lunes, 5 de octubre de 2026

SÍNDROME INTESTINO IRRITABLE - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Intervención psicológica en el Síndrome de intestino irritable (SII)

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Intervención psicológica en el Síndrome de intestino irritable - SII 

En el síndrome de intestino irritable (SII) normalmente no se “desaprende” el control de esfínteres adquirido en la infancia. Lo que puede ocurrir es que el sistema intestinal genere una señal de urgencia tan intensa que la persona sienta que su margen para posponer la defecación es mínimo.

En condiciones normales, cuando las heces llegan al recto, este se distiende y aparece la sensación de ganas de defecar. Si no es el momento adecuado, el esfínter anal externo y el suelo pélvico permiten posponer voluntariamente la evacuación. Es decir, seguimos teniendo el mecanismo aprendido de “ahora no, aguanto hasta encontrar un baño”.

SII con predominio de diarrea

En el SII, especialmente en el SII con predominio de diarrea, pueden intervenir varias cosas:

  • Hipersensibilidad visceral: una cantidad de contenido o una distensión rectal que otra persona percibiría como unas ganas moderadas puede experimentarse como una urgencia muy intensa.
  • Mayor motilidad intestinal: determinados estímulos, especialmente comer, estrés o ciertos alimentos, pueden provocar contracciones intestinales y movimientos propulsivos más intensos.
  • Heces más líquidas: fisiológicamente son más difíciles de retener que unas heces formadas.
  • Respuesta gastrocolónica intensa: después de comer puede aumentar considerablemente la actividad del colon.
  • Interacción cerebro-intestino: la activación autonómica, la ansiedad anticipatoria y la atención constante a las sensaciones intestinales pueden amplificar la percepción de urgencia.

Y aquí aparece algo clínicamente muy interesante para el caso de personas que sienten que su calidad de vida se ve reducida al tener que estar pendiente de dónde hay un baño. No obstante, sentir “no voy a poder aguantar” no significa necesariamente que fisiológicamente no pueda aguantar.

Nunca ha tenido un episodio de incontinencia

De hecho, si durante años la persona nunca ha tenido un episodio de incontinencia, esa discrepancia es muy relevante: su experiencia subjetiva puede ser “tengo que encontrar un baño inmediatamente porque si no me lo hago encima”, mientras que su historia conductual proporciona evidencia de que su sistema de continencia ha funcionado repetidamente.

Ahí, es preciso distinguir tres niveles:

Sensación intestinal → interpretación → conducta.

Por ejemplo:

noto movimiento/urgencia → “no voy a aguantar” → busco inmediatamente un baño, dejo de comer, evito trayectos, compruebo dónde están los baños, no hago determinados planes.

Consecuencias de las conductas de seguridad

Y esas conductas de seguridad tienen una consecuencia complicada: nunca llega a comprobar qué habría ocurrido si hubiera esperado un poco más. Cada vez que encuentra rápidamente un baño, la ansiedad disminuye y el cerebro aprende: “menos mal que encontré el baño; realmente había peligro”.

Por eso, antes de asumir que tiene una incapacidad fisiológica para retener, sería importante saber exactamente qué significa para la persona “no puedo aguantar”. Puede significar cosas muy distintas: dolor abdominal, espasmos, sensación rectal intensa, miedo a tener diarrea, percepción de pérdida inminente de control o verdadera dificultad esfinteriana.

Conceptualización del caso

Y esto cambia mucho la conceptualización. Si existe incontinencia real, escape fecal, alteraciones neurológicas, problemas del suelo pélvico o determinadas señales gastrointestinales de alarma, habría que valorar específicamente la parte médica/fisiológica. Pero si existe una historia de urgencia intensa + miedo a no llegar + conductas de seguridad + evitación durante años, sin episodios reales de pérdida de control, entonces hay bastante más que explorar desde el aprendizaje, la hipervigilancia y el eje cerebro-intestino.

Para una persona que padece desde hace años de SII-D, miedo a la urgencia, necesidad de localizar baños, evitación de comidas/planes y sin episodios de incontinencia, la primera evaluación psicológica debe ir dirigida a distinguir síntomas intestinales reales, ansiedad general, ansiedad específicamente gastrointestinal y posibles mecanismos obsesivo-fóbicos.

Una de las preguntas que más información puede proporcionar sería:

“Cuando dices que no puedes aguantar, ¿qué ocurre exactamente en tu cuerpo y cuánto tiempo has comprobado realmente que puedes esperar antes de ir al baño?”.


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