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Psicóloga María Jesús Suárez Duque
¿Qué es el sobrecontrol? Cuando tener demasiado autocontrol también puede generar sufrimiento
El autocontrol suele considerarse una cualidad positiva. Ser capaz de inhibir impulsos, conductas o deseos inmediatos y retrasar una recompensa para conseguir objetivos a largo plazo puede ayudarnos a estudiar, trabajar, ahorrar, mantener compromisos y perseverar ante las dificultades.
De hecho, el control inhibitorio es una capacidad muy valorada socialmente. Muchos problemas personales y sociales aparecen precisamente cuando existen dificultades importantes para controlar determinados impulsos.
Sin embargo, existe otra realidad de la que se habla mucho menos: un exceso de autocontrol también puede llegar a ser problemático.
Cuando controlar las emociones, las conductas y las propias necesidades se convierte en una forma rígida y habitual de afrontar la vida, podemos encontrarnos ante un patrón de sobrecontrol.
¿Qué significa tener un patrón de sobrecontrol?
El sobrecontrol no significa simplemente ser responsable, organizado o tener mucha fuerza de voluntad.
Estas características pueden ser enormemente útiles. La dificultad aparece cuando el control es tan intenso y rígido que comienza a limitar la capacidad de la persona para adaptarse, aprender de experiencias nuevas, expresar lo que siente o establecer relaciones emocionalmente cercanas.
El sobrecontrol se ha relacionado con características como:
- aislamiento social;
- dificultades en las relaciones interpersonales;
- hiperperfeccionismo;
- rigidez;
- aversión al riesgo;
- escasa expresión emocional.
También se ha estudiado su presencia en problemas de salud mental graves y difíciles de tratar, entre ellos la depresión crónica, la anorexia nerviosa y el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo.
Esto no significa que una persona con sobrecontrol tenga necesariamente alguno de estos trastornos. Tampoco que ser perfeccionista, reservado o responsable constituya por sí mismo un problema psicológico.
Lo importante es comprender hasta qué punto ese estilo de funcionamiento se ha vuelto rígido y está interfiriendo en la vida de la persona.
¿Por qué algunas personas desarrollan un estilo sobrecontrolado?
Desde el modelo de la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT), el sobrecontrol desadaptativo se entiende como un estilo de personalidad que puede desarrollarse mediante la interacción entre determinadas predisposiciones temperamentales y las experiencias familiares, ambientales y culturales.
Es decir, intervienen tanto aspectos relacionados con la naturaleza o temperamento de la persona como con su crianza y experiencias ambientales.
De esa interacción puede desarrollarse una forma de afrontar la vida caracterizada por un control inhibitorio elevado y unas relaciones interpersonales más distantes.
Cuando este patrón se vuelve excesivamente rígido, puede limitar tres aspectos especialmente importantes:
el aprendizaje de nuevas formas de responder, la flexibilidad ante las circunstancias y el desarrollo de vínculos sociales estrechos.
El temperamento y el desarrollo del sobrecontrol
Dentro de este modelo se consideran especialmente relevantes cuatro dimensiones temperamentales que pueden observarse desde la infancia:
- Sensibilidad a las amenazas
Hace referencia a la afectividad negativa y a la facilidad con la que determinadas situaciones pueden percibirse como amenazantes.
- Sensibilidad a la recompensa
Está relacionada con la afectividad positiva y con la respuesta ante experiencias potencialmente gratificantes.
- Capacidad de autocontrol
El denominado control del esfuerzo permite inhibir determinadas respuestas y dirigir el comportamiento hacia un objetivo.
- Procesamiento centrado en los detalles
Algunas personas presentan una mayor tendencia a procesar los elementos específicos y los detalles frente a una percepción más global de la situación.
¿Cómo puede manifestarse el sobrecontrol desde la infancia?
Los niños con mayor riesgo de desarrollar un estilo de afrontamiento sobrecontrolado y aislamiento social suelen presentar una combinación de:
alta sensibilidad a las amenazas, baja sensibilidad a la recompensa, elevado control del esfuerzo y un procesamiento muy centrado en los detalles.
Pueden mostrarse conductualmente inhibidos, tímidos y poco inclinados a asumir riesgos. También pueden restringir considerablemente la expresión de sus emociones, prestar una atención muy elevada a los detalles y mantener un comportamiento distante o socialmente retraído.
Esto no determina inevitablemente cómo será esa persona en la edad adulta. Se trata de factores que, en interacción con las experiencias familiares, sociales, ambientales y culturales, pueden contribuir al desarrollo de determinados estilos de afrontamiento.
Sobrecontrol y bajo control no son lo mismo
La RO-DBT también diferencia este patrón de otro caracterizado por una mayor desregulación emocional y descontrol conductual.
En los niños con riesgo de desarrollar un afrontamiento de bajo control suele encontrarse una combinación diferente: alta sensibilidad a las amenazas, menor control del esfuerzo y elevada sensibilidad a la recompensa.
Esta distinción es importante porque no todas las dificultades emocionales se producen de la misma manera.
Hay personas cuyo problema principal puede estar relacionado con dificultades para inhibir determinadas respuestas. En otras ocurre prácticamente lo contrario: han aprendido a inhibirse tanto que la propia capacidad de control termina convirtiéndose en parte de la dificultad.
El sobrecontrol también tiene importantes fortalezas
Tener un estilo sobrecontrolado no es necesariamente negativo.
Muchas de las características asociadas al sobrecontrol son capacidades extraordinariamente útiles en determinadas circunstancias.
Una persona con una gran capacidad para retrasar la gratificación puede ahorrar y planificar pensando en el futuro. Quien siente una fuerte necesidad de hacer las cosas correctamente puede esforzarse por obtener un buen rendimiento y superar las expectativas.
El sentido del deber, la obligación y el sacrificio puede favorecer que una persona atienda las necesidades de los demás. La valoración de las normas, la justicia y la equidad puede ayudarla a resistir determinadas presiones sociales.
Del mismo modo, un procesamiento muy centrado en los detalles puede proporcionar precisión y una gran capacidad para reconocer patrones, detectar dificultades y resolver problemas.
Por eso muchas personas con este estilo son quienes planifican, organizan, ahorran, prevén los problemas y encuentran soluciones.
Son quienes ayudan a recoger después de una fiesta. Quienes ahorran pensando en su jubilación para intentar no convertirse en una carga para otras personas. Quienes permanecen trabajando hasta tarde y vuelven a levantarse temprano porque quieren asegurarse de que todo funcione correctamente.
Valoran la honestidad, la equidad, la moderación y hacer lo que consideran correcto.
En cierto sentido, son las personas que consiguen que los trenes funcionen a tiempo.
Entonces, ¿cuándo se convierte el sobrecontrol en un problema?
Precisamente aquí aparece una de sus grandes paradojas.
Para una persona con sobrecontrol, su mayor fortaleza puede convertirse también en su mayor debilidad.
La capacidad para inhibirse, esforzarse, controlar sus necesidades y continuar adelante puede resultar extraordinariamente eficaz en determinados contextos.
Puede ser muy útil para estudiar durante horas, planificar una tarea compleja, ahorrar, trabajar con precisión o incluso realizar actividades que requieren una enorme disciplina y concentración.
Pero esas mismas estrategias pueden generar dificultades cuando lo que la situación requiere es flexibilidad y conexión con otras personas.
El problema no está, por tanto, simplemente en tener mucho autocontrol. Aparece cuando ese control se utiliza de manera tan automática y rígida que resulta difícil abandonarlo incluso cuando hacerlo sería más adaptativo.
Cuando controlar demasiado hace todavía más difícil dejar de controlar
Existe otra paradoja.
Mantener continuamente un nivel elevado de autocontrol requiere recursos psicológicos. Cuando el sobrecontrol se vuelve habitual, puede consumir precisamente los recursos que la persona necesitaría para interrumpir ese patrón y responder de otra manera.
Se crea así una especie de trampa: la persona utiliza todavía más control para intentar manejar un funcionamiento que ya se caracteriza por un exceso de control.
Y pueden quedar fuera respuestas alternativas mucho más sencillas.
Por ejemplo, parar, descansar, echarse una siesta o pedir ayuda.
La persona puede saber cuidar, solucionar, organizar o hacerse responsable de los demás y, sin embargo, encontrar enormes dificultades para reconocer que esta vez es ella quien necesita apoyo.
Sentirse prisionero del propio autocontrol
Desde fuera, una persona con sobrecontrol puede transmitir una imagen de fortaleza, serenidad, responsabilidad o autosuficiencia.
Su experiencia interna puede ser muy diferente.
Puede llegar a sentirse prisionera de su propia necesidad de control.
Además, su tendencia natural a inhibir o controlar las expresiones emocionales puede hacer que resulte difícil para los demás darse cuenta de que está sufriendo.
Si las personas de su entorno no perciben su malestar, también será más difícil que puedan acercarse y ofrecerle ayuda.
Esto puede contribuir precisamente a uno de los problemas centrales asociados al sobrecontrol: la desconexión social.
“Estoy bien”: cuando el sufrimiento pasa desapercibido
El sobrecontrol desadaptativo puede ser especialmente difícil de identificar porque generalmente no se expresa de una manera llamativa.
Una persona puede cumplir con sus responsabilidades, mantener sus rutinas, continuar trabajando y aparentar que todo está bajo control mientras experimenta un importante sufrimiento interno.
Incluso cuando alguien le pregunta directamente cómo se encuentra, puede tender a minimizar su malestar.
Esta forma discreta de expresar el sufrimiento puede hacer que el problema pase inadvertido para familiares, amigos e incluso dificultar inicialmente su identificación en terapia.
No necesariamente porque la persona no esté sufriendo, sino porque ha aprendido a no mostrar fácilmente que está sufriendo.
Observar la vida sin llegar a participar plenamente en ella
Una de las experiencias que puede acompañar al sobrecontrol es una sensación persistente de distancia respecto a los demás.
La persona observa, analiza, controla, anticipa y procura comportarse correctamente, pero puede encontrar muchas más dificultades para permitirse la espontaneidad, mostrar vulnerabilidad o participar emocionalmente en sus relaciones.
Puede terminar experimentando una sensación parecida a la de ser “un extraño en una tierra extraña”: siempre observando, pero rara vez participando.
Y aquí encontramos una diferencia fundamental entre aquello que constituye una fortaleza y aquello que empieza a producir sufrimiento.
El objetivo no es eliminar cualidades como la responsabilidad, la perseverancia, la capacidad de planificación o el autocontrol. Se trata de poder reconocer cuándo esas capacidades ayudan y cuándo su utilización excesivamente rígida empieza a limitar la flexibilidad, el bienestar y la conexión con otras personas.
¿Te reconoces en algunas características del sobrecontrol?
Ser muy responsable, perfeccionista, reservado o disciplinado no significa necesariamente que exista un problema psicológico.
Sin embargo, puede ser conveniente explorar lo que está ocurriendo cuando mantener constantemente el control empieza a resultar agotador; cuando pedir ayuda resulta especialmente difícil; cuando apenas se muestran las emociones aunque internamente exista un gran sufrimiento; o cuando las relaciones se viven desde una posición de distancia, observación o desconexión.
Una valoración psicológica permite comprender qué función está cumpliendo el control en tu vida, qué aspectos continúan siendo útiles y cuáles pueden haberse convertido en patrones demasiado rígidos.
Psicóloga online y en Vecindario
Como Psicóloga General Sanitaria, trabajo desde un enfoque integrativo, adaptando la intervención psicológica a las características y necesidades de cada persona.
Si el exceso de control, la rigidez, el perfeccionismo o las dificultades para expresar lo que sientes están afectando a tu bienestar o a tus relaciones, podemos valorar conjuntamente qué está ocurriendo y qué forma de intervención puede resultar adecuada en tu caso.
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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es