Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Acoso moral - Consecuencias a largo plazo del acoso moral
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Consecuencias a largo plazo del acoso moral
1) Estado depresivo
Durante una agresión perversa, el agresor procura parecer todopoderoso y dar una impresión de rigor moral y de prudencia. Para la víctima que se lo creyó, la desilusión es, por tanto, doble. En general, entre los acontecimientos que pueden generar depresión además de las experiencias de duelo o separación también se encuentra la pérdida de un ideal que se valoraba en exceso. Esta pérdida produce una sensación de inutilidad, de impotencia y de derrota. Y esta sensación, es decir, la impresión de haber sido humillado y engañado es la que, antes incluso que una situación difícil o peligrosa, se puede convertir en un elemento generador de un episodio depresivo.
2) Trastorno de ansiedad generalizada
En una situación de acoso, la víctima lleva a cabo intentos de diálogo sin resultado, lo cual tiene como resultado un estado de ansiedad permanente mantenido por las incesantes agresiones, y es el preludio de un estado posterior de aprensión y anticipación crónicas, llevando incluso a un consumo elevado de medicamentos.
3) Trastornos psicosomáticos
Algunas víctimas manifiestan una respuesta fisiológica: úlceras de estómago, enfermedades cardiovasculares o de la piel...Algunas se adelgazan, o se debilitan, expresando a través de su cuerpo un perjuicio psíquico del que no son conscientes y que puede llegar hasta la destrucción de su identidad.
Los trastornos psicosomáticos no se derivan directamente de la agresión, sino del hecho de que el sujeto es incapaz de reaccionar. Haga lo que haga, se equivoca; haga lo que haga, es culpable.
4) Crisis nerviosa
Hay víctimas que responden a la provocación perversa con una crisis nerviosa en público, o con un acto agresivo contra el perverso, lo cual sólo consigue justificar la conducta del perverso: “Os lo había advertido, está completamente enfermo”.
Los perversos para demostrar que su víctima malvada, están dispuestos a suscitar en ella una violencia que va en contra de ellos mismos.
5) La disociación
La disociación se puede describir como una fragmentación de la personalidad, una perturbación que afecta a funciones habitualmente integradas, como la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción del medio. Constituye un fenómeno defensivo contra el miedo, el dolor o la impotencia ante un acontecimiento traumático que es tan lejano a lo que normalmente se puede concebir que el psiquismo no tiene otro remedio que deformarlo o expulsarlo de la conciencia.
La disociación establece una separación entre lo soportable y lo insoportable, y condena a este último a la amnesia. De este modo, filtra la experiencia vivida y proporciona un alivio y una protección parciales.
El fenómeno de la disociación no hace más que reforzar el dominio del agresor, por lo que añade una dificultad suplementaria a tener en cuenta en la terapia.
Referencia bibliográfica
M.F., H. (1999). El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Barcelona.

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