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Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializad en Terapia Dialéctica Conductual - TDC
Distraerse frente a comportamientos autodestructivos
¿En qué consiste?
Uno de los objetivos importantes de la Terapia Dialéctico-Conductual es ayudar a la persona a interrumpir conductas autodestructivas que aparecen como respuesta a un sufrimiento emocional muy intenso.
Entre estas conductas pueden encontrarse acciones como:
- cortarse;
- quemarse;
- arañarse;
- golpearse;
- mutilarse;
- realizar otras conductas físicas dirigidas contra uno mismo.
En muchos casos, estas conductas no aparecen porque la persona “quiera hacerse daño” sin más, sino porque se han convertido en una forma extrema de regular un malestar emocional que se vive como insoportable.
Algunas personas describen que, después de hacerse daño, experimentan una reducción temporal de la tensión o del sufrimiento. Sin embargo, ese alivio es de corta duración y puede ir acompañado de consecuencias físicas graves, cicatrices, complicaciones médicas, culpa, vergüenza y un mayor riesgo de repetir la conducta.
Por eso, el objetivo terapéutico es sustituir progresivamente la conducta autodestructiva por respuestas menos dañinas que permitan atravesar el pico de malestar sin lesionarse.
La función de la conducta autodestructiva
Para comprender esta estrategia es importante no quedarse únicamente en la conducta visible.
La secuencia puede ser:
dolor emocional intenso → sensación de desbordamiento → impulso de hacerse daño → conducta autodestructiva → alivio inmediato → consecuencias negativas → aumento posterior del sufrimiento.
El hecho de que una conducta produzca alivio a corto plazo puede hacer que se repita con mayor facilidad en el futuro.
Por eso, no basta con decirle a una persona:
“No lo hagas”.
Hay que ayudarla a desarrollar alternativas concretas para el momento en que aparece el impulso.
¿Para qué problemas psicológicos puede resultar útil esta estrategia?
Esta intervención puede ser útil como parte de un tratamiento más amplio cuando aparecen conductas autolesivas o impulsos de hacerse daño, especialmente en situaciones de:
- Trastorno límite de la personalidad. La autolesión puede aparecer asociada a desregulación emocional intensa, sentimientos de vacío, rechazo, abandono o dificultad para tolerar estados afectivos muy intensos.
- Trauma y TEPT. Algunas personas utilizan la autolesión como forma de reducir hiperactivación, angustia, recuerdos intrusivos o estados disociativos. En estos casos, la estrategia puede ayudar en momentos agudos, pero no sustituye el tratamiento específico del trauma.
- Depresión grave. Puede aparecer autolesión asociada a desesperanza, culpa, autodesprecio o anestesia emocional.
- Trastornos relacionados con la regulación emocional. Puede ser útil cuando la persona experimenta emociones tan intensas que recurre al daño físico como forma de descarga o control.
- Disociación. Algunas personas se lesionan para “sentirse reales” o para salir de estados de desconexión. En estos casos se requieren estrategias específicas de grounding y estabilización.
- Crisis interpersonales intensas. Por ejemplo, después de una ruptura, una discusión grave, rechazo percibido o sensación de abandono.
También puede utilizarse aunque no exista un diagnóstico concreto, siempre que haya un impulso autolesivo asociado a sufrimiento emocional intenso.
Objetivo de la técnica
El objetivo inmediato no es resolver toda la causa del sufrimiento.
El objetivo es más concreto:
ganar tiempo y atravesar el pico de urgencia sin hacerse daño.
Esto permite que la intensidad emocional disminuya y que posteriormente puedan utilizarse otras estrategias de regulación, solución de problemas o procesamiento terapéutico.
Ejercicio: alternativas a las conductas autodestructivas
Marca con una X aquellas estrategias que estarías dispuesto/a a utilizar cuando aparezca el impulso de hacerte daño.
☐ Sujetar un cubito de hielo en la mano y concentrarse en la sensación de frío.
☐ Dibujar sobre la piel con un rotulador rojo en la zona donde aparecería el impulso de hacerse daño.
☐ Utilizar pintura roja o esmalte de uñas para representar visualmente aquello que la persona estaría intentando expresar mediante la autolesión.
☐ Dibujar posteriormente líneas o “puntos de sutura” con un rotulador negro.
☐ Apretar un cubito de hielo mientras se utiliza otra estrategia distractora.
☐ Clavar las uñas en el brazo sin llegar a lesionar la piel.
☐ Dibujar en globos las caras de personas hacia las que se siente rabia y explotarlos.
☐ Escribir cartas a personas que hayan causado daño expresando lo que se siente, sin necesidad de enviarlas.
☐ Lanzar contra una pared objetos blandos, como cojines o calcetines enrollados.
☐ Gritar contra una almohada o hacerlo en un lugar donde no se moleste a otras personas.
☐ Llorar y permitir que la emoción se exprese.
☐ Utilizar otra actividad física segura que permita descargar tensión sin hacerse daño.
☐ Otra alternativa saludable: ___________________________________
☐ Otra alternativa saludable: ___________________________________
Precaución importante
Hay algunas estrategias clásicas de manuales antiguos de DBT o de tolerancia al malestar que buscan producir sensaciones físicas intensas, pero hoy conviene aplicarlas con mucha prudencia.
La regla clínica debería ser:
la alternativa no debe convertirse en otra forma de autolesión.
Si una técnica produce lesiones, marcas importantes, dolor excesivo o refuerza el mismo patrón de castigo hacia uno mismo, deja de cumplir la función terapéutica deseada.
Por eso, cuanto más segura, breve y controlable sea la alternativa, mejor.
¿Por qué puede funcionar la distracción?
Cuando el impulso autodestructivo alcanza una intensidad elevada, la persona puede experimentar una especie de “visión de túnel” en la que solo percibe una forma de aliviarse.
La distracción introduce una demora conductual:
aparece el impulso → se utiliza una alternativa → pasa el pico emocional → disminuye la urgencia → aumenta la capacidad de elegir.
Muchas urgencias emocionales son intensas pero fluctuantes. Si la persona logra atravesar el momento de máxima intensidad, aumenta la posibilidad de no ejecutar la conducta autodestructiva.
Ejercicio clínico de análisis funcional
Después de que haya pasado el episodio, puede ser útil analizarlo de esta manera:
Situación desencadenante:
¿Qué ocurrió justo antes?
Pensamientos:
¿Qué me estaba diciendo?
Emoción:
¿Qué sentía y con qué intensidad?
Sensaciones corporales:
¿Qué notaba físicamente?
Impulso:
¿Qué quería hacer?
Conducta:
¿Qué hice finalmente?
Alivio inmediato:
¿Qué efecto tuvo?
Consecuencia posterior:
¿Cómo me sentí después?
Alternativa posible:
¿Qué podría probar la próxima vez?
Este análisis ayuda a comprender qué función está cumpliendo la conducta autolesiva, algo esencial para poder sustituirla eficazmente.
Plan de emergencia personal
Puede ser útil que la persona prepare por adelantado un pequeño plan para momentos de urgencia.
Por ejemplo:
Cuando note ganas de hacerme daño:
- Me alejaré de objetos o situaciones que faciliten la lesión.
- Utilizaré una estrategia alternativa de la lista.
- Esperaré unos minutos antes de tomar cualquier decisión.
- Contactaré con una persona de apoyo si la urgencia continúa aumentando.
- Buscaré ayuda profesional urgente si siento que puedo perder el control.
Preparar estas alternativas cuando la persona está calmada suele ser mucho más eficaz que intentar inventarlas en plena crisis.
¿Cuándo esta estrategia no es suficiente?
Si existen:
- lesiones graves;
- aumento progresivo de la frecuencia o intensidad de las autolesiones;
- pérdida de control;
- planificación de daño grave;
- intención suicida;
- acceso inmediato a medios letales;
- incapacidad para garantizar la propia seguridad,
la distracción por sí sola no es suficiente.
En esos casos se requiere una evaluación específica del riesgo y una intervención de seguridad inmediata.
Diferencia entre autolesión y conducta suicida
Aunque pueden coexistir, no son exactamente lo mismo.
Una conducta autolesiva puede tener como función regular una emoción, reducir tensión, interrumpir una sensación de vacío o expresar sufrimiento sin existir necesariamente intención de morir.
Sin embargo, toda conducta autolesiva debe explorarse clínicamente, porque el riesgo suicida puede coexistir o variar con el tiempo.
Por eso no debe asumirse automáticamente que:
autolesión = intento de suicidio
ni tampoco que:
autolesión = ausencia de riesgo suicida.
Conclusión
La estrategia de distracción frente a comportamientos autodestructivos no pretende resolver inmediatamente el origen del dolor, sino ayudar a la persona a atravesar el momento de máxima intensidad sin hacerse daño. Una vez que disminuye la urgencia, pueden utilizarse estrategias de regulación emocional y tratamiento más profundas.

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