martes, 18 de agosto de 2026

Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Proceso para crear metáforas. Enfoque PRR

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 PROCESO PARA CREAR METÁFORAS: ENFOQUE (PROBLEMAS, RECURSOS Y RESULTADOS)

La secuencia para presentar la historia al paciente es la siguiente:

  1. Describe un problema análogo al del paciente
  2. Muestra cómo el personaje del relato obtiene los recursos necesarios para solucionar el problema.
  3. Se expone el resultado exitoso.

 

Es recomendable que el psicólogo procure tener claro cuál es el resultado pretendido y hacia dónde conducirá la historia. Una vez haya definido el resultado, resultará más sencillo averiguar qué recursos, capacidades o medios necesita el paciente (y el personaje de la metáfora) para conseguirlo, y determinar qué obstáculos se deben sortear en la misma.

Pasos en la aplicación de las metáforas terapéuticas

Paso 1. Centrarse en una valoración orientada a los resultados.

Se trata de definir claramente el objetivo y hacer que la historia progrese hacia su consecución. El terapeuta necesita realizar una valoración clara y precisa de lo que el paciente espera obtener con el tratamiento. Asimismo, hay que convertir los objetivos negativos expresados por el paciente en positivos. Por ejemplo, “Dejar de sentir pánico” por “Sentirme mentalmente tranquilo y físicamente relajado”

   Paso 2. Formular en enfoque PRR

Una vez planteado el objetivo, se trata de plantear qué se necesita para conseguirlo. Los recursos son los medios más precisos para lograr un fin. Se trata de valorar la capacidades existentes, utilizar las capacidades existentes, crear los recursos necesarios (los pacientes ya se habrán enfrentado a múltiples experiencias a lo largo de sus vidas y habrá aprendido a superar innumerables dificultades y retos), crear experiencias para hacer posible una nueva forma de aprender (beneficiarse de las experiencias de otras personas) y proporcionar alternativas para nuevos descubrimientos.

Para terminar, se analizan qué obstáculos o impedimentos necesita superar. Éste es el problema.

   Paso 3. Construir y presentar la metáfora.

Es recomendable planificar las metáforas de forma inversa al enfoque PRR (esto es, de los resultados a los problemas) No obstante, la metáfora se debe estructurar y narrar siguiendo el formato PRR: presentar el problema, a continuación, los recursos necesarios (esto es, los aprendizajes y descubrimientos requeridos), y por último, concluir con los resultados.

  1. Hay que crear un personaje que presente analogía con el paciente (edad, sexo, bagaje cultural, actividad laboral y tipos de intereses. O bien, un personaje que comparta unos rasgos de personalidad similares, un modo de pensar igual o unas mismas pautas de comportamiento.
  2. El relato puede guardar una analogía con el problema actual del paciente.
  3. La parte de la historia que presenta los recursos y capacidades del personaje ayuda al paciente a conocer las capacidades que ya posee, a reactivar habilidades pasadas o a desarrollar nuevos métodos para superar sus problemas actuales.
  4. Se le enseña a utilizar los recursos para alcanzar los resultados.
  5. En la fase final se describirá las experiencias y sentimientos que se tienen al haber alcanzado el objetivo, así como los beneficios que obtendrá el personaje de la historia.

   Paso 4. Observación y empleo del proceso de búsqueda.

   La metáfora tiene que proporcionarle los medios necesarios para facilitar que ese paciente avance hacia el objetivo deseado, pero hay que estar preparado para que el intento o el propósito que se persigue al narrar una historia no coincida con el que le atribuye el paciente.

   Paso 5. Ratificar la historia, validar el resultado y animar al paciente a continuar aprendiendo.


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miércoles, 17 de junio de 2026

ANSIEDAD Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Principales sensaciones que notamos cuando estamos ansiosos

   


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¿Qué es la Ansiedad?

 La ansiedad es el principal mecanismo de supervivencia con el que nacemos. Esta ahí porque ayuda a sobrevivir. La especie perdura gracias a la ansiedad.

Cada vez que percibimos peligro hay una serie de cambios en nuestro organismo que nos ponen en las mejores condiciones para ejecutar los dos tipos de comportamiento que aumentan las probabilidades de sobrevivir: luchar o escapar.

Cualquier situación nueva o mínimamente amenazante suscita ansiedad. Es

parte de nuestra dotación genética. Es uno de los mecanismos que la naturaleza y la evolución han diseñado para garantizar la supervivencia.

Todo empieza en nuestro cerebro. En cuanto percibimos peligro, esta señal de amenaza es recogida por una de las estructuras más antiguas de nuestro sistema nervioso central, que a su vez, genera unos mensajeros químicos, llamados neurotransmisores, que enervan nuestro sistema nervioso autónomo, y todo nuestro cuerpo se pone en acción para afrontar la amenaza. Cada una de las sensaciones corporales que notamos tiene como misión blindarnos y activar el programa de supervivencia.

 

Principales sensaciones que notamos cuando estamos ansiosos y su explicación en términos de respuesta de ansiedad.

 

Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, dolor en la región precordial.

Cuando nos ponemos ansiosos, el cuerpo se prepara para la actividad física. Los músculos se alimentan de azúcar y de oxígeno, y ambos elementos llegan a través de la sangre. El flujo sanguíneo tiene que aumentar y la forma de conseguirlo es que el corazón vaya más rápido. Cuando el corazón va a más velocidad durante un rato, según la susceptibilidad de cada persona, se pueden notar estas sensaciones.

 

Ahogo, mareo, dificultad para respirar, sensación de irrealidad, opresión en las sienes, cambios de calor a frío.

Como necesitamos más oxígeno, involuntariamente respiramos más rápido. Pero si este oxígeno extra no se usa haciendo actividad física, nos hiperventilamos. Es decir, hay mucho más oxígeno en la sangre del que necesitamos y aunque esto es totalmente inocuo puede provocar todas estas sensaciones y más.

 

Tensión muscular, dolor en la cabeza y espalda, contracturas, calambres, temblores y sensación de piernas débiles.

Cuando estamos ansiosos se supone que vamos a entrar en acción, a huir y a luchar. Ambos comportamientos implican intensa actividad física. Aunque no queramos, nuestros músculos se tensan. Si esta tensión se mantiene durante un buen rato sin que los músculos se usen en actividad física intensa, pueden aparecer todas estas sensaciones.

 

Sensación de irrealidad, percepciones extrañas, descontrol en los pensamientos

Cuando estamos relajados y bajo control, nuestro cerebro está gobernado por las zonas rectoras, principalmente por el neocórtex frontal. Pero cuando estamos muy ansiosos, son otras zonas las que toman el control, zonas tan antiguas que los neurólogos denominan el cerebro reptiliano. Son estructuras anatómicas que están en lo más profundo de nuestro cerebro como la amígdala y el locus coerelus. Cuando estas zonas toman el poder, el funcionamiento de nuestro cerebro cambia, es menos racional y está regido por

mecanismos más primarios. Hay gente, especialmente sensible, que nota claramente este cambio de programa y se sienten raros: no se reconocen a sí mismos o pueden percibir la realidad de manera distinta. No es peligroso, durará poco pero puede ser perturbador.

 

Boca seca, sensaciones en el estómago, náuseas, estreñimiento, diarrea.

Al ansiarnos, el sistema digestivo se paraliza. Comer es importante, pero lo es más para sobrevivir no ser devorado por un depredador.

Así que, el sistema digestivo cesa su actividad y, según en el punto que estemos en el proceso de alimentarnos, notaremos unas sensaciones u otras.

 

Cambios en la temperatura

Como la sangre se acumula en las vísceras y en los músculos, la temperatura interior aumenta. La gente ansiosa se queja de calor y cuando nuestra temperatura sube hasta un determinado punto, los sistemas de refrigeración se ponen en marcha y empieza el sudor.

Al mismo tiempo, el aporte de sangre a las zonas periféricas se reduce, con lo cual se puede notar frío en las extremidades, y el sudor tornarse frío cuando atraviesa la piel.

 

Pérdida de sensibilidad en zonas superficiales

Con el objetivo de no desangrarnos si somos heridos en la lucha, al estar ansiosos se produce una vasoconstricción en las venas y arterias cercanas a la piel. Al disminuir el riego sanguíneo nuestra piel se enfría y personas especialmente reactivas pueden sufrir pérdidas de sensibilidad e incluso parestesias, que se nos duerman las manos, la cara o los pies.

 

Cambios en la visión, sensación de que la luz molesta, manchas en la visión

En plena ansiedad, y con el objetivo de emplear nuestro campo visual para no ser sorprendidos por el enemigo, las pupilas se dilatan. Habitualmente la dilatación pupilar está controlada por la intensidad de la luz. Así pues, las pupilas pueden entrar en conflicto recibiendo dos mensajes contradictorios, el que proviene de la respuesta de ansiedad y el habitual que proviene del grado de luminosidad ambiental. Ante esta confusión, el mensaje que recibe nuestro cerebro es confuso y la calidad de las imágenes que se decodifica es muy baja.

 

 La ansiedad no puede hacer daño

Una característica genuina de la ansiedad es su corta durabilidad. Es un mecanismo muy potente que puede dispararse a altísimas intensidades pero nunca durar mucho. La explicación es muy sencilla. Cuando hay un peligro, la reacción no puede ser larga. Da igual si es luchar contra una fiera salvaje o esquivar a un coche. El desenlace ocurrirá rápido. Esta temporalidad corta está basada enlas características de nuestro sistema nervioso. El sistema nervioso autónomo, que da base biológica a todos los cambios corporales, bioquímicos y hormonales que producen la ansiedad, está a su vez basado en dos subsistemas: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El primero, el simpático, activa el proceso generando la ansiedad, y el segundo, el parasimpático lo controla. Este control va a provocar dos efectos: que no dure demasiado tiempo y que la intensidad del malestar no llegue a ser tan alta que nos pueda dañar. Lo que nos lleva a otra característica de la ansiedad que muy poca gente conoce: que es inocua, que no nos puede hacer daño.

 

Ansiedad ante situaciones que no son peligrosas

 

La ansiedad tiene su razón ser cuando afrontamos situaciones peligrosas, circunstancias en que nuestra vida corre realmente peligro, pura evolución. Pero, ¿qué pasa cuando el programa de ansiedad se conecta ante situaciones que no son peligrosas?

Aquí, en estos casos, no podríamos hablar de ansiedad, sino de trastornos de ansiedad. Un trastorno de ansiedad se podría definir como una reacción de ansiedad en principio adaptativa, saludable, que se activa ante una situación no peligrosa, ante una situación en que no debería activarse. Por ejemplo, una persona con fobia a volar, percibe un avión como una trampa mortal y al procesar ese escenario como peligroso, la vieja respuesta de ansiedad aparece.

La explicación a este proceso está en la conexión. El problema de esta persona no está en la bioquímica de su cerebro ni en que su sistema nervioso autónomo se haya desregulado, sino que a través de determinadas experiencias educativas, conectó volar con peligro inminente. Esta es la razón de todos los trastornos de ansiedad. Las personas que los sufren asociaron las situaciones que les producen miedo con catástrofe, con horror, con peligro. El problema siempre es la conexión, nunca la propia respuesta de ansiedad, que por sí misma es natural y saludable. Así pues, el tratamiento tendrá como objetivo no eliminar la respuesta de ansiedad, sino desconectarla de las situaciones aprendidas como peligrosas.

 

La ansiedad no es peligrosa

 

La ansiedad no es peligrosa, aunque sí incómoda y desagradable. No obstante, en personas especialmente sensibles y que llevan mucho tiempo sufriendo un

trastorno de ansiedad, podrían llegar a desarrollar algún desajuste psicofisiológico. Por ejemplo, sabemos que algunos problemas digestivos, como el colon irritable, pueden verse favorecidos por la ansiedad sostenida. O sucedería lo mismo con las cefaleas tensionales, la dermatitis atópica, el asma, o las alopecias. Probablemente lo que sucede es que la activación constante del programa de ansiedad acaba de alguna forma haciendo mella en el subsistema más débil de la persona. Un ejemplo que ayudará a comprender este proceso sería el que sucede en gente que hace demasiado ejercicio físico. El entrenamiento y el deporte son saludables, pero cuando se abusa de ellos, y no se respetan los tiempos de recuperación adecuados, pueden llegar a provocar pequeños desajustes biológicos.


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ANSIEDAD GENERALIZADA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Diagnóstico diferencial de la Ansiedad Generalizada y otros trastornos coexistentes

    


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Diagnóstico diferencial de la Ansiedad Generalizada y otros trastornos coexistentes

Trastornos psicológicos que se pueden confundir con la ansiedad generalizada:

 

Trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno de ansiedad generalizada

Se diferencian en que:

  1. El contenido de los miedos en la ansiedad generalizada se centra en circunstancias de la vida diaria, mientras que en las obsesiones los miedos son más raros, extraños y fuera de lo habitual (religión, violencia, contaminación, sexo)
  2. El contenido de las preocupaciones en ansiedad generalizada encaja con el sistema de valores del individuo, mientras que en el trastorno obsesivo los pensamientos perturbadores chocan, son contrarios al sistema de valores.
  3. En la ansiedad generalizada predominan los pensamientos en forma de palabras mientras que en la obsesión es fácil también encontrar imágenes.
  4. La resistencia que las personas obsesivas ofrecen ante la necesidad de ritualizar es mayor que la ansiedad generalizada a la hora de realizar las conductas de seguridad.

Incluso teniendo en cuenta estas diferencias, la investigación sugiere que ambos trastornos tienen muchos elementos en común y que lo que los caracteriza es la absoluta tiranía de los pensamientos.

 

Fobia social y ansiedad generalizada

Se diferencian en que:

  1. El foco de los temores en la fobia social está centrado en el miedo a la descalificación, mientras que en el trastorno de ansiedad generalizada las preocupaciones giran en torno a una amplia gama de miedos que incluye, en algunos casos, la evaluación de los demás.
  2. En la fobia social las situaciones disparadoras son predominantemente

externas, mientras que en la ansiedad generalizada, aunque también hay situaciones externas, las internas son muy relevantes.

  1. La estrategia fundamental en la fobia social es la evitación, mientras que en la ansiedad generalizada las estrategias principales son los pensamientos neutralizadores, la distracción y la comprobación.

 

Comorbilidad

Los estudios muestran que la ansiedad generalizada coexiste en los mismos individuos con la fobia social, el trastorno de pánico, la fobia específica y diversos grados de depresión. Otros estudios muestran alta coexistencia con diferentes trastornos de personalidad: de evitación, dependiente y mixto.

Finalmente, también se han encontrado coincidencias con una amplia gama de trastornos médicos: síndrome de fatiga crónico, síndrome de colon irritable, cefaleas tensionales, hipertensión, diabetes y trastornos cardíacos.


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HIPOCONDRÍA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Diagnóstico diferencial en Hipocondría y trastornos coexistentes

   


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 Diagnóstico diferencial de la Hipocondría y otros trastornos coexistentes

Trastornos psicológicos que se pueden confundir con la hipocondría:

Trastorno de pánico e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. En el pánico, la catástrofe temida (“infarto cerebral”) está sucediendo en ese mismo momento. En la hipocondría el desenlace final, la muerte, ocurrirá dentro de un tiempo, seguirá un largo proceso.
  2. El número de sensaciones físicas que activa los temores es mucho más amplio en la hipocondría que en el pánico.
  3. El tipo de creencias en hipocondría es más distorsionado que en el pánico, llegando incluso a la superstición (“si no pienso que es algo muy grave, lo será”).
  4. Las conductas de búsqueda de seguridad que predominan en la hipocondría son la reaseguración y la comprobación, mientras que en el pánico hay más evitación.

En cualquier caso, hay una alta coexistencia de los dos trastornos. El 70% de los hipocondríacos tienen ataques de pánico y más de un 50% de los que sufren un trastorno de pánico tienen un trasfondo hipocondríaco.

 

Trastorno obsesivo-compulsivo e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. La gama de eventos disparadores es más amplia en la hipocondría que en las obsesiones.
  2. Los eventos disparadores en obsesiones tienden a ser predominantemente externos.
  3. La conducta de seguridad más habitual en las obsesiones son los rituales, mientras que en la hipocondría son la reaseguración y la comprobación.

A pesar de estas diferencias, hay casos en los que la frontera entre ambos trastornos es muy fina, y podría resultar complicado inclinarse por uno de los dos diagnósticos.

 

Fobia a la enfermedad e hipocondría

Se diferencian en que:

  1. Los fóbicos a la enfermedad tienen miedo a contraer la enfermedad, mientras que los hipocondríacos creen tener la enfermedad.
  2. Los eventos disparadores en la fobia a la enfermedad son externos mientras que en la hipocondría hay externos pero predominan los internos.
  3. La conducta de seguridad más habitual en la fobia a la enfermedad es la evitación y en la hipocondría la reaseguración y la comprobación

A pesar de que estas diferencias sobre el papel pueden parecer claras, no hay ni un solo hipocondríaco que no tenga también miedo a la enfermedad.

 

Coexistencia con otros trastornos

Con la hipocondría se han encontrado coexistencias con el trastorno de pánico, depresión y, en menor medida, en trastornos de personalidad.

A la hora de diseñar el plan terapéutico, como psicóloga especializada en Hipocondría realizado una exhaustiva evaluación psicológica en la que se pueda detectar una clara conexión funcional entre las diferentes áreas problemáticas. Una exhaustiva conceptualización de cada caso y el conocimiento de las características individuales de la persona son las que permitirán decidir el mejor orden de intervención.


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ANSIEDAD GENERALIZADA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Pensamientos, cambios físicos y estrategias en la Ansiedad Generalizada

    


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Psicóloga online y en Vecindario especializada en Trastorno de Ansiedad Generalizada – TAG

 

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

Lo que define a la ansiedad generalizada es la preocupación, la preocupación excesiva. Todo el mundo se preocupa por razones muy parecidas: la salud de los seres queridos, el trabajo, las finanzas, la propia salud o la relación con los demás. En la ansiedad generalizada estas preocupaciones cotidianas se desorbitan, se vuelven incontrolables.

 

Pensamientos en la Ansiedad Generalizada

Las personas con ansiedad generalizada describen su problema como que no pueden dejar de preocuparse, no pueden parar sus pensamientos sobre que las cosas puedan ir mal.

Preocupaciones frecuentes:

  • La salud de sus hijos (“¿y si mi hijo tuviera meningitis?”)
  • Su seguridad (“¿y si el autobús del cole tiene un accidente?”)
  • La seguridad de otras personas queridas (“me da miedo que mi marido tenga un accidente con el coche”),
  • El trabajo (“¿y si me quedo sin clientes?”)
  • Sus finanzas (“no podré hacer frente a los pagos”)
  • Los impuestos (“¿y si me pilla hacienda?”)

O sobre cualquier otro tema que pueda resultar perturbador: relación con familiares o amigos, ejecución de tareas o rendimiento académico.

 

Cada vez que aparece una preocupación, la persona busca mentalmente una solución. Pero la solución a su vez provoca una nueva preocupación que se intenta neutralizar con otra solución. Y así se entra en un proceso rumiativo que parece no tener fin.

Para complicar más todavía la situación, aparece otra clase de pensamientos: preocupaciones sobre las preocupaciones. En cada caso es distinto, pero después de un tiempo sintiendo estas preocupaciones constantemente, la persona empieza a preocuparse sobre su preocupación. Se cree que todo ese proceso no es normal, que uno está enfermo o sufre algún tipo de extraño trastorno psicológico, y que acabará sufriendo un colapso nervioso, volviéndose loco, o que como resultado de sufrir ansiedad tanto tiempo, acabará dañándose físicamente. A partir de ese momento, la autofocalización se centra en la propia preocupación, y en cuanto se detecta se intenta evitar a toda costa: “vaya, ya estoy nervioso otra vez, me resulta imposible desconectar, ¿qué puedo hacer para quitarme esto de encima?”

 

Por otra parte, también es muy frecuente tener otro tipo de pensamiento sobre las preocupaciones. Creencias acerca de que preocuparse, en realidad, es bueno. Sería algo así como creer que la preocupación es un modo de afrontamiento de posibles problemas, como de ir un paso por delante. Predecir la aparición de futuros problemas y tener ya preparado un plan para abordarlos. Esta manera de conceptualizar la preocupación se aprende durante la infancia y es muy probable que la influencia de los padres sea determinante en su adquisición.

El flujo de preocupaciones, aunque tiende a ser constante, fluctúa en intensidad. Hay épocas mejores que otras, y sin duda alguna, está modulada por variables como el estado de ánimo, el estrés y cualquier elemento que tenga protagonismo en el estilo de vida.

 

Reacciones físicas en la Ansiedad Generalizada

 

La reacción fisiológica, suele ser moderada pero continua. Muchos sufridores se quejan con expresiones como “no sé relajarme, nunca estoy tranquilo, o no

puedo desconectar”.

  • Las alteraciones del sueño son muy corrientes. Meterse en la cama y tardar mucho tiempo en dormirse o tener un sueño ligero, poco reparador y con muchos despertares a lo largo de la noche.
  • El dolor de cabeza y de espalda como resultado de la tensión muscular sostenida también es una sensación habitual.
  • Notar molestias en el aparato digestivo como boca seca, digestiones pesadas, aires, estreñimiento o diarrea.

 

Por otra parte, en momentos puntuales la ansiedad puede subir más y volverse intensa: taquicardia, ahogo, temblores o piernas débiles.

 

Estrategias más comunes en la Ansiedad Generalizada

 1. El pensamiento neutralizador

Estrategia más común. Cada vez que aparece un pensamiento de preocupación, la persona lo bloquea con un pensamiento en formato de solución. He aquí algunos ejemplos:

–Este mes no podré pagar la letra. –Pues pediré un préstamo rápido.

–¿Y si le ofrecieran droga a mi hijo? –No pasa nada, seguro que la rechazaría.

–Hacienda me pillará esta factura. –Es defendible en concepto de dietas.

–¿Y si el pediatra le encuentra algo –Para nada, está muy sano? a mi hijo?

–¿Les habrá molestado lo que dije? –No lo creo, estaban sonriendo todo el rato.

–Tanta ansiedad acabará fastidiándome –No, el cardiólogo dice que estoy sano.

–Al final me volveré loco. –Si tuviera que volverme loco, ya lo hubiera hecho

Esta constante lucha mental provoca que la ansiedad ascienda y descienda. Los pensamientos catastróficos la elevan y los neutralizadores la reducen. Pero este alivio ni es completo ni duradero. Porque al instante la solución genera otro problema (“pues pediré un préstamo rápido” ➭ “los intereses de esos préstamos son muyaltos, no podré hacerle frente” ➭ “pues le pediré un préstamo a mi hermano” ➭ “vale, pero si no se lo puedo pagar pronto, mi cuñada se enfadará mucho” ➭ etc.)

La persona constantemente estaría anticipando problemas sin desearlo y, a su vez, los atajaría voluntariamente, intentando resolverlos a la búsqueda de la solución definitiva que,nunca llegaría.

2. La distracción

Muchas de las secuencias anteriores, se cortan cuando la persona consigue distraerse, bien voluntariamente, o bien porque sucede algo que capta su atención. Jugar a tenis, o cualquier deporte competitivo, ver televisión, jugar a un videojuego, navegar en Internet, llamar por teléfono….

3. La evitación

Cada persona tiene diferentes preocupaciones y por lo tanto evita diferentes situaciones. Si una madre está atormentada por la seguridad de su hijo, intentará evitar aquellas situaciones que van a empeorar sus miedos: excursiones del colegio, actividades extraescolares, o que pase la noche en casa de amigos.

4.Otros comportamientos voluntarios

Por ejemplo, unos padres excesivamente preocupados por la seguridad de su hijo podrían regalarle un móvil prematuramente e instruirle a usarlo para tener más sensación de seguridad. Y antes de salir de casa, no sería raro que le advirtieran acerca de los peligros del mundo exterior. Una persona preocupada por la posibilidad de quedarse en números rojos, podría pasarse horas comprobando el estado de sus cuentas y haciendo operaciones matemáticas con sus ingresos y pagos, o llamar constantemente al banco para preguntar sobre sus operaciones financieras. Quien se preocupara porque sus hijos enfermaran podría dedicar mucho tiempo a buscar posibles síntomas de enfermedades en los niños y a consultar en exceso al pediatra o páginas médicas de Internet.

 

Diferencias individuales en la Ansiedad Generalizada

 

Aunque la preocupación siempre parece estar ahí, el grado de consciencia varía según momentos. Por supuesto, en ocasiones desaparece completamente, sobre todo cuando la atención de la persona está centrada en algo que le atrae poderosamente. Muchas veces, es como si hubiera una consciencia doble. Por una parte, intenta centrarse en lo que está haciendo, en las actividades que implica la vida cotidiana, pero por otra, no puede evitar que los pensamientos de preocupación estén ahí como en un segundo plano. Algunas personas lo describen como que los perciben en un volumen más bajo, perturban menos, pero no desaparecen del todo. Y luego están los momentos peores. Cuando las preocupaciones dominan completamente la atención y se notan en su máxima intensidad.

Este estado, el más doloroso, se ve provocado por situaciones específicas. Es más, estas situaciones son las responsables de que aparezcan estas preocupaciones en su más intensa expresión.


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