ANSIEDAD GENERALIZADA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Pensamientos, cambios físicos y estrategias en la Ansiedad Generalizada
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¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?
Lo que define a la ansiedad generalizada es la preocupación, la preocupación excesiva. Todo el mundo se preocupa por razones muy parecidas: la salud de los seres queridos, el trabajo, las finanzas, la propia salud o la relación con los demás. En la ansiedad generalizada estas preocupaciones cotidianas se desorbitan, se vuelven incontrolables.
Pensamientos en la Ansiedad Generalizada
Las personas con ansiedad generalizada describen su problema como que no pueden dejar de preocuparse, no pueden parar sus pensamientos sobre que las cosas puedan ir mal.
Preocupaciones frecuentes:
- La salud de sus hijos (“¿y si mi hijo tuviera meningitis?”)
- Su seguridad (“¿y si el autobús del cole tiene un accidente?”)
- La seguridad de otras personas queridas (“me da miedo que mi marido tenga un accidente con el coche”),
- El trabajo (“¿y si me quedo sin clientes?”)
- Sus finanzas (“no podré hacer frente a los pagos”)
- Los impuestos (“¿y si me pilla hacienda?”)
O sobre cualquier otro tema que pueda resultar perturbador: relación con familiares o amigos, ejecución de tareas o rendimiento académico.
Cada vez que aparece una preocupación, la persona busca mentalmente una solución. Pero la solución a su vez provoca una nueva preocupación que se intenta neutralizar con otra solución. Y así se entra en un proceso rumiativo que parece no tener fin.
Para complicar más todavía la situación, aparece otra clase de pensamientos: preocupaciones sobre las preocupaciones. En cada caso es distinto, pero después de un tiempo sintiendo estas preocupaciones constantemente, la persona empieza a preocuparse sobre su preocupación. Se cree que todo ese proceso no es normal, que uno está enfermo o sufre algún tipo de extraño trastorno psicológico, y que acabará sufriendo un colapso nervioso, volviéndose loco, o que como resultado de sufrir ansiedad tanto tiempo, acabará dañándose físicamente. A partir de ese momento, la autofocalización se centra en la propia preocupación, y en cuanto se detecta se intenta evitar a toda costa: “vaya, ya estoy nervioso otra vez, me resulta imposible desconectar, ¿qué puedo hacer para quitarme esto de encima?”
Por otra parte, también es muy frecuente tener otro tipo de pensamiento sobre las preocupaciones. Creencias acerca de que preocuparse, en realidad, es bueno. Sería algo así como creer que la preocupación es un modo de afrontamiento de posibles problemas, como de ir un paso por delante. Predecir la aparición de futuros problemas y tener ya preparado un plan para abordarlos. Esta manera de conceptualizar la preocupación se aprende durante la infancia y es muy probable que la influencia de los padres sea determinante en su adquisición.
El flujo de preocupaciones, aunque tiende a ser constante, fluctúa en intensidad. Hay épocas mejores que otras, y sin duda alguna, está modulada por variables como el estado de ánimo, el estrés y cualquier elemento que tenga protagonismo en el estilo de vida.
Reacciones físicas en la Ansiedad Generalizada
La reacción fisiológica, suele ser moderada pero continua. Muchos sufridores se quejan con expresiones como “no sé relajarme, nunca estoy tranquilo, o no
puedo desconectar”.
- Las alteraciones del sueño son muy corrientes. Meterse en la cama y tardar mucho tiempo en dormirse o tener un sueño ligero, poco reparador y con muchos despertares a lo largo de la noche.
- El dolor de cabeza y de espalda como resultado de la tensión muscular sostenida también es una sensación habitual.
- Notar molestias en el aparato digestivo como boca seca, digestiones pesadas, aires, estreñimiento o diarrea.
Por otra parte, en momentos puntuales la ansiedad puede subir más y volverse intensa: taquicardia, ahogo, temblores o piernas débiles.
Estrategias más comunes en la Ansiedad Generalizada
1. El pensamiento neutralizador
Estrategia más común. Cada vez que aparece un pensamiento de preocupación, la persona lo bloquea con un pensamiento en formato de solución. He aquí algunos ejemplos:
–Este mes no podré pagar la letra. –Pues pediré un préstamo rápido.
–¿Y si le ofrecieran droga a mi hijo? –No pasa nada, seguro que la rechazaría.
–Hacienda me pillará esta factura. –Es defendible en concepto de dietas.
–¿Y si el pediatra le encuentra algo –Para nada, está muy sano? a mi hijo?
–¿Les habrá molestado lo que dije? –No lo creo, estaban sonriendo todo el rato.
–Tanta ansiedad acabará fastidiándome –No, el cardiólogo dice que estoy sano.
–Al final me volveré loco. –Si tuviera que volverme loco, ya lo hubiera hecho
Esta constante lucha mental provoca que la ansiedad ascienda y descienda. Los pensamientos catastróficos la elevan y los neutralizadores la reducen. Pero este alivio ni es completo ni duradero. Porque al instante la solución genera otro problema (“pues pediré un préstamo rápido” ➭ “los intereses de esos préstamos son muyaltos, no podré hacerle frente” ➭ “pues le pediré un préstamo a mi hermano” ➭ “vale, pero si no se lo puedo pagar pronto, mi cuñada se enfadará mucho” ➭ etc.)
La persona constantemente estaría anticipando problemas sin desearlo y, a su vez, los atajaría voluntariamente, intentando resolverlos a la búsqueda de la solución definitiva que,nunca llegaría.
2. La distracción
Muchas de las secuencias anteriores, se cortan cuando la persona consigue distraerse, bien voluntariamente, o bien porque sucede algo que capta su atención. Jugar a tenis, o cualquier deporte competitivo, ver televisión, jugar a un videojuego, navegar en Internet, llamar por teléfono….
3. La evitación
Cada persona tiene diferentes preocupaciones y por lo tanto evita diferentes situaciones. Si una madre está atormentada por la seguridad de su hijo, intentará evitar aquellas situaciones que van a empeorar sus miedos: excursiones del colegio, actividades extraescolares, o que pase la noche en casa de amigos.
4.Otros comportamientos voluntarios
Por ejemplo, unos padres excesivamente preocupados por la seguridad de su hijo podrían regalarle un móvil prematuramente e instruirle a usarlo para tener más sensación de seguridad. Y antes de salir de casa, no sería raro que le advirtieran acerca de los peligros del mundo exterior. Una persona preocupada por la posibilidad de quedarse en números rojos, podría pasarse horas comprobando el estado de sus cuentas y haciendo operaciones matemáticas con sus ingresos y pagos, o llamar constantemente al banco para preguntar sobre sus operaciones financieras. Quien se preocupara porque sus hijos enfermaran podría dedicar mucho tiempo a buscar posibles síntomas de enfermedades en los niños y a consultar en exceso al pediatra o páginas médicas de Internet.
Diferencias individuales en la Ansiedad Generalizada
Aunque la preocupación siempre parece estar ahí, el grado de consciencia varía según momentos. Por supuesto, en ocasiones desaparece completamente, sobre todo cuando la atención de la persona está centrada en algo que le atrae poderosamente. Muchas veces, es como si hubiera una consciencia doble. Por una parte, intenta centrarse en lo que está haciendo, en las actividades que implica la vida cotidiana, pero por otra, no puede evitar que los pensamientos de preocupación estén ahí como en un segundo plano. Algunas personas lo describen como que los perciben en un volumen más bajo, perturban menos, pero no desaparecen del todo. Y luego están los momentos peores. Cuando las preocupaciones dominan completamente la atención y se notan en su máxima intensidad.
Este estado, el más doloroso, se ve provocado por situaciones específicas. Es más, estas situaciones son las responsables de que aparezcan estas preocupaciones en su más intensa expresión.
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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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