producir dificultades de atención, concentración y memoria, mientras que determinadas enfermedades neurodegenerativas también pueden presentar síntomas depresivos.

Otras condiciones neurológicas

También pueden asociarse con síntomas depresivos los traumatismos craneoencefálicos, las infecciones del sistema nervioso central, la hidrocefalia normotensiva, las migrañas y determinados trastornos del sueño, como la narcolepsia.

La presencia de síntomas neurológicos nuevos, progresivos o inexplicados requiere una valoración médica.

Enfermedades endocrinas y alteraciones hormonales

El sistema endocrino participa en numerosos procesos relacionados con la energía, el metabolismo, el sueño y la regulación emocional.

Por ello, determinadas alteraciones hormonales pueden manifestarse mediante síntomas psicológicos.

Hipotiroidismo

El hipotiroidismo se produce cuando la glándula tiroides no genera suficiente cantidad de hormonas tiroideas.

Entre sus manifestaciones pueden encontrarse:

  • Cansancio persistente.
  • Lentitud física y mental.
  • Dificultades de concentración.
  • Alteraciones del estado de ánimo.
  • Somnolencia.
  • Sensación de falta de energía.

Algunos de estos síntomas se superponen con los del trastorno depresivo mayor.

Hipertiroidismo

Aunque suele asociarse con nerviosismo, irritabilidad, inquietud y alteraciones del sueño, el hipertiroidismo también puede acompañarse de cambios afectivos y síntomas depresivos.

Alteraciones de las glándulas suprarrenales

Enfermedades endocrinas como el síndrome de Cushing y la enfermedad de Addison pueden asociarse con alteraciones emocionales, fatiga y dificultades cognitivas.

Su evaluación y diagnóstico corresponden al ámbito médico.

Cambios hormonales relacionados con el ciclo menstrual

Algunas mujeres experimentan cambios emocionales relacionados con las distintas fases del ciclo menstrual.

En determinados casos, estos cambios alcanzan una intensidad clínicamente significativa, como ocurre en el trastorno disfórico premenstrual.

Este trastorno puede manifestarse mediante tristeza intensa, irritabilidad, ansiedad, labilidad emocional y disminución del interés por las actividades habituales.

Para diferenciarlo de un trastorno depresivo persistente o de una exacerbación premenstrual de otro trastorno, resulta importante registrar prospectivamente los síntomas durante al menos dos ciclos menstruales.

Los cambios hormonales asociados al embarazo, posparto y transición menopáusica también pueden influir en el bienestar emocional, aunque no deben considerarse por sí mismos una causa suficiente de depresión.

Déficits nutricionales y anemia

Determinados déficits nutricionales pueden producir síntomas físicos y cognitivos que se parecen a algunas manifestaciones depresivas.

Déficit de vitamina B12

La vitamina B12 participa en el funcionamiento del sistema nervioso y en la formación de células sanguíneas.

Su deficiencia puede acompañarse de cansancio, dificultades cognitivas, alteraciones neurológicas y cambios del estado de ánimo.

Déficit de ácido fólico

El déficit de folato puede contribuir a la aparición de anemia y alteraciones del funcionamiento general.

En algunos casos puede coexistir con síntomas depresivos.

Anemia

La anemia puede producir fatiga, debilidad, dificultad para realizar esfuerzos y disminución de la capacidad de concentración.

Estos síntomas pueden confundirse con la falta de energía propia de un episodio depresivo.

Sin embargo, la anemia no implica necesariamente la existencia de depresión.

Cuando existen indicios clínicos, es recomendable una valoración médica para determinar si hay alteraciones hematológicas o déficits nutricionales.

Enfermedades inflamatorias y autoinmunes

Las enfermedades inflamatorias y autoinmunes pueden afectar considerablemente al bienestar psicológico.

Entre ellas encontramos:

  • Artritis reumatoide.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Síndrome de Sjögren.
  • Otras enfermedades inflamatorias crónicas.

Estas condiciones pueden acompañarse de dolor persistente, fatiga, alteraciones del sueño, limitaciones funcionales y síntomas depresivos.

La relación entre inflamación y depresión constituye un importante campo de investigación.

No obstante, debemos evitar interpretar cualquier síntoma depresivo como consecuencia directa de la inflamación.

En muchas personas intervienen simultáneamente factores biológicos, psicológicos y sociales.

Enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales

Las enfermedades que afectan al corazón, los pulmones o los riñones también pueden asociarse con síntomas depresivos.

Por ejemplo, después de un infarto de miocardio algunas personas experimentan tristeza, miedo, inseguridad, pérdida de confianza en su cuerpo o preocupación constante por su salud.

Las enfermedades respiratorias crónicas pueden limitar la actividad física y provocar fatiga, dificultades para dormir y aislamiento social.

Por su parte, las enfermedades renales crónicas pueden producir alteraciones metabólicas, cansancio y una importante carga emocional relacionada con los tratamientos.

En estos casos, es necesario diferenciar los síntomas físicos de la enfermedad de aquellos que corresponden a un posible trastorno depresivo.

Cáncer y síntomas depresivos

Recibir un diagnóstico de cáncer puede representar un acontecimiento vital de gran impacto emocional.

Es comprensible experimentar miedo, tristeza, incertidumbre o preocupación ante la enfermedad y sus tratamientos.

Sin embargo, no todas estas reacciones constituyen un trastorno depresivo.

Algunas personas pueden desarrollar episodios depresivos clínicamente significativos, mientras que otras presentan reacciones adaptativas ante una situación especialmente difícil.

Además, determinados tumores, alteraciones hormonales o tratamientos oncológicos pueden influir en el funcionamiento emocional y cognitivo.

Por ello, la atención psicológica debe contemplar la situación médica, la experiencia subjetiva de la persona y sus recursos de afrontamiento.

Infecciones y síntomas depresivos

Algunas infecciones pueden acompañarse de fatiga, dificultades cognitivas y cambios del estado de ánimo.

Entre las condiciones que pueden requerir consideración clínica encontramos:

  • Infección por VIH.
  • Hepatitis víricas.
  • Mononucleosis.
  • Determinadas infecciones del sistema nervioso central.
  • Sífilis con afectación neurológica.
  • Síndromes posinfecciosos.

En algunas personas, los síntomas pueden estar relacionados con procesos fisiológicos de la enfermedad, mientras que en otras intervienen factores como el agotamiento, las alteraciones del sueño o el impacto emocional del diagnóstico.

No debe asumirse que una infección común provoca directamente un trastorno depresivo.

Medicamentos que pueden relacionarse con cambios del estado de ánimo

Durante una evaluación psicológica es importante conocer qué medicamentos utiliza la persona y si se han producido modificaciones recientes en su tratamiento.

Algunos fármacos pueden asociarse con cambios emocionales en determinadas circunstancias.

Entre los grupos que pueden requerir exploración se encuentran:

Corticoesteroides: pueden producir alteraciones del sueño y del estado de ánimo, incluyendo síntomas depresivos o de activación.

Tratamientos hormonales: algunas personas experimentan cambios emocionales relacionados temporalmente con determinados tratamientos hormonales, aunque la respuesta es muy variable.

Medicamentos utilizados en enfermedades neurológicas: determinados tratamientos pueden acompañarse de efectos neuropsiquiátricos que deben ser valorados individualmente.

Algunos antiepilépticos y tratamientos antituberculosos: pueden requerir vigilancia de posibles cambios emocionales según el medicamento y las características del paciente.

Antihipertensivos y betabloqueantes: aunque históricamente se han relacionado con síntomas depresivos, la evidencia no permite afirmar que estos medicamentos provoquen depresión de manera generalizada.

La presencia de síntomas depresivos durante un tratamiento farmacológico no demuestra que el medicamento sea su causa.

Es necesario valorar la relación temporal, las dosis, los antecedentes y otras posibles explicaciones.

Nunca debe suspenderse ni modificarse un tratamiento médico sin consultar con el profesional que lo ha prescrito.

Alcohol y otras sustancias

El consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas puede influir en el estado de ánimo, el sueño, la motivación y la capacidad de regulación emocional.

En determinadas circunstancias, los síntomas depresivos pueden aparecer durante períodos de consumo intenso o abstinencia.

También puede suceder que una persona con depresión utilice el alcohol u otras sustancias como una forma de afrontar su malestar.

Por ello, es importante explorar qué apareció primero, cómo evolucionaron los síntomas y si estos persisten durante períodos de abstinencia.

Enfermedades crónicas, dolor y discapacidad

Vivir con una enfermedad crónica puede implicar cambios importantes en la vida cotidiana.

La persona puede experimentar pérdida de autonomía, limitaciones físicas, incertidumbre sobre el futuro, dificultades laborales o modificaciones en sus relaciones personales.

Estas circunstancias pueden generar sufrimiento emocional y aumentar la vulnerabilidad a desarrollar síntomas depresivos.

Sin embargo, es fundamental evitar dos errores.

El primero consiste en atribuir automáticamente cualquier síntoma depresivo a la enfermedad física.

El segundo consiste en interpretar toda reacción emocional ante una enfermedad como un trastorno psicológico.

En ocasiones, la tristeza representa una respuesta comprensible ante pérdidas reales, cambios vitales o dificultades de adaptación.

La evaluación clínica permite determinar cuándo existe una reacción emocional esperable y cuándo se cumplen criterios de un trastorno depresivo u otra condición que requiere intervención.

¿Cómo diferenciar una depresión primaria de síntomas depresivos relacionados con una enfermedad médica?

El diagnóstico diferencial requiere una evaluación individualizada.

Como psicóloga, considero especialmente importante explorar las siguientes cuestiones:

¿Cuándo comenzaron los síntomas?

Es necesario conocer si la tristeza, la apatía o la fatiga aparecieron antes o después del diagnóstico médico.

¿Existe una relación temporal con la enfermedad o el tratamiento?

Conviene investigar si los síntomas comenzaron tras una intervención quirúrgica, una modificación farmacológica o un empeoramiento de la enfermedad.

¿Predominan los síntomas físicos o los emocionales?

La fatiga, las alteraciones del sueño y las dificultades de concentración pueden aparecer en múltiples condiciones médicas.

Por ello, también debemos explorar la anhedonia, la desesperanza, los sentimientos de culpa y otros síntomas afectivos y cognitivos.

¿Existen antecedentes de episodios depresivos?

Conocer la historia psicológica previa puede ayudar a comprender la vulnerabilidad individual.

¿Se han descartado posibles causas médicas?

Cuando existen indicios de una condición física, puede ser necesaria una valoración médica complementaria.

La relación temporal entre una enfermedad y los síntomas depresivos constituye una pista clínica, pero no demuestra por sí sola causalidad.

¿Qué papel desempeña la evaluación psicológica?

La evaluación psicológica permite explorar la experiencia emocional de la persona, identificar síntomas, conocer sus antecedentes y valorar el impacto del problema en su vida cotidiana.

En determinados casos, puede resultar útil emplear entrevistas clínicas y cuestionarios de evaluación de la sintomatología depresiva.

Sin embargo, los instrumentos psicométricos no sustituyen la valoración médica cuando existen sospechas de alteraciones endocrinas, neurológicas, metabólicas o de otra naturaleza.

La coordinación entre psicología, medicina de atención primaria y otras especialidades sanitarias puede resultar especialmente importante.

El objetivo no consiste en decidir si un problema es exclusivamente físico o psicológico, sino en comprender qué factores están interviniendo y cómo abordarlos adecuadamente.

Tratamiento psicológico cuando existe una enfermedad física

La intervención psicológica puede resultar beneficiosa incluso cuando los síntomas depresivos están relacionados con una condición médica.

Entre los objetivos terapéuticos pueden encontrarse:

  • Favorecer la adaptación emocional al diagnóstico.
  • Trabajar la incertidumbre y el miedo al futuro.
  • Mejorar las estrategias de afrontamiento.
  • Abordar pensamientos de desesperanza.
  • Favorecer la regulación emocional.
  • Reducir el aislamiento social.
  • Trabajar las consecuencias psicológicas del dolor crónico.
  • Mejorar la comunicación familiar.
  • Facilitar la adaptación a los cambios funcionales.
  • Promover actividades significativas adaptadas a las posibilidades de la persona.

Cuando existe un trastorno depresivo clínicamente significativo, la intervención debe ajustarse a su gravedad y a las necesidades individuales, en coordinación con el tratamiento médico cuando corresponda.

¿Cuándo conviene solicitar ayuda profesional?

Es recomendable consultar cuando aparecen cambios emocionales persistentes que afectan al funcionamiento cotidiano, especialmente si se acompañan de síntomas físicos nuevos o inexplicados.

También es importante solicitar valoración cuando los síntomas depresivos comienzan después de iniciar un tratamiento farmacológico, aparecen junto con alteraciones cognitivas o se intensifican durante la evolución de una enfermedad.

Ante pensamientos suicidas, síntomas neurológicos agudos, confusión intensa u otras señales de gravedad, es necesaria una valoración urgente.

Reflexión final

La depresión es una condición clínica compleja que no puede explicarse mediante una única causa.

En algunas personas predominan los factores psicológicos y emocionales; en otras, determinadas enfermedades físicas, alteraciones hormonales, procesos neurológicos o tratamientos médicos pueden contribuir a la aparición de síntomas depresivos.

También es frecuente que diferentes factores interactúen entre sí.

Como psicóloga general sanitaria, considero fundamental comprender a la persona desde una perspectiva integral, teniendo en cuenta tanto su salud emocional como su situación física, sus antecedentes y sus circunstancias vitales.

No todo cansancio es depresión, no toda tristeza representa un trastorno depresivo y no todos los síntomas depresivos tienen necesariamente una causa exclusivamente psicológica.

Realizar una evaluación rigurosa permite evitar interpretaciones precipitadas y orientar una intervención más adecuada.


María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Atención psicológica presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online.

www.psicologamariajesus.com

Artículo de carácter psicoeducativo. Su contenido no sustituye una evaluación psicológica o médica individualizada.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


Psicóloga Vecindario online y presencial infantil adolescentes adultos mayores pareja y familia

Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de informes psicológicos

 Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de i...