viernes, 18 de septiembre de 2026

TERAPIA DE PAREJA - Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?


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 Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?

“Ya no nos entendemos, discutimos por cualquier cosa y tenemos hijos. No sabemos si intentar arreglar nuestra relación o si sería mejor separarnos.”

Cuando una pareja tiene hijos, atravesar una crisis puede resultar especialmente difícil. A los problemas de la relación se añade una preocupación frecuente: ¿cómo está afectando todo esto a nuestros hijos?

Algunas parejas discuten continuamente. Otras prácticamente han dejado de discutir porque también han dejado de hablar de aquello que les preocupa. Hay parejas que continúan funcionando bien como padres, pero se sienten cada vez más distanciadas como pareja. Y también existen relaciones en las que los conflictos relacionados con la crianza, las responsabilidades domésticas, la falta de tiempo, los celos, la sexualidad, la familia extensa o una infidelidad terminan deteriorando progresivamente la convivencia.

Tener una crisis no significa necesariamente que una relación haya llegado a su fin. Sin embargo, cuando los problemas de pareja se repiten, no consiguen resolverse y empiezan a afectar a los hijos o al ambiente familiar, puede ser conveniente detenerse y valorar qué está ocurriendo.

Como Psicóloga General Sanitaria en Vecindario (Gran Canaria) y online, trabajo con adultos, parejas y familias que atraviesan dificultades de comunicación, distanciamiento emocional, crisis de pareja y problemas de convivencia.

¿Cómo saber si tenemos una crisis o un problema de pareja?

Todas las relaciones atraviesan momentos difíciles.

El desacuerdo forma parte de cualquier relación entre dos personas. Discutir ocasionalmente tampoco significa necesariamente que exista un problema psicológico o que la pareja necesite separarse.

La diferencia suele estar en cómo se gestionan los conflictos y qué sucede después de ellos.

Una pareja puede tener una discusión, expresar posiciones diferentes, calmarse y posteriormente hablar sobre lo ocurrido. Incluso sin estar completamente de acuerdo, puede llegar a compromisos y continuar adelante.

El problema aparece cuando los conflictos dejan de resolverse y comienzan a repetirse.

Surgen entonces frases como:

“Siempre acabamos hablando de lo mismo.”

“Ya no puedo decirte nada.”

“No me escuchas.”

“Todo te molesta.”

“Parece que te da igual lo que siento.”

“Hablemos de lo que hablemos, terminamos discutiendo.”

En estos casos, la discusión concreta puede ser solamente la parte visible de un problema más profundo.

¿Por qué discutimos siempre por las mismas cosas?

Muchas parejas creen que sus problemas se deben exclusivamente al asunto sobre el que discuten.

El dinero.

Las tareas domésticas.

Los horarios.

La educación de los hijos.

Las relaciones con las familias de origen.

El móvil.

Los celos.

La frecuencia de las relaciones sexuales.

El tiempo que pasan juntos.

Sin embargo, detrás de determinadas discusiones pueden existir otras necesidades o emociones que no están siendo expresadas de forma adecuada.

Una discusión sobre quién hace más cosas en casa puede estar relacionada con sentirse poco valorado.

Un conflicto por el tiempo que uno pasa con el móvil puede estar relacionado con sentirse ignorado.

Una discusión sobre los hijos puede esconder la sensación de que uno de los dos está afrontando solo la responsabilidad de la crianza.

Cuando únicamente se discute sobre el acontecimiento concreto, pero no se comprende qué está ocurriendo emocionalmente entre ambos, el mismo conflicto puede aparecer una y otra vez con diferentes motivos.

Problemas de pareja después de tener hijos

La llegada de los hijos supone un cambio importante en la organización de una pareja.

Aparecen nuevas responsabilidades, aumenta el cansancio, disminuye el tiempo disponible y es necesario tomar continuamente decisiones relacionadas con horarios, cuidados, normas y educación.

En algunas parejas comienza entonces un proceso progresivo de distanciamiento.

Dejan de tener espacios propios.

Las conversaciones giran casi exclusivamente alrededor de los niños y de las obligaciones cotidianas.

Uno puede sentir que lleva una mayor carga familiar mientras el otro considera que sus esfuerzos no son reconocidos.

Poco a poco, dos personas que anteriormente funcionaban como pareja pueden empezar a relacionarse principalmente como padre y madre, compañeros de casa o responsables de una organización familiar.

Esto no significa que tener hijos provoque problemas de pareja. Significa que la crianza puede hacer más visibles determinadas dificultades que anteriormente resultaban más fáciles de gestionar.

Cuando ya no discutimos, pero tampoco estamos bien

No todas las crisis de pareja se caracterizan por discusiones frecuentes.

En algunas relaciones sucede exactamente lo contrario.

Uno o ambos miembros han dejado de hablar de lo que sienten porque creen que cualquier conversación terminará mal o porque consideran que ya no merece la pena intentarlo.

Las conversaciones se vuelven funcionales:

“¿Quién recoge a los niños?”

“¿Qué compramos?”

“¿A qué hora llegas?”

“¿Qué hacemos mañana?”

La convivencia continúa, pero existe distanciamiento emocional.

Puede disminuir el afecto, la intimidad, el interés por compartir experiencias o la sensación de sentirse acompañado dentro de la relación.

Por eso, la ausencia de discusiones no significa necesariamente que una pareja esté bien.

A veces el silencio aparece después de muchos conflictos que no han encontrado solución.

¿Cómo pueden afectar los problemas de pareja a los hijos?

Una preocupación frecuente de los padres es intentar que los hijos no sepan que existen dificultades.

Evitar involucrarlos en los conflictos es importante. Sin embargo, los niños y adolescentes pueden percibir cambios en el ambiente familiar aunque los adultos no les expliquen lo que ocurre.

Pueden notar silencios, tensión, distanciamiento, cambios en las rutinas, falta de afecto o discusiones.

Esto no significa que cualquier problema entre los padres vaya a provocar necesariamente dificultades psicológicas en los hijos.

El impacto dependerá de múltiples factores: la intensidad y duración del conflicto, la edad del menor, la forma en que se gestionan las discusiones, la relación que mantiene con cada progenitor y la estabilidad que continúa existiendo en otros ámbitos de su vida.

Lo importante es evitar que los hijos terminen atrapados dentro del problema de pareja.

Discutimos delante de nuestros hijos: ¿qué podemos hacer?

Muchos padres se sienten culpables después de haber discutido delante de sus hijos.

Es preferible evitar las confrontaciones intensas en su presencia, especialmente cuando aparecen gritos, insultos, amenazas o descalificaciones.

Pero si el niño ha presenciado una discusión, fingir posteriormente que no ha ocurrido nada tampoco siempre es la mejor opción.

Dependiendo de su edad, puede ser útil explicarle de manera sencilla que los adultos han tenido un desacuerdo y dejar claro algo fundamental:

él no ha sido responsable de la discusión.

No necesita conocer los detalles íntimos de la relación ni saber quién tenía razón.

Necesita comprobar que los adultos se responsabilizan de sus propios problemas.

Cuando los hijos quedan en medio del conflicto

Una de las situaciones que conviene evitar especialmente es utilizar a los hijos como intermediarios.

Por ejemplo:

“Dile a tu padre que…”

“Pregúntale a tu madre por qué…”

“Cuéntame qué hizo tu padre cuando estabas con él.”

“Tu madre es la que ha decidido esto.”

El menor puede quedar situado en un conflicto de lealtades.

Quiere a ambos progenitores, pero puede sentir que acercarse a uno significa traicionar al otro.

También puede ocurrir que uno de los padres convierta al hijo, especialmente si es adolescente, en confidente de sus problemas sentimentales.

Un adolescente puede comprender muchas cosas sobre una relación adulta, pero eso no significa que deba asumir emocionalmente los problemas de pareja de sus padres.

Los hijos necesitan poder seguir siendo hijos.

Cuando discutimos por cómo educar a nuestros hijos

Las diferencias respecto a la crianza son otro motivo frecuente de conflicto.

Uno considera que el otro es demasiado permisivo.

El otro piensa que su pareja es excesivamente estricta.

Uno establece una consecuencia y el otro la retira.

Uno considera que debería existir una norma y el otro no la considera necesaria.

No es imprescindible que ambos progenitores piensen exactamente igual sobre todo.

Sin embargo, cuando los desacuerdos son continuos y se expresan delante de los hijos, pueden generar mensajes contradictorios y aumentar los conflictos familiares.

En estos casos puede ser necesario trabajar no solamente la comunicación de pareja, sino también criterios educativos, normas, límites y formas de ejercer conjuntamente las responsabilidades parentales.

“Seguimos juntos por nuestros hijos”

Esta frase aparece con frecuencia en parejas que llevan tiempo atravesando dificultades.

El temor es comprensible: muchos padres tienen miedo de que una separación perjudique a sus hijos.

Sin embargo, permanecer juntos y proporcionar estabilidad no son exactamente lo mismo.

Una convivencia caracterizada por hostilidad, tensión constante, descalificaciones o indiferencia también forma parte del ambiente en el que crecen los hijos.

Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Debemos continuar juntos por nuestros hijos?”

También conviene preguntarse:

“¿Qué tipo de convivencia estamos ofreciendo a nuestros hijos?”

Esto no significa que la respuesta tenga que ser separarse.

Significa que mantener la relación únicamente por miedo a las consecuencias de una separación no resuelve necesariamente aquello que está deteriorando la convivencia.

¿Y si no sabemos si queremos continuar juntos?

No todas las personas que buscan ayuda psicológica han decidido previamente salvar su relación.

En ocasiones uno quiere continuar y el otro tiene dudas.

O ambos están agotados y no saben qué quieren.

También puede existir afecto, pero mucho resentimiento acumulado.

En estos casos, precipitar una decisión puede no ser lo más útil.

Puede ser necesario comprender primero qué ha ocurrido en la relación, qué patrones se están repitiendo, qué necesidades tiene cada miembro y qué posibilidades reales de cambio existen.

La intervención psicológica no consiste en decir a una pareja si debe continuar junta o separarse.

La decisión corresponde a las personas implicadas.

Señales de que puede ser conveniente pedir ayuda psicológica

No es necesario esperar hasta que la relación esté completamente deteriorada.

Puede ser conveniente valorar ayuda profesional cuando:

  • discutís repetidamente por los mismos asuntos sin encontrar soluciones;
  • cada vez resulta más difícil hablar sin terminar en conflicto;
  • existe un distanciamiento emocional importante;
  • uno o ambos evitáis hablar para no discutir;
  • prácticamente toda la relación gira alrededor de las responsabilidades familiares;
  • existen desacuerdos constantes sobre la crianza;
  • se han acumulado resentimiento y reproches;
  • los hijos están quedando involucrados en las discusiones;
  • alguno de los hijos comienza a mostrar malestar coincidiendo con los conflictos familiares;
  • existe una crisis relacionada con celos, pérdida de confianza o infidelidad;
  • uno o ambos os planteáis la separación, pero no sabéis qué decisión tomar;
  • habéis intentado solucionar los problemas repetidamente y termináis volviendo al mismo punto.

Pedir ayuda no significa reconocer que la relación ha fracasado.

Puede significar simplemente que las estrategias utilizadas hasta ahora ya no están funcionando.

¿Qué se trabaja en terapia cuando hay problemas de pareja?

La intervención debe adaptarse a cada pareja. No existe una única técnica válida para todos los problemas.

Inicialmente resulta importante comprender qué está ocurriendo, cuándo comenzaron las dificultades y qué factores están manteniéndolas.

Dependiendo de cada situación, puede trabajarse sobre:

  • patrones de comunicación;
  • formas de expresar necesidades y emociones;
  • resolución de conflictos;
  • regulación emocional;
  • distanciamiento afectivo;
  • resentimiento acumulado;
  • celos y confianza;
  • consecuencias de una infidelidad;
  • establecimiento de límites;
  • reparto de responsabilidades;
  • intimidad;
  • dificultades relacionadas con la crianza;
  • protección de los hijos frente al conflicto.

El objetivo no es conseguir que una pareja no vuelva a tener desacuerdos.

El objetivo es desarrollar formas diferentes y más funcionales de afrontar esos desacuerdos.

¿Terapia de pareja u orientación familiar?

Aunque pueden estar relacionadas, no siempre responden exactamente a la misma necesidad.

En la terapia de pareja, el foco principal se sitúa en la relación entre ambos miembros: comunicación, vínculo, conflictos, confianza, intimidad o dificultades emocionales.

La orientación familiar puede resultar especialmente útil cuando el problema también está relacionado con la convivencia, la crianza, los límites, las normas o la forma en que los conflictos de los adultos están repercutiendo en los hijos.

En determinadas situaciones pueden abordarse ambos aspectos.

Lo importante es valorar qué está ocurriendo específicamente en cada familia.

Psicóloga en Vecindario y online para problemas de pareja con hijos

Cuando existen hijos, tomar decisiones sobre una relación puede resultar especialmente difícil.

A la tristeza, el enfado o el distanciamiento se añade el miedo a equivocarse y perjudicar a la familia.

No siempre es sencillo diferenciar qué pertenece al conflicto de pareja, qué está relacionado con la crianza y qué dinámicas se han ido consolidando con el tiempo.

Como Psicóloga General Sanitaria, atiendo problemas de pareja y familiares presencialmente en Vecindario (Gran Canaria) y online.

La primera valoración permite conocer vuestra situación, identificar las principales dificultades y determinar qué aspectos sería necesario trabajar.

No es imprescindible llegar a consulta sabiendo si queréis continuar juntos.

Puede acudirse precisamente porque no sabéis cómo resolver lo que está ocurriendo y necesitáis comprender mejor vuestra situación antes de tomar decisiones.

Si tenéis problemas de pareja, existen hijos y sentís que las dificultades están empezando a afectar a vuestra relación o a la convivencia familiar, podéis solicitar una primera consulta psicológica en Vecindario u online.

Preguntas frecuentes sobre problemas de pareja con hijos

¿Cuándo deberíamos acudir a terapia de pareja?

Puede ser conveniente cuando los mismos conflictos se repiten, la comunicación se ha deteriorado, existe un distanciamiento progresivo o los problemas empiezan a afectar significativamente a la convivencia y a la familia. No es necesario esperar hasta que la separación sea inminente.

¿Podemos acudir aunque uno de los dos tenga dudas sobre continuar la relación?

Sí. No es necesario haber decidido previamente continuar juntos. Las dudas sobre la relación también pueden formar parte de aquello que necesita comprenderse y trabajarse.

¿Los hijos tienen que acudir a consulta?

No necesariamente. En muchos casos puede comenzarse trabajando con los adultos. Si existen dificultades específicas en alguno de los hijos, se valorará de manera individual qué intervención puede ser adecuada.

¿Es malo discutir delante de los hijos?

Los desacuerdos forman parte de las relaciones. Sin embargo, las discusiones intensas, frecuentes, con descalificaciones o que sitúan a los hijos en medio del conflicto pueden resultar especialmente problemáticas. Es importante valorar tanto la intensidad como la forma en que se resuelven.

¿Es mejor seguir juntos por los hijos?

No existe una respuesta válida para todas las familias. El bienestar de los hijos no depende únicamente de que sus padres continúen viviendo juntos, sino también de la calidad de la convivencia, el nivel de conflicto, la estabilidad y el cuidado que reciben.

¿Puedo realizar las sesiones online?

Sí. La atención puede realizarse presencialmente en Vecindario o mediante consulta online, en función de las características y necesidades de cada caso.

 

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

 

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