martes, 22 de septiembre de 2026

SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cómo trabajo el sobrecontrol en terapia

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque

¿Cómo trabajo el sobrecontrol en terapia? Apertura, flexibilidad y conexión con los demás

Cuando trabajo con una persona que presenta un elevado sobrecontrol, no parto de la idea de que hay algo «mal» en ella que necesitemos corregir.

Muchas personas con este estilo de funcionamiento poseen cualidades que les han resultado enormemente valiosas a lo largo de su vida. Pueden ser responsables, perseverantes, detallistas, comprometidas, prudentes y capaces de realizar grandes esfuerzos para alcanzar sus objetivos.

Precisamente por eso, el trabajo psicológico no consiste en eliminar estas características.

Desde los principios de la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT), me interesa comprender qué aspectos de esa forma de funcionar continúan ayudando a la persona y cuáles se han vuelto tan rígidos que empiezan a limitar su bienestar, su capacidad para adaptarse o sus relaciones.

No se trata de aprender a controlarse todavía más.

En muchas ocasiones, se trata precisamente de aprender que no siempre es necesario esforzarse más, hacerlo mejor o mantener todo bajo control.

¿Qué buscamos cuando trabajamos el sobrecontrol?

La RO-DBT parte de una concepción del bienestar psicológico en la que adquieren especial importancia tres capacidades.

  1. Estar abiertos a nuevas experiencias y a lo que podemos aprender

La primera es la receptividad y apertura.

Esto implica poder acercarnos a experiencias nuevas y también estar dispuestos a recibir información que inicialmente puede resultarnos incómoda, inesperada o contraria a nuestra manera habitual de interpretar las cosas.

No significa aceptar automáticamente cualquier opinión de los demás.

Significa desarrollar la capacidad de preguntarnos:

¿Hay algo aquí que quizá no estoy viendo? ¿Puedo aprender algo de esta experiencia?

Para alguien acostumbrado a detectar errores, anticiparse a los problemas y hacer las cosas correctamente, permitirse no tener inmediatamente todas las respuestas puede resultar especialmente difícil.

Y precisamente ahí puede comenzar una parte importante del cambio.

  1. Poder flexibilizar el control

La segunda capacidad es el control flexible.

Una persona con sobrecontrol puede disponer de una extraordinaria capacidad para planificar, perseverar, organizarse y retrasar recompensas.

El objetivo de la terapia no es eliminar esas capacidades.

Se trata de conseguir que el control pueda adaptarse a las circunstancias, en lugar de que las circunstancias tengan que adaptarse siempre al control.

Hay momentos para planificar y momentos para improvisar. Momentos para perseverar y otros para detenerse. Momentos para asumir una responsabilidad y otros para pedir ayuda.

La flexibilidad permite distinguir unos de otros.

  1. Poder establecer relaciones emocionalmente cercanas

La tercera área está relacionada con la intimidad y la conexión social.

Desde RO-DBT se concede una importancia especial a nuestra capacidad humana para establecer vínculos duraderos, cooperar y formar parte de grupos.

Esto resulta especialmente relevante porque algunas de las principales dificultades asociadas al sobrecontrol aparecen precisamente en el terreno interpersonal.

La escasa apertura y una inhibición generalizada de la expresión emocional pueden dificultar que otras personas sepan qué estamos sintiendo.

Podemos estar rodeados de gente y, sin embargo, experimentar soledad emocional.

Y esta distinción es fundamental.

No hablamos necesariamente de falta de contacto social. Podemos trabajar con otras personas, tener familiares, conocidos e incluso amistades y, aun así, sentir que nadie termina de conocernos verdaderamente.

El problema no siempre es estar solo.

Puede ser no sentirse conectado.

Disfrutar de la soledad no significa tener un problema psicológico

Quiero detenerme especialmente en este punto porque considero importante no patologizar determinadas formas de ser.

No todas las personas necesitan el mismo grado de interacción social.

Hay personas introvertidas, reservadas o especialmente orientadas hacia determinados intereses que disfrutan enormemente de la soledad.

Una persona puede pasar muchas horas estudiando, investigando, escribiendo, creando, leyendo o trabajando en un proyecto porque esa actividad le resulta profundamente satisfactoria.

Puede preferir pocos vínculos pero muy significativos. Puede necesitar mucho tiempo a solas para encontrarse bien.

Nada de esto constituye por sí mismo un problema psicológico.

La cuestión no es cuántas horas pasa una persona sola, sino qué función tiene esa soledad y cómo la vive.

No es lo mismo:

«Me encanta estar solo trabajando en aquello que me apasiona y, cuando quiero relacionarme, puedo hacerlo»

que:

«Querría sentirme próximo a otras personas, pero no sé cómo acercarme, mostrar lo que siento o permitir que me conozcan».

Tampoco es igual elegir la soledad porque proporciona bienestar que utilizarla de manera rígida para evitar la incertidumbre, la vulnerabilidad o el riesgo que implica relacionarnos.

Por eso, en terapia no considero que una persona tenga que convertirse en alguien más sociable, extrovertido o expresivo simplemente porque prefiera la tranquilidad o disfrute de actividades solitarias.

Lo relevante es valorar si su manera de vivir coincide con lo que desea o si el exceso de control está impidiéndole llevar la vida y mantener las relaciones que realmente querría tener.

No siempre necesitas esforzarte más

Muchas personas con un estilo sobrecontrolado han pasado gran parte de su vida aprendiendo precisamente a hacer aquello que socialmente suele recomendarse:

controlarse, perseverar, responsabilizarse, tolerar dificultades, cumplir sus obligaciones y posponer recompensas para alcanzar objetivos importantes.

Decirles simplemente que tienen que esforzarse más, controlar mejor sus emociones o soportar todavía más el malestar puede significar insistir precisamente en estrategias que ya utilizan en exceso.

Desde la perspectiva de RO-DBT, puede ser necesario trabajar en otra dirección.

Aprender a buscar también experiencias agradables, relajar determinadas formas de control, mostrarse más abierto y favorecer la conexión con los demás cuando esa conexión es importante para la persona.

No significa abandonar objetivos, responsabilidades o valores.

Significa ampliar el repertorio.

Mi papel como psicóloga no es «corregirte»

Hay una metáfora de la RO-DBT que me parece especialmente interesante para comprender la relación terapéutica: la figura del terapeuta como una especie de «embajador tribal».

Un buen embajador no llega a otro lugar esperando que sus habitantes piensen, sientan o se comporten exactamente como él.

Primero intenta comprender su idioma, sus costumbres y su manera de interpretar el mundo.

Esta idea se aproxima mucho a cómo entiendo el trabajo psicológico.

No parto de que mi manera de interpretar una situación tenga necesariamente que ser la correcta. Intento comprender cómo has aprendido tú a desenvolverte en el mundo, qué sentido tiene tu comportamiento y qué función ha cumplido el control en tu historia.

Eso requiere curiosidad, humildad y colaboración.

La relación terapéutica no debería convertirse en otro lugar en el que tengas que hacerlo todo perfectamente.

Amabilidad, cooperación y también honestidad

Esta postura terapéutica prioriza la amabilidad, la cooperación y cierta capacidad para introducir espontaneidad y juego, en lugar de establecer una relación basada fundamentalmente en corregir, restringir o señalar constantemente aquello que debe mejorarse.

También implica tolerar que no siempre tengamos que comprender o solucionar inmediatamente lo que está ocurriendo.

Hay momentos en los que puede ser necesario detenerse y permitir que algo permanezca temporalmente sin resolver.

Pero una relación terapéutica amable no significa evitar cualquier conversación difícil.

En ocasiones, ayudar también implica poder señalar con respeto algo que puede resultar doloroso escuchar cuando considero que puede ser relevante para los objetivos que la propia persona quiere alcanzar.

La diferencia está en no presentar mi interpretación como una verdad incuestionable, sino como algo que podemos explorar y contrastar juntos.

No quiero convertirte en una persona diferente

Trabajar el sobrecontrol no significa transformar a una persona reservada en extrovertida, a alguien responsable en despreocupado o a alguien meticuloso en desorganizado.

Tampoco significa renunciar a la disciplina, a los proyectos personales o al placer de pasar tiempo a solas.

El objetivo es que esas características puedan seguir siendo fortalezas sin convertirse en una prisión.

Que puedas planificar, pero también modificar el plan.

Que puedas esforzarte, pero también descansar.

Que puedas resolver problemas, pero también pedir ayuda.

Que puedas disfrutar de estar solo y, al mismo tiempo, acercarte a los demás cuando deseas hacerlo.

Y que el control sea una capacidad que utilizas cuando la necesitas, no una obligación de la que no puedes salir.

Psicóloga online y en Vecindario

Si te reconoces en un funcionamiento marcado por el perfeccionismo, la rigidez, una elevada necesidad de control, dificultad para mostrar tus emociones o una sensación de desconexión respecto a los demás, podemos explorar qué función cumplen estos patrones en tu vida.

Trabajo como Psicóloga General Sanitaria desde un enfoque integrativo, incorporando las herramientas y principios terapéuticos que resulten adecuados a las características y necesidades de cada persona.

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SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cuestionario clínico de exploración del sobrecontrol

 

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Cuestionario orientativo: ¿presentas características de sobrecontrol?

Algunas personas tienen una gran capacidad para controlar sus emociones, planificar, cumplir con sus responsabilidades y evitar actuar impulsivamente. Estas características pueden ser muy útiles. Sin embargo, cuando el control se vuelve excesivamente rígido puede empezar a afectar al bienestar emocional, la flexibilidad y las relaciones con los demás.

Este cuestionario permite explorar algunas características relacionadas con las cuatro áreas centrales del sobrecontrol desadaptativo descritas en el modelo de Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT).

Importante: este cuestionario es únicamente orientativo y psicoeducativo. No constituye una prueba psicológica validada, no permite establecer un diagnóstico y no sustituye una evaluación realizada por un profesional de la psicología.

¿Cómo responder?

Piensa en tu forma habitual de funcionar, especialmente durante los últimos meses, y selecciona la respuesta que mejor te represente:

0 = Nada / nunca
1 = Poco / rara vez
2 = Bastante / a menudo
3 = Mucho / casi siempre

1. Receptividad y apertura

Esta área explora cómo respondes ante opiniones diferentes, situaciones inesperadas, incertidumbre o posibles críticas.

1. Me cuesta considerar seriamente opiniones o comentarios que contradicen mi forma de ver una situación.

2. Los cambios inesperados o las situaciones que no puedo prever me generan un malestar importante.

3. Evito asumir riesgos si no he podido planificar previamente lo que puede ocurrir.

4. Suelo estar pendiente de posibles problemas, errores o amenazas incluso cuando otras personas no parecen preocupadas.

5. Cuando recibo una crítica, mi primera reacción suele ser rechazarla, justificarme o pensar que la otra persona no ha entendido bien.

6. Me resulta difícil admitir que mi interpretación de una situación podría ser incompleta o equivocada.

2. Flexibilidad del control

Estas preguntas exploran hasta qué punto puedes flexibilizar tus normas, planes y exigencias cuando las circunstancias cambian.

7. Necesito bastante estructura, orden o planificación para sentirme tranquilo/a.

8. Me cuesta dejar una tarea simplemente “suficientemente bien” si creo que podría hacerla mejor.

9. Siento una fuerte obligación de cumplir con lo que debo hacer, incluso cuando estoy agotado/a o necesitaría descansar.

10. Ensayo mentalmente conversaciones, situaciones o tareas antes de realizarlas.

11. Planifico con mucha antelación y me cuesta improvisar cuando las circunstancias cambian.

12. Cuando he decidido una manera de hacer algo, me cuesta cambiar de estrategia aunque no esté funcionando como esperaba.

13. Las reglas y los procedimientos me dan seguridad y me resulta difícil apartarme de ellos.

14. Con frecuencia siento que existe una manera correcta de hacer las cosas y que otras formas son claramente peores o incorrectas.

3. Expresión y conciencia emocional

Este apartado explora cómo identificas, experimentas y muestras tus emociones a otras personas.

15. Suelo controlar lo que muestro emocionalmente, incluso con personas cercanas.

16. Cuando alguien me halaga o me muestra afecto, puedo parecer poco expresivo/a aunque internamente me agrade.

17. A veces sonrío, aparento tranquilidad o digo que estoy bien cuando en realidad estoy sufriendo.

18. Me cuesta identificar con claridad qué emoción estoy sintiendo en determinados momentos.

19. Tiendo a restar importancia a mi malestar cuando otras personas me preguntan cómo estoy.

20. Me cuesta reconocer las señales corporales asociadas a mis emociones, como tensión, aceleración, opresión o cansancio.

21. Las personas de mi entorno pueden no darse cuenta de que estoy pasándolo mal hasta que el malestar es muy intenso.

4. Conexión social e intimidad

Este último apartado explora la cercanía emocional, la vulnerabilidad y la conexión con otras personas.

22. Aunque tenga personas a mi alrededor, con frecuencia me siento emocionalmente distante de ellas.

23. A menudo siento que soy diferente de los demás o que no termino de encajar.

24. Me comparo frecuentemente con otras personas.

25. Me cuesta mostrar vulnerabilidad o pedir ayuda cuando la necesito.

26. Me resulta difícil permitir que otras personas conozcan aspectos íntimos de lo que siento o necesito.

27. En algunas relaciones experimento envidia, resentimiento o amargura que me cuesta expresar o elaborar.

28. Me cuesta conectar con lo que otra persona siente cuando su reacción me parece poco lógica, exagerada o diferente de la mía.

¿Qué hacer después de responder?

Este cuestionario no debe interpretarse sumando los puntos para obtener un diagnóstico. No existe en este cuestionario una puntuación a partir de la cual pueda afirmarse que una persona presenta sobrecontrol desadaptativo.

Lo más útil es observar si has respondido “bastante” o “mucho” de forma repetida dentro de alguna de las cuatro áreas y, especialmente, preguntarte si esas características están interfiriendo actualmente en tu bienestar, tus relaciones o tu capacidad para adaptarte a las circunstancias.

Ser responsable, prudente, organizado, perfeccionista o tener una elevada capacidad de autocontrol no constituye por sí mismo un problema psicológico. La dificultad aparece cuando estos patrones se vuelven excesivamente rígidos y empiezan a generar sufrimiento.

¿Te has reconocido en estas preguntas?

Si al responder has identificado una elevada necesidad de control, dificultad para flexibilizar tus planes, tendencia a ocultar lo que sientes o problemas para establecer relaciones emocionalmente cercanas, una valoración psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

Como Psicóloga General Sanitaria, trabajo desde un enfoque integrativo, adaptando la intervención a la historia, necesidades y características de cada persona.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Sobrecontrol desadaptativo: 4 características principales

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque

Los cuatro déficits centrales del sobrecontrol desadaptativo: ¿cómo se manifiestan?

Una persona puede tener una enorme capacidad de autocontrol y, sin embargo, encontrar dificultades para flexibilizar ese control cuando la situación lo requiere.

Esto es especialmente importante para comprender el sobrecontrol desadaptativo. No hablamos simplemente de ser responsable, organizado, prudente o exigente con uno mismo. Muchas de estas características pueden constituir auténticas fortalezas.

El problema aparece cuando ese estilo se vuelve tan rígido que comienza a dificultar la adaptación a situaciones nuevas, la expresión de las emociones o la posibilidad de establecer relaciones cercanas con otras personas.

Desde la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT) se describen cuatro déficits centrales asociados al sobrecontrol desadaptativo: baja receptividad y apertura, bajo control flexible, expresión emocional inhibida y baja conciencia emocional, y dificultades en la conexión social y la intimidad.

Comprenderlos puede ayudarnos a identificar cuándo una elevada capacidad de autocontrol ha dejado de ser solamente una fortaleza y está empezando a generar sufrimiento.

  1. Baja receptividad y apertura

El primer déficit está relacionado con la dificultad para permanecer abierto ante aquello que resulta nuevo, inesperado, incierto o diferente de lo previsto.

Cuando existe sobrecontrol desadaptativo, la persona puede sentirse mucho más segura cuando sabe qué ocurrirá, dispone de información suficiente y puede anticipar las posibles consecuencias de sus decisiones.

Por el contrario, aquello que rompe las expectativas puede generar una importante sensación de amenaza o inseguridad.

Esta baja receptividad puede manifestarse mediante:

  • poca apertura ante comentarios o información novedosa, inesperada o diferente;
  • evitación de la incertidumbre;
  • dificultad para asumir riesgos que no hayan sido previamente planificados;
  • suspicacia;
  • hipervigilancia ante posibles amenazas;
  • tendencia marcada a desestimar o descartar los comentarios críticos.

Esto último resulta especialmente importante.

Cuando recibir una crítica, una corrección o una perspectiva diferente se experimenta como amenazante, puede resultar difícil preguntarse: «¿Existe algo de esta información que podría serme útil?»

La apertura no implica aceptar automáticamente lo que otros dicen. Implica poder considerar información nueva sin tener que rechazarla inmediatamente para recuperar la sensación de seguridad.

  1. Bajo control flexible: mucho control, pero poca flexibilidad

El nombre puede resultar inicialmente contradictorio.

¿Cómo puede una persona caracterizada por un exceso de autocontrol presentar un bajo control flexible?

Precisamente porque el problema no reside en la ausencia de control. Existe mucho control, pero puede resultar difícil modificarlo, relajarlo o adaptarlo cuando las circunstancias cambian.

Puede manifestarse mediante una necesidad intensa de estructura y orden, acompañada de perfeccionismo.

También puede aparecer un fuerte sentido de la obligación social y del deber: hacer lo que corresponde, cumplir, responsabilizarse y comportarse de acuerdo con determinadas normas puede adquirir un enorme peso.

Otros rasgos pueden ser:

  • preparación o ensayo excesivos;
  • elevada premeditación;
  • necesidad de planificar;
  • dificultad para abandonar una estrategia una vez iniciada;
  • afrontamiento rígido;
  • comportamiento fuertemente gobernado por reglas;
  • elevada certeza moral.

Esta última puede expresarse mediante la convicción de que existe una única manera correcta de hacer las cosas.

La dificultad aparece especialmente cuando una regla que habitualmente funciona deja de hacerlo y, aun así, resulta muy complicado cambiar de estrategia.

La flexibilidad psicológica permite algo diferente: reconocer que una forma de actuar puede haber sido adecuada en determinadas circunstancias y dejar de serlo en otras.

  1. Expresión emocional inhibida y baja conciencia de las emociones

Otra de las áreas centrales del sobrecontrol desadaptativo afecta a la experiencia y expresión emocional.

La persona puede sentir emociones intensamente y, sin embargo, mostrar externamente muy poco de lo que está ocurriendo en su interior.

Puede producirse una inhibición emocional que no se corresponde con las necesidades de la situación. Por ejemplo, alguien recibe un elogio que le agrada, pero su rostro permanece prácticamente inexpresivo.

También puede suceder lo contrario: que la expresión externa no coincida con la experiencia emocional interna.

Una persona puede sonreír mientras experimenta malestar o mostrar preocupación porque considera que es lo apropiado en ese momento aunque realmente no esté sintiéndola.

Esto puede hacer especialmente difícil para los demás interpretar lo que está ocurriendo.

A esta inhibición pueden añadirse:

  • una tendencia constante a subestimar el propio nivel de malestar;
  • dificultades para reconocer determinadas emociones;
  • y una baja conciencia de las sensaciones corporales relacionadas con los estados emocionales.

La consecuencia puede ser significativa: si los demás no pueden percibir con facilidad que algo nos está ocurriendo, tendrán muchas menos oportunidades de responder a nuestras necesidades o proporcionarnos apoyo.

  1. Baja conexión social e intimidad con los demás

El cuarto déficit está relacionado con la conexión social y la intimidad emocional.

Una persona puede desenvolverse adecuadamente en situaciones sociales, trabajar, conversar y mantener relaciones y, al mismo tiempo, experimentar internamente una considerable distancia respecto a los demás.

El sobrecontrol desadaptativo puede manifestarse mediante:

  • relaciones emocionalmente lejanas o distantes;
  • sensación de ser diferente a otras personas;
  • comparaciones sociales frecuentes;
  • sentimientos intensos de envidia o amargura;
  • y dificultades relacionadas con la empatía.

La conexión social requiere algo más que encontrarnos físicamente acompañados.

Implica permitir que otras personas puedan conocernos, mostrar determinadas emociones, comunicar necesidades, tolerar cierta vulnerabilidad y responder de manera flexible a las señales sociales de los demás.

Cuando la expresión emocional está muy inhibida y existe una elevada vigilancia o rigidez, establecer esa cercanía puede resultar mucho más difícil.

Los cuatro déficits pueden relacionarse entre sí

Estas cuatro áreas no tienen por qué aparecer de manera aislada.

Una persona que necesita tener las situaciones muy planificadas puede experimentar mayor inseguridad ante algo inesperado. Si además tiende a ocultar su malestar, probablemente los demás tendrán dificultades para darse cuenta de que necesita apoyo.

Y si las relaciones empiezan a sentirse distantes, puede aumentar todavía más la tendencia a observar, protegerse, controlar y confiar principalmente en uno mismo.

De esta manera pueden aparecer círculos difíciles de romper:

necesito controlar para sentirme seguro → lo inesperado me genera mayor amenaza → incremento el control → muestro menos lo que siento → los demás tienen más dificultades para acercarse → me siento más distante → vuelvo a depender todavía más del control.

Comprender este funcionamiento resulta importante porque permite mirar más allá de una característica aislada como el perfeccionismo, la rigidez o la dificultad para expresar emociones.

¿Significa esto que tener alguna de estas características implica un problema psicológico?

No.

Una persona puede ser ordenada, responsable, prudente, poco expresiva o muy planificadora sin que exista un problema psicológico.

Tampoco es necesario identificarse con todas las características anteriores para experimentar dificultades relacionadas con el sobrecontrol.

Lo relevante es observar la intensidad, la rigidez y las consecuencias que estos patrones tienen en la vida de la persona.

Podemos preguntarnos, por ejemplo: ¿puedo modificar mis planes cuando las circunstancias cambian?, ¿puedo considerar una opinión diferente sin sentir que tengo que defender inmediatamente mi postura?, ¿las personas cercanas saben cuándo estoy sufriendo?, ¿puedo pedir ayuda?, ¿puedo mostrarme emocionalmente próximo a otras personas?

La cuestión no es cuánto control tenemos, sino si podemos utilizarlo de manera flexible.

Cuando el sobrecontrol empieza a generar sufrimiento

Algunas personas llegan a terapia precisamente porque las características que durante muchos años les permitieron desenvolverse eficazmente han comenzado a tener un coste.

Siguen cumpliendo. Siguen responsabilizándose. Siguen haciendo lo que consideran correcto.

Pero internamente pueden sentirse agotadas, excesivamente exigidas, incomprendidas o emocionalmente alejadas de los demás.

En ocasiones resulta difícil incluso reconocer que necesitan ayuda porque están acostumbradas a resolver, soportar y continuar adelante.

Trabajar estas dificultades no significa eliminar la responsabilidad, la capacidad de esfuerzo, la planificación o los valores personales.

El objetivo es poder desarrollar mayor apertura, flexibilidad emocional y capacidad de conexión, conservando aquellas características que continúan siendo valiosas.

Psicóloga online y en Vecindario: ayuda psicológica ante patrones de sobrecontrol

Si te reconoces en algunos de estos patrones y la rigidez, el perfeccionismo, la necesidad de control, la dificultad para expresar tus emociones o la distancia en tus relaciones están generándote sufrimiento, una valoración psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

No se trata de aplicar una etiqueta a tu forma de ser, sino de analizar qué patrones continúan ayudándote y cuáles están interfiriendo actualmente en tu bienestar y en tus relaciones.

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SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Qué es el sobrecontrol? Cuando el autocontrol es excesivo

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 ¿Qué es el sobrecontrol? Cuando tener demasiado autocontrol también puede generar sufrimiento

El autocontrol suele considerarse una cualidad positiva. Ser capaz de inhibir impulsos, conductas o deseos inmediatos y retrasar una recompensa para conseguir objetivos a largo plazo puede ayudarnos a estudiar, trabajar, ahorrar, mantener compromisos y perseverar ante las dificultades.

De hecho, el control inhibitorio es una capacidad muy valorada socialmente. Muchos problemas personales y sociales aparecen precisamente cuando existen dificultades importantes para controlar determinados impulsos.

Sin embargo, existe otra realidad de la que se habla mucho menos: un exceso de autocontrol también puede llegar a ser problemático.

Cuando controlar las emociones, las conductas y las propias necesidades se convierte en una forma rígida y habitual de afrontar la vida, podemos encontrarnos ante un patrón de sobrecontrol.

¿Qué significa tener un patrón de sobrecontrol?

El sobrecontrol no significa simplemente ser responsable, organizado o tener mucha fuerza de voluntad.

Estas características pueden ser enormemente útiles. La dificultad aparece cuando el control es tan intenso y rígido que comienza a limitar la capacidad de la persona para adaptarse, aprender de experiencias nuevas, expresar lo que siente o establecer relaciones emocionalmente cercanas.

El sobrecontrol se ha relacionado con características como:

  • aislamiento social;
  • dificultades en las relaciones interpersonales;
  • hiperperfeccionismo;
  • rigidez;
  • aversión al riesgo;
  • escasa expresión emocional.

También se ha estudiado su presencia en problemas de salud mental graves y difíciles de tratar, entre ellos la depresión crónica, la anorexia nerviosa y el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo.

Esto no significa que una persona con sobrecontrol tenga necesariamente alguno de estos trastornos. Tampoco que ser perfeccionista, reservado o responsable constituya por sí mismo un problema psicológico.

Lo importante es comprender hasta qué punto ese estilo de funcionamiento se ha vuelto rígido y está interfiriendo en la vida de la persona.

¿Por qué algunas personas desarrollan un estilo sobrecontrolado?

Desde el modelo de la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT), el sobrecontrol desadaptativo se entiende como un estilo de personalidad que puede desarrollarse mediante la interacción entre determinadas predisposiciones temperamentales y las experiencias familiares, ambientales y culturales.

Es decir, intervienen tanto aspectos relacionados con la naturaleza o temperamento de la persona como con su crianza y experiencias ambientales.

De esa interacción puede desarrollarse una forma de afrontar la vida caracterizada por un control inhibitorio elevado y unas relaciones interpersonales más distantes.

Cuando este patrón se vuelve excesivamente rígido, puede limitar tres aspectos especialmente importantes:

el aprendizaje de nuevas formas de responder, la flexibilidad ante las circunstancias y el desarrollo de vínculos sociales estrechos.

El temperamento y el desarrollo del sobrecontrol

Dentro de este modelo se consideran especialmente relevantes cuatro dimensiones temperamentales que pueden observarse desde la infancia:

  1. Sensibilidad a las amenazas

Hace referencia a la afectividad negativa y a la facilidad con la que determinadas situaciones pueden percibirse como amenazantes.

  1. Sensibilidad a la recompensa

Está relacionada con la afectividad positiva y con la respuesta ante experiencias potencialmente gratificantes.

  1. Capacidad de autocontrol

El denominado control del esfuerzo permite inhibir determinadas respuestas y dirigir el comportamiento hacia un objetivo.

  1. Procesamiento centrado en los detalles

Algunas personas presentan una mayor tendencia a procesar los elementos específicos y los detalles frente a una percepción más global de la situación.

¿Cómo puede manifestarse el sobrecontrol desde la infancia?

Los niños con mayor riesgo de desarrollar un estilo de afrontamiento sobrecontrolado y aislamiento social suelen presentar una combinación de:

alta sensibilidad a las amenazas, baja sensibilidad a la recompensa, elevado control del esfuerzo y un procesamiento muy centrado en los detalles.

Pueden mostrarse conductualmente inhibidos, tímidos y poco inclinados a asumir riesgos. También pueden restringir considerablemente la expresión de sus emociones, prestar una atención muy elevada a los detalles y mantener un comportamiento distante o socialmente retraído.

Esto no determina inevitablemente cómo será esa persona en la edad adulta. Se trata de factores que, en interacción con las experiencias familiares, sociales, ambientales y culturales, pueden contribuir al desarrollo de determinados estilos de afrontamiento.

Sobrecontrol y bajo control no son lo mismo

La RO-DBT también diferencia este patrón de otro caracterizado por una mayor desregulación emocional y descontrol conductual.

En los niños con riesgo de desarrollar un afrontamiento de bajo control suele encontrarse una combinación diferente: alta sensibilidad a las amenazas, menor control del esfuerzo y elevada sensibilidad a la recompensa.

Esta distinción es importante porque no todas las dificultades emocionales se producen de la misma manera.

Hay personas cuyo problema principal puede estar relacionado con dificultades para inhibir determinadas respuestas. En otras ocurre prácticamente lo contrario: han aprendido a inhibirse tanto que la propia capacidad de control termina convirtiéndose en parte de la dificultad.

El sobrecontrol también tiene importantes fortalezas

Tener un estilo sobrecontrolado no es necesariamente negativo.

Muchas de las características asociadas al sobrecontrol son capacidades extraordinariamente útiles en determinadas circunstancias.

Una persona con una gran capacidad para retrasar la gratificación puede ahorrar y planificar pensando en el futuro. Quien siente una fuerte necesidad de hacer las cosas correctamente puede esforzarse por obtener un buen rendimiento y superar las expectativas.

El sentido del deber, la obligación y el sacrificio puede favorecer que una persona atienda las necesidades de los demás. La valoración de las normas, la justicia y la equidad puede ayudarla a resistir determinadas presiones sociales.

Del mismo modo, un procesamiento muy centrado en los detalles puede proporcionar precisión y una gran capacidad para reconocer patrones, detectar dificultades y resolver problemas.

Por eso muchas personas con este estilo son quienes planifican, organizan, ahorran, prevén los problemas y encuentran soluciones.

Son quienes ayudan a recoger después de una fiesta. Quienes ahorran pensando en su jubilación para intentar no convertirse en una carga para otras personas. Quienes permanecen trabajando hasta tarde y vuelven a levantarse temprano porque quieren asegurarse de que todo funcione correctamente.

Valoran la honestidad, la equidad, la moderación y hacer lo que consideran correcto.

En cierto sentido, son las personas que consiguen que los trenes funcionen a tiempo.

Entonces, ¿cuándo se convierte el sobrecontrol en un problema?

Precisamente aquí aparece una de sus grandes paradojas.

Para una persona con sobrecontrol, su mayor fortaleza puede convertirse también en su mayor debilidad.

La capacidad para inhibirse, esforzarse, controlar sus necesidades y continuar adelante puede resultar extraordinariamente eficaz en determinados contextos.

Puede ser muy útil para estudiar durante horas, planificar una tarea compleja, ahorrar, trabajar con precisión o incluso realizar actividades que requieren una enorme disciplina y concentración.

Pero esas mismas estrategias pueden generar dificultades cuando lo que la situación requiere es flexibilidad y conexión con otras personas.

El problema no está, por tanto, simplemente en tener mucho autocontrol. Aparece cuando ese control se utiliza de manera tan automática y rígida que resulta difícil abandonarlo incluso cuando hacerlo sería más adaptativo.

Cuando controlar demasiado hace todavía más difícil dejar de controlar

Existe otra paradoja.

Mantener continuamente un nivel elevado de autocontrol requiere recursos psicológicos. Cuando el sobrecontrol se vuelve habitual, puede consumir precisamente los recursos que la persona necesitaría para interrumpir ese patrón y responder de otra manera.

Se crea así una especie de trampa: la persona utiliza todavía más control para intentar manejar un funcionamiento que ya se caracteriza por un exceso de control.

Y pueden quedar fuera respuestas alternativas mucho más sencillas.

Por ejemplo, parar, descansar, echarse una siesta o pedir ayuda.

La persona puede saber cuidar, solucionar, organizar o hacerse responsable de los demás y, sin embargo, encontrar enormes dificultades para reconocer que esta vez es ella quien necesita apoyo.

Sentirse prisionero del propio autocontrol

Desde fuera, una persona con sobrecontrol puede transmitir una imagen de fortaleza, serenidad, responsabilidad o autosuficiencia.

Su experiencia interna puede ser muy diferente.

Puede llegar a sentirse prisionera de su propia necesidad de control.

Además, su tendencia natural a inhibir o controlar las expresiones emocionales puede hacer que resulte difícil para los demás darse cuenta de que está sufriendo.

Si las personas de su entorno no perciben su malestar, también será más difícil que puedan acercarse y ofrecerle ayuda.

Esto puede contribuir precisamente a uno de los problemas centrales asociados al sobrecontrol: la desconexión social.

“Estoy bien”: cuando el sufrimiento pasa desapercibido

El sobrecontrol desadaptativo puede ser especialmente difícil de identificar porque generalmente no se expresa de una manera llamativa.

Una persona puede cumplir con sus responsabilidades, mantener sus rutinas, continuar trabajando y aparentar que todo está bajo control mientras experimenta un importante sufrimiento interno.

Incluso cuando alguien le pregunta directamente cómo se encuentra, puede tender a minimizar su malestar.

Esta forma discreta de expresar el sufrimiento puede hacer que el problema pase inadvertido para familiares, amigos e incluso dificultar inicialmente su identificación en terapia.

No necesariamente porque la persona no esté sufriendo, sino porque ha aprendido a no mostrar fácilmente que está sufriendo.

Observar la vida sin llegar a participar plenamente en ella

Una de las experiencias que puede acompañar al sobrecontrol es una sensación persistente de distancia respecto a los demás.

La persona observa, analiza, controla, anticipa y procura comportarse correctamente, pero puede encontrar muchas más dificultades para permitirse la espontaneidad, mostrar vulnerabilidad o participar emocionalmente en sus relaciones.

Puede terminar experimentando una sensación parecida a la de ser “un extraño en una tierra extraña”: siempre observando, pero rara vez participando.

Y aquí encontramos una diferencia fundamental entre aquello que constituye una fortaleza y aquello que empieza a producir sufrimiento.

El objetivo no es eliminar cualidades como la responsabilidad, la perseverancia, la capacidad de planificación o el autocontrol. Se trata de poder reconocer cuándo esas capacidades ayudan y cuándo su utilización excesivamente rígida empieza a limitar la flexibilidad, el bienestar y la conexión con otras personas.

¿Te reconoces en algunas características del sobrecontrol?

Ser muy responsable, perfeccionista, reservado o disciplinado no significa necesariamente que exista un problema psicológico.

Sin embargo, puede ser conveniente explorar lo que está ocurriendo cuando mantener constantemente el control empieza a resultar agotador; cuando pedir ayuda resulta especialmente difícil; cuando apenas se muestran las emociones aunque internamente exista un gran sufrimiento; o cuando las relaciones se viven desde una posición de distancia, observación o desconexión.

Una valoración psicológica permite comprender qué función está cumpliendo el control en tu vida, qué aspectos continúan siendo útiles y cuáles pueden haberse convertido en patrones demasiado rígidos.

Psicóloga online y en Vecindario

Como Psicóloga General Sanitaria, trabajo desde un enfoque integrativo, adaptando la intervención psicológica a las características y necesidades de cada persona.

Si el exceso de control, la rigidez, el perfeccionismo o las dificultades para expresar lo que sientes están afectando a tu bienestar o a tus relaciones, podemos valorar conjuntamente qué está ocurriendo y qué forma de intervención puede resultar adecuada en tu caso.

Atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es



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