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Trastornos de ansiedad: síntomas, diferencias y relación con la depresión
¿Por qué la ansiedad puede manifestarse de formas tan diferentes? ¿Qué tienen en común la ansiedad generalizada, los ataques de pánico, la ansiedad social y el estrés postraumático?
La ansiedad es una respuesta emocional natural del ser humano. Todos experimentamos miedo, preocupación o nerviosismo ante determinadas circunstancias. Sin embargo, cuando estas respuestas se vuelven excesivas, persistentes o difíciles de controlar, pueden afectar significativamente a nuestra calidad de vida.
Como psicóloga, considero importante explicar que la ansiedad no constituye por sí misma un trastorno psicológico. Es una emoción que cumple una función adaptativa y protectora.
El problema aparece cuando nuestro sistema de alarma se activa de manera desproporcionada, permanece activado durante demasiado tiempo o nos lleva a evitar situaciones que necesitamos afrontar.
¿Cuándo se convierte la ansiedad en un trastorno?
Desde una perspectiva evolutiva, la ansiedad forma parte de nuestros mecanismos de supervivencia. Ante una amenaza, el organismo se prepara para responder mediante reacciones de lucha, huida o inmovilización.
Podemos hablar de un posible trastorno de ansiedad cuando aparecen características como:
- Miedo o preocupación excesivos respecto a las circunstancias.
- Dificultad para controlar las preocupaciones.
- Estado frecuente de alerta o hipervigilancia.
- Tensión muscular, palpitaciones o alteraciones del sueño.
- Evitación de situaciones por temor a experimentar ansiedad.
- Malestar psicológico significativo.
- Interferencia en las relaciones personales, familiares, sociales o laborales.
La duración, la intensidad y las circunstancias en las que aparecen los síntomas son fundamentales para realizar una valoración clínica.
No todas las personas que experimentan ansiedad intensa presentan un trastorno psicológico. Por ello, es importante evaluar cada caso individualmente.
Dos dimensiones fundamentales de la ansiedad: miedo y preocupación
Aunque los trastornos de ansiedad presentan características diferentes, muchos comparten dos dimensiones psicológicas principales: el miedo y la preocupación.
El miedo: la respuesta ante una amenaza
El miedo es una reacción emocional que aparece cuando percibimos un peligro inmediato, real o imaginado.
Puede manifestarse mediante:
- Sensación intensa de amenaza.
- Palpitaciones y aceleración cardíaca.
- Dificultad para respirar.
- Sudoración o temblores.
- Sensación de pérdida de control.
- Necesidad urgente de escapar.
- Ataques de pánico.
- Conductas de evitación.
En algunos trastornos, como el trastorno de pánico o determinadas fobias, esta dimensión adquiere especial protagonismo.
La preocupación: anticipar lo que podría suceder
La preocupación está más relacionada con la anticipación de posibles amenazas futuras.
La persona puede experimentar:
- Pensamientos repetitivos sobre acontecimientos negativos.
- Dificultad para tolerar la incertidumbre.
- Necesidad de anticiparse a posibles problemas.
- Miedo a cometer errores.
- Expectativas negativas sobre el futuro.
- Dificultad para desconectar mentalmente.
- Sensación persistente de inquietud.
Cuando estas preocupaciones son excesivas y difíciles de controlar, pueden convertirse en una fuente importante de sufrimiento.
Es importante señalar que miedo y preocupación no son procesos completamente independientes. Con frecuencia aparecen juntos y se refuerzan mutuamente.
¿Por qué los trastornos de ansiedad comparten tantos síntomas?
Una característica importante de los trastornos psicológicos es el solapamiento sintomático.
Esto significa que diferentes trastornos pueden presentar síntomas similares, aunque sus mecanismos psicológicos y sus manifestaciones clínicas no sean exactamente iguales.
Por ejemplo, una persona con ansiedad generalizada, otra con ansiedad social y otra con trastorno de pánico pueden experimentar dificultades para dormir, problemas de concentración o tensión muscular.
Sin embargo, el origen de sus preocupaciones y las situaciones que desencadenan sus síntomas pueden ser diferentes.
Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza principalmente por preocupaciones excesivas y difíciles de controlar sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana.
Entre sus manifestaciones habituales encontramos:
- Preocupación persistente por la salud, la familia, el trabajo o el futuro.
- Inquietud y sensación de estar constantemente en tensión.
- Fatiga.
- Dificultades de concentración.
- Irritabilidad.
- Alteraciones del sueño.
- Tensión muscular.
En este trastorno, la preocupación puede extenderse a numerosos ámbitos de la vida, incluso cuando no existen motivos objetivos que justifiquen su intensidad.
Trastorno de pánico
El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición de ataques de pánico inesperados y recurrentes, acompañados de preocupación persistente por sufrir nuevos episodios o de cambios conductuales relacionados con ellos.
Durante un ataque de pánico pueden aparecer:
- Palpitaciones intensas.
- Sensación de ahogo.
- Mareos.
- Temblores.
- Sudoración.
- Sensación de irrealidad.
- Miedo a perder el control.
- Miedo a morir.
Uno de los aspectos que puede mantener este trastorno es el miedo a las propias sensaciones corporales.
La persona comienza a interpretar determinadas respuestas fisiológicas como señales de peligro, aumentando así su ansiedad anticipatoria.
Trastorno de ansiedad social
La ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso a determinadas situaciones sociales en las que la persona considera que puede ser observada, evaluada o juzgada negativamente.
Entre sus manifestaciones encontramos:
- Miedo a hablar en público.
- Temor a hacer el ridículo.
- Preocupación por cometer errores delante de otras personas.
- Vergüenza intensa.
- Miedo al rechazo o a la crítica.
- Evitación de reuniones o encuentros sociales.
- Ansiedad anticipatoria ante situaciones de exposición.
En este caso, el miedo suele estar relacionado con la posibilidad de recibir una evaluación negativa por parte de los demás.
Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
El trastorno de estrés postraumático puede aparecer después de la exposición a acontecimientos traumáticos que cumplen determinados criterios clínicos.
Aunque actualmente se clasifica dentro de los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, comparte numerosas manifestaciones con los trastornos de ansiedad.
- Hipervigilancia.
- Sensación persistente de amenaza.
- Alteraciones del sueño.
- Sobresaltos intensos.
- Dificultades de concentración.
- Conductas de evitación.
Sin embargo, el TEPT presenta características específicas, como los recuerdos intrusivos, la reexperimentación traumática y las alteraciones negativas en las cogniciones y el estado de ánimo.
La ansiedad puede ser una manifestación importante del trauma, pero no explica por sí sola toda la complejidad del trastorno.
Ansiedad y depresión: ¿por qué aparecen frecuentemente juntas?
Uno de los aspectos más relevantes en psicología clínica es la relación entre los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos.
Aunque se trata de condiciones diferenciadas, comparten numerosos síntomas:
- Fatiga.
- Problemas de concentración.
- Alteraciones del sueño.
- Inquietud psicomotora.
- Irritabilidad.
- Dificultades para desarrollar actividades cotidianas.
Esta coincidencia puede dificultar la diferenciación clínica, especialmente cuando ambos trastornos aparecen simultáneamente.
Síntomas característicos de la depresión
En un episodio depresivo mayor destacan especialmente:
- Estado de ánimo deprimido.
- Pérdida de interés o placer.
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
- Alteraciones del apetito o del peso.
- Desesperanza.
- Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio en algunos casos.
Síntomas característicos de la ansiedad
En los trastornos de ansiedad suelen predominar:
- Miedo.
- Preocupación excesiva.
- Anticipación de amenazas.
- Hipervigilancia.
- Evitación.
- Activación fisiológica.
Sin embargo, estas diferencias no siempre son evidentes.
Una persona con depresión puede presentar ansiedad intensa, mientras que otra con un trastorno de ansiedad puede desarrollar síntomas depresivos como consecuencia del sufrimiento y las limitaciones que experimenta.
Por este motivo, resulta fundamental valorar tanto los síntomas predominantes como su evolución temporal, su intensidad y las repercusiones en la vida cotidiana.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando experimentamos ansiedad?
La ansiedad implica la participación de diferentes regiones cerebrales y redes neuronales relacionadas con la detección de amenazas, la regulación emocional, la memoria y la anticipación de acontecimientos.
Dos de los sistemas estudiados en relación con el miedo y la preocupación son los circuitos relacionados con la amígdala y los circuitos córtico-estriado-tálamo-corticales.
La amígdala y las respuestas de miedo
La amígdala es una estructura cerebral que participa en el procesamiento de estímulos emocionalmente relevantes, especialmente aquellos relacionados con posibles amenazas.
Interviene en procesos como:
- La detección de señales de peligro.
- El aprendizaje emocional.
- Las respuestas defensivas.
- La asociación entre experiencias y estímulos amenazantes.
Su funcionamiento se relaciona con otras regiones cerebrales encargadas de contextualizar y regular las respuestas emocionales.
En determinados trastornos pueden observarse alteraciones en estas redes, aunque no existe un único patrón cerebral que permita explicar todos los casos.
Los circuitos relacionados con la preocupación
Los circuitos córtico-estriado-tálamo-corticales participan en diferentes procesos cognitivos y conductuales.
Algunos modelos neurobiológicos han propuesto su implicación en fenómenos como la preocupación repetitiva y determinados pensamientos intrusivos.
Sin embargo, la preocupación no depende exclusivamente de un circuito cerebral.
También intervienen procesos psicológicos como:
- La intolerancia a la incertidumbre.
- Los sesgos de interpretación.
- La atención selectiva hacia posibles amenazas.
- La necesidad de control.
- Las dificultades para regular las emociones.
Actualmente sabemos que la ansiedad surge de la interacción entre múltiples sistemas cerebrales, factores psicológicos, experiencias personales y circunstancias ambientales.
Por tanto, no podemos reducir los trastornos de ansiedad a una alteración aislada de una región cerebral.
¿Por qué una misma persona puede presentar diferentes trastornos de ansiedad?
En la práctica clínica es relativamente frecuente encontrar personas que presentan síntomas compatibles con más de un trastorno.
Por ejemplo, una persona con ansiedad generalizada puede desarrollar ataques de pánico o presentar dificultades importantes en determinadas situaciones sociales.
Esto se conoce como comorbilidad cuando se cumplen los criterios diagnósticos de más de un trastorno.
Existen diferentes factores que pueden favorecerla:
- Vulnerabilidad individual al estrés.
- Experiencias adversas o traumáticas.
- Estilos de pensamiento basados en la anticipación de amenazas.
- Conductas de evitación mantenidas en el tiempo.
- Dificultades de regulación emocional.
- Factores biológicos y ambientales compartidos.
La presencia de varios grupos de síntomas no significa necesariamente que existan múltiples diagnósticos independientes.
Es necesario realizar una evaluación cuidadosa para determinar qué procesos están implicados y cuáles requieren intervención.
La importancia de tratar a la persona y no solamente al diagnóstico
Aunque las clasificaciones diagnósticas resultan útiles para organizar los síntomas y orientar las intervenciones, cada persona experimenta la ansiedad de una manera diferente.
Dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden presentar preocupaciones, respuestas fisiológicas, conductas de evitación e historias personales muy distintas.
Por ello, considero especialmente importante desarrollar una evaluación psicológica individualizada.
El objetivo no consiste únicamente en identificar un trastorno, sino también en comprender:
- Qué situaciones desencadenan la ansiedad.
- Qué pensamientos aparecen.
- Cómo responde el organismo.
- Qué hace la persona para intentar reducir su malestar.
- Qué factores mantienen los síntomas.
- Qué experiencias personales pueden estar relacionadas.
- Cómo afecta todo ello a su funcionamiento cotidiano.
Esta comprensión permite establecer objetivos terapéuticos adaptados a las necesidades individuales.
Tratamiento psicológico de los trastornos de ansiedad
Los trastornos de ansiedad pueden abordarse mediante intervenciones psicológicas basadas en la evidencia científica.
La elección del tratamiento dependerá del diagnóstico, las características de la persona y los mecanismos que mantienen sus dificultades.
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
Permite identificar y modificar patrones de pensamiento y comportamiento que contribuyen al mantenimiento de la ansiedad. Incluye procedimientos como la exposición gradual y el trabajo sobre interpretaciones amenazantes.
Terapia de aceptación y compromiso (ACT)
Favorece una relación más flexible con los pensamientos y emociones difíciles, reduciendo la lucha constante contra las experiencias internas y promoviendo conductas orientadas a los valores personales.
Mindfulness y regulación emocional
Estas estrategias pueden ayudar a desarrollar una mayor conciencia de las experiencias internas y mejorar la respuesta ante el malestar, como complemento de intervenciones específicas.
Intervenciones centradas en el trauma
Cuando la sintomatología está relacionada con experiencias traumáticas, pueden resultar indicadas terapias específicas basadas en la evidencia, como EMDR o la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma.
En determinados casos también puede ser recomendable una valoración médica o psiquiátrica para considerar el tratamiento farmacológico.
La intervención debe adaptarse siempre a las características clínicas y personales de cada paciente.
¿Cuándo es recomendable acudir a un psicólogo?
Es aconsejable solicitar una valoración profesional cuando el miedo, la preocupación o las respuestas de ansiedad comienzan a limitar nuestra vida cotidiana.
Por ejemplo, cuando:
- Dejamos de realizar actividades por miedo.
- Nos preocupamos constantemente por acontecimientos futuros.
- Experimentamos ataques de pánico recurrentes.
- Tenemos dificultades importantes para dormir.
- Evitamos las relaciones sociales.
- Sentimos que vivimos permanentemente en alerta.
- La ansiedad afecta a nuestras relaciones, al trabajo o a nuestro bienestar emocional.
No es necesario esperar a que los síntomas alcancen una intensidad extrema para solicitar ayuda.
Una intervención temprana puede contribuir a prevenir la cronificación de determinadas dificultades.
Reflexión final: comprender la ansiedad para aprender a gestionarla
La ansiedad no es nuestra enemiga. Es una respuesta emocional que forma parte del funcionamiento humano y que, en determinadas circunstancias, nos ayuda a protegernos.
Sin embargo, cuando el miedo y la preocupación comienzan a dominar nuestras decisiones, limitar nuestras experiencias o generar un sufrimiento persistente, es importante comprender qué está sucediendo.
Los diferentes trastornos de ansiedad comparten mecanismos y síntomas, pero también presentan características particulares que deben tenerse en cuenta durante la evaluación y el tratamiento.
Como psicóloga, considero que comprender cómo funciona nuestra ansiedad es un primer paso importante para aprender a relacionarnos con ella de una manera más saludable.
El objetivo de la terapia no consiste necesariamente en eliminar todas las sensaciones de ansiedad, sino en desarrollar recursos que permitan afrontar las dificultades, reducir las conductas de evitación y recuperar una vida más satisfactoria.
María Jesús Suárez Duque
Psicóloga General Sanitaria
Atención psicológica presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online.
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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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