martes, 22 de septiembre de 2026

SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - ¿Qué significa la apertura radical y cómo puede ayudarte en terapia?

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque

 ¿Qué significa la apertura radical y cómo puede ayudarte en terapia?

Cada modelo de terapia psicológica parte de una determinada manera de comprender por qué sufrimos y qué puede ayudarnos a cambiar.

Algunos tratamientos ponen especialmente el foco en los pensamientos, otros en las emociones, los esquemas aprendidos, las conductas de evitación, las experiencias traumáticas o diferentes formas de afrontar las dificultades.

La Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT) presta especial atención a algo diferente: cómo nos comunicamos emocionalmente con los demás y cómo nuestras señales sociales facilitan o dificultan la conexión.

Esto adquiere especial importancia en las personas con un estilo de sobrecontrol, porque pueden experimentar un considerable sufrimiento interno sin que los demás lleguen a percibirlo.

Pero la apertura radical es algo más que aprender determinadas habilidades. Parte de una manera particular de entender el bienestar psicológico y las relaciones humanas.

Tres capacidades importantes para el bienestar psicológico

Desde esta perspectiva, existen tres capacidades especialmente importantes:

receptividad, flexibilidad y conexión social.

La receptividad nos permite estar abiertos a información nueva, incluso cuando contradice lo que pensábamos.

La flexibilidad nos ayuda a modificar nuestra respuesta cuando las circunstancias cambian, en lugar de permanecer sujetos a una única manera de actuar.

Y la conexión social nos permite establecer relaciones significativas con otras personas.

No significa que necesitemos estar constantemente acompañados ni que todas las personas tengan que ser especialmente sociables.

Una persona puede disfrutar enormemente de la soledad, necesitar mucho espacio personal o preferir pocos vínculos y encontrarse perfectamente bien.

Lo importante es poder establecer conexión emocional cuando la deseamos o necesitamos, sin que la rigidez, el miedo a mostrarnos vulnerables o el exceso de control nos lo impidan.

La manera en que mostramos lo que sentimos importa

Uno de los conceptos más interesantes de RO-DBT es el de señalización social.

Podemos entenderlo de una manera muy sencilla: constantemente comunicamos a los demás información sobre nuestro estado interno mediante nuestra expresión facial, el tono de voz, los gestos, la postura corporal, la mirada y nuestra manera de responder.

Imagina que estás sufriendo, pero cuando alguien te pregunta qué ocurre sonríes ligeramente y contestas:

«Nada, estoy bien».

La otra persona solamente puede responder a las señales que recibe.

Si habitualmente ocultamos nuestro malestar, mantenemos una expresión muy controlada o mostramos algo diferente de lo que sentimos, las personas cercanas pueden tener dificultades para saber cuándo necesitamos apoyo.

Por eso alguien puede tener personas a su alrededor y, sin embargo, experimentar una profunda soledad emocional.

No necesariamente porque los demás no quieran acercarse, sino porque puede resultarles difícil saber cómo hacerlo.

«No vemos las cosas como son, sino como somos»

Esta idea resume bastante bien otro de los principios de la apertura radical.

Todos interpretamos la realidad desde nuestra historia, nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, nuestras emociones y nuestra manera particular de entender el mundo.

Por eso, apertura radical no significa pensar que los demás tienen razón y nosotros estamos equivocados.

Significa estar dispuestos a preguntarnos:

«¿Y si hay algo que no estoy viendo?»

O incluso:

«¿Qué podría aprender de esto?»

La diferencia es importante.

No se trata de renunciar al propio criterio. Se trata de no convertir nuestra interpretación en la única interpretación posible.

Cuestionarnos no significa culpabilizarnos

También quiero diferenciar dos cosas que pueden confundirse fácilmente.

Asumir responsabilidad no significa culparse.

Podemos reconocer nuestra participación en un problema sin concluir automáticamente que somos malas personas, que hemos fracasado o que todo es culpa nuestra.

Y tampoco necesitamos colocar inmediatamente toda la responsabilidad en los demás.

En terapia podemos aprender a preguntarnos:

¿Qué parte de esto depende de mí? ¿Qué puedo aprender? ¿Qué podría hacer de manera diferente la próxima vez?

Sin castigarnos por haber cometido un error.

Los problemas también pueden proporcionarnos información

La apertura radical propone otra forma de relacionarnos con las dificultades.

Cuando algo sale mal, nuestra reacción automática puede ser intentar solucionarlo inmediatamente, evitarlo, controlarlo todavía más o interpretarlo como un fracaso.

Pero un problema también puede convertirse en una oportunidad para descubrir algo sobre nosotros mismos.

Podemos preguntarnos:

¿Qué está poniendo de manifiesto esta situación?

¿Qué me cuesta especialmente aquí?

¿Qué podría necesitar aprender?

Esto es lo que en RO-DBT se denomina autoindagación.

No consiste en analizarse obsesivamente ni en buscar qué hemos hecho mal.

Consiste en acercarnos a nuestra propia experiencia con curiosidad.

En terapia yo tampoco tengo todas las respuestas

Hay otro principio de este enfoque que considero especialmente valioso: el terapeuta no debería asumir que comprende completamente a la persona que tiene delante.

Puedo disponer de conocimientos psicológicos, experiencia clínica y diferentes modelos para intentar comprender lo que está ocurriendo.

Pero tú eres quien vive tu experiencia.

Por eso mi interpretación constituye una hipótesis que podemos explorar, no una verdad que tengas que aceptar.

Intentaré comprenderte aunque también reconozca que nunca podré experimentar exactamente el mundo desde tu lugar.

Esta postura permite que la terapia sea un proceso de colaboración y descubrimiento, en lugar de convertirse en una relación en la que una persona «sabe» y la otra simplemente tiene que seguir instrucciones.

Puedes estar sufriendo aunque nadie lo note

Esta cuestión es especialmente importante en el sobrecontrol.

Hay personas cuyo sufrimiento resulta muy visible.

Pero otras continúan trabajando, estudiando, atendiendo sus responsabilidades y relacionándose aparentemente con normalidad mientras internamente están atravesando un considerable malestar.

Incluso pueden minimizarlo cuando alguien les pregunta.

Por eso, que una persona parezca funcionar bien externamente no significa necesariamente que se encuentre bien internamente.

En consulta no necesito que demuestres cuánto estás sufriendo para considerar importante aquello que estás viviendo.

Quizá no necesites aprender a esforzarte todavía más

Muchas personas con un estilo sobrecontrolado llevan toda su vida esforzándose.

Cumplen. Planifican. Anticipan. Se responsabilizan. Intentan hacerlo correctamente. Perseveran incluso cuando están agotadas.

Por eso, en determinados casos, el cambio no consiste en enseñarles a esforzarse todavía más.

Puede consistir en aprender también a descansar, flexibilizar, jugar, disfrutar, equivocarse y poder reírse amablemente de los propios errores.

Esto puede resultar mucho más difícil de lo que parece para alguien acostumbrado a mantenerse permanentemente bajo control.

El terapeuta también tiene que mostrar aquello que propone

RO-DBT considera que no tendría demasiado sentido que un terapeuta dijera:

«Tienes que relajarte, ser más espontáneo y permitirte equivocarte»

mientras él mismo se comporta durante toda la sesión de manera extremadamente seria, rígida, distante y controlada.

Por eso se concede importancia a que el profesional pueda modelar una relación humana, cercana y flexible.

La espontaneidad, el humor adecuado, la calidez o reconocer con naturalidad un error pueden formar parte de esa relación.

No se trata de perder profesionalidad.

Se trata de que la propia relación terapéutica permita experimentar que se puede ser competente sin necesitar ser perfecto.

¿Y qué ocurre cuando hay un conflicto en terapia?

Una ruptura de la alianza terapéutica significa simplemente que algo ha ocurrido entre paciente y terapeuta que ha generado malestar, distancia, enfado, incomprensión o pérdida de confianza.

Desde esta perspectiva, el objetivo no es fingir que no ha sucedido.

Tampoco abandonar automáticamente la relación.

El conflicto puede convertirse en una oportunidad para practicar algo diferente: hablar de lo ocurrido, expresar el desacuerdo y tratar de reparar la relación.

Para una persona que suele retirarse, cerrarse emocionalmente o distanciarse cuando aparece un conflicto, esta experiencia puede resultar especialmente significativa.

Apertura radical no significa estar de acuerdo con todo

Este punto también conviene dejarlo muy claro.

Ser abierto no significa ser ingenuo.

No significa tolerar comportamientos dañinos.

No significa abandonar nuestros límites.

Y tampoco significa que cualquier opinión ajena sea tan válida como la nuestra.

La apertura radical consiste en conservar la disposición a preguntarnos si existe alguna información que todavía no hemos considerado, incluso cuando finalmente decidamos mantener nuestra posición.

Podemos ser firmes y abiertos al mismo tiempo.

Cómo incorporo estos principios a mi forma de trabajar

Cuando trabajo con patrones de sobrecontrol, no busco que la persona deje de ser responsable, reflexiva, perseverante o cuidadosa.

  • Me interesa ayudarla a ampliar sus posibilidades.
  • Que además de controlar pueda flexibilizar.
  • Que además de analizar pueda experimentar.
  • Que además de cumplir pueda descansar.
  • Que además de resolver pueda tolerar temporalmente no saber.
  • Que además de protegerse pueda acercarse cuando desea conexión.
  • Y que pueda equivocarse sin convertir cada error en una prueba de fracaso personal.

La finalidad no es cambiar quién eres.

Es conseguir que aquellas estrategias que quizá te han ayudado durante muchos años no terminen limitando la vida que quieres construir.

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SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cómo trabajo el sobrecontrol en terapia

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque

¿Cómo trabajo el sobrecontrol en terapia? Apertura, flexibilidad y conexión con los demás

Cuando trabajo con una persona que presenta un elevado sobrecontrol, no parto de la idea de que hay algo «mal» en ella que necesitemos corregir.

Muchas personas con este estilo de funcionamiento poseen cualidades que les han resultado enormemente valiosas a lo largo de su vida. Pueden ser responsables, perseverantes, detallistas, comprometidas, prudentes y capaces de realizar grandes esfuerzos para alcanzar sus objetivos.

Precisamente por eso, el trabajo psicológico no consiste en eliminar estas características.

Desde los principios de la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT), me interesa comprender qué aspectos de esa forma de funcionar continúan ayudando a la persona y cuáles se han vuelto tan rígidos que empiezan a limitar su bienestar, su capacidad para adaptarse o sus relaciones.

No se trata de aprender a controlarse todavía más.

En muchas ocasiones, se trata precisamente de aprender que no siempre es necesario esforzarse más, hacerlo mejor o mantener todo bajo control.

¿Qué buscamos cuando trabajamos el sobrecontrol?

La RO-DBT parte de una concepción del bienestar psicológico en la que adquieren especial importancia tres capacidades.

  1. Estar abiertos a nuevas experiencias y a lo que podemos aprender

La primera es la receptividad y apertura.

Esto implica poder acercarnos a experiencias nuevas y también estar dispuestos a recibir información que inicialmente puede resultarnos incómoda, inesperada o contraria a nuestra manera habitual de interpretar las cosas.

No significa aceptar automáticamente cualquier opinión de los demás.

Significa desarrollar la capacidad de preguntarnos:

¿Hay algo aquí que quizá no estoy viendo? ¿Puedo aprender algo de esta experiencia?

Para alguien acostumbrado a detectar errores, anticiparse a los problemas y hacer las cosas correctamente, permitirse no tener inmediatamente todas las respuestas puede resultar especialmente difícil.

Y precisamente ahí puede comenzar una parte importante del cambio.

  1. Poder flexibilizar el control

La segunda capacidad es el control flexible.

Una persona con sobrecontrol puede disponer de una extraordinaria capacidad para planificar, perseverar, organizarse y retrasar recompensas.

El objetivo de la terapia no es eliminar esas capacidades.

Se trata de conseguir que el control pueda adaptarse a las circunstancias, en lugar de que las circunstancias tengan que adaptarse siempre al control.

Hay momentos para planificar y momentos para improvisar. Momentos para perseverar y otros para detenerse. Momentos para asumir una responsabilidad y otros para pedir ayuda.

La flexibilidad permite distinguir unos de otros.

  1. Poder establecer relaciones emocionalmente cercanas

La tercera área está relacionada con la intimidad y la conexión social.

Desde RO-DBT se concede una importancia especial a nuestra capacidad humana para establecer vínculos duraderos, cooperar y formar parte de grupos.

Esto resulta especialmente relevante porque algunas de las principales dificultades asociadas al sobrecontrol aparecen precisamente en el terreno interpersonal.

La escasa apertura y una inhibición generalizada de la expresión emocional pueden dificultar que otras personas sepan qué estamos sintiendo.

Podemos estar rodeados de gente y, sin embargo, experimentar soledad emocional.

Y esta distinción es fundamental.

No hablamos necesariamente de falta de contacto social. Podemos trabajar con otras personas, tener familiares, conocidos e incluso amistades y, aun así, sentir que nadie termina de conocernos verdaderamente.

El problema no siempre es estar solo.

Puede ser no sentirse conectado.

Disfrutar de la soledad no significa tener un problema psicológico

Quiero detenerme especialmente en este punto porque considero importante no patologizar determinadas formas de ser.

No todas las personas necesitan el mismo grado de interacción social.

Hay personas introvertidas, reservadas o especialmente orientadas hacia determinados intereses que disfrutan enormemente de la soledad.

Una persona puede pasar muchas horas estudiando, investigando, escribiendo, creando, leyendo o trabajando en un proyecto porque esa actividad le resulta profundamente satisfactoria.

Puede preferir pocos vínculos pero muy significativos. Puede necesitar mucho tiempo a solas para encontrarse bien.

Nada de esto constituye por sí mismo un problema psicológico.

La cuestión no es cuántas horas pasa una persona sola, sino qué función tiene esa soledad y cómo la vive.

No es lo mismo:

«Me encanta estar solo trabajando en aquello que me apasiona y, cuando quiero relacionarme, puedo hacerlo»

que:

«Querría sentirme próximo a otras personas, pero no sé cómo acercarme, mostrar lo que siento o permitir que me conozcan».

Tampoco es igual elegir la soledad porque proporciona bienestar que utilizarla de manera rígida para evitar la incertidumbre, la vulnerabilidad o el riesgo que implica relacionarnos.

Por eso, en terapia no considero que una persona tenga que convertirse en alguien más sociable, extrovertido o expresivo simplemente porque prefiera la tranquilidad o disfrute de actividades solitarias.

Lo relevante es valorar si su manera de vivir coincide con lo que desea o si el exceso de control está impidiéndole llevar la vida y mantener las relaciones que realmente querría tener.

No siempre necesitas esforzarte más

Muchas personas con un estilo sobrecontrolado han pasado gran parte de su vida aprendiendo precisamente a hacer aquello que socialmente suele recomendarse:

controlarse, perseverar, responsabilizarse, tolerar dificultades, cumplir sus obligaciones y posponer recompensas para alcanzar objetivos importantes.

Decirles simplemente que tienen que esforzarse más, controlar mejor sus emociones o soportar todavía más el malestar puede significar insistir precisamente en estrategias que ya utilizan en exceso.

Desde la perspectiva de RO-DBT, puede ser necesario trabajar en otra dirección.

Aprender a buscar también experiencias agradables, relajar determinadas formas de control, mostrarse más abierto y favorecer la conexión con los demás cuando esa conexión es importante para la persona.

No significa abandonar objetivos, responsabilidades o valores.

Significa ampliar el repertorio.

Mi papel como psicóloga no es «corregirte»

Hay una metáfora de la RO-DBT que me parece especialmente interesante para comprender la relación terapéutica: la figura del terapeuta como una especie de «embajador tribal».

Un buen embajador no llega a otro lugar esperando que sus habitantes piensen, sientan o se comporten exactamente como él.

Primero intenta comprender su idioma, sus costumbres y su manera de interpretar el mundo.

Esta idea se aproxima mucho a cómo entiendo el trabajo psicológico.

No parto de que mi manera de interpretar una situación tenga necesariamente que ser la correcta. Intento comprender cómo has aprendido tú a desenvolverte en el mundo, qué sentido tiene tu comportamiento y qué función ha cumplido el control en tu historia.

Eso requiere curiosidad, humildad y colaboración.

La relación terapéutica no debería convertirse en otro lugar en el que tengas que hacerlo todo perfectamente.

Amabilidad, cooperación y también honestidad

Esta postura terapéutica prioriza la amabilidad, la cooperación y cierta capacidad para introducir espontaneidad y juego, en lugar de establecer una relación basada fundamentalmente en corregir, restringir o señalar constantemente aquello que debe mejorarse.

También implica tolerar que no siempre tengamos que comprender o solucionar inmediatamente lo que está ocurriendo.

Hay momentos en los que puede ser necesario detenerse y permitir que algo permanezca temporalmente sin resolver.

Pero una relación terapéutica amable no significa evitar cualquier conversación difícil.

En ocasiones, ayudar también implica poder señalar con respeto algo que puede resultar doloroso escuchar cuando considero que puede ser relevante para los objetivos que la propia persona quiere alcanzar.

La diferencia está en no presentar mi interpretación como una verdad incuestionable, sino como algo que podemos explorar y contrastar juntos.

No quiero convertirte en una persona diferente

Trabajar el sobrecontrol no significa transformar a una persona reservada en extrovertida, a alguien responsable en despreocupado o a alguien meticuloso en desorganizado.

Tampoco significa renunciar a la disciplina, a los proyectos personales o al placer de pasar tiempo a solas.

El objetivo es que esas características puedan seguir siendo fortalezas sin convertirse en una prisión.

Que puedas planificar, pero también modificar el plan.

Que puedas esforzarte, pero también descansar.

Que puedas resolver problemas, pero también pedir ayuda.

Que puedas disfrutar de estar solo y, al mismo tiempo, acercarte a los demás cuando deseas hacerlo.

Y que el control sea una capacidad que utilizas cuando la necesitas, no una obligación de la que no puedes salir.

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Si te reconoces en un funcionamiento marcado por el perfeccionismo, la rigidez, una elevada necesidad de control, dificultad para mostrar tus emociones o una sensación de desconexión respecto a los demás, podemos explorar qué función cumplen estos patrones en tu vida.

Trabajo como Psicóloga General Sanitaria desde un enfoque integrativo, incorporando las herramientas y principios terapéuticos que resulten adecuados a las características y necesidades de cada persona.

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SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Cuestionario clínico de exploración del sobrecontrol

 

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Cuestionario orientativo: ¿presentas características de sobrecontrol?

Algunas personas tienen una gran capacidad para controlar sus emociones, planificar, cumplir con sus responsabilidades y evitar actuar impulsivamente. Estas características pueden ser muy útiles. Sin embargo, cuando el control se vuelve excesivamente rígido puede empezar a afectar al bienestar emocional, la flexibilidad y las relaciones con los demás.

Este cuestionario permite explorar algunas características relacionadas con las cuatro áreas centrales del sobrecontrol desadaptativo descritas en el modelo de Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT).

Importante: este cuestionario es únicamente orientativo y psicoeducativo. No constituye una prueba psicológica validada, no permite establecer un diagnóstico y no sustituye una evaluación realizada por un profesional de la psicología.

¿Cómo responder?

Piensa en tu forma habitual de funcionar, especialmente durante los últimos meses, y selecciona la respuesta que mejor te represente:

0 = Nada / nunca
1 = Poco / rara vez
2 = Bastante / a menudo
3 = Mucho / casi siempre

1. Receptividad y apertura

Esta área explora cómo respondes ante opiniones diferentes, situaciones inesperadas, incertidumbre o posibles críticas.

1. Me cuesta considerar seriamente opiniones o comentarios que contradicen mi forma de ver una situación.

2. Los cambios inesperados o las situaciones que no puedo prever me generan un malestar importante.

3. Evito asumir riesgos si no he podido planificar previamente lo que puede ocurrir.

4. Suelo estar pendiente de posibles problemas, errores o amenazas incluso cuando otras personas no parecen preocupadas.

5. Cuando recibo una crítica, mi primera reacción suele ser rechazarla, justificarme o pensar que la otra persona no ha entendido bien.

6. Me resulta difícil admitir que mi interpretación de una situación podría ser incompleta o equivocada.

2. Flexibilidad del control

Estas preguntas exploran hasta qué punto puedes flexibilizar tus normas, planes y exigencias cuando las circunstancias cambian.

7. Necesito bastante estructura, orden o planificación para sentirme tranquilo/a.

8. Me cuesta dejar una tarea simplemente “suficientemente bien” si creo que podría hacerla mejor.

9. Siento una fuerte obligación de cumplir con lo que debo hacer, incluso cuando estoy agotado/a o necesitaría descansar.

10. Ensayo mentalmente conversaciones, situaciones o tareas antes de realizarlas.

11. Planifico con mucha antelación y me cuesta improvisar cuando las circunstancias cambian.

12. Cuando he decidido una manera de hacer algo, me cuesta cambiar de estrategia aunque no esté funcionando como esperaba.

13. Las reglas y los procedimientos me dan seguridad y me resulta difícil apartarme de ellos.

14. Con frecuencia siento que existe una manera correcta de hacer las cosas y que otras formas son claramente peores o incorrectas.

3. Expresión y conciencia emocional

Este apartado explora cómo identificas, experimentas y muestras tus emociones a otras personas.

15. Suelo controlar lo que muestro emocionalmente, incluso con personas cercanas.

16. Cuando alguien me halaga o me muestra afecto, puedo parecer poco expresivo/a aunque internamente me agrade.

17. A veces sonrío, aparento tranquilidad o digo que estoy bien cuando en realidad estoy sufriendo.

18. Me cuesta identificar con claridad qué emoción estoy sintiendo en determinados momentos.

19. Tiendo a restar importancia a mi malestar cuando otras personas me preguntan cómo estoy.

20. Me cuesta reconocer las señales corporales asociadas a mis emociones, como tensión, aceleración, opresión o cansancio.

21. Las personas de mi entorno pueden no darse cuenta de que estoy pasándolo mal hasta que el malestar es muy intenso.

4. Conexión social e intimidad

Este último apartado explora la cercanía emocional, la vulnerabilidad y la conexión con otras personas.

22. Aunque tenga personas a mi alrededor, con frecuencia me siento emocionalmente distante de ellas.

23. A menudo siento que soy diferente de los demás o que no termino de encajar.

24. Me comparo frecuentemente con otras personas.

25. Me cuesta mostrar vulnerabilidad o pedir ayuda cuando la necesito.

26. Me resulta difícil permitir que otras personas conozcan aspectos íntimos de lo que siento o necesito.

27. En algunas relaciones experimento envidia, resentimiento o amargura que me cuesta expresar o elaborar.

28. Me cuesta conectar con lo que otra persona siente cuando su reacción me parece poco lógica, exagerada o diferente de la mía.

¿Qué hacer después de responder?

Este cuestionario no debe interpretarse sumando los puntos para obtener un diagnóstico. No existe en este cuestionario una puntuación a partir de la cual pueda afirmarse que una persona presenta sobrecontrol desadaptativo.

Lo más útil es observar si has respondido “bastante” o “mucho” de forma repetida dentro de alguna de las cuatro áreas y, especialmente, preguntarte si esas características están interfiriendo actualmente en tu bienestar, tus relaciones o tu capacidad para adaptarte a las circunstancias.

Ser responsable, prudente, organizado, perfeccionista o tener una elevada capacidad de autocontrol no constituye por sí mismo un problema psicológico. La dificultad aparece cuando estos patrones se vuelven excesivamente rígidos y empiezan a generar sufrimiento.

¿Te has reconocido en estas preguntas?

Si al responder has identificado una elevada necesidad de control, dificultad para flexibilizar tus planes, tendencia a ocultar lo que sientes o problemas para establecer relaciones emocionalmente cercanas, una valoración psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

Como Psicóloga General Sanitaria, trabajo desde un enfoque integrativo, adaptando la intervención a la historia, necesidades y características de cada persona.

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SOBRECONTROL - Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Sobrecontrol desadaptativo: 4 características principales

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Los cuatro déficits centrales del sobrecontrol desadaptativo: ¿cómo se manifiestan?

Una persona puede tener una enorme capacidad de autocontrol y, sin embargo, encontrar dificultades para flexibilizar ese control cuando la situación lo requiere.

Esto es especialmente importante para comprender el sobrecontrol desadaptativo. No hablamos simplemente de ser responsable, organizado, prudente o exigente con uno mismo. Muchas de estas características pueden constituir auténticas fortalezas.

El problema aparece cuando ese estilo se vuelve tan rígido que comienza a dificultar la adaptación a situaciones nuevas, la expresión de las emociones o la posibilidad de establecer relaciones cercanas con otras personas.

Desde la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT) se describen cuatro déficits centrales asociados al sobrecontrol desadaptativo: baja receptividad y apertura, bajo control flexible, expresión emocional inhibida y baja conciencia emocional, y dificultades en la conexión social y la intimidad.

Comprenderlos puede ayudarnos a identificar cuándo una elevada capacidad de autocontrol ha dejado de ser solamente una fortaleza y está empezando a generar sufrimiento.

  1. Baja receptividad y apertura

El primer déficit está relacionado con la dificultad para permanecer abierto ante aquello que resulta nuevo, inesperado, incierto o diferente de lo previsto.

Cuando existe sobrecontrol desadaptativo, la persona puede sentirse mucho más segura cuando sabe qué ocurrirá, dispone de información suficiente y puede anticipar las posibles consecuencias de sus decisiones.

Por el contrario, aquello que rompe las expectativas puede generar una importante sensación de amenaza o inseguridad.

Esta baja receptividad puede manifestarse mediante:

  • poca apertura ante comentarios o información novedosa, inesperada o diferente;
  • evitación de la incertidumbre;
  • dificultad para asumir riesgos que no hayan sido previamente planificados;
  • suspicacia;
  • hipervigilancia ante posibles amenazas;
  • tendencia marcada a desestimar o descartar los comentarios críticos.

Esto último resulta especialmente importante.

Cuando recibir una crítica, una corrección o una perspectiva diferente se experimenta como amenazante, puede resultar difícil preguntarse: «¿Existe algo de esta información que podría serme útil?»

La apertura no implica aceptar automáticamente lo que otros dicen. Implica poder considerar información nueva sin tener que rechazarla inmediatamente para recuperar la sensación de seguridad.

  1. Bajo control flexible: mucho control, pero poca flexibilidad

El nombre puede resultar inicialmente contradictorio.

¿Cómo puede una persona caracterizada por un exceso de autocontrol presentar un bajo control flexible?

Precisamente porque el problema no reside en la ausencia de control. Existe mucho control, pero puede resultar difícil modificarlo, relajarlo o adaptarlo cuando las circunstancias cambian.

Puede manifestarse mediante una necesidad intensa de estructura y orden, acompañada de perfeccionismo.

También puede aparecer un fuerte sentido de la obligación social y del deber: hacer lo que corresponde, cumplir, responsabilizarse y comportarse de acuerdo con determinadas normas puede adquirir un enorme peso.

Otros rasgos pueden ser:

  • preparación o ensayo excesivos;
  • elevada premeditación;
  • necesidad de planificar;
  • dificultad para abandonar una estrategia una vez iniciada;
  • afrontamiento rígido;
  • comportamiento fuertemente gobernado por reglas;
  • elevada certeza moral.

Esta última puede expresarse mediante la convicción de que existe una única manera correcta de hacer las cosas.

La dificultad aparece especialmente cuando una regla que habitualmente funciona deja de hacerlo y, aun así, resulta muy complicado cambiar de estrategia.

La flexibilidad psicológica permite algo diferente: reconocer que una forma de actuar puede haber sido adecuada en determinadas circunstancias y dejar de serlo en otras.

  1. Expresión emocional inhibida y baja conciencia de las emociones

Otra de las áreas centrales del sobrecontrol desadaptativo afecta a la experiencia y expresión emocional.

La persona puede sentir emociones intensamente y, sin embargo, mostrar externamente muy poco de lo que está ocurriendo en su interior.

Puede producirse una inhibición emocional que no se corresponde con las necesidades de la situación. Por ejemplo, alguien recibe un elogio que le agrada, pero su rostro permanece prácticamente inexpresivo.

También puede suceder lo contrario: que la expresión externa no coincida con la experiencia emocional interna.

Una persona puede sonreír mientras experimenta malestar o mostrar preocupación porque considera que es lo apropiado en ese momento aunque realmente no esté sintiéndola.

Esto puede hacer especialmente difícil para los demás interpretar lo que está ocurriendo.

A esta inhibición pueden añadirse:

  • una tendencia constante a subestimar el propio nivel de malestar;
  • dificultades para reconocer determinadas emociones;
  • y una baja conciencia de las sensaciones corporales relacionadas con los estados emocionales.

La consecuencia puede ser significativa: si los demás no pueden percibir con facilidad que algo nos está ocurriendo, tendrán muchas menos oportunidades de responder a nuestras necesidades o proporcionarnos apoyo.

  1. Baja conexión social e intimidad con los demás

El cuarto déficit está relacionado con la conexión social y la intimidad emocional.

Una persona puede desenvolverse adecuadamente en situaciones sociales, trabajar, conversar y mantener relaciones y, al mismo tiempo, experimentar internamente una considerable distancia respecto a los demás.

El sobrecontrol desadaptativo puede manifestarse mediante:

  • relaciones emocionalmente lejanas o distantes;
  • sensación de ser diferente a otras personas;
  • comparaciones sociales frecuentes;
  • sentimientos intensos de envidia o amargura;
  • y dificultades relacionadas con la empatía.

La conexión social requiere algo más que encontrarnos físicamente acompañados.

Implica permitir que otras personas puedan conocernos, mostrar determinadas emociones, comunicar necesidades, tolerar cierta vulnerabilidad y responder de manera flexible a las señales sociales de los demás.

Cuando la expresión emocional está muy inhibida y existe una elevada vigilancia o rigidez, establecer esa cercanía puede resultar mucho más difícil.

Los cuatro déficits pueden relacionarse entre sí

Estas cuatro áreas no tienen por qué aparecer de manera aislada.

Una persona que necesita tener las situaciones muy planificadas puede experimentar mayor inseguridad ante algo inesperado. Si además tiende a ocultar su malestar, probablemente los demás tendrán dificultades para darse cuenta de que necesita apoyo.

Y si las relaciones empiezan a sentirse distantes, puede aumentar todavía más la tendencia a observar, protegerse, controlar y confiar principalmente en uno mismo.

De esta manera pueden aparecer círculos difíciles de romper:

necesito controlar para sentirme seguro → lo inesperado me genera mayor amenaza → incremento el control → muestro menos lo que siento → los demás tienen más dificultades para acercarse → me siento más distante → vuelvo a depender todavía más del control.

Comprender este funcionamiento resulta importante porque permite mirar más allá de una característica aislada como el perfeccionismo, la rigidez o la dificultad para expresar emociones.

¿Significa esto que tener alguna de estas características implica un problema psicológico?

No.

Una persona puede ser ordenada, responsable, prudente, poco expresiva o muy planificadora sin que exista un problema psicológico.

Tampoco es necesario identificarse con todas las características anteriores para experimentar dificultades relacionadas con el sobrecontrol.

Lo relevante es observar la intensidad, la rigidez y las consecuencias que estos patrones tienen en la vida de la persona.

Podemos preguntarnos, por ejemplo: ¿puedo modificar mis planes cuando las circunstancias cambian?, ¿puedo considerar una opinión diferente sin sentir que tengo que defender inmediatamente mi postura?, ¿las personas cercanas saben cuándo estoy sufriendo?, ¿puedo pedir ayuda?, ¿puedo mostrarme emocionalmente próximo a otras personas?

La cuestión no es cuánto control tenemos, sino si podemos utilizarlo de manera flexible.

Cuando el sobrecontrol empieza a generar sufrimiento

Algunas personas llegan a terapia precisamente porque las características que durante muchos años les permitieron desenvolverse eficazmente han comenzado a tener un coste.

Siguen cumpliendo. Siguen responsabilizándose. Siguen haciendo lo que consideran correcto.

Pero internamente pueden sentirse agotadas, excesivamente exigidas, incomprendidas o emocionalmente alejadas de los demás.

En ocasiones resulta difícil incluso reconocer que necesitan ayuda porque están acostumbradas a resolver, soportar y continuar adelante.

Trabajar estas dificultades no significa eliminar la responsabilidad, la capacidad de esfuerzo, la planificación o los valores personales.

El objetivo es poder desarrollar mayor apertura, flexibilidad emocional y capacidad de conexión, conservando aquellas características que continúan siendo valiosas.

Psicóloga online y en Vecindario: ayuda psicológica ante patrones de sobrecontrol

Si te reconoces en algunos de estos patrones y la rigidez, el perfeccionismo, la necesidad de control, la dificultad para expresar tus emociones o la distancia en tus relaciones están generándote sufrimiento, una valoración psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.

No se trata de aplicar una etiqueta a tu forma de ser, sino de analizar qué patrones continúan ayudándote y cuáles están interfiriendo actualmente en tu bienestar y en tus relaciones.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es



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