viernes, 16 de octubre de 2026

TRASTORNO DISFÓRICO PREMENSTRUAL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cambios hormonales y emocionales durante la menstruación

 

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Psicóloga especializada en Trastorno disfórico premenstrual


Cambios hormonales y emocionales durante la menstruación: ¿qué es normal y cuándo hablamos de trastorno disfórico premenstrual

Por María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria

A lo largo de mi experiencia como psicóloga, considero fundamental explicar que el ciclo menstrual no es únicamente un proceso reproductivo. Durante sus distintas fases se producen fluctuaciones hormonales que pueden influir en el bienestar físico, el sueño, la energía, la sensibilidad emocional y la forma en que algunas mujeres experimentan el estrés.

Muchas mujeres reconocen que, en determinados momentos del mes, se encuentran más sensibles, irritables, cansadas o emocionalmente vulnerables. Otras experimentan cambios apenas perceptibles y algunas presentan síntomas que llegan a interferir significativamente en su vida cotidiana.

Pero ¿hasta qué punto estos cambios son normales? ¿Cuándo hablamos de síndrome premenstrual? ¿Y cuándo podemos encontrarnos ante un trastorno disfórico premenstrual?

Desde la psicología sanitaria, considero especialmente importante diferenciar estas situaciones para evitar dos errores: patologizar las fluctuaciones emocionales habituales y, por el contrario, minimizar un sufrimiento psicológico que necesita atención profesional.

¿Qué ocurre hormonalmente durante el ciclo

 menstrual?

El ciclo menstrual está regulado por la interacción entre el hipotálamo, la hipófisis y los ovarios, mediante el denominado eje hipotálamo-hipófisis-ovario.

Las principales hormonas implicadas son:

  • Hormona foliculoestimulante (FSH): interviene en la maduración de los folículos ováricos.
  • Hormona luteinizante (LH): su aumento brusco desencadena la ovulación.
  • Estrógenos, especialmente estradiol: participan en la regulación reproductiva y tienen efectos sobre diversos sistemas del organismo, incluido el sistema nervioso.
  • Progesterona: aumenta después de la ovulación y participa en la preparación del endometrio para un posible embarazo.

Aunque tradicionalmente se utiliza un ciclo de 28 días como referencia, los ciclos menstruales adultos pueden variar aproximadamente entre 24 y 38 días.

La ovulación no ocurre necesariamente el día 14. Habitualmente tiene lugar alrededor de 12 a 16 días antes de la siguiente menstruación.

Primera fase: la menstruación

El primer día de sangrado menstrual marca el inicio de un nuevo ciclo.

Cuando no se produce un embarazo, disminuyen los niveles de progesterona y estradiol. Esta reducción hormonal favorece el desprendimiento del endometrio, que se elimina mediante el sangrado menstrual.

Durante estos días pueden aparecer:

  • Dolor abdominal y contracciones uterinas.
  • Molestias lumbares.
  • Cansancio o sensación de menor energía.
  • Cefaleas.
  • Cambios intestinales, como diarrea o náuseas.
  • Alteraciones del sueño.
  • Mayor sensibilidad física o emocional en algunas mujeres.

Las prostaglandinas desempeñan un papel importante en las contracciones uterinas y en parte de las molestias físicas.

¿Qué ocurre psicológicamente durante la menstruación?

No todas las mujeres experimentan los mismos cambios.

Algunas refieren mayor cansancio, sensibilidad emocional o necesidad de descanso. Otras experimentan una mejoría importante del estado de ánimo al desaparecer los síntomas premenstruales.

Quiero destacar que la menstruación no implica necesariamente tristeza, irritabilidad o inestabilidad emocional.

Tampoco debemos considerar normal un dolor incapacitante, un sangrado excesivo o un deterioro emocional intenso simplemente porque coincidan con la regla.

Segunda fase: la fase folicular

La fase folicular comienza el primer día del sangrado menstrual y termnia con la ovulación.

Es importante comprender que la menstruación y la fase folicular no son etapas consecutivas, sino que coinciden durante los primeros días del ciclo.

Al comienzo de esta fase, los niveles de estradiol y progesterona son relativamente bajos. Durante la menstruación pueden aparecer molestias ya señaladas, aunque no todas las mujeres experimentan los síntomas.

Mientras tanto, en los ovarios comienza la maduración de los folículos, estimulada por la hormona foliculoestimulante (FSH).

A medida que avanza la fase folicular, generalmente finaliza el sangrado menstrual y aumenta progresivamente la producción de estradiol.

El estradiol participa en numerosos procesos fisiológicos y ejerce efectos moduladores sobre sistemas de neurotransmisión implicados en el funcionamiento cerebral.

Algunas mujeres experimentan durante esta fase:

  • Mayor sensación de energía.
  • Mejor disposición para realizar actividades.
  • Cambios en el deseo sexual.
  • Mayor bienestar subjetivo.

Sin embargo, estos cambios no son universales. No podemos afirmar que todas las mujeres estén emocionalmente mejor durante la fase folicular ni que exista un patrón psicológico idéntico para todas.

El estado de ánimo depende de múltiples factores, entre ellos las fluctuaciones hormonales, el descanso, la salud física, las experiencias personales, el estrés y las circunstancias individuales.

Tercera fase: la ovulación

La ovulación consiste en la liberación de un óvulo maduro desde el ovario.

Se produce después de un aumento sostenido del estradiol que desencadena el pico de LH.

Entre los cambios físicos que pueden acompañarla encontramos:

  • Aumento del moco cervical, que suele hacerse más transparente y elástico.
  • Molestias pélvicas leves, en ocasiones localizadas en un lado.
  • Cambios en el deseo sexual.
  • Pequeños manchados intermenstruales en algunas mujeres.

Desde el punto de vista psicológico, algunas mujeres describen variaciones en la motivación, la sociabilidad o el bienestar emocional.

No obstante, la evidencia científica no permite establecer que todas experimenten un aumento de felicidad, confianza o deseo sexual durante la ovulación.

Las respuestas individuales dependen de numerosos factores biológicos, psicológicos y contextuales.

Cuarta fase: la fase lútea y su relación con el

 estado emocional

Esta fase comienza después de la ovulación y finaliza con el inicio de la siguiente menstruación.

Tras la liberación del óvulo, el cuerpo lúteo produce progesterona y también estradiol.

Si no se produce un embarazo, estas hormonas disminuyen al final del ciclo.

Esta etapa resulta especialmente importante para comprender el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual.

La progesterona y la alopregnanolona

Una parte de la progesterona se transforma en alopregnanolona, un neuroesteroide que interviene en la modulación de los receptores GABA-A.

El sistema GABA participa en la regulación de la excitabilidad neuronal y tiene un papel relevante en los procesos de ansiedad y respuesta al estrés.

En algunas mujeres, las fluctuaciones de progesterona y sus metabolitos pueden asociarse con cambios en la sensibilidad emocional.

Lo interesante es que el trastorno disfórico premenstrual no se explica necesariamente por una cantidad excesiva o insuficiente de hormonas.

Las investigaciones apuntan principalmente a una sensibilidad diferente del sistema nervioso central ante fluctuaciones hormonales normales.

Esto ayuda a comprender por qué dos mujeres con ciclos hormonales fisiológicos pueden experimentar respuestas emocionales muy diferentes.

¿Qué cambios emocionales pueden ser

 habituales antes de la menstruación?

Durante los días previos a la regla, algunas mujeres experimentan síntomas leves y transitorios, como:

  • Mayor sensibilidad emocional.
  • Irritabilidad ocasional.
  • Cansancio.
  • Cambios del apetito.
  • Sensación de hinchazón.
  • Molestias mamarias.
  • Alteraciones leves del sueño.
  • Menor tolerancia subjetiva al estrés.

Estos cambios no constituyen por sí mismos un trastorno psicológico.

Para diferenciarlos de un problema clínico, considero fundamental valorar su intensidad, duración, recurrencia y repercusión sobre la vida cotidiana.

Una mujer puede sentirse más sensible durante unos días y continuar desarrollando sus actividades habituales sin experimentar un deterioro significativo.

En cambio, cuando los síntomas provocan sufrimiento importante, conflictos intensos, incapacidad para realizar actividades o alteraciones graves del estado de ánimo, es necesario realizar una evaluación.

¿Qué es el síndrome premenstrual?

El síndrome premenstrual (SPM) comprende un conjunto de síntomas físicos, emocionales y conductuales que aparecen de manera recurrente antes de la menstruación y mejoran después de su inicio.

Entre sus manifestaciones pueden encontrarse:

  • Irritabilidad.
  • Tristeza o sensibilidad emocional.
  • Ansiedad.
  • Cansancio.
  • Dificultades de concentración.
  • Cambios del apetito.
  • Sensibilidad mamaria.
  • Hinchazón abdominal.
  • Cefaleas.
  • Alteraciones del sueño.

La intensidad es variable. En algunas mujeres produce molestias leves y en otras afecta de manera apreciable a su bienestar y funcionamiento.

Por tanto, el síndrome premenstrual no debe confundirse automáticamente con los pequeños cambios habituales del ciclo.

¿Qué es el trastorno disfórico premenstrual?

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) es una condición caracterizada por síntomas afectivos y conductuales intensos que aparecen de forma cíclica en relación con la fase premenstrual y provocan malestar clínicamente significativo o deterioro funcional.

Se considera una forma especialmente grave de sintomatología premenstrual y aparece recogido en el DSM-5-TR dentro de los trastornos depresivos.

Los síntomas suelen manifestarse durante la última semana antes de la menstruación, comenzar a mejorar pocos días después de iniciarse el sangrado y ser mínimos o desaparecer durante la semana posterior.

Entre las manifestaciones emocionales más características encontramos:

Labilidad afectiva intensa. Cambios bruscos del estado de ánimo, llanto frecuente o sensibilidad marcada al rechazo.

Irritabilidad y enfado. Reacciones emocionales intensas que pueden provocar conflictos importantes.

Estado de ánimo deprimido. Tristeza profunda, desesperanza o pensamientos de autodesvalorización.

Ansiedad y tensión. Sensación de estar al límite, nerviosismo o intensa inquietud emocional.

También pueden aparecer pérdida de interés, dificultades de concentración, fatiga, cambios del sueño y del apetito, sensación de desbordamiento y síntomas físicos.

En algunos casos pueden presentarse pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio, que siempre requieren una valoración clínica específica.

¿Cómo se diagnostica el trastorno disfórico

 premenstrual?

Según los criterios del DSM-5-TR, deben presentarse al menos cinco síntomas, incluyendo uno o más de los cuatro síntomas afectivos principales: labilidad emocional, irritabilidad, estado de ánimo deprimido o ansiedad intensa.

Además, deben cumplirse condiciones fundamentales:

  • Los síntomas aparecen en la mayoría de los ciclos menstruales.
  • Se concentran principalmente en la semana previa a la menstruación.
  • Mejoran después del inicio del sangrado.
  • Son mínimos o están ausentes durante la semana posterior.
  • Provocan malestar significativo o afectan al funcionamiento personal, social, académico o laboral.
  • No se explican únicamente por otro trastorno psicológico, una sustancia o una enfermedad médica.

Para confirmar el diagnóstico se recomienda realizar un registro diario de síntomas durante al menos dos ciclos menstruales.

Una herramienta específica es el Registro diario de síntomas y ciclo menstrual

No existe una prueba hormonal aislada que permita confirmar el TDPM.

¿Y si la mujer ya presenta depresión o

 ansiedad durante el resto del mes?

Esta es una de las cuestiones que considero más importantes desde la psicología clínica.

No toda mujer que experimenta un empeoramiento emocional antes de la menstruación presenta un trastorno disfórico premenstrual.

En ocasiones existe un problema psicológico previo cuyos síntomas aumentan durante la fase premenstrual.

A este fenómeno lo denominamos exacerbación premenstrual.

Por ejemplo, una mujer puede presentar ansiedad generalizada durante todo el mes, pero experimentar un aumento importante de las preocupaciones, la irritabilidad y las dificultades de sueño durante los días anteriores a la regla.

Otra mujer puede presentar síntomas depresivos persistentes que se intensifican antes de la menstruación.

En estas situaciones es fundamental evaluar el problema psicológico de base y determinar qué papel desempeñan las fluctuaciones hormonales.

El TDPM y la exacerbación premenstrual pueden coexistir, por lo que la evaluación debe ser individualizada.

¿Qué relación existe entre el trauma

 psicológico y el ciclo menstrual?

Las experiencias traumáticas pueden influir en la regulación emocional, la percepción de seguridad, la respuesta al estrés y las relaciones interpersonales.

Algunas mujeres con antecedentes traumáticos pueden experimentar cambios en la intensidad de sus síntomas a lo largo del ciclo menstrual.

Sin embargo, es importante evitar interpretaciones simplistas.

No podemos afirmar que el trauma sea necesariamente la causa del trastorno disfórico premenstrual, ni que todas las mujeres que han vivido experiencias adversas desarrollen problemas relacionados con la menstruación.

Lo que sí considero relevante es que, cuando existen antecedentes de trauma, depresión, ansiedad o dificultades emocionales persistentes, la evaluación psicológica debe contemplar tanto los factores biológicos como los psicológicos y relacionales.

Desde mi enfoque integrativo, considero esencial comprender a la persona en su conjunto y no reducir su sufrimiento a una única explicación hormonal.

¿Cómo puede ayudar la psicoterapia?

La intervención psicológica puede contribuir a identificar patrones emocionales, mejorar la regulación afectiva y desarrollar recursos para afrontar los períodos de mayor vulnerabilidad.

Entre los objetivos terapéuticos pueden encontrarse:

  • Identificar los síntomas y su relación con el ciclo menstrual.
  • Desarrollar estrategias de regulación emocional.
  • Trabajar pensamientos negativos y autocrítica.
  • Mejorar la gestión del estrés.
  • Fortalecer la autoestima.
  • Favorecer hábitos de sueño y alimentación más regulares.
  • Mejorar la comunicación emocional y las relaciones personales.
  • Abordar experiencias traumáticas cuando resulte clínicamente indicado.

La terapia cognitivo-conductual cuenta con evidencia para el tratamiento de síntomas premenstruales.

En determinados casos, el tratamiento puede requerir coordinación con ginecología, medicina de familia o psiquiatría.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son una de las opciones farmacológicas de primera línea para el TDPM. También pueden valorarse determinados tratamientos hormonales según las circunstancias individuales.

La elección terapéutica debe adaptarse a la gravedad de los síntomas, las preferencias de la paciente y su situación médica.

¿Cuándo conviene acudir a una psicóloga?

Recomiendo solicitar valoración profesional cuando los cambios emocionales relacionados con el ciclo menstrual:

  • Provocan sufrimiento psicológico significativo.
  • Afectan al trabajo, los estudios o las relaciones personales.
  • Generan tristeza intensa, desesperanza o ansiedad importante.
  • Se acompañan de irritabilidad difícil de manejar.
  • Producen aislamiento o pérdida de interés por actividades habituales.
  • Se repiten durante varios ciclos.
  • Se intensifican sobre una depresión o ansiedad preexistente.

Si aparecen pensamientos de suicidio o autolesión, es importante solicitar una valoración profesional sin esperar a que finalice el ciclo menstrual. Ante un peligro inmediato, se debe acudir a urgencias o llamar al 112.

Reflexión final: no todo malestar menstrual es

 un trastorno psicológico

Como psicóloga general sanitaria, considero importante transmitir que los cambios hormonales forman parte del funcionamiento fisiológico del organismo femenino, pero no todas las mujeres los experimentan de la misma manera.

Sentirse más sensible o cansada antes de la menstruación no significa necesariamente presentar un trastorno mental.

Sin embargo, tampoco debemos minimizar un sufrimiento emocional intenso atribuyéndolo simplemente a «las hormonas» o a «cosas de la regla».

Cuando una mujer experimenta cambios importantes del estado de ánimo, es necesario escuchar su experiencia, comprender su historia personal y valorar la relación entre los síntomas, el ciclo menstrual y su situación psicológica.

Mi objetivo en terapia es comprender qué está ocurriendo, identificar los factores que contribuyen al malestar y ofrecer una intervención adaptada a cada persona, sin etiquetas innecesarias ni explicaciones reduccionistas.

La salud menstrual y la salud mental están relacionadas, pero esa relación es compleja y merece una atención profesional rigurosa, respetuosa e individualizada.

María Jesús Suárez Duque

Psicóloga General Sanitaria

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