martes, 8 de junio de 2021

TRASTORNO DE PÁNICO Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Explicación del Trastorno de pánico

 

EXPLICACIÓN DEL TRASTORNO DE PÁNICO

Si bien existen diferencias individuales respecto a una mayor o menor reactividad biológica, es innegable que el contenido que pueda tomar el miedo es fruto del aprendizaje. El entorno afecta nuestro sistema biológico y, a su vez, nuestro organismo es capaz de readaptarse, modificando las condiciones del entorno o sucumbiendo a ellas.

De momento no hay evidencia de que los ataques de pánico puedan considerarse desde un punto de vista estrictamente orgánico. Indudablemente los aprendizajes tempranos, fundamentalmente los que provienen del contacto con familiares cercanos o de las propias experiencias más o menos desafortunadas, marcarán el camino para aprender la respuesta ansiosa, aumentando por ende las probabilidades de una crisis.

La persona está muy preocupada por los orígenes de los problemas. Culturalmente está arraigada la idea de que al saber la causa de un problema este se soluciona, pero no funciona así.

El conductismo ha demostrado que en la mayoría de los problemas psicológicos los factores de origen de un problema no son los mismos que mantienen el problema en la actualidad. Por ende, más que de causas vinculadas al origen, es preferible hablar de factores desencadenantes de un problema y factores de mantenimiento del mismo.

Factores predisponentes

Se encuentran entre los factores predisponentes o factores relacionados con el origen del problema:

a)    Los acontecimientos vitales altamente estresantes.

Pueden ser acontecimientos singulares que no son necesariamente negativos ni están asociados directamente con las crisis, pero que en un momento determinado de nuestras vidas nos generan un desborde de las capacidades psicológicas para hacerles frente. Bien podría tratarse tanto del nacimiento de un hijo, como un casamiento, un viaje, un ascenso laboral; una separación conyugal, un divorcio, el cuidado de un enfermo, la muerte de un ser querido, la pérdida de trabajo...

Nadie está libre de pasar por un episodio de esta índole.

Es altamente probable que la persona que experimenta una crisis por primera vez en forma abrupta e inesperada quede preocupada y le preste particular atención a lo ocurrido.

Por lo general la crisis sobreviene luego de un período durante el cual la persona estuvo expuesta a un cúmulo de diferentes estresores, por tal motivo es altamente probable que vuelva a producirse al mes, o incluso antes, una segunda crisis.

Generalmente ocurre cuando lo peor ya ha pasado y el sujeto se encuentra en un momento de aparente calma.

b)    A consecuencia de una depresión.

Pasar por una depresión nos deja carentes de recursos psicológicos adaptativos eficaces para lidiar con diversas cuestiones cotidianas. Asimismo, afecta el funcionamiento obsesivo o rumiatorio que suele caracterizar los trastornos de pánico; así como cualquier otra preocupación referida a dolencias físicas, cosa que es muy común apreciar en los estados depresivos.

c)    Síntomas aislados de ansiedad

Los estudios indican que las personas que desarrollan trastornos de ansiedad no difieren de quienes no los presentan tanto en la cantidad de acontecimientos estresantes, como en cuanto a la perturbación o el impacto negativo que estos tienen en ellas.

Algunos de los factores desencadenantes de una primera crisis de pánico pueden generar solo una crisis y no ir más allá de ella. Entre los más relevantes se destacan:

·         El consumo de sustancias como alcohol, alucinógenos, anfetaminas o sustancias similares, cannabis, cocaína, fenciclidina (o sus derivados), inhalantes, sedantes (hipnóticos o ansiolíticos); la abstinencia de barbitúricos o tranquilizantes menores o de cualquiera de las otras drogas antes mencionadas;

·         El consumo excesivo de cafeína, nicotina u otros estimulantes;

·         La “resaca”

·         La ira o la excitación

·         La fatiga

·         La falta de sueño

·         Cambios posturales rápidos

·         El calor
Las fluctuaciones circadianas

·         Las luces fluorescentes

·         Las comidas copiosas

Muy pocas veces, aunque ocasionalmente sucede, los ansiolíticos, los métodos de relajación y hasta el tomar cualquier otro fármaco inocuo, como los antidepresivos, tienen el poder de producir/generar efectos paradójicos, generando ansiedad. Se ha comprobado también en algunas personas la aparición de ansiedad como consecuencia de la realización de ejercicio físico excesivo.

d)    Características de personalidad o, más precisamente, patrones de conducta arraigados en la forma habitual de comportarnos para cristalizar finalmente el trastorno:

·         Formas de pensar muy enraizadas en preocupaciones y anticipaciones

·         El exceso de exigencia y responsabilidad

·         Características de dependencia y necesidad de aprobación de los demás

·         Timidez o inasertividad

·         Miedos hipocondríacos

·         Tendencia a deprimirse

·         Distorsiones en la forma de procesar la realidad.

Pero, aunque pueden llegar a marcar una tendencia o predisposición, no son definitorias para desarrollar el trastorno de ansiedad.

e)    Causas orgánicas, algunos problemas médicos también pueden producirla o facilitar su aparición. En tal sentido se destacan:

·         Arritmias cardíacas

·         Angina de pecho

·         El prolapso de válvula mitral

·         La presión arterial anormalmente baja (hipotensión) o alta (hipertensión)

·         El exceso de calcio en la sangre (hipercalcemia)

·         La insuficiencia de glucosa en sangre (hipoglucemia)

·         El incremento del funcionamiento de la glándula tiroides (hipertiroidismo)

·         El aumento anormal en la secreción de catecolaminas –siendo la adrenalina una de ellas– (feocromocitoma)

·         La epilepsia

·         El asma

f)     Factores genéticos. Esta predisposición biológica podría estar vinculada con:

·         La hipersensibilidad de los receptores químicos centrales de CO 2

·         Una regulación anormal del sistema noradrenérgico

·         Una sensibilidad alterada de los receptores cerebrales de las benzodiacepinas

·         Una función reducida del ácido gamma-aminobutírico.

Falta determinar si constituyen un factor de vulnerabilidad, una consecuencia del trastorno o solo un factor relacionado.

Factores de mantenimiento. Ciclo del ataque de pánico

     Ante una situación que es percibida como “insegura”, aparecen anticipaciones preocupatorias en referencia a la posibilidad de que “le venga el ataque de pánico” apenas tome conciencia de alguna sensación. Lo que para cualquier otra persona significaría una sensación física natural o normal, a quien ya tuvo una crisis lo llevará a tener mayor temor y, por ende, su cuerpo se comportará como si estuviese enfrentado a un peligro real. Se le dilatarán las pupilas, el corazón latirá más deprisa, se dilatarán los bronquios... Todo esto hará bombear mayor cantidad de oxígeno a los músculos, que lo necesitarían en caso de tener que salir corriendo si se tratara de una defensa real ante un depredador; pero como eso no ocurre en realidad sino que, por el contrario, la persona padece los síntomas pasivamente –está aparentemente quieta en alguna situación social o se dirige hacia un lugar considerado seguro–, las sensaciones tenderán a percibirse con más intensidad, lo que llevará a desencadenar mayores síntomas físicos y cognitivos, configurándose finalmente la temida crisis de pánico.

Sin embargo, el hecho de que se le otorgue un motivo que medianamente conforme, sea este inexacto, como por ejemplo que “fue un ataque al hígado”, que fue porque “se peleó con tal o cual persona”, que “es una enterocolitis”, que “son los calores intensos del verano”, que “el aire está viciado”, que “algo que comió le cayó mal”, etc., restará importancia al tema y probablemente la crisis no vuelva a ocurrir. Lo cierto es que algunas de estas explicaciones funcionan, y no habiendo mayores inestabilidades, la cosa queda ahí. Si, por el contrario, la interpretación que la persona hace del hecho resulta catastrófica debido generalmente a desconocimiento sobre el tema, se hace mucho más probable que los síntomas aumenten de intensidad y se repitan.

Respecto a este factor sustancial de mantenimiento de las crisis, cobra especial importancia lo que se ha dado en llamar “miedo al miedo”, o miedo anticipatorio; consistente en la retroalimentación del miedo por la anticipación de una nueva crisis, creando un estado general de hipervigilancia y, como consecuencia de ello, conductas de evitación de diversas situaciones para que no se repitan.

Es decir, no existe una causa única y directa sino un cúmulo de elementos que posibilitan el desarrollo de un problema.

Unidos a la primera crisis quedarán asociados:

·         Elementos del entorno específico donde tuvo lugar

·         Particularidades personales del momento en concreto: la propia condición del organismo en el instante previo a padecerla, las sensaciones que

·         experimentó, lo que hizo la persona para encarar la situación, quiénes estaban presentes, si recibió ayuda, qué pensaba acerca de lo que le estaba pasando. Incluso los propios pensamientos han de quedar asociados a la crisis.

Al constituir la crisis de pánico una experiencia “fuerte” para quien la padece, se la podría considerar como un “microtrauma” por el efecto altamente condicionante que produce. Las crisis de pánico se aprenden, y algo aprendido tiende a repetirse.

Dichos elementos, presentes en el primer momento de acaecida la crisis, se trastrocarán fácilmente en estímulos; posteriormente ellos –o incluso condiciones parecidas– adquirirán el “poder” o la capacidad de provocarla, por asociación con la misma. A este principio de aprendizaje se le denomina condicionamiento clásico.

En cambio, el principal factor responsable de su mantenimiento no es tanto los distintos eventos disparadores –que los habrá– sino considerar que las crisis son peligrosas.

El segundo principio de aprendizaje vinculado con el trastorno de pánico es el denominado aprendizaje operante o instrumental, en tanto opera en el medio y es responsable en última instancia del mantenimiento del trastorno de ansiedad. Conductas concretas, que la persona realiza sin darse cuenta del efecto que tienen con el afán de resolver su situación, empeoran las cosas y ayudan a cronificar el cuadro clínico. Las personas terminan haciendo cosas para “obtener” tranquilidad o seguridad y evitan otras para no sentirse mal.

De alguna manera, la incertidumbre que rodea el ataque de pánico viene a ser el punto de enlace con lo que podemos definir como un trastorno del comportamiento:

Preocupación persistente ante la posibilidad de una nueva crisis y los intentos de control para que no vuelva a suceder.

Se comienza de esta forma a tomar una serie de recaudos. Así, por ejemplo, es común sentarse en un cine sobre el borde de la fila de asientos, cerca de una salida, por si hay que salir “corriendo”, o bien directamente no ir al cine; no subir a un ómnibus con mucha gente porque la falta de aire fresco podría empeorar las cosas; cuidarse en el verano del excesivo calor porque la baja presión podría causar un desmayo; ingerir azúcar por creer necesitarla y considerar esto “verdad absoluta”, cuando poco hace para prevenir un desmayo.

Otros factores también muy comúnmente asociados (técnicamente: “condicionados”) a la crisis y, por ende, también “controlados” en la medida de lo posible son: la presencia o ausencia de gente, tomar mate en las mañanas, acostarse a dormir –por la noche sobre todo–, un lugar abierto como una playa o una calle ancha, la velocidad con que se transita en un automóvil....

Otras formas de control implican tomar medidas paliativas: moverse en taxi como una forma de poder llegar rápido a un lugar “seguro”, tomar aire a gusto, poder bajar cuando uno lo disponga y prontamente...

Como vemos, a medida que pasa el tiempo el evento “real” que dispara las crisis puede ser mantenido a modo de recuerdo y/o sensación.

A tener miedo se aprende, no nacemos con miedo

Son muy pocos los instintos o actos reflejos de supervivencia y tienen que ver con peligros reales y concretos. En el trastorno de pánico y en otros trastornos de ansiedad no hay peligro real: es miedo.

Asimismo, los familiares y amigos de personas son trastorno de pánico, dando fe del mal momento experimentado por éste y desorientados también, van poco a poco reforzando esta pauta de comportamiento de alarma y anticipación casi constantes previa a la crisis. Con el afán de tranquilizar y ayudar, hacen más dependiente a quien padece la crisis. Terminan realizando cosas en su lugar: hacen las compras, llevan a los niños a la escuela, llaman al médico, los acompañan a caminar por una noche de invierno si el paciente así lo siente, con esta actitud terminan por sumar un tono de anormalidad a la situación.

Por otra parte, muchas personas acuden rápidamente al médico, generalmente a un servicio de emergencia en primer término, y encuentran allí un alivio inmediato a sus síntomas. Sin embargo, con frecuencia la incertidumbre –y con ella el temor– es reforzada por los propios profesionales de la salud, que cuando atienden al paciente ante una crisis le aseguran que no tiene nada, que es de la cabeza o que es estrés, y le dan un tranquilizante. Esto en general empeora las cosas. Una segunda situación que suele plantearse es que los médicos no le digan nada al paciente y lo deriven a especialistas varios; comienza así un largo periplo de consultas y exámenes médicos que, si bien no hallan causa orgánica alguna, tampoco brindan respuestas. Esto es muy común y genera mayores expectativas negativas e incertidumbre sobre lo que le pasa a quien padece crisis de pánico.

Sin quererlo y sin siquiera conocer cómo operan en nosotros ciertos principios del aprendizaje, se ha reforzado una pauta de comportamiento altamente contraproducente: me siento mal o puedo llegar a estarlo, debo tener cerca una emergencia por si acaso, o vamos ya a la emergencia. Se trata de un tipo de reforzamiento “negativo”; en la medida que evito lugares o situaciones logro parcialmente controlar la ansiedad y esta baja; bien, si cuento con algo o alguien que me dé seguridad, me tranquiliza y los síntomas automáticamente desaparecen. Esta actitud va debilitando la capacidad de relativizar la experiencia y tranquilizarse por sus propios medios.

Incluso, aunque se tratase de cierto desajuste orgánico, a esta altura ya no exime que se haya condicionado además una respuesta de ansiedad excesiva en relación con la situación y hay que tratarla. Es frecuente que luego de haber llamado a la emergencia médica desaparezcan todos los síntomas. Sin duda, la sola expectativa de recibir la ansiada ayuda alivia el temor, pero el sujeto y sus familiares quedarán más desorientados.

El individuo está tan centrado en el miedo que es presa de él. Es que el miedo, si no se lo afronta, se generaliza.

Es decir, lo que se “condiciona” o aprende no es solo a experimentar ansiedad ante un lugar similar al de la primera crisis sino también ante las “propiedades de ese evento”; si se estaba en una reunión de difícil salida, si era una situación íntima, si por el contrario se estaba en una situación pública, si hacía excesivo calor, si faltaba aire en ese ambiente, si la presencia o ausencia de gente nos ponía de una particular manera... La crisis no es aleatoria por más que nos parezca; a veces, aunque se repita una situación muy similar, esta no aparece. Pongamos por ejemplo alguien que las experimenta ante la posibilidad de viajar en avión, pero justo el día del viaje se entera de una gran noticia, está pendiente de un problema familiar de cierta gravedad o viaja a su lado un médico; probablemente esto ocupará sus pensamientos y la inminencia de una crisis quede en un segundo plano.

Por tanto, no podemos hacer un análisis lineal porque hay excepciones, pero las mismas también siguen los principios del aprendizaje aunque sean inaccesibles a quien la padece.

Por tanto, es importante tener en cuenta que lo que mantiene las crisis de pánico es el pensamiento preocupatorio y anticipatorio; estrechamente vinculado a la conducta de evitación. Cuando la persona corrige sus juicios y se da cuenta de que es simplemente un desajuste de la respuesta de ansiedad en la amplia mayoría de los casos, bastará con que vuelva a exponerse a dichas situaciones o eventos condicionados para que estos pierdan progresivamente la capacidad de elicitar una crisis y se vayan poco a poco desensibilizando.

Bibliografía

Acquarone, S. (s.f.). Superar la crisis de pánico. Sentir, pensar y hacer.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


jueves, 20 de mayo de 2021

PERSONA ALTAMENTE SENSIBLE Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Características de las personas altamente sensibles - PAS

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PERSONA ALTAMENTE SENSIBLE

La cultura y la educación pueden jugar un papel importante en cuanto a la valoración de la sensibilidad. En el país asiático los niños sensibles, tranquilos y

tímidos son mucho mejor valorados que en Estados Unidos (Elaine Aron).

     Ser valorado tiene una relación directa con el desarrollo positivo de la sensibilidad. Un niño que recibe el mensaje de que su manera de reaccionar es buena se verá reforzado en esa conducta y tendrá una sana imagen de sí mismo. Si percibe que su comportamiento es aceptado y apreciado tal como es, el niño no sentirá ninguna necesidad de cambiar, de intentar «encajar» como sea.

Se inicia con el asombro al comprobar que no todo el mundo percibe el mundo tan intensamente como tú lo haces. Con el tiempo empiezas a dudar de tus propias percepciones, y es más que probable que, poco a poco, empieces a callarte según con quien estés, que vayas dejando de compartir lo que sientes.

Más de uno llega a la conclusión de que este mundo no es para él y acaba aislándose.

Características de las PAS

a)      Una PAS, con sus sentidos muy sensibilizados y afinados, capta una enorme cantidad de información. Las personas altamente sensitivas se caracterizan, entre otras muchas cosas, por una mayor receptividad ante estímulos de todo tipo, desde los más obvios hasta los más sutiles. Hay muy poca cosa que escape a la atención de una PAS. No tiene que hacer ningún esfuerzo para registrar todo lo que se presenta ante su campo visual, auditivo y olfativo. Ve todo, oye todos los sonidos y huele todos los aromas, hasta los olores menos agradables si es que los hay. La información le llega indiscriminadamente. Y todo eso, esa avalancha de estímulos que va percibiendo la PAS, influye en su emocionalidad; se puede decir que es más reactivo frente a los estímulos, tanto si son positivos como negativos.

Si una PAS no es consciente de que esto le pasa, de que le llega, recibe, de la enorme cantidad de estímulos sensoriales que influyen directamente en su estado emocional, difícilmente puede entender por qué se cansa más rápido que una no PAS.

Llega a saturarse y estresarse por un exceso de estímulos y como consecuencia de esto puede incluso bloquearse.

b)      La intensa percepción sensorial de una PAS le proporciona una inmensa cantidad de detalles, desde lo más obvio hasta lo más sutil. En su entorno registrará todo tipo de sonidos y ruidos, la intensidad de la luz, aromas y olores, sabores e información táctil. Una fuerte luz repentina o ruidos inesperados, como portazos o petardos, le pueden asustar o producir un gran sobresalto, mientras que cierta información sutil, como por ejemplo detectar un «mal rollo» en determinado lugar, puede confundirla.

c)      La gran mayoría de las PAS tiene el umbral del dolor más bien bajo, incluso muy bajo; aquello que a la mayoría de la gente le causa una leve molestia, las PAS pueden percibirlo como dolor. Hace falta relativamente poco para que una PAS se sienta indispuesta o molesta. Es como si los estímulos del exterior les llegasen a través de una lente de aumento. Para ellas la vivencia, la experiencia, se intensifica.

d)      Muchas PAS se han dado cuenta de que son sensibles al efecto de la cafeína; algo en principio bien entendible, porque todo el mundo sabe que esta es un estimulante, sin embargo, muchas PAS reaccionan de manera mucho más fuerte de lo esperado. Les ocurre con todo tipo de sustancias y pueden llegar a presentar intolerancias y alergias alimentarias. Evidentemente no hace falta ser PAS para tener este tipo de reacciones, pero lo que sí está claro es que un gran número de personas altamente sensibles también son más vulnerables ante lo que ingieren.

e)      La manera en que la PAS llega a percibir, a registrar su entorno, es completa. La percepción no se queda en un simple detectar, sino que la persona llega a conectarse emocionalmente con lo percibido: captan y dirigen su atención a lo que perciben, dicho de otra manera, lo interiorizan para procesarlo, en general de una manera muy profunda. De hecho, dar muchas vueltas a las cosas, rumiarlas, es una de las características principales de la alta sensibilidad. Ejemplo: Voy por la calle y no se me escapa ningún detalle. No es que quiera verlo, no, es más bien como si todo me llamara la atención y tengo que verlo, llegando a formar pensamientos y sentimientos sobre... lo que sea. Sobre los colores de los coches, por ejemplo: cuál sería la ventaja/desventaja de tener un coche rojo, negro o blanco. O sobre las papeleras: si hay pocas o muchas, de qué están llenas, por qué están vacías o por qué no las vacían... Acabo pensando en el funcionamiento del departamento del Ayuntamiento responsable de la limpieza de la ciudad, y enseguida se me ocurren maneras de trabajar de una forma mucho más eficaz, más sostenible... Enseguida pienso que ese mismo departamento es responsable del mantenimiento de los parques que hace poco he visto fumigar —¿te lo puedes creer? ¡Es indignante!—... Y ni te cuento los pensamientos que me invaden de manera automática por las personas que se cruzan mi camino.

f)       Una PAS tiene la capacidad (más o menos desarrollada) de percibir el estado emocional o físico de otra persona al entrar en contacto con ella. Al percibir así al otro, aunque sea sin querer, enseguida establece una conexión, que a veces se hace tan intensa que es como si la PAS entrara en el estado físico-emocional de la otra persona, percibiéndolo como si de una experiencia propia se tratara. Es como si absorbiese el estado ajeno. Es una manera de observar que proporciona más información que aquello que es objetivamente visible; se puede decir que es una forma experimental de observar. Esta manera de observar, de experimentar al otro de la PAS tiene que ver con su capacidad empática. Y por empatía entendemos la capacidad del ser humano de meterse en la piel de la otra persona.

La PAS por lo general no es consciente del hecho de que su manera de observar es diferente y más completa que la de la gran mayoría de las personas. No lo hace adrede; simplemente es su manera de ver, de registrar aquello que tiene delante. Justo por no ser consciente de que su manera de captar la información carece de filtros y es energéticamente abierta, le puede pasar que, por ejemplo, de repente se sienta mal sin saber por qué; puede ser que haya absorbido (y que haya hecho suyo) un dolor ajeno o un estado de ánimo de otra persona. Son malestares que se le han «colado», que no le pertenecen.

g)      La manera de ver, de observar y percibir el mundo por parte de una PAS, la forma de percepción sintiente o experimental, tiene aspectos muy positivos, como son la empatía, la intuición y la capacidad de interpretar correctamente el lenguaje no verbal; pero también tiene facetas más difíciles de llevar. Por ejemplo, esa facultad involuntaria de absorber estados de ánimo y el dolor ajeno, y también la saturación o sobreestimulación por un exceso de información. Lo que satura no es la elevada cantidad de información sensorial en sí misma, sino la fuerte conexión interna con lo visto y lo experimentado, que conlleva un «trabajo» adicional en cuanto al procesamiento de todo lo que es percibido. Cuando el cerebro se satura pues ha recibido más información de la que puede procesar, suele bloquearse. Los bloqueos mentales a veces son experimentados como «un cierre total» de la capacidad pensante y la repentina imposibilidad de mantener la concentración, y otras veces como un fuerte nerviosismo que puede conducir a un ataque de pánico. En todo caso, los bloqueos son para las PAS una señal muy seria de que necesitan desconectar y descansar.

h)     Las características básicas de las PAS: alta capacidad sensitiva, saturación (sobreestimulación), fuerte emocionalidad y empatía

i)       Pueden captar cosas imperceptibles en la realidad aparente, es que quien la tiene empieza desde muy pronto, incluso antes de la adolescencia, a reflexionar sobre valores como la justicia, la honestidad, la sinceridad, la responsabilidad y el sentido de las cosas.

j)       La PAS suele tener una fuerte conexión interior con la naturaleza en muchas de sus facetas. Esa profunda conexión es una auténtica vivencia espiritual, y la espiritualidad es algo sin lo que muchas PAS no podrían vivir. No es de extrañar, pues, que las encontremos en grupos y asociaciones de defensa del medio ambiente. Y también, por supuesto, en organizaciones que militan por los derechos humanos y por un mundo mejor. El respeto por la vida y la dignidad humana y animal vive en el corazón de la gran mayoría de las PAS.

k)     La percepción sintiente y la fuerte emocionalidad juegan un papel muy importante en la manera en que una PAS experimenta la belleza en general, especialmente en las artes y, cómo no, en la naturaleza en su sentido más amplio. Emocionarse ante una puesta del sol, el canto de un ruiseñor o de un mirlo, el juego inocente de unos cachorros, todas estas cosas son normales para una PAS, igual que soltar unas lagrimillas al escuchar alguna pieza de música o contemplar un cuadro o una escultura que le llega a lo más profundo de su alma. No hay una PAS a la que no se le empañen los ojos al ser testigo de determinados momentos emotivos de las relaciones humanas, lo mismo da que sea una situación real o la escena de una película.

A las PAS generalmente les suele costar mucho encontrar el lado positivo de su hipersensibilidad. Ser sensible, sin embargo, puede ser experimentado como algo bueno, muy positivo. Al fin y al cabo, puede facilitar una vida rica y con sentido en la que es posible aportar algo al mundo, trabajando y teniendo conciencia de problemas que van más allá del interés propio. Por eso hablamos del «don» de la alta sensibilidad.

El lado difícil puede trabajarse. Podemos desear intensamente que la sociedad, «la gente», cambie para que nos sintamos mejor, pero la cosa no funciona así. Si quieres cambios, tendrás que cambiar tú. Cuanta más conciencia tomes de quién eres y cómo reaccionas ante las situaciones que vas encontrando en tu camino vital, más medidas podrás tomar. Y cuantas más medidas consigas tomar, más florecerá el aspecto positivo de tu lado altamente sensible.

Gracias a la investigación científica, desde hace unos años existen pruebas de que el cerebro de las PAS es un poco diferente del resto. Por ejemplo, presenta una elevada actividad de las neuronas espejo. Se ha podido demostrar mediante la técnica de Imagen por Resonancia Funcional (permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada) que existen diferencias de funcionamiento y de activación en el cerebro de las PAS y las no PAS. Se ha descubierto que las PAS disponen de un cerebro emocional provisto de una gran capacidad empática. Aunque la gran mayoría de las PAS, entre otras razones por la citada sobresaturación, tiende más bien a aislarse y mantenerse al margen, resulta que justo esos mismos que se retraen son sumamente sociables y buscan conectar de manera profunda con gente como ellos. Aislados y sociables, dos hechos que parecen contradecirse.

Los investigadores han podido comprobar que en situaciones de conexión de este tipo los procesos cerebrales de las PAS muestran una sobreexcitación, una elevada actividad en las áreas neuronales relacionadas con las emociones, como el sistema de las neuronas espejo (fuertemente asociado con la respuesta empática) o áreas vinculadas a la conciencia y el procesamiento de la información sensorial. La región del cerebro que se suele asociar de forma especial con la empatía y la captación de emociones (la ínsula) mostró una activación significativamente mayor en las PAS cuando estas vieron una foto de su pareja sonriendo.

Sabemos, pues, que las PAS somos más empáticas; sabemos que de cada diez personas hay dos que son más empáticas que las otras ocho. Eso te permite actuar para intentar aliviarle algún dolor o alguna carencia, o simplemente alegrarte con esa persona que está tan feliz, compartiendo su estado luminoso y riendo con ella. Pero no pocas veces, al sentir lo mismo que quienes le rodean, la PAS se siente abrumada, horriblemente impotente y triste porque piensa en todo el sufrimiento que hay.

Bibliografía

Zegers de Beijl, K. (s.f.). Personas altamente sensibles.

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PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES Psicóloga María Jesús Suárez Duque

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PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES (PAS)

Las personas altamente sensibles (PAS) tienen una forma especial de percibirse a sí mismos, de entender su postura en relación con los demás y del mundo que les rodea. Suelen sentirse un bicho raro, un solitario incomprendido debido a su forma de ver la vida y reflexionar sobre ella, de experimentar cualquier tipo de emoción de manera profunda, de registrar intensamente los estímulos sensoriales y ciertas sutilezas que escapan por completo de la atención de los demás, y de estresarse con enorme facilidad entre otros rasgos más.

Desde la infancia ya se sienten un bicho raro, alguien que no encaja al cien por cien en ningún lugar, siempre añorando pertenecer, sin encontrar nunca a gente con quien identificarse, que perciba y viva el mundo de la misma manera. Las estrategias de afrontamiento utilizadas para adaptarse a las “reglas” de los otros sólo sirven para que se sienta aún más sola y aislada, y con el tiempo simplemente agotada.

Hay que tener en cuenta que el camino está en entender que las sensibilidades son manejables, se pueden encauzar. La sensibilidad se canaliza, no se suprime. No vale intentar suprimir el llanto, no vale intentar suprimir un miedo, un ataque de pánico, los bloqueos, el estrés... Suprimir no es el camino, ya que todo lo que intentas suprimir busca y encuentra otras maneras de salir, otras vías de escape.

El camino adecuado es la senda del entendimiento, del autoconocimiento y del cambio consciente. Se trata de entender qué es lo que te pasa y cuál es el motivo por el que sucede para poder empezar a reconducir la excesiva sensibilidad y emocionalidad. Para ello, debes observarte a ti mismo y empezar a introducir, poco a poco, cambios en tu manera de pensar, sentir y actuar. Asumir la responsabilidad de tu propia emocionalidad, de tus pensamientos y de tus actos es algo que hay que aprender. Este aprendizaje requiere perseverancia, dado que se trata de entrenarte en una nueva forma de ser, en tu verdadero ser.

Bibliografía

Zegers de Beijl, K. (s.f.). Personas altamente sensibles.


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