martes, 15 de agosto de 2023

HIPOCONDRÍA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Diagnóstico diferencial con Trastorno obsesivo compulsivo

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DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL: HIPOCONDRÍA/TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Las diferencias entre la hipocondría y el TOC parecen ser fundamentalmente de naturaleza más cuantitativa que cualitativa, en muchos casos:

·      Las preocupaciones sobre la enfermedad en la hipocondría se experimentan de forma menos intrusa y más egosintónica que las obsesiones, en buena medida porque la persona con hipocondría considera normal y ajustado a sus valores y ética preocuparse por su estado de salud, mientras que muchos contenidos obsesivos son experimentados como egodistónicos porque contravienen las normas y valores del paciente. 

·      Los contenidos de las obsesiones son muy heterogéneos (agresivos, sexuales, morales, decontaminación, etc.) y los pacientes pueden presentar más de uno, o transitar entre unos y otrosa lo largo de la evolución del trastorno, los contenidos de las preocupaciones hipocondríacas se refieren siempre a la enfermedad y el significado amenazante o peligroso de los síntomas físicos.

·      Los pacientes con TOC son más conscientes de la irracionalidad o, en todo caso, de lo excesivo de sus miedos, mientras que los pacientes con hipocondría pueden mantener sus creencias sobre enfermedad con mucha intensidad. En consecuencia, las conductas de comprobación y búsqueda de reaseguro se perciben como menos problemáticas, o menos ilógicas y excesivas, en la hipocondría y, de hecho, los pacientes hacen pocos

·      esfuerzos por resistirse a ellas (salvo cuando se sienten observados). Sin embargo, las personas con TOC intentan resistirse a sus compulsiones, al menos en algunas fases del trastorno. Salvo en los casos en los que el insight es muy bajo, son conscientes de lo

excesivo e ilógico de sus comprobaciones.

·       Los pacientes con hipocondría presentan menos síntomas obsesivo-compulsivos (Hedman et al., 2017), más síntomas somáticos (Lopez-Solá et al., 2014; Mataix-Cols et al., 2013), niveles más altos de ansiedad por la salud (Deacon y Abramowitz, 2008; Hedman et al., 2017), mayor vigilancia corporal (Deacon y Abramowitz, 2008), creencias más catastróficas sobre la enfermedad (Abramowitz et al., 2007) y una mayor evitación (Neziroglu et al., 2000). 

·      Los pacientes con hipocondría tienen una tendencia a sobrestimar la probabilidad de que los síntomas ambiguos sean indicativos de una enfermedad grave, un temor que es exclusivo de este trastorno (Fergus, 2014; Marcus y Church, 2003).

En suma, aunque ambos trastornos presentan muchas similitudes clínicas y

fenomenológicas, que se traducen en una anatomía funcional similar, también presentan diferencias clínicamente relevantes que justifican su consideración como trastornos distintos.



Bibliografía

Belloch, a., López, J., & Arnáez, S. (s.f.). Hipocondría: la ansiedad y la salud. Síntesis.

 


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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

lunes, 14 de agosto de 2023

ACOSO MORAL Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Consecuencias a largo plazo del acoso moral

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 Consecuencias a largo plazo del acoso moral


1)    Estado depresivo

Durante una agresión perversa, el agresor procura parecer todopoderoso y dar una impresión de rigor moral y de prudencia. Para la víctima que se lo creyó, la desilusión es, por tanto, doble. En general, entre los acontecimientos que pueden generar depresión además de las experiencias de duelo o separación también se encuentra la pérdida de un ideal que se valoraba en exceso. Esta pérdida produce una sensación de inutilidad, de impotencia y de derrota. Y esta sensación, es decir, la impresión de haber sido humillado y engañado es la que, antes incluso que una situación difícil o peligrosa, se puede convertir en un elemento generador de un episodio depresivo.

2)    Trastorno de ansiedad generalizada

En una situación de acoso, la víctima lleva a cabo intentos de diálogo sin resultado, lo cual tiene como resultado un estado de ansiedad permanente mantenido por las incesantes agresiones, y es el preludio de un estado posterior de aprensión y anticipación crónicas, llevando incluso a un consumo elevado de medicamentos.

3)    Trastornos psicosomáticos

Algunas víctimas manifiestan una respuesta fisiológica: úlceras de estómago, enfermedades cardiovasculares o de la piel...Algunas se adelgazan, o se debilitan, expresando a través de su cuerpo un perjuicio psíquico del que no son conscientes y que puede llegar hasta la destrucción de su identidad.

Los trastornos psicosomáticos no se derivan directamente de la agresión, sino del hecho de que el sujeto es incapaz de reaccionar. Haga lo que haga, se equivoca; haga lo que haga, es culpable.

4)    Crisis nerviosa

Hay víctimas que responden a la provocación perversa con una crisis nerviosa en público, o con un acto agresivo contra el perverso, lo cual sólo consigue justificar la conducta del perverso: “Os lo había advertido, está completamente enfermo”. 

Los perversos para demostrar que su víctima malvada, están dispuestos a suscitar en ella una violencia que va en contra de ellos mismos.

5)    La disociación

La disociación se puede describir como una fragmentación de la personalidad, una perturbación que afecta a funciones habitualmente integradas, como la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción del medio. Constituye un fenómeno defensivo contra el miedo, el dolor o la impotencia ante un acontecimiento traumático que es tan lejano a lo que normalmente se puede concebir que el psiquismo no tiene otro remedio que deformarlo o expulsarlo de la conciencia.

La disociación establece una separación entre lo soportable y lo insoportable, y condena a este último a la amnesia. De este modo, filtra la experiencia vivida y proporciona un alivio y una protección parciales.

El fenómeno de la disociación no hace más que reforzar el dominio del agresor, por lo que añade una dificultad suplementaria a tener en cuenta en la terapia.

Referencia bibliográfica

M.F., H. (1999). El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Barcelona.




domingo, 13 de agosto de 2023

AGRESIVIDAD Psicóloga Vecindario - Teorías explicativas de la agresión

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TEORÍAS EXPLICATIVAS DE LA AGRESIÓN

Teorías psicodinámicas

Desde las teorías psicodinámicas, se ha conceptualizado la agresión como un impulso que está en conflicto con la realidad externa, y, por lo tanto, se hace necesario realizar continuos ajustes basados en la sublimación, un proceso por el cual el sujeto aprende a suprimir y redirigir las tendencias agresivas, en conductas más apropiadas socialmente. 

El tratamiento psicodinámico utiliza estrategias de asociación libre y de insight terapéutico para ayudar a los sujetos a desarrollar una comprensión de la agresión y el papel de la ira en dicha conducta (Ewen, 1988). En este marco, se conceptualiza la agresividad como un mecanismo catártico que permitiría la liberación de los impulsos destructivos. Sin embargo, el valor catártico de la agresión permanece ambiguo y confuso. 

En relación con esto, durante los años 60 y 70, se extendió la recomendación, por parte de terapeutas, de realizar la libre y abierta expresión de los “sentimientos agresivos” como un mecanismo para evitar la represión de la agresión y por tanto, los efectos adversos que sobre el cuerpo esto tendría. 

Los defensores de la hipótesis de la catarsis creen que se produce una descarga de energía que en sí es beneficiosa y que puede hacerse a través de la simulación de la agresión. No obstante, numerosa investigación al respecto señala que la mera expresión de los impulsos agresivos a través de las actividades de violencia simulada no consigue una reducción de éstos sino que, más bien, aumentan la agresividad (Berkowitz, 1996).

Teorías conductuales

Las teorías conductuales han entendido la agresividad y las conductas de agresión como conductas aprendidas. Éstas

ocurren y se mantienen a partir de las contingencias de reforzamiento y castigo inadecuado.

Las intervenciones conductuales se centran en el desaprendizaje de la conducta agresiva y el reaprendizaje de conductas no agresivas, gracias a estrategias específicas que incluyen: 

a)     el uso de reforzamiento primario y secundario, 

b)     la aplicación de castigo de forma apropiada y consistente, y

c)      la combinación de contingencias de refuerzo y castigo para cambiar las múltiples dimensiones de la conducta agresiva. 

Este modelo teórico aporta un fuerte componente de intervención dirigido a padres,con el objetivo de entrenar en el manejo adecuado

de contingencias.

Desde la perspectiva del aprendizaje social, se plantea que el desarrollo de la agresión se realiza a través de la observación de las conductas violentas de otros y de las consecuencias que a éstos le siguen y, por lo tanto, se trata de un fenómeno aprendido vicariamente (Bandura, 1973). 

Entre las estrategias que se utilizan para intervenir en el comportamiento violento, se encuentran:

a)     el uso de técnicas de modelado consistentes en la observación

b)     imitación y

c)      ensayo de conductas incompatibles con la conducta agresiva.

Teoría cognitiva

El modelo cognitivo ha considerado la conducta agresiva como una manifestación del sistema personal de constructos y de los pensamientos irracionales que emanan de aquél. Este modelo se focaliza en la secuencia encadenada de eventos externos e internos, encadenamiento que se observa claramente entre la ira, la hostilidad y la conducta agresiva, y donde se entrelazan pensamientos automáticos que serán el foco de las estrategias de intervención (Deffenbacher, Dahlen, Lynch et al, 2000):

a)     identificación,

b)     sustitución por pensamientos más adaptativos y racionales y 

c)     construcción de creencias personales alternativas

Las intervenciones dentro de este modelo irán dirigidas, entre otras, a las percepciones, expectativas, auto-afirmaciones y creencias relacionadas con las situaciones de agresividad.

 

 

Dentro de las estrategias cognitivo-conductuales, se han utilizado combinaciones de técnicas de modificación de conducta junto con técnicas de orientación cognitiva. De ese modo, la ira y la agresión son modificadas aplicando una variedad de contingencias de reforzamiento y castigo (abierto y encubierto) mientras se modifican los pensamientos acerca de las situaciones que provocan las conductas exteriorizadas.

Las técnicas cognitivo-conductuales utilizan una gran amplitud de estrategias de intervención que incluyen más de 2 o 3 técnicas, tales como(Fariz, Mías y Moura, 2002; Sukhodolsky, Kassinove y Gorman, 2004):

a)     entrenamiento en habilidades sociales, 

b)     educación afectiva y

c)      resolución de problemas 

En los modelos socio-cognitivos se ha conceptualizado la conducta agresiva como la consecuencia de una inadecuada resolución de problemas interpersonales y de entendimiento interpersonal. En estos modelos, una persona agresiva se caracteriza por malinterpretar las situaciones sociales, percibiendo amenaza y provocación cuando no existen. Estas percepciones son acompañadas frecuentemente de sentimientos de ira y hostilidad, elección de soluciones desadaptativas y expectativas inadecuadas acerca del uso de la agresión como solución a los problemas sociales. Las estrategias de intervención sociocognitivas se basan en el desarrollo de habilidades de resolución de problemas interpersonales, reatribución y empatía, entre otras.

 

Frente a un comportamiento complejo que incluye diferentes niveles de análisis: situacional, fisiológico, conductual, cognitivo, comunicacional, sistémico... es evidente que se hayan desarrollado programas multimodales con estrategias de probada eficacia, en las diferentes aproximaciones teórico-prácticas. Estos programas suelen incluir estrategias conductuales, cognitivas, motivacionales y prosociales (Kassinove y Tafrate, 2005).

 

Referencia bibliográfica

González, M. P., & Carrasco, M. A. (2006). Intervención en agresión. Técnicas, programas y prevención. Acción psicológica, 4(2), 83-105.

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TRASTORNO POR ATRACÓN Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Modelos explicativos del trastorno por atracón

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MODELOS EXPLICATIVOS DEL TRASTORNO POR ATRACÓN


   El origen del Trastorno por atracón es multicausal y puede tener sus raíces tanto en causas biológicas como psicológicas, sociales o culturales.

1.    Biológicas:

Desde el punto de vista biológico, algunas alteraciones como por ejemplo alteraciones en el hipotálamo que afectan al correcto funcionamiento de las señales del hambre y saciedad, o déficits en la producción de serotonina, pueden favorecer la ingesta compulsiva que se produce en el TA.

2.    Psicológicas:

Con relación a las causas psicológicas, el estrés ha sido el factor desencadenante identificado en mayor número de ocasiones, aunque también han sido frecuentemente asociados a la sobreingesta los estados emocionales negativos, la baja autoestima, las dificultades para gestionar y expresar emociones y la soledad. 

Asimismo, problemas con el control de impulsos se han identificado en pacientes con TA.

Finalmente, la insatisfacción corporal fruto de la presión social por estar delgado activa la necesidad de seguir dietas siendo éstas uno de los factores más identificados con el inicio del trastorno por atracón. A este respecto, el modelo de “restricción alimentaria” ha sido el más desarrollado para explicar el TA.

Modelo de la restricción alimentaria en la dieta (Herman y Mack, 1975)


Modelo espiral (Heathertony Polivy, 1992)


Modelo cognitivo conductual(Fairburn, Marcus y Wilson, 1993)


Referencia bibliográfica

Vallejo, M., & Comeche, M. (2012). Lecciones de terapia de conducta. España: Dykinson S.L.

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