sábado, 19 de septiembre de 2026

TDAH EN ADULTOS - Características, evaluación e intervención psicológica

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TDAH EN ADULTOS: CARACTERÍSTICAS, EVALUACIÓN E INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que puede persistir durante la edad adulta. Su manifestación en adultos no siempre coincide con la imagen más conocida del TDAH infantil: la hiperactividad motora puede disminuir y adquirir mayor importancia las dificultades relacionadas con la atención, la organización, la gestión del tiempo, la impulsividad y la autorregulación.

Una de las principales dificultades de su evaluación es que muchas características asociadas al TDAH también aparecen, de manera ocasional, en personas que no presentan el trastorno. Distraerse, procrastinar, olvidar alguna cita, perder objetos, aburrirse con facilidad o tener dificultades para organizarse no permiten, por sí solos, establecer la presencia de TDAH.

La evaluación debe determinar si existe un patrón persistente de dificultades, cuál es su repercusión en la vida de la persona, desde cuándo está presente y si existen otras condiciones que puedan explicar mejor los síntomas.

¿Cómo puede manifestarse el TDAH en la edad adulta?

Aunque existe una gran variabilidad individual, las dificultades pueden agruparse principalmente en inatención e hiperactividad-impulsividad, con importantes repercusiones sobre las funciones ejecutivas y el funcionamiento cotidiano.

  1. Dificultades de atención

La persona puede presentar problemas para mantener la atención durante periodos prolongados, especialmente cuando realiza actividades rutinarias, repetitivas, monótonas o poco estimulantes.

Puede resultarle difícil:

  • mantener la concentración hasta finalizar una actividad;
  • escuchar durante periodos prolongados;
  • seguir instrucciones de varios pasos;
  • finalizar aquello que comienza;
  • seleccionar la información relevante;
  • cambiar adecuadamente el foco de atención;
  • recordar tareas pendientes;
  • evitar distracciones.

Es importante diferenciar entre distracción externa y distracción interna.

La distracción externa se produce cuando la atención es captada fácilmente por estímulos ambientales: conversaciones, sonidos, movimientos, objetos, notificaciones, etc.

La distracción interna aparece cuando son los propios pensamientos, ideas, recuerdos o impulsos los que apartan a la persona de aquello que estaba realizando.

¿Cómo puede concentrarse durante horas si tiene TDAH?

La capacidad de concentración no necesariamente permanece alterada de la misma manera en todas las circunstancias.

Una persona puede tener enormes dificultades para permanecer concentrada en una tarea monótona y, sin embargo, mantener durante mucho tiempo la atención sobre una actividad que le resulta especialmente interesante, novedosa, estimulante o gratificante.

Por ello, durante la evaluación no basta con preguntar:

«¿Puedes concentrarte?»

Resulta más útil explorar:

«¿En qué actividades te cuesta concentrarte y en cuáles puedes hacerlo durante mucho tiempo? ¿Qué diferencia existe entre unas y otras?»

  1. Organización y gestión del tiempo

En algunos adultos, las dificultades más evidentes aparecen en la organización cotidiana.

Pueden observarse problemas para:

  • establecer prioridades;
  • calcular adecuadamente el tiempo necesario para realizar una tarea;
  • planificar actividades;
  • cumplir horarios;
  • organizar obligaciones;
  • comenzar tareas poco atractivas;
  • mantener un plan;
  • finalizar actividades;
  • evitar la procrastinación.

Es frecuente comenzar diferentes actividades y cambiar de una a otra antes de terminarlas.

La acumulación de tareas incompletas puede generar frustración y reforzar la percepción de ser una persona desorganizada o incapaz.

  1. Memoria cotidiana

Los problemas de memoria asociados al TDAH pueden observarse en situaciones como:

  • olvidar citas o compromisos;
  • perder objetos;
  • olvidar lo que se iba a hacer;
  • no recordar instrucciones;
  • necesitar numerosos recordatorios;
  • olvidar información relevante para completar una actividad.

Sin embargo, es importante explorar las estrategias compensatorias.

Una persona puede afirmar:

«Nunca olvido una cita».

Pero, al preguntarle cómo lo consigue, explicar:

«Utilizo varias alarmas, lo anoto inmediatamente en el calendario y además pido que me lo recuerden».

Por tanto, durante la evaluación no debe considerarse únicamente el resultado final. También interesa conocer qué cantidad de esfuerzo, estructura externa y estrategias compensatorias necesita la persona para funcionar adecuadamente.

  1. Impulsividad

La impulsividad implica dificultades para introducir una pausa suficiente entre el impulso y la conducta.

Puede manifestarse mediante:

  • decisiones precipitadas;
  • respuestas antes de haber valorado completamente una situación;
  • interrupciones frecuentes;
  • dificultad para esperar;
  • búsqueda de gratificación inmediata;
  • dificultad para demorar recompensas;
  • escasa anticipación de consecuencias;
  • comportamientos de riesgo;
  • respuestas emocionales rápidas.

Una pregunta especialmente útil durante la evaluación es:

«Cuando tomas una decisión impulsivamente, ¿sueles pensar en las consecuencias antes de actuar o normalmente las ves después?»

Siempre conviene solicitar ejemplos concretos y recientes.

  1. Hiperactividad en adultos

La hiperactividad puede modificarse con la edad.

No todos los adultos con TDAH muestran una hiperactividad motora evidente durante una consulta psicológica. En algunas personas puede manifestarse fundamentalmente como:

  • inquietud interna;
  • necesidad constante de estar haciendo algo;
  • dificultad para permanecer inactivo;
  • incomodidad al permanecer sentado durante mucho tiempo;
  • necesidad de cambiar frecuentemente de actividad;
  • búsqueda continua de estimulación;
  • dificultad para relajarse.

Por ello, la ausencia de una hiperactividad observable durante la entrevista no permite descartar por sí misma un TDAH.

La historia evolutiva es fundamental

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Por este motivo, cuando se evalúa a un adulto resulta especialmente importante reconstruir su funcionamiento durante la infancia y adolescencia.

Conviene explorar:

  • comportamiento escolar;
  • atención durante las clases;
  • realización de deberes;
  • organización del material;
  • olvidos frecuentes;
  • pérdida de objetos;
  • rendimiento académico;
  • impulsividad;
  • inquietud;
  • relaciones sociales;
  • observaciones realizadas por profesores o familiares.

No siempre existe un diagnóstico durante la infancia. Algunas personas pueden haber desarrollado estrategias compensatorias o haber funcionado adecuadamente en ambientes muy estructurados.

Sin embargo, cuando las dificultades atencionales y organizativas aparecen por primera vez claramente durante la edad adulta, es especialmente importante investigar otras posibles explicaciones.

TDAH y diagnóstico diferencial

Este aspecto resulta fundamental ante el aumento de personas que llegan a consulta después de identificarse con información encontrada en internet o en redes sociales.

Reconocerse en determinadas características no equivale a presentar el trastorno.

Problemas de concentración, memoria, motivación, organización o rendimiento pueden aparecer también asociados a otras circunstancias o problemas psicológicos.

Por ello, antes de atribuir estas dificultades a un TDAH es necesario valorar otras posibles explicaciones y estudiar la presencia de problemas emocionales, alteraciones del sueño, consumo de sustancias, estrés u otros trastornos que puedan producir sintomatología semejante.

La pregunta clínica no debe ser únicamente:

«¿Presenta características compatibles con TDAH?»

También debe plantearse:

«¿Existe alguna otra explicación que permita comprender mejor estas dificultades?»

Consecuencias psicológicas del TDAH en adultos

Cuando las dificultades persisten durante años pueden acumularse experiencias negativas en diferentes áreas:

estudios → trabajo → organización cotidiana → relaciones sociales → pareja → autoestima.

La persona puede haber recibido repetidamente mensajes como:

«eres despistado», «eres desorganizado», «no terminas nada», «podrías hacerlo si te esforzaras», «eres irresponsable».

La repetición de experiencias de fracaso puede contribuir a desarrollar pensamientos negativos acerca de uno mismo.

Puede establecerse entonces un ciclo:

dificultad neuropsicológica → fracaso o conflicto → interpretación negativa → malestar emocional → conducta poco adaptativa → nuevas dificultades.

Por ejemplo:

desorganización → incumplimiento de una tarea → crítica → “soy un desastre” → frustración → evitación → acumulación de tareas → mayor sensación de fracaso.

Por ello, el tratamiento psicológico no debe limitarse exclusivamente a los síntomas atencionales.

Problemas emocionales y relacionales asociados

A lo largo de la vida pueden aparecer dificultades asociadas como:

  • baja autoestima;
  • ansiedad;
  • frustración;
  • dificultades para regular la ira;
  • conflictos interpersonales;
  • dificultades de pareja;
  • problemas del sueño;
  • conductas de evitación;
  • consumo problemático de sustancias.

Estas dificultades deben evaluarse de forma independiente. No todo problema psicológico que presenta una persona con TDAH debe atribuirse automáticamente al TDAH.

¿Cómo se trabaja psicológicamente el TDAH en adultos?

Una forma práctica de comprender la intervención consiste en diferenciar entre modificar el entorno y desarrollar estrategias internas de autorregulación.

  1. Modificar el entorno

Cuando existen dificultades de autorregulación, parte de la organización puede externalizarse.

Pueden utilizarse:

  • agendas;
  • calendarios;
  • alarmas;
  • recordatorios;
  • listas;
  • horarios visibles;
  • reducción de distractores;
  • división de actividades complejas;
  • establecimiento de prioridades;
  • descansos programados;
  • recompensas próximas.

El objetivo no consiste simplemente en decir a la persona que debe «organizarse mejor», sino en crear una estructura que facilite que pueda organizarse.

  1. Dividir las tareas

Una actividad excesivamente amplia puede resultar difícil de iniciar y mantener.

En lugar de:

«Tengo que preparar todo el trabajo».

Puede establecerse:

definir la tarea → dividirla → ordenar los pasos → comenzar por uno → terminarlo → pasar al siguiente.

Las metas pequeñas y concretas facilitan tanto el inicio como la percepción de progreso.

  1. Gestión del tiempo

Puede entrenarse al paciente para:

planificar → establecer prioridades → calcular tiempos → secuenciar actividades → programar descansos → revisar el plan → reajustarlo cuando sea necesario.

  1. Control de impulsos

Una estrategia básica consiste en entrenar una secuencia que introduzca deliberadamente una pausa antes de actuar:

PARAR → PENSAR → ANTICIPAR CONSECUENCIAS → ELEGIR → ACTUAR.

El objetivo es reducir la distancia entre «me doy cuenta después de lo que hice» y «puedo darme cuenta antes y elegir cómo responder».

  1. Resolución de problemas

Puede utilizarse una estructura sencilla:

definir el problema → generar diferentes alternativas → analizar ventajas y consecuencias → elegir una opción → aplicarla → comprobar el resultado.

Resulta especialmente importante diferenciar entre resolver un problema real y permanecer atrapado en una preocupación.

  1. Regulación emocional

Cuando existen dificultades importantes de frustración o ira conviene identificar:

desencadenante → interpretación → activación emocional y fisiológica → impulso → conducta → consecuencia.

El objetivo terapéutico consiste en aprender a reconocer las primeras señales e intervenir antes de que la activación emocional alcance una intensidad que dificulte considerablemente el autocontrol.

  1. Trabajo cognitivo

Después de años de experiencias negativas pueden aparecer creencias como:

«Nunca termino nada», «todo me sale mal», «soy incapaz», «no puedo organizarme».

El trabajo cognitivo pretende identificar estas interpretaciones, contrastarlas con la experiencia y desarrollar valoraciones más ajustadas, favoreciendo progresivamente la autoeficacia.

Esquema rápido para la consulta

Cuando un adulto consulta porque considera que puede presentar TDAH, puede utilizarse inicialmente el siguiente razonamiento:

Síntomas compatibles con TDAH

¿Existe deterioro significativo en la vida cotidiana?

¿Las dificultades aparecen en diferentes contextos?

¿Existe una historia compatible desde etapas tempranas del desarrollo?

¿La persona utiliza estrategias compensatorias que están ocultando parcialmente las dificultades?

¿Existen otros problemas o circunstancias que puedan explicar mejor los síntomas?

Si la hipótesis de TDAH continúa siendo consistente: realizar una evaluación específica y establecer el diagnóstico diferencial.

Idea fundamental

El TDAH adulto no debe identificarse simplemente con ser despistado, procrastinar, aburrirse fácilmente o tener dificultades ocasionales de concentración.

La evaluación requiere comprender el conjunto de la persona: historia evolutiva, características actuales, persistencia de las dificultades, repercusión funcional, presencia en diferentes ámbitos, estrategias compensatorias y posibles explicaciones alternativas.

Del mismo modo, una persona con TDAH no necesariamente presenta una imagen evidente de hiperactividad durante la consulta ni es incapaz de concentrarse en cualquier actividad.

La intervención psicológica pretende que la persona conozca su funcionamiento, modifique las condiciones ambientales que dificultan su desempeño y adquiera estrategias de organización, atención, gestión del tiempo, resolución de problemas, control de impulsos y regulación emocional.

El objetivo final no es únicamente reducir dificultades, sino conseguir que la persona pueda funcionar de una manera más autónoma, organizada y adaptativa utilizando estrategias que compensen sus áreas de vulnerabilidad.

Referencia de base: Young, S. y Bramham, J. TDAH en adultos. Una guía psicológica para la práctica. Manual Moderno. Contenido reorganizado y adaptado con finalidad clínica y psicoeducativa.

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TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraerse con tareas y quehaceres

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Distraerse con tareas y quehaceres

¿En qué consiste?

Cuando una emoción alcanza una intensidad muy elevada, permanecer centrado en lo que ha ocurrido puede alimentar todavía más el malestar. La persona puede quedarse atrapada pensando en el conflicto, el rechazo, la pérdida, la preocupación o aquello que ha desencadenado la emoción.

Distraerse con tareas y quehaceres consiste en dirigir temporalmente la atención hacia una actividad concreta, práctica y suficientemente absorbente, preferiblemente algo que requiera cierta participación activa.

No se pretende solucionar el problema emocional mediante la tarea ni evitarlo indefinidamente. El objetivo es reducir temporalmente la activación emocional hasta recuperar suficiente control para afrontar posteriormente la situación de una manera más eficaz.

Por tanto:

emoción muy intensa → detener temporalmente la respuesta impulsiva → realizar una tarea concreta → disminuir la activación → volver al problema cuando exista mayor capacidad de regulación.

¿Por qué puede funcionar?

Las emociones intensas suelen estrechar el foco atencional. La persona piensa una y otra vez en aquello que le ha ocurrido y puede entrar en un proceso de rumiación, preocupación o escalada emocional.

Una actividad práctica obliga a redistribuir parte de los recursos atencionales. Además, muchas tareas tienen un principio y un final claros y proporcionan una pequeña experiencia de orden, control y logro en un momento en el que internamente puede existir sensación de caos.

La tarea debe funcionar como una estrategia temporal de tolerancia al malestar, no como una forma habitual de evitar emociones o problemas que necesitan ser afrontados.

Ejemplos de tareas y quehaceres

Pueden utilizarse actividades como:

  • Fregar los platos o realizar alguna tarea doméstica.
  • Ordenar o limpiar una habitación.
  • Hacer la colada.
  • Organizar libros, documentos, archivos o el ordenador.
  • Limpiar el coche, zapatos u objetos personales.
  • Regar las plantas o trabajar en el jardín.
  • Cocinar.
  • Realizar alguna tarea pendiente.
  • Organizar un espacio de la casa.
  • Ocuparse del cuidado personal.
  • Caminar para realizar algún recado.
  • Ayudar a otra persona con alguna tarea.
  • Elaborar un plan práctico relacionado con algún objetivo pendiente.
  • Acudir a un grupo de apoyo cuando sea apropiado.
  • Realizar cualquier otra actividad concreta que mantenga suficientemente ocupada la atención.

Lo importante no es cuál sea la tarea, sino que sea segura, accesible en ese momento y capaz de interrumpir temporalmente la escalada emocional.

Ejemplo clínico

Una persona llama a su pareja proponiéndole hacer algo juntos, pero esta ya tiene otros planes. Interpreta la situación como rechazo y abandono y comienza a sentir una intensa mezcla de tristeza y enfado.

Discuten y la pareja termina la conversación. La activación aumenta todavía más y aparece el impulso de volver a llamar inmediatamente para continuar la discusión.

En lugar de hacerlo, la persona consulta previamente su plan de distracción y elige una de las actividades que había anotado: salir de casa y caminar hasta la peluquería.

El desplazamiento, caminar y ocuparse de una actividad concreta permiten que la intensidad emocional disminuya. Cuando regresa, continúa existiendo el problema, pero ya no se encuentra en el mismo estado de activación. Puede volver a comunicarse con su pareja de una manera más regulada.

Aquí está precisamente la diferencia entre evitación y tolerancia al malestar: no utiliza la actividad para no afrontar nunca el conflicto; la utiliza para no afrontarlo en el peor momento posible.

Aplicaciones clínicas

Esta estrategia puede ser especialmente útil cuando existe alta activación emocional acompañada de impulsividad o rumiación, por ejemplo en dificultades de regulación emocional, conflictos de pareja, sensibilidad al rechazo o al abandono, ansiedad intensa, ira, rupturas sentimentales, dependencia emocional, crisis asociadas al trauma, conductas adictivas cuando aparece un impulso de consumo y determinados momentos de crisis en personas con TLP.

También puede resultar útil ante el TOC, pero con una precaución importante: la tarea no debería convertirse en una conducta destinada a neutralizar una obsesión ni sustituir una compulsión por otra.

En depresión puede utilizarse cuando predomina la rumiación, aunque conviene distinguirla de la activación conductual: aquí la finalidad inmediata es tolerar un pico de malestar; en activación conductual existe un objetivo terapéutico más amplio y planificado.

Cómo trabajarlo con el paciente

Es preferible elaborar la lista antes de que llegue la crisis. Cuando la activación emocional es muy elevada resulta mucho más difícil pensar: «¿Qué podría hacer ahora?».

Podemos pedirle:

MI PLAN DE DISTRACCIÓN CON TAREAS

Cuando mi emoción alcance ___/10 y note el impulso de ____________________, antes de actuar realizaré durante ______ minutos una de estas tareas:

  1.  
  1.  
  1.  
  1.  
  1.  

Después volveré a valorar mi emoción de 0 a 10 y decidiré qué hacer cuando esté más regulado/a.

Idea fundamental para recordar

No se trata de escapar del problema, sino de aplazar la reacción mientras la emoción está demasiado alta para responder eficazmente.

En el ejemplo, lo terapéuticamente importante no es cortarse el pelo. Lo importante es que Mike rompe la cadena rechazo percibido → ira → llamada impulsiva → nueva discusión → mayor sufrimiento introduciendo deliberadamente una conducta alternativa hasta recuperar regulación emocional.

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TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraerse marchándose

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Distraerse marchándose

¿En qué consiste?

A veces, cuando una situación está provocando una emoción muy intensa, lo más eficaz que podemos hacer en ese momento es alejarnos temporalmente de ella.

Cuando una persona está muy enfadada, angustiada o emocionalmente desbordada, puede disminuir su capacidad para pensar con claridad y aumentar la probabilidad de actuar impulsivamente: gritar, insultar, romper objetos, agredir, enviar mensajes de los que después se arrepienta o realizar otras conductas que empeoren el problema.

En esos momentos, continuar en la situación puede ser como «añadir leña al fuego emocional».

Distraerse marchándose consiste en reconocer:

«Ahora mismo estoy demasiado activado/a para afrontar esta situación eficazmente. Necesito alejarme durante un tiempo y volver cuando haya recuperado mayor control».

Por tanto, no consiste simplemente en escapar. Se trata de crear distancia temporal entre la persona y el desencadenante para permitir que disminuya la activación emocional.

La secuencia sería:

situación desencadenante → aumento de la emoción → detección del desbordamiento → alejamiento temporal → disminución de la activación → recuperación del control → valoración de qué hacer a continuación.

¿Por qué puede ser útil marcharse?

Cuando la emoción alcanza una intensidad elevada, nuestra atención se concentra en aquello que nos está provocando malestar y resulta más difícil valorar alternativas.

Por ejemplo, durante una discusión podemos sentir que tenemos que responder inmediatamente, demostrar que tenemos razón o conseguir que la otra persona comprenda nuestro punto de vista.

Sin embargo, continuar hablando cuando estamos completamente desbordados puede aumentar todavía más la emoción.

Alejarse introduce una interrupción en esa escalada.

La distancia proporciona tiempo para:

  • reducir la activación fisiológica;
  • disminuir la intensidad de la ira, ansiedad o angustia;
  • controlar impulsos;
  • organizar los pensamientos;
  • valorar diferentes alternativas;
  • decidir posteriormente cómo afrontar la situación.

La idea fundamental es sencilla:

No siempre tenemos que resolver un problema en el momento de máxima intensidad emocional.

¿Cuándo puede resultar especialmente útil?

Ira intensa y dificultades para controlar los impulsos

Es una de sus aplicaciones más claras. Cuando la persona reconoce señales de que está perdiendo el control, alejarse puede impedir que la situación continúe escalando.

Puede utilizarse antes de gritar, insultar, romper objetos o realizar otras conductas agresivas o impulsivas.

Conflictos y discusiones de pareja

Puede resultar especialmente útil cuando una discusión entra en una dinámica de escalada en la que ambos miembros están cada vez más activados.

En esos casos puede ser preferible interrumpir temporalmente la conversación y retomarla cuando ambos puedan comunicarse de manera más eficaz.

TLP y dificultades de regulación emocional

Dentro de DBT puede utilizarse ante situaciones que desencadenan emociones muy intensas —por ejemplo, rechazo percibido, abandono, frustración o conflictos interpersonales— cuando existe riesgo de actuar impulsivamente.

Ansiedad intensa

En determinadas situaciones de crisis puede ser útil crear temporalmente cierta distancia para recuperar capacidad de regulación.

Sin embargo, aquí hay que ser especialmente cuidadosos: marcharse no debe convertirse en una estrategia sistemática para escapar de aquello que provoca ansiedad, porque la evitación puede contribuir al mantenimiento de muchos trastornos de ansiedad.

Situaciones de elevada impulsividad

Puede emplearse cuando la persona detecta que está a punto de realizar una conducta de la que probablemente se arrepentirá después.

Conflictos familiares, laborales o sociales

No es necesario que exista ningún trastorno psicológico. Cualquier persona puede necesitar retirarse temporalmente de una interacción cuando reconoce que ya no está en condiciones de afrontarla de manera constructiva.

Ejemplo práctico: el caso de Ana

Ana estaba en unos grandes almacenes comprando una blusa.

Necesitaba que una dependienta la ayudara a encontrar su talla, pero esta se encontraba ocupada atendiendo a otros clientes. Ana esperó durante un tiempo e intentó repetidamente llamar su atención, pero no lo consiguió.

Poco a poco empezó a notar que su enfado aumentaba muy rápidamente.

Llegó a sentir ganas de romper la blusa.

En otras ocasiones, Ana habría permanecido en la tienda. Probablemente habría seguido concentrándose en la dependienta, su frustración habría aumentado y podría haber terminado realizando alguna conducta impulsiva.

Esta vez reconoció lo que estaba ocurriendo:

estaba perdiendo progresivamente el control sobre su emoción.

En lugar de permanecer allí, decidió salir de los grandes almacenes.

Realizó algunas compras en otros establecimientos y dejó pasar un tiempo.

Más tarde regresó a buscar la blusa. Para entonces, la tienda estaba menos concurrida y, sobre todo, Ana había recuperado un mayor control sobre sus propias acciones.

El problema inicial no había desaparecido mágicamente: seguía necesitando encontrar la talla adecuada. Lo que había cambiado era su capacidad para enfrentarse a la situación.

La secuencia del ejemplo puede recordarse así:

frustración → aumento rápido de la ira → impulso destructivo → reconocimiento del desbordamiento → alejamiento → disminución de la activación → regreso → afrontamiento más eficaz.

¿Cómo aplicar la estrategia?

  1. Reconocer las señales de escalada

El primer paso consiste en aprender a detectar las señales que indican que estamos acercándonos al desbordamiento.

Pueden aparecer:

Señales corporales: tensión muscular, calor, aceleración del corazón, respiración rápida, presión en el pecho, temblor.

Señales cognitivas: «No aguanto más», «Esto es intolerable», «Le voy a decir cuatro cosas», «Tengo que hacer algo ahora mismo».

Señales conductuales: elevar la voz, caminar nerviosamente, apretar los puños, acercarse de forma intimidatoria, escribir impulsivamente mensajes o empezar a perder el control de la conducta.

Cuanto antes se detecte la escalada, más fácil será utilizar la estrategia.

  1. Alejarse temporalmente

Si continuar en la situación probablemente va a empeorarla, se crea distancia física.

Cuando se trata de una interacción con otra persona y es posible hacerlo, resulta preferible comunicarlo brevemente:

«Ahora mismo estoy demasiado alterado/a para seguir hablando. Necesito un tiempo para tranquilizarme y después podemos continuar».

Esto ayuda a diferenciar una pausa reguladora de marcharse como forma de castigo o rechazo.

  1. Utilizar el tiempo para regularse

Marcharse no consiste en alejarse físicamente mientras se continúa mentalmente la discusión durante una hora.

Durante la pausa pueden utilizarse otras habilidades: caminar, respirar, realizar una actividad agradable, cambiar el foco de atención o utilizar alguna de las demás estrategias de tolerancia al malestar.

  1. Volver a valorar la situación

Cuando la intensidad emocional haya disminuido, la pregunta es:

«¿Qué puedo hacer ahora que probablemente mejore la situación en lugar de empeorarla?»

Si el problema necesita resolverse, podrá retomarse cuando existan mejores condiciones para hacerlo.

Marcharse no es lo mismo que evitar

Esta distinción es fundamental para comprender correctamente la técnica.

Marcharse como estrategia de regulación:

me alejo → me regulo → vuelvo a afrontar lo que corresponda.

Marcharse como evitación:

me alejo → no vuelvo a afrontar la situación → cada vez necesito escapar más de ella.

Por ejemplo, una persona con ansiedad social que abandona sistemáticamente cualquier situación social en cuanto siente ansiedad podría reforzar su evitación.

En cambio, una persona que se retira temporalmente de una discusión porque está a punto de perder el control y posteriormente vuelve para hablar de lo ocurrido está utilizando el alejamiento con una función diferente.

Precaución en los conflictos de pareja

En terapia de pareja esta distinción es especialmente importante.

Una pausa puede ser útil cuando existe una escalada emocional, pero marcharse no debería convertirse en una forma de castigar a la otra persona mediante silencio, desaparición o retirada afectiva prolongada.

La diferencia está en la intención y en lo que ocurre después.

Una pausa reguladora transmite:

«Necesito detener esta conversación porque ahora no puedo mantenerla adecuadamente. La retomaremos cuando esté más calmado/a».

La retirada hostil, en cambio, puede utilizarse para ignorar, castigar o controlar a la otra persona y no constituye el objetivo de esta técnica.

¿Cuándo no basta esta estrategia?

Si existe violencia o riesgo para la seguridad, el objetivo no es simplemente realizar una pausa para después regresar a la misma situación. La prioridad es la protección y la intervención adecuada al riesgo existente.

Igualmente, cuando existen conductas agresivas repetidas, marcharse puede ser una estrategia inmediata para impedir una escalada, pero no sustituye el trabajo terapéutico sobre la conducta violenta, sus desencadenantes y sus consecuencias.

Conclusión

Distraerse marchándose consiste en alejarse temporalmente de una situación cuando la intensidad emocional amenaza con desbordarnos y hacernos actuar impulsivamente. No pretende escapar del problema, sino crear el tiempo y la distancia necesarios para recuperar el control y afrontarlo posteriormente de una manera más eficaz.

La diferencia esencial que te conviene memorizar es: «me marcho para regularme y poder afrontar después», no «me marcho para no afrontar».

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TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraer los pensamientos

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 Distraer los pensamientos

¿En qué consiste?

El cerebro humano produce pensamientos de manera continua. Esta capacidad resulta útil porque nos permite recordar, anticipar, planificar y resolver problemas. Sin embargo, también significa que no siempre podemos decidir voluntariamente qué pensamientos van a aparecer en nuestra mente.

Cuando una persona está sufriendo, puede intentar controlar su malestar diciéndose:

«No quiero pensar en esto».

El problema es que intentar suprimir deliberadamente un pensamiento puede hacer que ese mismo pensamiento vuelva repetidamente a la conciencia.

Por eso, esta estrategia no consiste en luchar contra los pensamientos dolorosos ni en obligarse a olvidarlos. Consiste en redirigir temporalmente la atención hacia otros pensamientos, recuerdos o imágenes mentales cuando el contenido que ocupa nuestra mente está aumentando excesivamente el sufrimiento.

La secuencia sería:

pensamiento doloroso → intento de eliminarlo → mayor atención sobre el pensamiento → reaparición → aumento del malestar.

La alternativa consiste en:

pensamiento doloroso → reconocer que ha aparecido → no luchar contra él → dirigir deliberadamente la atención hacia otro contenido mental.

El ejercicio del personaje de dibujos animados

Existe un ejercicio muy sencillo para comprender por qué intentar no pensar en algo puede resultar contraproducente.

Piensa en un personaje conocido de dibujos animados, por ejemplo, Bugs Bunny, Snoopy, Superman o cualquier otro.

Cierra los ojos e intenta visualizarlo con todos los detalles posibles durante unos 15 segundos. Recuerda su aspecto, sus colores, su forma y cualquier característica que puedas imaginar.

Después intenta pasar aproximadamente 30 segundos sin pensar en ese personaje.

Procura eliminarlo completamente de tu mente.

Mientras lo haces, observa cuántas veces vuelve a aparecer.

Probablemente descubrirás que cuanto mayor es el esfuerzo por comprobar si has dejado de pensar en él, más presente continúa estando.

La explicación es importante: para comprobar que no estamos pensando en algo, nuestra mente tiene que seguir comprobando de algún modo si ese contenido está presente. De esta forma, el propio esfuerzo por suprimirlo puede facilitar su reaparición.

Por ello, ante determinados pensamientos dolorosos, puede resultar más útil dejar de luchar directamente contra ellos y dirigir voluntariamente la atención hacia otro contenido.

¿Cuándo puede ser útil esta estrategia?

Rumiación

Es una de sus aplicaciones más claras. La persona puede pasar largos períodos repasando una conversación, un error, una ruptura, una injusticia o un acontecimiento pasado.

La distracción permite interrumpir temporalmente ese procesamiento repetitivo cuando ya no está conduciendo a ninguna solución.

Depresión

Puede utilizarse cuando aparecen cadenas repetitivas de pensamientos negativos sobre uno mismo, el pasado o determinadas circunstancias vitales.

No pretende evitar los problemas que necesitan abordarse, sino proporcionar una interrupción temporal cuando la rumiación está intensificando el estado emocional.

Ansiedad y preocupación

Puede ser útil cuando la mente permanece atrapada en sucesiones de posibilidades negativas:

«¿Y si sucede esto?»

«¿Y si después ocurre aquello?»

«¿Y si no soy capaz de afrontarlo?»

La persona aprende que no necesita ganar una batalla contra cada pensamiento, sino que puede cambiar deliberadamente el foco de atención.

TOC

Aquí es necesaria una precaución especial. Una persona con TOC puede intentar utilizar la distracción para neutralizar obsesiones, y entonces la propia distracción podría convertirse en una estrategia de evitación o neutralización.

Por ello, en TOC esta técnica no debe sustituir el tratamiento específico ni la exposición con prevención de respuesta (EPR) cuando esté indicada.

Trauma y TEPT

Ante recuerdos intrusivos o momentos de elevado desbordamiento, dirigir temporalmente la atención hacia otro contenido puede formar parte de estrategias de estabilización.

Sin embargo, distraerse de un recuerdo traumático no equivale a procesarlo. Si se utiliza permanentemente para evitar cualquier contacto con el trauma, puede contribuir a mantener la evitación.

TLP y dificultades de regulación emocional

Dentro de DBT puede emplearse cuando pensamientos asociados a rechazo, abandono, ira u otras experiencias desencadenan una escalada emocional y existe riesgo de respuestas impulsivas.

Rupturas, rechazo y conflictos interpersonales

Puede ayudar cuando la persona repasa constantemente mensajes, conversaciones, comportamientos o situaciones pasadas y ese análisis repetitivo está aumentando el sufrimiento sin aportar nuevas soluciones.

Ejercicio: alternativas para distraer los pensamientos

Cuando notes que estás atrapado/a en pensamientos que están aumentando tu malestar, puedes dirigir deliberadamente tu atención hacia alguno de los siguientes contenidos.

Marca con una X aquellos que estarías dispuesto/a a utilizar.

Recordar acontecimientos agradables

Recuerda acontecimientos de tu pasado que hayan sido agradables, alegres o emocionantes.

Intenta reconstruirlos con el mayor número posible de detalles:

¿Qué estabas haciendo?

¿Con quién estabas?

¿Dónde estabas?

¿Qué ocurrió?

¿Qué podías ver, escuchar o sentir?

Cuantos más detalles reconstruyas, mayor atención necesitarás dedicar al recuerdo alternativo.

Utilizar fantasías eróticas

Imaginar pensamientos o fantasías sexuales agradables y estimulantes, siempre que constituyan un contenido cómodo y apropiado para la persona.

Puede intentarse construir la escena con detalle, centrando deliberadamente la atención en ella.

Observar mentalmente la naturaleza

Dirige la atención hacia el mundo natural que te rodea: árboles, flores, cielo, paisaje o animales.

Observa tantos detalles como puedas.

Si estás en un lugar donde no tienes acceso a ese entorno, puedes cerrar los ojos y reconstruir mentalmente un paisaje que hayas observado anteriormente.

Imaginarte como un héroe o una heroína

Imagínate corrigiendo algún acontecimiento pasado o futuro de tu vida.

¿Cómo actuarías?

¿Qué harías de manera diferente?

¿Qué dirías?

¿Qué te responderían las demás personas?

La finalidad aquí es utilizar deliberadamente una imagen mental alternativa y absorbente durante el momento de desbordamiento.

Imaginar el reconocimiento de alguien importante

Piensa en una persona cuya opinión sea importante para ti e imagina que te felicita o reconoce algo que has hecho.

¿Qué has conseguido?

¿Qué te dice esa persona?

¿Por qué es importante para ti su opinión?

¿Cómo te sentirías escuchándola?

Imaginar que una fantasía se hace realidad

Piensa en una fantasía o deseo y constrúyelo mentalmente con detalle.

¿Cómo sería?

¿Dónde estarías?

¿Quién estaría contigo?

¿Qué ocurriría?

¿Qué harías después?

Utilizar una oración o frase significativa

Puedes llevar contigo una copia de una oración, frase o texto breve que tenga un significado especial para ti.

Cuando te encuentres angustiado/a, léelo lentamente e imagina que esas palabras te ayudan a recuperar progresivamente la serenidad.

Si te resulta útil, puedes acompañarlo de una imagen mental tranquilizadora, por ejemplo una luz, un paisaje o cualquier otra representación asociada para ti con calma y seguridad.

Otras ideas

Ejemplo práctico: el caso de Joel

Joel había mantenido una relación difícil con su madre. Durante su infancia, ella lo criticaba frecuentemente y le decía que estaba equivocado.

Años después, determinadas situaciones podían activar esos recuerdos. Cuando aparecían, Joel se sentía emocionalmente desbordado y no sabía cómo manejarlos. En ocasiones terminaba gritando a sus amigos o descargando su malestar sobre las personas que tenía cerca.

Después de elaborar un plan de distracción, decidió probar una respuesta diferente.

En una ocasión volvió a aparecer el recuerdo de su madre regañándolo. En lugar de dejar que la emoción siguiera aumentando hasta reaccionar contra alguien, fue a su habitación y se tumbó.

Entonces comenzó a imaginarse a sí mismo de niño enfrentándose verbalmente a las críticas de su madre. En su imaginación decía todo aquello que habría querido expresar años atrás: que no estaba de acuerdo con lo que ella decía, que sus críticas le hacían daño y que quería que dejara de tratarlo de aquella manera.

Joel fue construyendo la escena imaginaria de acuerdo con cómo le habría gustado que se desarrollara aquella situación.

Poco a poco, la intensidad emocional disminuyó.

El ejercicio le permitió interrumpir el círculo que anteriormente terminaba en desbordamiento emocional y descarga de la ira sobre otras personas.

Una precisión importante sobre el ejemplo de Joel

Para comprender correctamente esta técnica, conviene distinguir la imaginación utilizada como distracción de una intervención específica de procesamiento de recuerdos.

En este ejemplo, Joel utiliza temporalmente una escena mental alternativa para manejar un momento de gran activación emocional.

En terapia del trauma existen procedimientos más estructurados que también trabajan con imágenes y recuerdos, pero tienen otros objetivos y requieren una formulación e intervención específicas.

Por tanto:

Distraer un pensamiento no significa procesar el acontecimiento que lo originó.

¿Distracción o evitación?

Esta diferencia vuelve a ser fundamental.

Si una persona utiliza continuamente imágenes agradables cada vez que aparece cualquier pensamiento incómodo, puede terminar aprendiendo que no puede tolerar determinados contenidos mentales.

La finalidad de la técnica no es:

«Este pensamiento es peligroso y tengo que conseguir que desaparezca».

La finalidad es:

«Ahora mismo estoy demasiado desbordado/a. No necesito luchar contra este pensamiento; durante un tiempo puedo dirigir mi atención hacia otra cosa y volver al problema cuando esté en mejores condiciones para afrontarlo».

Por ello, esta estrategia resulta especialmente apropiada como herramienta de tolerancia al malestar durante momentos de elevada intensidad emocional, y no como procedimiento permanente para eliminar pensamientos desagradables.

Conclusión

Distraer los pensamientos consiste en dejar de luchar por expulsar de la mente un pensamiento doloroso y redirigir temporalmente la atención hacia otros recuerdos, imágenes o contenidos mentales. Su objetivo no es olvidar ni eliminar el pensamiento, sino reducir el desbordamiento emocional hasta poder afrontarlo de una manera más eficaz.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


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