viernes, 16 de octubre de 2026

TRASTORNO DISFÓRICO PREMENSTRUAL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cambios hormonales y emocionales durante la menstruación

 

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Psicóloga especializada en Trastorno disfórico premenstrual


Cambios hormonales y emocionales durante la menstruación: ¿qué es normal y cuándo hablamos de trastorno disfórico premenstrual

Por María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria

A lo largo de mi experiencia como psicóloga, considero fundamental explicar que el ciclo menstrual no es únicamente un proceso reproductivo. Durante sus distintas fases se producen fluctuaciones hormonales que pueden influir en el bienestar físico, el sueño, la energía, la sensibilidad emocional y la forma en que algunas mujeres experimentan el estrés.

Muchas mujeres reconocen que, en determinados momentos del mes, se encuentran más sensibles, irritables, cansadas o emocionalmente vulnerables. Otras experimentan cambios apenas perceptibles y algunas presentan síntomas que llegan a interferir significativamente en su vida cotidiana.

Pero ¿hasta qué punto estos cambios son normales? ¿Cuándo hablamos de síndrome premenstrual? ¿Y cuándo podemos encontrarnos ante un trastorno disfórico premenstrual?

Desde la psicología sanitaria, considero especialmente importante diferenciar estas situaciones para evitar dos errores: patologizar las fluctuaciones emocionales habituales y, por el contrario, minimizar un sufrimiento psicológico que necesita atención profesional.

¿Qué ocurre hormonalmente durante el ciclo

 menstrual?

El ciclo menstrual está regulado por la interacción entre el hipotálamo, la hipófisis y los ovarios, mediante el denominado eje hipotálamo-hipófisis-ovario.

Las principales hormonas implicadas son:

  • Hormona foliculoestimulante (FSH): interviene en la maduración de los folículos ováricos.
  • Hormona luteinizante (LH): su aumento brusco desencadena la ovulación.
  • Estrógenos, especialmente estradiol: participan en la regulación reproductiva y tienen efectos sobre diversos sistemas del organismo, incluido el sistema nervioso.
  • Progesterona: aumenta después de la ovulación y participa en la preparación del endometrio para un posible embarazo.

Aunque tradicionalmente se utiliza un ciclo de 28 días como referencia, los ciclos menstruales adultos pueden variar aproximadamente entre 24 y 38 días.

La ovulación no ocurre necesariamente el día 14. Habitualmente tiene lugar alrededor de 12 a 16 días antes de la siguiente menstruación.

Primera fase: la menstruación

El primer día de sangrado menstrual marca el inicio de un nuevo ciclo.

Cuando no se produce un embarazo, disminuyen los niveles de progesterona y estradiol. Esta reducción hormonal favorece el desprendimiento del endometrio, que se elimina mediante el sangrado menstrual.

Durante estos días pueden aparecer:

  • Dolor abdominal y contracciones uterinas.
  • Molestias lumbares.
  • Cansancio o sensación de menor energía.
  • Cefaleas.
  • Cambios intestinales, como diarrea o náuseas.
  • Alteraciones del sueño.
  • Mayor sensibilidad física o emocional en algunas mujeres.

Las prostaglandinas desempeñan un papel importante en las contracciones uterinas y en parte de las molestias físicas.

¿Qué ocurre psicológicamente durante la menstruación?

No todas las mujeres experimentan los mismos cambios.

Algunas refieren mayor cansancio, sensibilidad emocional o necesidad de descanso. Otras experimentan una mejoría importante del estado de ánimo al desaparecer los síntomas premenstruales.

Quiero destacar que la menstruación no implica necesariamente tristeza, irritabilidad o inestabilidad emocional.

Tampoco debemos considerar normal un dolor incapacitante, un sangrado excesivo o un deterioro emocional intenso simplemente porque coincidan con la regla.

Segunda fase: la fase folicular

La fase folicular comienza el primer día del sangrado menstrual y termnia con la ovulación.

Es importante comprender que la menstruación y la fase folicular no son etapas consecutivas, sino que coinciden durante los primeros días del ciclo.

Al comienzo de esta fase, los niveles de estradiol y progesterona son relativamente bajos. Durante la menstruación pueden aparecer molestias ya señaladas, aunque no todas las mujeres experimentan los síntomas.

Mientras tanto, en los ovarios comienza la maduración de los folículos, estimulada por la hormona foliculoestimulante (FSH).

A medida que avanza la fase folicular, generalmente finaliza el sangrado menstrual y aumenta progresivamente la producción de estradiol.

El estradiol participa en numerosos procesos fisiológicos y ejerce efectos moduladores sobre sistemas de neurotransmisión implicados en el funcionamiento cerebral.

Algunas mujeres experimentan durante esta fase:

  • Mayor sensación de energía.
  • Mejor disposición para realizar actividades.
  • Cambios en el deseo sexual.
  • Mayor bienestar subjetivo.

Sin embargo, estos cambios no son universales. No podemos afirmar que todas las mujeres estén emocionalmente mejor durante la fase folicular ni que exista un patrón psicológico idéntico para todas.

El estado de ánimo depende de múltiples factores, entre ellos las fluctuaciones hormonales, el descanso, la salud física, las experiencias personales, el estrés y las circunstancias individuales.

Tercera fase: la ovulación

La ovulación consiste en la liberación de un óvulo maduro desde el ovario.

Se produce después de un aumento sostenido del estradiol que desencadena el pico de LH.

Entre los cambios físicos que pueden acompañarla encontramos:

  • Aumento del moco cervical, que suele hacerse más transparente y elástico.
  • Molestias pélvicas leves, en ocasiones localizadas en un lado.
  • Cambios en el deseo sexual.
  • Pequeños manchados intermenstruales en algunas mujeres.

Desde el punto de vista psicológico, algunas mujeres describen variaciones en la motivación, la sociabilidad o el bienestar emocional.

No obstante, la evidencia científica no permite establecer que todas experimenten un aumento de felicidad, confianza o deseo sexual durante la ovulación.

Las respuestas individuales dependen de numerosos factores biológicos, psicológicos y contextuales.

Cuarta fase: la fase lútea y su relación con el

 estado emocional

Esta fase comienza después de la ovulación y finaliza con el inicio de la siguiente menstruación.

Tras la liberación del óvulo, el cuerpo lúteo produce progesterona y también estradiol.

Si no se produce un embarazo, estas hormonas disminuyen al final del ciclo.

Esta etapa resulta especialmente importante para comprender el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual.

La progesterona y la alopregnanolona

Una parte de la progesterona se transforma en alopregnanolona, un neuroesteroide que interviene en la modulación de los receptores GABA-A.

El sistema GABA participa en la regulación de la excitabilidad neuronal y tiene un papel relevante en los procesos de ansiedad y respuesta al estrés.

En algunas mujeres, las fluctuaciones de progesterona y sus metabolitos pueden asociarse con cambios en la sensibilidad emocional.

Lo interesante es que el trastorno disfórico premenstrual no se explica necesariamente por una cantidad excesiva o insuficiente de hormonas.

Las investigaciones apuntan principalmente a una sensibilidad diferente del sistema nervioso central ante fluctuaciones hormonales normales.

Esto ayuda a comprender por qué dos mujeres con ciclos hormonales fisiológicos pueden experimentar respuestas emocionales muy diferentes.

¿Qué cambios emocionales pueden ser

 habituales antes de la menstruación?

Durante los días previos a la regla, algunas mujeres experimentan síntomas leves y transitorios, como:

  • Mayor sensibilidad emocional.
  • Irritabilidad ocasional.
  • Cansancio.
  • Cambios del apetito.
  • Sensación de hinchazón.
  • Molestias mamarias.
  • Alteraciones leves del sueño.
  • Menor tolerancia subjetiva al estrés.

Estos cambios no constituyen por sí mismos un trastorno psicológico.

Para diferenciarlos de un problema clínico, considero fundamental valorar su intensidad, duración, recurrencia y repercusión sobre la vida cotidiana.

Una mujer puede sentirse más sensible durante unos días y continuar desarrollando sus actividades habituales sin experimentar un deterioro significativo.

En cambio, cuando los síntomas provocan sufrimiento importante, conflictos intensos, incapacidad para realizar actividades o alteraciones graves del estado de ánimo, es necesario realizar una evaluación.

¿Qué es el síndrome premenstrual?

El síndrome premenstrual (SPM) comprende un conjunto de síntomas físicos, emocionales y conductuales que aparecen de manera recurrente antes de la menstruación y mejoran después de su inicio.

Entre sus manifestaciones pueden encontrarse:

  • Irritabilidad.
  • Tristeza o sensibilidad emocional.
  • Ansiedad.
  • Cansancio.
  • Dificultades de concentración.
  • Cambios del apetito.
  • Sensibilidad mamaria.
  • Hinchazón abdominal.
  • Cefaleas.
  • Alteraciones del sueño.

La intensidad es variable. En algunas mujeres produce molestias leves y en otras afecta de manera apreciable a su bienestar y funcionamiento.

Por tanto, el síndrome premenstrual no debe confundirse automáticamente con los pequeños cambios habituales del ciclo.

¿Qué es el trastorno disfórico premenstrual?

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) es una condición caracterizada por síntomas afectivos y conductuales intensos que aparecen de forma cíclica en relación con la fase premenstrual y provocan malestar clínicamente significativo o deterioro funcional.

Se considera una forma especialmente grave de sintomatología premenstrual y aparece recogido en el DSM-5-TR dentro de los trastornos depresivos.

Los síntomas suelen manifestarse durante la última semana antes de la menstruación, comenzar a mejorar pocos días después de iniciarse el sangrado y ser mínimos o desaparecer durante la semana posterior.

Entre las manifestaciones emocionales más características encontramos:

Labilidad afectiva intensa. Cambios bruscos del estado de ánimo, llanto frecuente o sensibilidad marcada al rechazo.

Irritabilidad y enfado. Reacciones emocionales intensas que pueden provocar conflictos importantes.

Estado de ánimo deprimido. Tristeza profunda, desesperanza o pensamientos de autodesvalorización.

Ansiedad y tensión. Sensación de estar al límite, nerviosismo o intensa inquietud emocional.

También pueden aparecer pérdida de interés, dificultades de concentración, fatiga, cambios del sueño y del apetito, sensación de desbordamiento y síntomas físicos.

En algunos casos pueden presentarse pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio, que siempre requieren una valoración clínica específica.

¿Cómo se diagnostica el trastorno disfórico

 premenstrual?

Según los criterios del DSM-5-TR, deben presentarse al menos cinco síntomas, incluyendo uno o más de los cuatro síntomas afectivos principales: labilidad emocional, irritabilidad, estado de ánimo deprimido o ansiedad intensa.

Además, deben cumplirse condiciones fundamentales:

  • Los síntomas aparecen en la mayoría de los ciclos menstruales.
  • Se concentran principalmente en la semana previa a la menstruación.
  • Mejoran después del inicio del sangrado.
  • Son mínimos o están ausentes durante la semana posterior.
  • Provocan malestar significativo o afectan al funcionamiento personal, social, académico o laboral.
  • No se explican únicamente por otro trastorno psicológico, una sustancia o una enfermedad médica.

Para confirmar el diagnóstico se recomienda realizar un registro diario de síntomas durante al menos dos ciclos menstruales.

Una herramienta específica es el Registro diario de síntomas y ciclo menstrual

No existe una prueba hormonal aislada que permita confirmar el TDPM.

¿Y si la mujer ya presenta depresión o

 ansiedad durante el resto del mes?

Esta es una de las cuestiones que considero más importantes desde la psicología clínica.

No toda mujer que experimenta un empeoramiento emocional antes de la menstruación presenta un trastorno disfórico premenstrual.

En ocasiones existe un problema psicológico previo cuyos síntomas aumentan durante la fase premenstrual.

A este fenómeno lo denominamos exacerbación premenstrual.

Por ejemplo, una mujer puede presentar ansiedad generalizada durante todo el mes, pero experimentar un aumento importante de las preocupaciones, la irritabilidad y las dificultades de sueño durante los días anteriores a la regla.

Otra mujer puede presentar síntomas depresivos persistentes que se intensifican antes de la menstruación.

En estas situaciones es fundamental evaluar el problema psicológico de base y determinar qué papel desempeñan las fluctuaciones hormonales.

El TDPM y la exacerbación premenstrual pueden coexistir, por lo que la evaluación debe ser individualizada.

¿Qué relación existe entre el trauma

 psicológico y el ciclo menstrual?

Las experiencias traumáticas pueden influir en la regulación emocional, la percepción de seguridad, la respuesta al estrés y las relaciones interpersonales.

Algunas mujeres con antecedentes traumáticos pueden experimentar cambios en la intensidad de sus síntomas a lo largo del ciclo menstrual.

Sin embargo, es importante evitar interpretaciones simplistas.

No podemos afirmar que el trauma sea necesariamente la causa del trastorno disfórico premenstrual, ni que todas las mujeres que han vivido experiencias adversas desarrollen problemas relacionados con la menstruación.

Lo que sí considero relevante es que, cuando existen antecedentes de trauma, depresión, ansiedad o dificultades emocionales persistentes, la evaluación psicológica debe contemplar tanto los factores biológicos como los psicológicos y relacionales.

Desde mi enfoque integrativo, considero esencial comprender a la persona en su conjunto y no reducir su sufrimiento a una única explicación hormonal.

¿Cómo puede ayudar la psicoterapia?

La intervención psicológica puede contribuir a identificar patrones emocionales, mejorar la regulación afectiva y desarrollar recursos para afrontar los períodos de mayor vulnerabilidad.

Entre los objetivos terapéuticos pueden encontrarse:

  • Identificar los síntomas y su relación con el ciclo menstrual.
  • Desarrollar estrategias de regulación emocional.
  • Trabajar pensamientos negativos y autocrítica.
  • Mejorar la gestión del estrés.
  • Fortalecer la autoestima.
  • Favorecer hábitos de sueño y alimentación más regulares.
  • Mejorar la comunicación emocional y las relaciones personales.
  • Abordar experiencias traumáticas cuando resulte clínicamente indicado.

La terapia cognitivo-conductual cuenta con evidencia para el tratamiento de síntomas premenstruales.

En determinados casos, el tratamiento puede requerir coordinación con ginecología, medicina de familia o psiquiatría.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son una de las opciones farmacológicas de primera línea para el TDPM. También pueden valorarse determinados tratamientos hormonales según las circunstancias individuales.

La elección terapéutica debe adaptarse a la gravedad de los síntomas, las preferencias de la paciente y su situación médica.

¿Cuándo conviene acudir a una psicóloga?

Recomiendo solicitar valoración profesional cuando los cambios emocionales relacionados con el ciclo menstrual:

  • Provocan sufrimiento psicológico significativo.
  • Afectan al trabajo, los estudios o las relaciones personales.
  • Generan tristeza intensa, desesperanza o ansiedad importante.
  • Se acompañan de irritabilidad difícil de manejar.
  • Producen aislamiento o pérdida de interés por actividades habituales.
  • Se repiten durante varios ciclos.
  • Se intensifican sobre una depresión o ansiedad preexistente.

Si aparecen pensamientos de suicidio o autolesión, es importante solicitar una valoración profesional sin esperar a que finalice el ciclo menstrual. Ante un peligro inmediato, se debe acudir a urgencias o llamar al 112.

Reflexión final: no todo malestar menstrual es

 un trastorno psicológico

Como psicóloga general sanitaria, considero importante transmitir que los cambios hormonales forman parte del funcionamiento fisiológico del organismo femenino, pero no todas las mujeres los experimentan de la misma manera.

Sentirse más sensible o cansada antes de la menstruación no significa necesariamente presentar un trastorno mental.

Sin embargo, tampoco debemos minimizar un sufrimiento emocional intenso atribuyéndolo simplemente a «las hormonas» o a «cosas de la regla».

Cuando una mujer experimenta cambios importantes del estado de ánimo, es necesario escuchar su experiencia, comprender su historia personal y valorar la relación entre los síntomas, el ciclo menstrual y su situación psicológica.

Mi objetivo en terapia es comprender qué está ocurriendo, identificar los factores que contribuyen al malestar y ofrecer una intervención adaptada a cada persona, sin etiquetas innecesarias ni explicaciones reduccionistas.

La salud menstrual y la salud mental están relacionadas, pero esa relación es compleja y merece una atención profesional rigurosa, respetuosa e individualizada.

María Jesús Suárez Duque

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jueves, 15 de octubre de 2026

TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cuando tu pareja se distancia emocionalmente: ¿crisis de pareja o pérdida del vínculo afectivo?

 


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Cuando tu pareja se distancia emocionalmente: ¿crisis de pareja o pérdida del vínculo afectivo?

Por María Jesús Suárez Duque, psicóloga general sanitaria. Atención psicológica en Vecindario, Gran Canaria, y online.

Cuando la convivencia continúa, pero la relación afectiva se debilita

No todas las parejas que viven juntas mantienen una relación emocionalmente cercana. En ocasiones, la convivencia continúa durante meses o años mientras desaparecen progresivamente las conversaciones personales, las muestras de cariño, los momentos compartidos y el interés por la vida emocional del otro.

Pueden seguir existiendo responsabilidades familiares, estabilidad económica, rutinas domésticas y una organización cotidiana aparentemente funcional. Sin embargo, una de las personas puede sentirse profundamente sola dentro de la relación.

Esta situación plantea una pregunta importante: ¿estamos ante una crisis temporal o ante una desconexión afectiva que se ha convertido en la forma habitual de relacionarse?

La psicología de las relaciones permite identificar patrones asociados al deterioro del vínculo, aunque no puede determinar con certeza si una persona sigue enamorada únicamente por sus comportamientos.

Lo verdaderamente importante es observar cómo se está construyendo —o dejando de construir— la relación.

El amor no se demuestra únicamente permaneciendo juntos

Compartir una vivienda, mantener una economía familiar o continuar con una convivencia estable no demuestra necesariamente que exista una relación afectiva satisfactoria.

El amor romántico es una experiencia compleja que puede incluir afecto, apego, intimidad, compromiso, deseo y preocupación por el bienestar de la otra persona.

Estos componentes no siempre evolucionan al mismo ritmo.

Una persona puede experimentar apego y compromiso, pero tener dificultades para expresar afecto. También puede mantener la convivencia por motivos familiares, económicos o personales, aunque su implicación romántica haya disminuido.

Por ello, más que preguntarse únicamente «¿mi pareja todavía me quiere?», puede resultar útil plantearse:

«¿Existe una disposición real por parte de ambos para cuidar, mantener y reconstruir nuestra relación?»

Esta pregunta permite pasar de las declaraciones de amor a la observación de las conductas cotidianas.

¿Es normal que una pareja pase meses sin comunicación ni muestras de cariño?

Las relaciones atraviesan etapas diferentes. El nacimiento de un hijo, una enfermedad, un duelo, el estrés laboral, los problemas económicos o una crisis personal pueden afectar temporalmente a la disponibilidad emocional.

Durante estos períodos, algunas personas necesitan más espacio, experimentan una disminución del deseo sexual o tienen dificultades para comunicarse.

Esto no significa necesariamente que hayan dejado de amar a su pareja.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre atravesar una etapa difícil y mantener durante meses o años una desconexión emocional persistente.

Cuando no existen conversaciones significativas, las propuestas de acercamiento son rechazadas sistemáticamente y una de las personas manifiesta reiteradamente su sufrimiento sin encontrar una respuesta constructiva, conviene evaluar la calidad del vínculo.

La duración del distanciamiento no demuestra por sí sola la ausencia de amor, pero su persistencia, intensidad y falta de reciprocidad pueden indicar un deterioro relacional significativo.

Cuando una persona busca acercamiento y la otra se aleja

Uno de los patrones estudiados en psicología de pareja es el denominado demanda-retirada.

Se produce cuando una persona intenta hablar de los problemas, solicita cambios o busca mayor cercanía, mientras la otra evita las conversaciones, se distancia o interrumpe los intentos de comunicación.

La primera puede insistir cada vez más porque se siente ignorada. La segunda puede retirarse todavía más, generando un círculo de frustración y desconexión.

Este patrón se ha relacionado con mayores niveles de insatisfacción y malestar en las relaciones.

No obstante, es importante comprender que la retirada puede responder a diferentes motivos: dificultades de regulación emocional, miedo al conflicto, agotamiento, resentimiento acumulado o disminución del interés por la relación.

No es posible conocer la motivación exacta sin una evaluación individualizada.

Lo que sí puede identificarse es el efecto que esta dinámica produce en ambos miembros.

Cuando todos los intentos de acercamiento terminan en rechazo

Imagina una relación en la que una persona propone salir a pasear, compartir una comida, conversar tranquilamente o recuperar algún momento de intimidad.

Su pareja responde habitualmente con evasivas, indiferencia, críticas o falta de disponibilidad.

Con el tiempo, quien intenta acercarse puede comenzar a sentirse rechazado, poco importante o insuficiente.

En ocasiones, deja de proponer actividades por miedo a experimentar una nueva decepción.

La relación puede entrar entonces en una dinámica de resignación emocional: una persona continúa esperando cambios mientras la otra mantiene su rutina sin participar de manera significativa en la recuperación del vínculo.

No se trata de que ambos deban compartir todas sus actividades ni de que tengan que mantener relaciones sexuales para demostrar amor.

La intimidad sexual nunca constituye una obligación. Lo relevante es si existe respeto, comunicación, consideración mutua y disposición a comprender las necesidades afectivas de cada persona.

Cuando estas dimensiones desaparecen de forma persistente, la convivencia puede convertirse en una experiencia de soledad emocional.

¿Por qué una persona puede mantener una relación sin implicarse afectivamente?

Las razones por las que alguien permanece en una relación son múltiples.

En algunas situaciones existe cariño, pero también dificultades para expresar emociones o resolver conflictos.

En otras, la convivencia puede mantenerse por la historia compartida, los hijos, la estabilidad económica, el miedo a la soledad, la dependencia, la costumbre o la incertidumbre ante una separación.

También puede ocurrir que una persona se encuentre satisfecha con determinados aspectos prácticos de la convivencia mientras la otra experimenta un importante vacío emocional.

Esto no permite concluir automáticamente que exista manipulación o aprovechamiento consciente.

Sin embargo, sí invita a reflexionar sobre una cuestión:

¿La relación se mantiene porque ambas personas desean compartir una vida afectiva o porque continuar juntas satisface otras necesidades, aunque una de ellas esté sufriendo?

Comprender esta diferencia puede ser fundamental para tomar decisiones.

Cuando la crítica y la indiferencia sustituyen al afecto

El distanciamiento emocional resulta especialmente doloroso cuando va acompañado de críticas constantes, descalificaciones o indiferencia hacia las necesidades expresadas.

Una persona puede comenzar a cuestionar su propio comportamiento, pensar que nunca hace las cosas suficientemente bien o asumir toda la responsabilidad del deterioro de la relación.

En estas circunstancias, conviene distinguir entre los desacuerdos habituales y los patrones persistentes de desvalorización.

No es lo mismo que una pareja exprese una queja concreta que recibir reproches constantes dirigidos a la propia identidad, capacidades o valía personal.

Cuando existen humillaciones, intimidación, aislamiento impuesto o conductas de control, puede ser necesario evaluar la presencia de maltrato psicológico.

El bienestar emocional de una persona no debería depender de renunciar sistemáticamente a sus necesidades para evitar conflictos.

La esperanza de recuperar la relación puede prolongar el sufrimiento

Cuando todavía existe amor, apego o una fuerte vinculación emocional, aceptar el deterioro de una relación puede resultar especialmente difícil.

La persona puede recordar cómo era su pareja anteriormente, los proyectos compartidos y los momentos en los que se sentía querida.

Esta historia afectiva puede alimentar la esperanza de que todo vuelva a ser como antes.

En ocasiones, pequeños gestos de acercamiento generan una sensación de recuperación.

Sin embargo, conviene distinguir entre un momento agradable y un cambio relacional estable.

Una reconciliación después de una discusión no implica necesariamente que se hayan resuelto las dificultades que mantienen el distanciamiento.

Los cambios sostenidos se reconocen por la coherencia entre las palabras, las decisiones y las conductas a lo largo del tiempo.

¿Cómo saber si todavía existe una posibilidad de recuperar la relación?

No existe una prueba sencilla que permita determinar si una relación puede recuperarse.

Sin embargo, pueden explorarse algunos indicadores importantes:

  • Ambos reconocen que existen dificultades.
  • Hay disposición a escuchar las necesidades emocionales del otro.
  • Se asumen responsabilidades sin atribuir toda la culpa a una sola persona.
  • Existe interés por comprender cómo se ha producido el distanciamiento.
  • Se realizan cambios concretos que se mantienen más allá de las reconciliaciones puntuales.
  • Ambas personas pueden expresar libremente si desean continuar o no.

No es imprescindible que los dos miembros tengan inicialmente la misma motivación, pero sí resulta necesario valorar si existe una disposición suficiente para trabajar conjuntamente.

Cuando uno de ellos manifiesta reiteradamente que no desea recuperar la relación, esa posición también debe ser escuchada y respetada.

La terapia no puede imponer sentimientos ni garantizar que una relación vuelva a funcionar.

¿Cuándo puede ser preferible acudir primero a terapia individual?

Cuando una persona lleva mucho tiempo sintiéndose rechazada, sola o emocionalmente desatendida, puede resultar beneficioso comenzar con un proceso psicológico individual.

Especialmente si experimenta tristeza persistente, ansiedad, pérdida de autoestima, dependencia emocional, sentimientos de culpa o dificultades para tomar decisiones.

La terapia individual puede ayudar a:

  • Comprender cómo está afectando la relación al bienestar psicológico.
  • Identificar necesidades emocionales que llevan tiempo desatendidas.
  • Explorar patrones de apego y miedo al abandono.
  • Diferenciar la esperanza realista de la espera indefinida de cambios.
  • Recuperar autonomía emocional y capacidad de decisión.
  • Aprender a establecer límites saludables.
  • Valorar qué condiciones serían necesarias para continuar la relación.

El objetivo no es convencer a nadie de separarse ni de permanecer con su pareja.

Se trata de facilitar un espacio de reflexión en el que la persona pueda comprender su situación y tomar decisiones desde una mayor claridad emocional.

¿Y si mi pareja propone acudir a terapia cuando estoy pensando en separarme?

En ocasiones, la propuesta de iniciar terapia aparece cuando uno de los miembros expresa que ya no puede continuar en las mismas condiciones.

Esta iniciativa puede reflejar una motivación auténtica para cambiar.

También puede surgir por miedo a la pérdida, sentimientos de culpa, incertidumbre o dificultad para aceptar una posible ruptura.

Lo importante no es interpretar precipitadamente las intenciones, sino evaluar qué espera cada persona del proceso terapéutico.

La terapia de pareja puede ayudar a recuperar una relación cuando existe disposición para ello, pero también puede servir para aclarar expectativas y acompañar decisiones difíciles.

Acudir a terapia no debería utilizarse como una promesa automática de reconciliación ni como una obligación de permanecer en la relación.

Cuando existe violencia, intimidación o control coercitivo, debe priorizarse la seguridad y valorarse si la terapia conjunta resulta apropiada.

No puedes reconstruir una relación por dos personas

Una relación afectiva requiere la participación de quienes la integran.

Una persona puede expresar sus necesidades, revisar sus propios comportamientos, aprender nuevas formas de comunicación y mostrar disposición al cambio.

Pero no puede obligar a su pareja a sentir afecto, recuperar el deseo de intimidad o comprometerse con un proyecto compartido.

Tampoco debería asumir indefinidamente toda la responsabilidad de mantener la relación.

Reconocer esta realidad puede resultar doloroso, especialmente cuando todavía existe amor y esperanza.

Sin embargo, también puede constituir un paso importante para recuperar el bienestar emocional.

Amar a alguien no significa tener que aceptar indefinidamente una relación en la que las propias necesidades afectivas son ignoradas.

Psicóloga en Vecindario y online: ayuda psicológica ante el distanciamiento emocional

Si estás viviendo una relación marcada por la soledad, la incertidumbre, la falta de reciprocidad o el distanciamiento afectivo, la atención psicológica puede ayudarte a comprender qué está sucediendo.

Soy María Jesús Suárez Duque, psicóloga general sanitaria. Trabajo desde un enfoque integrador, adaptando la intervención a las necesidades de cada persona y pareja.

Ofrezco terapia psicológica individual y terapia de pareja, presencial en Vecindario (Gran Canaria) y online.

El proceso comienza con una evaluación de la situación para determinar qué tipo de acompañamiento puede resultar más adecuado.

No siempre es necesario decidir inmediatamente si continuar o separarse. A veces, el primer paso consiste en comprender qué está sucediendo y recuperar la capacidad de escuchar las propias necesidades.

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Cuando solo uno quiere salvar la relación: ¿terapia individual o terapia de pareja?

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Cuando estar en pareja no significa sentirse acompañado

Existen relaciones que continúan durante años a pesar de que la conexión emocional, la intimidad y los proyectos compartidos se han ido debilitando progresivamente.

Desde fuera pueden parecer relaciones estables. Existe una convivencia organizada, responsabilidades compartidas, una economía familiar y una rutina que permite mantener el funcionamiento cotidiano.

Sin embargo, dentro de la relación, una de las personas puede experimentar una profunda sensación de soledad.

Las conversaciones se limitan a cuestiones prácticas, las muestras de cariño desaparecen, los momentos de ocio se desarrollan por separado y la intimidad emocional o sexual deja de formar parte de la vida compartida.

En ocasiones, una persona se adapta a esta situación mientras la otra continúa esperando que algo cambie.

Compartir una vivienda, responsabilidades o estabilidad económica no siempre significa compartir un vínculo afectivo satisfactorio.

Cuando las necesidades de uno ocupan cada vez más espacio

En algunas relaciones se establece progresivamente un desequilibrio en la atención que reciben las necesidades emocionales de cada miembro.

Una persona puede mantener una vida social activa, desarrollar sus intereses personales y disfrutar de una considerable autonomía, mientras la otra experimenta que sus necesidades de compañía, afecto y cercanía quedan relegadas.

Tener amistades, viajar o disfrutar de actividades individuales no constituye, por sí mismo, un problema de pareja. De hecho, conservar espacios personales es saludable.

La dificultad aparece cuando la autonomía de uno convive con una desconexión afectiva persistente y con la ausencia de interés por atender las necesidades relacionales del otro.

Con el tiempo, quien se siente emocionalmente desatendido puede comenzar a experimentar tristeza, inseguridad, frustración, sentimientos de rechazo o una progresiva pérdida de autoestima.

En ocasiones, intenta recuperar el vínculo aumentando sus esfuerzos, buscando conversaciones, proponiendo actividades compartidas o expresando repetidamente su malestar.

Sin embargo, cuando estos intentos no encuentran respuesta, puede instalarse una sensación de impotencia.

¿Por qué permanecemos en relaciones en las que nos sentimos solos?

No siempre resulta sencillo abandonar una relación que ha dejado de proporcionar bienestar emocional.

Pueden intervenir diferentes factores:

  • Esperanza de cambio: confiar en que la relación recuperará la cercanía que existió anteriormente.
  • Dependencia emocional: experimentar un miedo intenso a perder el vínculo, incluso cuando genera sufrimiento.
  • Sentimientos de culpa: considerar que separarse supone abandonar a la otra persona o perjudicar a la familia.
  • Historia compartida: sentir que los años de convivencia, los esfuerzos realizados o los proyectos construidos dificultan tomar una decisión.
  • Miedo a la soledad: anticipar que la separación será más dolorosa que mantener la situación actual.
  • Dependencia económica o responsabilidades familiares: percibir importantes obstáculos prácticos para reorganizar la vida.

Estos factores pueden coexistir y no significan necesariamente que exista un trastorno psicológico.

Lo importante es comprender qué está sosteniendo la relación y si ambas personas desean realmente continuar construyéndola.

Cuando uno desea recuperar la relación y el otro parece haberse distanciado

Una de las situaciones emocionalmente más difíciles aparece cuando uno de los miembros continúa profundamente implicado en la relación, mientras el otro muestra una participación afectiva cada vez menor.

La persona que desea recuperar el vínculo puede interpretar pequeños gestos de acercamiento como señales de esperanza.

Una conversación agradable, una muestra puntual de cariño o unos días sin discusiones pueden generar la sensación de que las cosas están mejorando.

Sin embargo, una mejoría momentánea en la convivencia no siempre implica un cambio estable en la relación.

Para valorar si existe una verdadera disposición a reconstruir el vínculo, resulta importante observar si ambos participan de forma continuada en los cambios necesarios.

El compromiso no se expresa únicamente mediante palabras, sino también mediante conductas coherentes y sostenidas en el tiempo.

¿Puede una persona proponer terapia de pareja sin desear realmente recuperar la relación?

Sí. Las motivaciones para solicitar terapia de pareja pueden ser muy diferentes.

Algunas personas acuden porque desean recuperar el afecto, mejorar la comunicación y reconstruir la confianza.

Otras buscan comprender si todavía quieren continuar juntas.

También existen situaciones en las que la propuesta de acudir a terapia aparece cuando uno de los miembros expresa que está considerando una separación.

En ese contexto, la iniciativa de buscar ayuda puede responder a un deseo auténtico de cambiar, al miedo a perder la relación, a la incertidumbre o a la necesidad de ganar tiempo para tomar una decisión.

En determinados casos, también puede utilizarse la participación en terapia como una manera de demostrar aparentemente disposición al cambio sin que posteriormente exista un compromiso real con las modificaciones necesarias.

No obstante, el hecho de que una persona proponga terapia no permite conocer por sí solo sus verdaderas intenciones.

Es importante evitar conclusiones precipitadas y observar cómo evoluciona su implicación durante el proceso.

Acudir a una consulta constituye un primer paso, pero no sustituye la responsabilidad de participar activamente en la transformación de las dinámicas relacionales.

Señales de que una relación necesita una reflexión más profunda

Algunas experiencias pueden indicar que conviene detenerse a evaluar la situación:

  • Sentirse solo o emocionalmente abandonado a pesar de convivir con la pareja.
  • Percibir que los intentos de acercamiento son habitualmente unilaterales.
  • Experimentar una ausencia prolongada de intimidad emocional, sin que exista disposición a hablar de ello.
  • Observar que las necesidades de una persona tienen prioridad constante sobre las de la otra.
  • Mantener la esperanza de cambio a partir de promesas que no se traducen en conductas sostenidas.
  • Sentir que expresar el propio malestar provoca indiferencia, invalidación o conflictos recurrentes.
  • Experimentar un deterioro progresivo del bienestar emocional, la autoestima o la seguridad personal.

Estas señales no determinan automáticamente que una relación deba terminar.

Sin embargo, pueden indicar la necesidad de comprender qué está sucediendo y valorar qué alternativas existen.

¿Cuándo es recomendable acudir primero a terapia psicológica individual?

Aunque la terapia de pareja puede resultar beneficiosa en numerosas situaciones, no siempre constituye la primera intervención más adecuada.

Cuando una persona experimenta un sufrimiento emocional intenso, se encuentra profundamente confundida respecto a su relación o siente que ha perdido la capacidad de identificar sus propias necesidades, la terapia individual puede ofrecer un espacio especialmente útil.

Este acompañamiento permite explorar cuestiones como:

  1. Comprender el propio malestar emocional. Identificar cómo está afectando la relación al estado de ánimo, la autoestima y el funcionamiento cotidiano.
  2. Reconocer las necesidades afectivas. Diferenciar entre lo que se desea de una relación y lo que realmente se está experimentando.
  3. Explorar los patrones de vinculación. Comprender si existen dificultades relacionadas con el miedo al abandono, la dependencia emocional, la culpa o experiencias afectivas anteriores.
  4. Recuperar la autonomía personal. Fortalecer la capacidad para establecer límites, expresar necesidades y tomar decisiones.
  5. Clarificar las expectativas. Reflexionar sobre si existe una posibilidad realista de reconstrucción o si la esperanza de cambio está prolongando una situación de sufrimiento.

La terapia individual no tiene como finalidad convencer a una persona de que abandone su relación, sino ayudarla a comprender su situación y tomar decisiones de manera más consciente y autónoma.

¿Cuándo puede ser adecuada la terapia de pareja?

La terapia de pareja puede resultar especialmente útil cuando ambas personas están dispuestas a explorar sus dificultades y participar en el proceso de cambio.

No es imprescindible que las dos tengan exactamente el mismo grado de motivación inicial. Es habitual que existan diferencias en sus expectativas, necesidades y niveles de implicación.

Sin embargo, resulta fundamental evaluar qué desea cada miembro y qué objetivos pueden establecerse conjuntamente.

En ocasiones, el trabajo terapéutico se orienta a recuperar la comunicación, la confianza o la intimidad.

En otras, el objetivo inicial consiste en aclarar si ambos desean continuar con la relación.

Y también puede ser necesario acompañar un proceso de separación.

El éxito de una terapia de pareja no consiste necesariamente en evitar una ruptura, sino en favorecer decisiones conscientes, relaciones más saludables y el bienestar emocional de las personas implicadas.

Cuando existen conductas de intimidación, violencia o control coercitivo, es imprescindible valorar la seguridad y la conveniencia de realizar una intervención conjunta.

No confundas una reconciliación momentánea con la recuperación de la relación

Después de una discusión intensa, una conversación sincera o una sesión de terapia, es posible experimentar un acercamiento emocional significativo.

Ambas personas pueden sentirse aliviadas, recuperar temporalmente la tranquilidad e incluso expresar deseos de mejorar.

Estos momentos pueden ser valiosos.

Sin embargo, cuando existen patrones relacionales mantenidos durante años, una reconciliación puntual no significa necesariamente que se hayan modificado los factores que originan el sufrimiento.

Los cambios profundos requieren, en muchas ocasiones, tiempo, implicación y coherencia entre las intenciones expresadas y las conductas cotidianas.

Por ello, resulta importante observar no solamente cómo se siente la pareja después de una conversación, sino cómo se relaciona durante las semanas posteriores.

Preguntas que puedes hacerte antes de solicitar terapia de pareja

Si estás atravesando una situación de distanciamiento emocional, puede ayudarte reflexionar sobre estas cuestiones:

  • ¿Deseamos ambos recuperar la relación o tenemos expectativas diferentes?
  • ¿Me siento querido, respetado y emocionalmente acompañado?
  • ¿Puedo expresar mis necesidades sin miedo a las consecuencias?
  • ¿Los intentos de mejorar la relación proceden de ambos miembros?
  • ¿Existen cambios reales o únicamente reconciliaciones después de las crisis?
  • ¿Estoy permaneciendo en la relación por amor, por esperanza, por miedo o por otras circunstancias?
  • ¿Necesito primero un espacio individual para comprender qué quiero y qué necesito?

No es necesario responder inmediatamente a todas estas preguntas.

Su finalidad es favorecer una reflexión más profunda sobre la situación afectiva y las posibilidades de cambio.

Recuperar tu bienestar emocional también es una prioridad

Vivir durante mucho tiempo en una relación caracterizada por la distancia afectiva, la incertidumbre y la soledad puede afectar profundamente al bienestar psicológico.

A veces, la persona dedica tantos esfuerzos a recuperar el vínculo que termina dejando en segundo plano sus propias necesidades.

Buscar ayuda psicológica no significa renunciar a la relación ni decidir necesariamente una separación.

Puede ser el primer paso para recuperar claridad emocional, fortalecer la autoestima, establecer límites saludables y comprender qué necesita cada persona para sentirse bien.

No siempre podemos decidir si nuestra pareja desea reconstruir la relación, pero sí podemos trabajar para recuperar nuestra capacidad de decidir cómo queremos vivirla.

Psicóloga en Vecindario y online: terapia individual y terapia de pareja

Soy María Jesús Suárez Duque, psicóloga general sanitaria. Ofrezco atención psicológica presencial en Vecindario, Gran Canaria, y terapia online.

Trabajo desde un enfoque integrador, adaptando la intervención a las necesidades de cada persona y de cada pareja.

La terapia puede ayudarte a comprender situaciones de distanciamiento afectivo, dependencia emocional, dificultades de comunicación, conflictos recurrentes, inseguridad, problemas de autoestima y procesos de ruptura.

La primera fase consiste en evaluar la situación y determinar qué modalidad de intervención puede resultar más adecuada: terapia individual, terapia de pareja u otro tipo de acompañamiento.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es




viernes, 9 de octubre de 2026

DEPRESIÓN Y TERAPIA DE PAREJA - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Enfoque sistémico

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

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Psicóloga especializada en Depresión

 Terapia sistémica de pareja y depresión: cómo influye la relación en nuestro bienestar emocional

La depresión no afecta únicamente a la persona que la experimenta. En muchas ocasiones, también tiene consecuencias en sus relaciones más cercanas, especialmente en la relación de pareja. El distanciamiento emocional, las dificultades de comunicación, la pérdida de interés por las actividades compartidas y la sensación de incomprensión pueden modificar profundamente la convivencia.

Desde mi experiencia como psicóloga, considero importante comprender que la depresión no siempre puede abordarse teniendo en cuenta exclusivamente el sufrimiento individual. En determinados casos, también resulta útil explorar cómo se relacionan ambos miembros de la pareja, qué dificultades están experimentando y de qué manera pueden apoyarse durante el proceso de recuperación.

La terapia sistémica de pareja ofrece una perspectiva especialmente interesante para comprender estas situaciones.

La depresión desde una perspectiva sistémica

La terapia sistémica parte de la idea de que las personas nos desarrollamos y relacionamos dentro de diferentes sistemas, como la familia, la pareja y nuestro entorno social.

Esto no significa que la depresión sea necesariamente consecuencia de los problemas de pareja. Su origen puede estar relacionado con múltiples factores biológicos, psicológicos, sociales y personales.

Sin embargo, las relaciones afectivas pueden influir en cómo experimentamos el sufrimiento emocional y en los recursos que encontramos para afrontarlo.

En mi trabajo terapéutico considero importante diferenciar entre las causas que pueden haber contribuido al desarrollo de una depresión y las dinámicas relacionales que, sin ser necesariamente su origen, pueden estar dificultando la recuperación.

Cuando la depresión modifica la relación de pareja

Una persona que atraviesa un proceso depresivo puede experimentar tristeza persistente, apatía, irritabilidad, agotamiento, dificultades para disfrutar y una disminución de su disponibilidad emocional.

Su pareja puede interpretar estos cambios como una pérdida de interés, falta de cariño o rechazo personal.

Por ejemplo, una persona puede necesitar aislarse porque se encuentra emocionalmente agotada, mientras que su pareja interpreta ese aislamiento como una señal de que ya no desea compartir tiempo con ella.

A partir de ahí pueden aparecer sentimientos de inseguridad, frustración y soledad en ambos miembros.

En terapia considero fundamental ayudar a comprender que determinados comportamientos pueden estar relacionados con el sufrimiento depresivo y no necesariamente con una ausencia de amor.

Los círculos de interacción que mantienen el malestar

Uno de los aspectos que más me interesa del enfoque sistémico es el análisis de los patrones de interacción.

En ocasiones, las parejas desarrollan formas de relacionarse que, aunque inicialmente buscan solucionar un problema, terminan intensificando el malestar.

Imaginemos una situación frecuente:

Una persona deprimida comienza a aislarse y reduce las actividades compartidas. Su pareja, preocupada, insiste en que salga, se anime y participe en la vida cotidiana.

Cuanto mayor es la insistencia, más presionada puede sentirse la persona deprimida, que termina retirándose todavía más.

La pareja interpreta esa retirada como rechazo y aumenta sus intentos de acercamiento.

De esta manera se establece un círculo en el que ambos sufren, aunque sus comportamientos respondan a necesidades diferentes.

Mi objetivo terapéutico no es buscar culpables, sino ayudar a identificar estos patrones y encontrar formas de interacción que resulten más saludables para ambos.

La comunicación emocional como herramienta terapéutica

Cuando una pareja atraviesa una situación de depresión, la comunicación puede deteriorarse.

En ocasiones, uno de los miembros siente que no recibe suficiente apoyo, mientras el otro experimenta que sus esfuerzos nunca son suficientes.

Pueden aparecer reproches, silencios prolongados, respuestas defensivas o discusiones que terminan aumentando la distancia emocional.

Desde mi enfoque terapéutico trabajo la importancia de aprender a expresar las emociones y necesidades de manera clara, respetuosa y comprensible.

No se trata únicamente de hablar más, sino de aprender a escucharse de una forma diferente.

Considero especialmente importante que ambos puedan reconocer el sufrimiento del otro sin sentir que hacerlo supone renunciar a sus propias necesidades.

Recuperar la conexión emocional

La depresión puede provocar que desaparezcan progresivamente pequeños momentos de conexión que antes formaban parte de la relación.

Las conversaciones agradables, las muestras espontáneas de afecto, las actividades compartidas o los momentos de intimidad pueden verse reducidos.

En estos casos, considero útil trabajar en la recuperación gradual de experiencias positivas dentro de la pareja.

No se trata de exigir a la persona deprimida que se comporte como antes ni de imponer actividades para las que todavía no se encuentra preparada.

Se trata de buscar pequeños espacios de encuentro adaptados a las posibilidades emocionales de ambos.

En ocasiones, compartir un paseo, mantener una conversación tranquila o expresar un reconocimiento sincero puede contribuir a recuperar la sensación de cercanía.

Estos cambios pueden parecer pequeños, pero pueden tener un significado importante cuando una pareja lleva tiempo experimentando distanciamiento emocional.

El riesgo de convertir a la pareja en terapeuta

Otro aspecto que considero fundamental es evitar que uno de los miembros asuma toda la responsabilidad del bienestar psicológico del otro.

Cuando una persona atraviesa una depresión, su pareja puede intentar ayudar constantemente, controlar su estado emocional o responsabilizarse de que mejore.

Aunque estas conductas puedan surgir de la preocupación y el cariño, también pueden generar agotamiento, dependencia o sentimientos de culpa.

La pareja puede ofrecer acompañamiento, comprensión y apoyo, pero no tiene la obligación ni la capacidad de resolver por sí sola el sufrimiento depresivo.

Por eso considero importante establecer límites saludables y preservar el bienestar emocional de ambos.

La importancia de atender las necesidades individuales

La terapia sistémica de pareja no sustituye necesariamente a la intervención psicológica individual.

En determinados casos puede resultar conveniente combinar ambas modalidades de atención, especialmente cuando existen síntomas depresivos importantes, experiencias traumáticas, dificultades personales previas o necesidades clínicas específicas.

También es fundamental valorar la gravedad de los síntomas y la posible necesidad de atención médica o psiquiátrica.

Mi forma de entender la intervención psicológica parte de una visión integradora: atender a la persona, comprender su historia y explorar las relaciones que forman parte de su vida.

La pareja puede constituir un recurso importante durante la recuperación, pero el tratamiento debe adaptarse a las necesidades particulares de cada situación.

¿Puede la terapia de pareja ayudar cuando existe depresión?

Sí. En determinadas circunstancias, la terapia de pareja puede contribuir a mejorar la comunicación, reducir los conflictos, aumentar el apoyo emocional y modificar dinámicas que intensifican el malestar.

No obstante, es importante valorar previamente si la intervención conjunta resulta adecuada.

Cuando existen situaciones de violencia, intimidación, control coercitivo o falta de seguridad, la terapia de pareja convencional puede no ser recomendable. En estos casos, la prioridad debe ser la protección y la atención individualizada.

Mi perspectiva sobre la depresión y las relaciones afectivas

Como psicóloga, considero que comprender la depresión implica mirar más allá de los síntomas.

Detrás del aislamiento, la irritabilidad o la pérdida de interés puede existir un sufrimiento emocional que necesita ser comprendido y atendido.

También considero importante escuchar a la pareja de la persona deprimida, porque puede estar experimentando sentimientos de impotencia, tristeza, miedo o agotamiento.

No se trata de determinar quién está sufriendo más, sino de comprender qué necesita cada persona y cómo pueden relacionarse de una manera que no aumente el sufrimiento de ninguno de los dos.

Desde esta perspectiva, la terapia puede convertirse en un espacio para recuperar la comunicación, comprender las necesidades emocionales y construir formas de apoyo más saludables.

Atención psicológica para la depresión y las dificultades de pareja

Soy María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria. Ofrezco atención psicológica individual y terapia de pareja, tanto presencial en Vecindario (Gran Canaria) como online.

Trabajo desde un enfoque integrador, adaptando la intervención a las características y necesidades de cada persona y de cada relación.

Si estás atravesando una situación de depresión o estás experimentando dificultades emocionales en tu relación de pareja, la atención psicológica puede ayudarte a comprender lo que está ocurriendo y encontrar nuevas herramientas para afrontarlo.

Atención presencial en Vecindario y terapia psicológica online.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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