sábado, 19 de septiembre de 2026

TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Cuestionario clínico de estrategias de afrontamiento ante el malestar

 Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Terapia Dialéctica Conductual - TDC

Cuestionario clínico de estrategias de afrontamiento ante el malestar

Nombre: ____________________________________   Fecha: ________________

Profesional: ________________________________________________________

Objetivo

Explorar las estrategias que una persona utiliza habitualmente cuando experimenta estrés, angustia, dolor emocional o emociones muy intensas.

Instrumento de exploración clínica no baremado y no diagnóstico. Debe complementarse con la entrevista y la valoración profesional.

Instrucciones para el paciente

Piense en cómo suele reaccionar cuando se siente muy triste, enfadado/a, ansioso/a, preocupado/a, angustiado/a o emocionalmente desbordado/a. Indique con qué frecuencia ha realizado cada conducta durante los últimos tres meses.

0 = Nunca   |   1 = Rara vez   |   2 = Algunas veces   |   3 = Frecuentemente   |   4 = Casi siempre

  1. Paso mucho tiempo pensando una y otra vez en sufrimientos, errores o problemas del pasado.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Me pongo ansioso/a preocupándome repetidamente por posibles sufrimientos, errores o problemas futuros.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Tiendo a aislarme de otras personas o a evitar situaciones que me resultan estresantes.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Recurro al alcohol u otras sustancias para intentar sentir menos, desconectar o aliviar lo que estoy sintiendo.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Descargo mi malestar sobre otras personas mediante el enfado, discusiones o intentos de controlarlas.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Me hago daño físicamente, por ejemplo, cortándome, golpeándome, pinchándome, quemándome o tirándome del pelo.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Mantengo conductas sexuales poco seguras o impulsivas que pueden ponerme en riesgo o que posteriormente lamento.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Evito afrontar directamente situaciones que sé que están causando o manteniendo mis problemas, como una relación perjudicial o disfuncional.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Utilizo la comida para intentar controlar, aliviar o castigarme por lo que siento, por ejemplo, comiendo excesivamente, dejando de comer o provocándome el vómito.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. He intentado acabar con mi vida o he realizado conductas que podían poner seriamente en peligro mi integridad.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Dejo de realizar actividades agradables o beneficiosas, como relacionarme con otras personas, salir o hacer ejercicio, cuando me encuentro mal.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

  1. Me rindo ante el dolor y pienso que no puedo hacer nada para cambiar o mejorar mi situación.

0 ☐     1 ☐     2 ☐     3 ☐     4 ☐

 

 

Exploración clínica de las estrategias identificadas

Para los ítems puntuados especialmente altos, puede utilizarse esta hoja para explorar la función de la estrategia de afrontamiento.

Estrategia que utiliza:

________________________________________________________________________________________

¿Qué suele ocurrir justo antes?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

¿Qué piensa en ese momento?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

¿Qué emoción o emociones aparecen?

☐ Ansiedad   ☐ Ira   ☐ Tristeza   ☐ Miedo   ☐ Culpa   ☐ Vergüenza   ☐ Soledad   ☐ Rechazo   ☐ Otra: __________

Intensidad de la emoción (0–10): _______

¿Qué hace concretamente cuando se siente así?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

¿Qué consigue inmediatamente con esa conducta?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

¿Disminuye temporalmente su malestar? ☐ No   ☐ Un poco   ☐ Bastante   ☐ Mucho

¿Qué consecuencias aparecen después?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

A medio o largo plazo, esta conducta hace que se sienta: ☐ Mejor   ☐ Igual   ☐ Peor

¿Qué problemas le ocasiona esta forma de afrontar el malestar?

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

SITUACIÓN → PENSAMIENTO → EMOCIÓN → CONDUCTA → ALIVIO INMEDIATO → CONSECUENCIAS A LARGO PLAZO

Registro clínico para la profesional

Área de afrontamiento

Ítem

Puntuación

Explorar

Rumiación sobre el pasado

1

____

☐

Preocupación por el futuro

2

____

☐

Aislamiento/evitación

3

____

☐

Alcohol/drogas

4

____

☐

Descarga interpersonal/control

5

____

☐

Autolesiones

6

____

☐

Conductas sexuales de riesgo

7

____

☐

Evitación de las causas del problema

8

____

☐

Conducta alimentaria desadaptativa

9

____

☐

Suicidio/conductas de alto riesgo

10

____

☐

Abandono de actividades agradables

11

____

☐

Rendición/desesperanza

12

____

☐

Interpretación

No se recomienda establecer una puntuación total con categorías como «bajo», «moderado» o «alto», ya que este cuestionario no dispone de baremos ni puntos de corte validados. Es más útil valorar qué estrategias aparecen, con qué frecuencia, en qué situaciones y qué función cumplen.

Importante: una respuesta positiva en autolesiones (ítem 6) o conducta suicida/riesgo grave (ítem 10) requiere una valoración clínica específica y actual del riesgo conforme al procedimiento profesional correspondiente.

Observaciones clínicas

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

________________________________________________________________________________________

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Habilidades básicas de tolerancia al malestar: ¿qué son?

 Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

Psicóloga María Jesús Suárez Duque especializada en Terapia Dialéctico Conductual -TDC

Habilidades básicas de tolerancia al malestar: ¿qué son?

En algún momento de nuestra vida, todas las personas nos hemos enfrentado a situaciones de angustia y dolor. Este dolor puede ser físico, como el producido por la picadura de una abeja o por un brazo roto, o emocional, como sucede con la tristeza o la ira.

En ambos casos, el dolor suele ser inevitable e impredecible. No siempre podemos anticipar cuándo nos ocurrirá algo físicamente doloroso ni cuándo sucederá alguna experiencia que nos provoque tristeza, enfado u otra emoción desagradable.

En general, ante estas situaciones utilizamos las estrategias de afrontamiento de las que disponemos y esperamos que nos permitan manejar adecuadamente el malestar.

Sin embargo, para algunas personas el dolor físico y emocional resulta más intenso y aparece con mayor frecuencia. El dolor puede surgir rápidamente y experimentarse como una ola arrolladora. En esos momentos, la persona puede sentir que la situación nunca va a terminar y no saber cómo enfrentarse a la intensidad de lo que está experimentando.

A este tipo de experiencias se las puede denominar emociones arrolladoras.

Además, debemos tener presente que el dolor físico y el emocional pueden aparecer conjuntamente.

Las emociones arrolladoras y las dificultades de afrontamiento

Las personas que luchan con emociones arrolladoras pueden afrontar su dolor mediante estrategias poco saludables y poco eficaces, especialmente cuando no saben qué otra cosa pueden hacer.

Esto es comprensible: cuando una persona está sufriendo emocionalmente de forma intensa, puede resultarle difícil pensar racionalmente y encontrar una solución adecuada.

Sin embargo, muchas de las estrategias utilizadas para intentar manejar estas emociones terminan agravando el problema en lugar de resolverlo.

Lista de estrategias de afrontamiento utilizadas ante emociones arrolladoras

Para las prácticas, esta lista es especialmente importante porque permite identificar qué estrategias utiliza una persona cuando se enfrenta a situaciones de estrés o malestar emocional.

  1. Pensar excesivamente en el pasado. Pasar mucho tiempo pensando en los sufrimientos, errores y problemas que ya han ocurrido.
  2. Preocuparse excesivamente por el futuro. Sentirse ansioso o ansiosa pensando en posibles sufrimientos, errores y problemas que podrían producirse posteriormente.
  3. Aislarse y evitar. Alejarse de otras personas y evitar situaciones que resultan estresantes.
  4. Recurrir al alcohol o a las drogas. Utilizar sustancias para embotar o disminuir temporalmente las emociones y el malestar.
  5. Descargar los sentimientos sobre los demás. Mostrar un enfado excesivo hacia otras personas o intentar controlarlas.
  6. Realizar conductas autolesivas o peligrosas. Por ejemplo, cortarse, golpearse, pincharse, quemarse o tirarse del pelo.
  7. Realizar actividades sexuales poco seguras. Por ejemplo, mantener relaciones sexuales con desconocidos o tener relaciones sexuales frecuentes sin protección.
  8. Evitar afrontar las causas de los problemas. Por ejemplo, no enfrentarse a la existencia de una relación abusiva o disfuncional.
  9. Utilizar la comida como forma de castigo o control. Comer excesivamente, dejar de comer o provocarse el vómito después de comer.
  10. Intentar suicidarse o realizar actividades de alto riesgo. Por ejemplo, conducir de manera temeraria o consumir cantidades peligrosas de alcohol o drogas.
  11. Evitar actividades agradables. Dejar de participar en reuniones sociales, hacer ejercicio u otras actividades positivas, incluso porque la persona puede pensar que no merece sentirse mejor.
  12. Rendirse ante el dolor. Resignarse al sufrimiento y aceptar pasivamente la idea de llevar una vida infeliz e insatisfactoria.

¿Qué tienen en común estas estrategias?

Todas estas estrategias pueden constituir caminos hacia un dolor emocional todavía mayor.

Algunas pueden proporcionar alivio temporal, pero ese alivio es de corta duración. A largo plazo, sus consecuencias pueden generar nuevos problemas y aumentar el sufrimiento.

Por tanto, la idea que debemos retener es:

DOLOR → ESTRATEGIA DE AFRONTAMIENTO INEFICAZ → ALIVIO TEMPORAL → MAYOR SUFRIMIENTO POSTERIOR

El coste de las estrategias autodestructivas

El coste fundamental de estas estrategias es que pueden hacer que el dolor inicial se prolongue y se transforme en un sufrimiento a largo plazo.

Aquí aparece una distinción muy importante:

A veces no es posible evitar el dolor, pero muchas veces sí podemos evitar prolongar el sufrimiento.

Para comprender esta diferencia podemos utilizar el ejemplo de María y Sandra.

El ejemplo de María y Sandra

María y Sandra son amigas y tienen una discusión.

Para María, que no suele experimentar emociones arrolladoras, la discusión resulta dolorosa inicialmente. Sin embargo, después de unas horas comienza a darse cuenta de que tanto ella como Sandra tuvieron parte de responsabilidad en lo sucedido.

Como consecuencia, su enfado va disminuyendo y, al día siguiente, María ya no está molesta ni enfadada con Sandra.

María:

Discusión → dolor inicial → reflexión → disminución del enfado.

Sandra, en cambio, tiene dificultades con las emociones arrolladoras.

Después de la discusión continúa pensando en ella una y otra vez durante tres días. Recuerda repetidamente cada palabra y cada gesto de María y los interpreta como insultos u ofensas.

Cuando vuelve a encontrarse con María tres días después, Sandra todavía está enfadada y comienza nuevamente la discusión prácticamente desde el punto en el que la habían dejado.

Sandra:

Discusión → dolor inicial → pensamientos repetitivos → mantenimiento del enfado → nueva discusión → prolongación del sufrimiento.

Dolor frente a sufrimiento

Las dos mujeres experimentaron el dolor inicial de la discusión, pero su evolución posterior fue diferente.

María experimentó el dolor inicial y posteriormente este disminuyó.

Sandra, en cambio, llevó consigo ese dolor emocional durante varios días, prolongándolo mediante sus pensamientos repetitivos y convirtiendo su experiencia en una lucha mucho mayor.

Por tanto, el ejemplo muestra una de las ideas fundamentales de las habilidades de tolerancia al malestar:

Aunque no siempre podemos controlar el dolor que aparece en nuestra vida, podemos aprender a controlar mejor nuestra respuesta ante ese dolor y, con ello, reducir el sufrimiento que se prolonga posteriormente.

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Coste de las estrategias autodestructivas de afrontamiento

Psicóloga online y presencial en Vecindario

Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090


PEDIR CITA


https://www.psicologavecindariomariajesus.com/

https://psicologamariajesus.com/

TERAPIA DIALÉCTICO CONDUCTUAL

 Coste de las estrategias autodestructivas de afrontamiento

Dentro de la Terapia Dialéctico-Conductual (TDC), uno de los primeros pasos para desarrollar habilidades de tolerancia al malestar consiste en reconocer que no todas las formas que utilizamos para aliviar el sufrimiento son realmente eficaces.

Cuando una persona experimenta emociones muy intensas —tristeza, ansiedad, miedo, ira, vergüenza o desesperación— puede recurrir a determinadas conductas para conseguir un alivio inmediato. El problema es que algunas de estas estrategias disminuyen momentáneamente el malestar, pero a medio y largo plazo generan nuevas dificultades y aumentan el sufrimiento.

Por tanto, podemos distinguir entre afrontar el malestar y simplemente escapar de él. Una estrategia puede proporcionar alivio a corto plazo y, sin embargo, resultar perjudicial a largo plazo.

Esta es una idea fundamental:

Las estrategias autodestructivas de afrontamiento intentan reducir el sufrimiento inmediato, pero pueden tener un coste personal, emocional, físico o interpersonal que termina aumentando el problema original.

  1. Quedarse atrapado en el sufrimiento y los errores del pasado

Una primera estrategia consiste en dedicar mucho tiempo a pensar repetidamente en los errores, problemas o experiencias dolorosas del pasado.

La persona puede creer que pensar una y otra vez en lo sucedido le permitirá comprenderlo o solucionarlo. Sin embargo, cuando este pensamiento se convierte en rumiación, la atención permanece atrapada en aquello que ya no puede modificarse.

Esto tiene un coste importante: mientras la persona permanece centrada en el pasado, puede perder oportunidades y experiencias positivas del presente y favorecer sentimientos de tristeza, culpa o depresión.


Pasado → rumiación → pérdida del presente → mayor sufrimiento.

  1. Preocuparse excesivamente por el futuro

El proceso contrario consiste en vivir anticipando continuamente posibles problemas, errores o sufrimientos futuros.

La preocupación excesiva intenta proporcionar una sensación de control: «si pienso en todo lo malo que podría ocurrir, estaré preparado». Sin embargo, cuando se convierte en una preocupación constante, la persona deja de disfrutar o atender adecuadamente al presente.

El resultado puede ser un aumento de la ansiedad anticipatoria, acompañado nuevamente de la pérdida de experiencias positivas actuales.


Futuro → preocupación → ansiedad → pérdida del presente.

Por tanto, los dos primeros mecanismos tienen algo en común:

Rumiación = quedar atrapado en el pasado.
Preocupación = quedar atrapado en el futuro.

Frente a ambos, el mindfulness pretende devolver la atención al momento presente.

3. Aislarse para evitar el sufrimiento

Otra estrategia consiste en alejarse de otras personas para evitar posibles experiencias dolorosas.

El aislamiento puede producir inicialmente una sensación de protección: si la persona evita determinadas relaciones o situaciones, disminuye la posibilidad inmediata de sentirse rechazada, criticada o herida.

Sin embargo, mantenido en el tiempo puede producir soledad, pérdida de apoyo social y disminución de actividades gratificantes, lo que puede incrementar todavía más la tristeza y el malestar.

Se crea así un círculo:

Miedo al sufrimiento → aislamiento → soledad → mayor sufrimiento.

  1. Utilizar alcohol u otras drogas para evitar sentir

Las sustancias pueden utilizarse como una forma de anestesiar temporalmente emociones desagradables.

Aunque puedan proporcionar un alivio inmediato, no solucionan la causa del malestar y pueden generar consecuencias graves: dependencia, problemas económicos o laborales, dificultades en las relaciones, problemas legales y repercusiones sobre la salud.

Este ejemplo permite comprender especialmente bien el principio de la TDC:

Alivio inmediato ≠ solución eficaz.

Una conducta puede funcionar a muy corto plazo porque disminuye momentáneamente una emoción y, al mismo tiempo, resultar profundamente perjudicial a largo plazo.

  1. Descargar las emociones negativas sobre otras personas

Cuando la intensidad emocional es elevada, la persona puede reaccionar descargando su ira, frustración o sufrimiento sobre los demás.

En ese momento puede experimentar cierto alivio de la tensión, pero las consecuencias posteriores pueden incluir conflictos, deterioro o pérdida de relaciones, aislamiento, culpa y nuevas emociones negativas.

Se establece nuevamente un círculo:

Malestar → descarga impulsiva → conflicto interpersonal → más malestar.

La regulación emocional y la eficacia interpersonal pretenden precisamente interrumpir este tipo de secuencias.

  1. Realizar conductas peligrosas o autolesivas

El sufrimiento emocional intenso también puede favorecer comportamientos que producen daño físico o ponen en peligro a la persona.

Estas conductas pueden tener consecuencias médicas graves, producir lesiones, cicatrices, sentimientos posteriores de vergüenza o culpa y, en determinadas circunstancias, poner en riesgo la vida.

Desde la TDC resulta fundamental sustituir progresivamente estas respuestas por estrategias de tolerancia al malestar que permitan atravesar la crisis sin añadir un nuevo problema al sufrimiento inicial.

  1. Mantener conductas sexuales de riesgo

Algunas personas pueden utilizar determinadas conductas sexuales como forma de escapar temporalmente del malestar emocional o buscar alivio, conexión o validación.

Cuando estas conductas implican riesgos, pueden aparecer consecuencias físicas, emocionales e interpersonales, como infecciones de transmisión sexual, embarazos no planificados, sentimientos posteriores de vergüenza o arrepentimiento y otras dificultades personales.

Nuevamente aparece el mismo patrón: una conducta que busca aliviar una emoción inmediata puede producir consecuencias que posteriormente incrementen el malestar.

  1. Evitar afrontar las causas de los problemas

Otra estrategia frecuente es evitar aquello que está originando o manteniendo el sufrimiento.

La evitación puede adoptar muchas formas: permanecer en relaciones perjudiciales, no comunicar necesidades, no establecer límites o realizar constantemente actividades para los demás mientras se desatienden las propias necesidades.

A corto plazo, evitar el problema puede disminuir la ansiedad. A largo plazo, sin embargo, permite que el problema continúe e incluso se agrave.

Evitación → alivio inmediato → mantenimiento del problema → mayor malestar posterior.

  1. Utilizar la alimentación de manera desadaptativa

El malestar emocional también puede relacionarse con conductas problemáticas respecto a la alimentación, como comer excesivamente, restringir la ingesta o provocar el vómito.

Estas conductas pueden tener importantes consecuencias físicas y psicológicas y favorecer sentimientos de vergüenza, culpa, depresión y pérdida de control, además de requerir atención sanitaria cuando existe un trastorno alimentario.

  1. Conductas suicidas u otras actividades potencialmente letales

En situaciones de sufrimiento extremo pueden aparecer conductas suicidas o comportamientos con consecuencias potencialmente mortales.

Además del evidente riesgo para la vida, pueden ocasionar hospitalizaciones, complicaciones médicas graves y un profundo impacto emocional y relacional.

En la TDC, precisamente por la población para la que fue desarrollada originalmente, la reducción de las conductas que amenazan la vida constituye una prioridad terapéutica fundamental.

  1. Abandonar las actividades agradables

Cuando una persona se encuentra emocionalmente desbordada puede dejar de realizar actividades que anteriormente le proporcionaban bienestar: relacionarse con otras personas, hacer ejercicio, salir o participar en actividades agradables.

Aunque inicialmente pueda parecer más sencillo retirarse, la consecuencia puede ser una reducción todavía mayor de las experiencias gratificantes y un aumento del aislamiento, la tristeza y el estado de ánimo depresivo.

Se produce un círculo especialmente importante:

Malestar → abandono de actividades → menos experiencias positivas → mayor malestar.

  1. Rendirse ante el sufrimiento

Finalmente, la persona puede llegar a considerar que no existe ninguna posibilidad de modificar su situación y dejar de intentar introducir cambios.

Cuando se abandona toda estrategia activa de afrontamiento, puede aumentar la sensación de desesperanza y consolidarse una vida progresivamente más limitada e insatisfactoria.

La TDC plantea justamente la posibilidad contraria: aunque no siempre podamos cambiar inmediatamente aquello que nos produce dolor, sí podemos aprender nuevas maneras de responder ante ese dolor.

La idea fundamental que une todas estas estrategias

Todos estos comportamientos son diferentes, pero comparten una misma lógica:

EMOCIÓN INTENSA → NECESIDAD DE ESCAPAR → ESTRATEGIA DE ALIVIO INMEDIATO → CONSECUENCIAS NEGATIVAS → MAYOR MALESTAR

Esta cadena es, para mí, lo más importante que debes comprender y memorizar.

La persona no necesariamente realiza estas conductas porque «quiera hacerse daño». Muchas pueden entenderse funcionalmente como intentos de regular o escapar de un estado emocional que resulta difícil de soportar. El problema es que la estrategia elegida tiene un elevado coste y termina aumentando el sufrimiento.

Aquí aparece el sentido de las habilidades de tolerancia al malestar que estudiaste en el apartado anterior: aprender alternativas que permitan atravesar una situación emocionalmente dolorosa sin recurrir a conductas que empeoren posteriormente el problema.

PASADO – FUTURO – EVITACIÓN – IMPULSIVIDAD – ABANDONO

El pasado lleva a la rumiación; el futuro, a la preocupación; la evitación puede aparecer mediante aislamiento, sustancias o no afrontar los problemas; la impulsividad puede manifestarse mediante agresividad, conductas peligrosas, autolesivas, sexuales o alimentarias; y el abandono supone dejar actividades gratificantes o rendirse ante el sufrimiento.

Conclusión

Desde la Terapia Dialéctico-Conductual, determinadas estrategias autodestructivas pueden proporcionar alivio emocional a corto plazo, pero generan consecuencias negativas que mantienen o incrementan el sufrimiento a largo plazo. Las habilidades de tolerancia al malestar buscan romper este ciclo, permitiendo afrontar las crisis sin recurrir a conductas que agraven el problema.


RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


TERAPIA DE PAREJA - Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?


Atención psicológica en Vecindario online y presencial

Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

Terapia de pareja

Terapia de familia

Elaboración de informes psicológicos

Tf/WhatsApp 630723090

PEDIR CITA

https://www.psicologavecindariomariajesus.com/ 


 Problemas de pareja con hijos: ¿cuándo pedir ayuda psicológica?

“Ya no nos entendemos, discutimos por cualquier cosa y tenemos hijos. No sabemos si intentar arreglar nuestra relación o si sería mejor separarnos.”

Cuando una pareja tiene hijos, atravesar una crisis puede resultar especialmente difícil. A los problemas de la relación se añade una preocupación frecuente: ¿cómo está afectando todo esto a nuestros hijos?

Algunas parejas discuten continuamente. Otras prácticamente han dejado de discutir porque también han dejado de hablar de aquello que les preocupa. Hay parejas que continúan funcionando bien como padres, pero se sienten cada vez más distanciadas como pareja. Y también existen relaciones en las que los conflictos relacionados con la crianza, las responsabilidades domésticas, la falta de tiempo, los celos, la sexualidad, la familia extensa o una infidelidad terminan deteriorando progresivamente la convivencia.

Tener una crisis no significa necesariamente que una relación haya llegado a su fin. Sin embargo, cuando los problemas de pareja se repiten, no consiguen resolverse y empiezan a afectar a los hijos o al ambiente familiar, puede ser conveniente detenerse y valorar qué está ocurriendo.

Como Psicóloga General Sanitaria en Vecindario (Gran Canaria) y online, trabajo con adultos, parejas y familias que atraviesan dificultades de comunicación, distanciamiento emocional, crisis de pareja y problemas de convivencia.

¿Cómo saber si tenemos una crisis o un problema de pareja?

Todas las relaciones atraviesan momentos difíciles.

El desacuerdo forma parte de cualquier relación entre dos personas. Discutir ocasionalmente tampoco significa necesariamente que exista un problema psicológico o que la pareja necesite separarse.

La diferencia suele estar en cómo se gestionan los conflictos y qué sucede después de ellos.

Una pareja puede tener una discusión, expresar posiciones diferentes, calmarse y posteriormente hablar sobre lo ocurrido. Incluso sin estar completamente de acuerdo, puede llegar a compromisos y continuar adelante.

El problema aparece cuando los conflictos dejan de resolverse y comienzan a repetirse.

Surgen entonces frases como:

“Siempre acabamos hablando de lo mismo.”

“Ya no puedo decirte nada.”

“No me escuchas.”

“Todo te molesta.”

“Parece que te da igual lo que siento.”

“Hablemos de lo que hablemos, terminamos discutiendo.”

En estos casos, la discusión concreta puede ser solamente la parte visible de un problema más profundo.

¿Por qué discutimos siempre por las mismas cosas?

Muchas parejas creen que sus problemas se deben exclusivamente al asunto sobre el que discuten.

El dinero.

Las tareas domésticas.

Los horarios.

La educación de los hijos.

Las relaciones con las familias de origen.

El móvil.

Los celos.

La frecuencia de las relaciones sexuales.

El tiempo que pasan juntos.

Sin embargo, detrás de determinadas discusiones pueden existir otras necesidades o emociones que no están siendo expresadas de forma adecuada.

Una discusión sobre quién hace más cosas en casa puede estar relacionada con sentirse poco valorado.

Un conflicto por el tiempo que uno pasa con el móvil puede estar relacionado con sentirse ignorado.

Una discusión sobre los hijos puede esconder la sensación de que uno de los dos está afrontando solo la responsabilidad de la crianza.

Cuando únicamente se discute sobre el acontecimiento concreto, pero no se comprende qué está ocurriendo emocionalmente entre ambos, el mismo conflicto puede aparecer una y otra vez con diferentes motivos.

Problemas de pareja después de tener hijos

La llegada de los hijos supone un cambio importante en la organización de una pareja.

Aparecen nuevas responsabilidades, aumenta el cansancio, disminuye el tiempo disponible y es necesario tomar continuamente decisiones relacionadas con horarios, cuidados, normas y educación.

En algunas parejas comienza entonces un proceso progresivo de distanciamiento.

Dejan de tener espacios propios.

Las conversaciones giran casi exclusivamente alrededor de los niños y de las obligaciones cotidianas.

Uno puede sentir que lleva una mayor carga familiar mientras el otro considera que sus esfuerzos no son reconocidos.

Poco a poco, dos personas que anteriormente funcionaban como pareja pueden empezar a relacionarse principalmente como padre y madre, compañeros de casa o responsables de una organización familiar.

Esto no significa que tener hijos provoque problemas de pareja. Significa que la crianza puede hacer más visibles determinadas dificultades que anteriormente resultaban más fáciles de gestionar.

Cuando ya no discutimos, pero tampoco estamos bien

No todas las crisis de pareja se caracterizan por discusiones frecuentes.

En algunas relaciones sucede exactamente lo contrario.

Uno o ambos miembros han dejado de hablar de lo que sienten porque creen que cualquier conversación terminará mal o porque consideran que ya no merece la pena intentarlo.

Las conversaciones se vuelven funcionales:

“¿Quién recoge a los niños?”

“¿Qué compramos?”

“¿A qué hora llegas?”

“¿Qué hacemos mañana?”

La convivencia continúa, pero existe distanciamiento emocional.

Puede disminuir el afecto, la intimidad, el interés por compartir experiencias o la sensación de sentirse acompañado dentro de la relación.

Por eso, la ausencia de discusiones no significa necesariamente que una pareja esté bien.

A veces el silencio aparece después de muchos conflictos que no han encontrado solución.

¿Cómo pueden afectar los problemas de pareja a los hijos?

Una preocupación frecuente de los padres es intentar que los hijos no sepan que existen dificultades.

Evitar involucrarlos en los conflictos es importante. Sin embargo, los niños y adolescentes pueden percibir cambios en el ambiente familiar aunque los adultos no les expliquen lo que ocurre.

Pueden notar silencios, tensión, distanciamiento, cambios en las rutinas, falta de afecto o discusiones.

Esto no significa que cualquier problema entre los padres vaya a provocar necesariamente dificultades psicológicas en los hijos.

El impacto dependerá de múltiples factores: la intensidad y duración del conflicto, la edad del menor, la forma en que se gestionan las discusiones, la relación que mantiene con cada progenitor y la estabilidad que continúa existiendo en otros ámbitos de su vida.

Lo importante es evitar que los hijos terminen atrapados dentro del problema de pareja.

Discutimos delante de nuestros hijos: ¿qué podemos hacer?

Muchos padres se sienten culpables después de haber discutido delante de sus hijos.

Es preferible evitar las confrontaciones intensas en su presencia, especialmente cuando aparecen gritos, insultos, amenazas o descalificaciones.

Pero si el niño ha presenciado una discusión, fingir posteriormente que no ha ocurrido nada tampoco siempre es la mejor opción.

Dependiendo de su edad, puede ser útil explicarle de manera sencilla que los adultos han tenido un desacuerdo y dejar claro algo fundamental:

él no ha sido responsable de la discusión.

No necesita conocer los detalles íntimos de la relación ni saber quién tenía razón.

Necesita comprobar que los adultos se responsabilizan de sus propios problemas.

Cuando los hijos quedan en medio del conflicto

Una de las situaciones que conviene evitar especialmente es utilizar a los hijos como intermediarios.

Por ejemplo:

“Dile a tu padre que…”

“Pregúntale a tu madre por qué…”

“Cuéntame qué hizo tu padre cuando estabas con él.”

“Tu madre es la que ha decidido esto.”

El menor puede quedar situado en un conflicto de lealtades.

Quiere a ambos progenitores, pero puede sentir que acercarse a uno significa traicionar al otro.

También puede ocurrir que uno de los padres convierta al hijo, especialmente si es adolescente, en confidente de sus problemas sentimentales.

Un adolescente puede comprender muchas cosas sobre una relación adulta, pero eso no significa que deba asumir emocionalmente los problemas de pareja de sus padres.

Los hijos necesitan poder seguir siendo hijos.

Cuando discutimos por cómo educar a nuestros hijos

Las diferencias respecto a la crianza son otro motivo frecuente de conflicto.

Uno considera que el otro es demasiado permisivo.

El otro piensa que su pareja es excesivamente estricta.

Uno establece una consecuencia y el otro la retira.

Uno considera que debería existir una norma y el otro no la considera necesaria.

No es imprescindible que ambos progenitores piensen exactamente igual sobre todo.

Sin embargo, cuando los desacuerdos son continuos y se expresan delante de los hijos, pueden generar mensajes contradictorios y aumentar los conflictos familiares.

En estos casos puede ser necesario trabajar no solamente la comunicación de pareja, sino también criterios educativos, normas, límites y formas de ejercer conjuntamente las responsabilidades parentales.

“Seguimos juntos por nuestros hijos”

Esta frase aparece con frecuencia en parejas que llevan tiempo atravesando dificultades.

El temor es comprensible: muchos padres tienen miedo de que una separación perjudique a sus hijos.

Sin embargo, permanecer juntos y proporcionar estabilidad no son exactamente lo mismo.

Una convivencia caracterizada por hostilidad, tensión constante, descalificaciones o indiferencia también forma parte del ambiente en el que crecen los hijos.

Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Debemos continuar juntos por nuestros hijos?”

También conviene preguntarse:

“¿Qué tipo de convivencia estamos ofreciendo a nuestros hijos?”

Esto no significa que la respuesta tenga que ser separarse.

Significa que mantener la relación únicamente por miedo a las consecuencias de una separación no resuelve necesariamente aquello que está deteriorando la convivencia.

¿Y si no sabemos si queremos continuar juntos?

No todas las personas que buscan ayuda psicológica han decidido previamente salvar su relación.

En ocasiones uno quiere continuar y el otro tiene dudas.

O ambos están agotados y no saben qué quieren.

También puede existir afecto, pero mucho resentimiento acumulado.

En estos casos, precipitar una decisión puede no ser lo más útil.

Puede ser necesario comprender primero qué ha ocurrido en la relación, qué patrones se están repitiendo, qué necesidades tiene cada miembro y qué posibilidades reales de cambio existen.

La intervención psicológica no consiste en decir a una pareja si debe continuar junta o separarse.

La decisión corresponde a las personas implicadas.

Señales de que puede ser conveniente pedir ayuda psicológica

No es necesario esperar hasta que la relación esté completamente deteriorada.

Puede ser conveniente valorar ayuda profesional cuando:

  • discutís repetidamente por los mismos asuntos sin encontrar soluciones;
  • cada vez resulta más difícil hablar sin terminar en conflicto;
  • existe un distanciamiento emocional importante;
  • uno o ambos evitáis hablar para no discutir;
  • prácticamente toda la relación gira alrededor de las responsabilidades familiares;
  • existen desacuerdos constantes sobre la crianza;
  • se han acumulado resentimiento y reproches;
  • los hijos están quedando involucrados en las discusiones;
  • alguno de los hijos comienza a mostrar malestar coincidiendo con los conflictos familiares;
  • existe una crisis relacionada con celos, pérdida de confianza o infidelidad;
  • uno o ambos os planteáis la separación, pero no sabéis qué decisión tomar;
  • habéis intentado solucionar los problemas repetidamente y termináis volviendo al mismo punto.

Pedir ayuda no significa reconocer que la relación ha fracasado.

Puede significar simplemente que las estrategias utilizadas hasta ahora ya no están funcionando.

¿Qué se trabaja en terapia cuando hay problemas de pareja?

La intervención debe adaptarse a cada pareja. No existe una única técnica válida para todos los problemas.

Inicialmente resulta importante comprender qué está ocurriendo, cuándo comenzaron las dificultades y qué factores están manteniéndolas.

Dependiendo de cada situación, puede trabajarse sobre:

  • patrones de comunicación;
  • formas de expresar necesidades y emociones;
  • resolución de conflictos;
  • regulación emocional;
  • distanciamiento afectivo;
  • resentimiento acumulado;
  • celos y confianza;
  • consecuencias de una infidelidad;
  • establecimiento de límites;
  • reparto de responsabilidades;
  • intimidad;
  • dificultades relacionadas con la crianza;
  • protección de los hijos frente al conflicto.

El objetivo no es conseguir que una pareja no vuelva a tener desacuerdos.

El objetivo es desarrollar formas diferentes y más funcionales de afrontar esos desacuerdos.

¿Terapia de pareja u orientación familiar?

Aunque pueden estar relacionadas, no siempre responden exactamente a la misma necesidad.

En la terapia de pareja, el foco principal se sitúa en la relación entre ambos miembros: comunicación, vínculo, conflictos, confianza, intimidad o dificultades emocionales.

La orientación familiar puede resultar especialmente útil cuando el problema también está relacionado con la convivencia, la crianza, los límites, las normas o la forma en que los conflictos de los adultos están repercutiendo en los hijos.

En determinadas situaciones pueden abordarse ambos aspectos.

Lo importante es valorar qué está ocurriendo específicamente en cada familia.

Psicóloga en Vecindario y online para problemas de pareja con hijos

Cuando existen hijos, tomar decisiones sobre una relación puede resultar especialmente difícil.

A la tristeza, el enfado o el distanciamiento se añade el miedo a equivocarse y perjudicar a la familia.

No siempre es sencillo diferenciar qué pertenece al conflicto de pareja, qué está relacionado con la crianza y qué dinámicas se han ido consolidando con el tiempo.

Como Psicóloga General Sanitaria, atiendo problemas de pareja y familiares presencialmente en Vecindario (Gran Canaria) y online.

La primera valoración permite conocer vuestra situación, identificar las principales dificultades y determinar qué aspectos sería necesario trabajar.

No es imprescindible llegar a consulta sabiendo si queréis continuar juntos.

Puede acudirse precisamente porque no sabéis cómo resolver lo que está ocurriendo y necesitáis comprender mejor vuestra situación antes de tomar decisiones.

Si tenéis problemas de pareja, existen hijos y sentís que las dificultades están empezando a afectar a vuestra relación o a la convivencia familiar, podéis solicitar una primera consulta psicológica en Vecindario u online.

Preguntas frecuentes sobre problemas de pareja con hijos

¿Cuándo deberíamos acudir a terapia de pareja?

Puede ser conveniente cuando los mismos conflictos se repiten, la comunicación se ha deteriorado, existe un distanciamiento progresivo o los problemas empiezan a afectar significativamente a la convivencia y a la familia. No es necesario esperar hasta que la separación sea inminente.

¿Podemos acudir aunque uno de los dos tenga dudas sobre continuar la relación?

Sí. No es necesario haber decidido previamente continuar juntos. Las dudas sobre la relación también pueden formar parte de aquello que necesita comprenderse y trabajarse.

¿Los hijos tienen que acudir a consulta?

No necesariamente. En muchos casos puede comenzarse trabajando con los adultos. Si existen dificultades específicas en alguno de los hijos, se valorará de manera individual qué intervención puede ser adecuada.

¿Es malo discutir delante de los hijos?

Los desacuerdos forman parte de las relaciones. Sin embargo, las discusiones intensas, frecuentes, con descalificaciones o que sitúan a los hijos en medio del conflicto pueden resultar especialmente problemáticas. Es importante valorar tanto la intensidad como la forma en que se resuelven.

¿Es mejor seguir juntos por los hijos?

No existe una respuesta válida para todas las familias. El bienestar de los hijos no depende únicamente de que sus padres continúen viviendo juntos, sino también de la calidad de la convivencia, el nivel de conflicto, la estabilidad y el cuidado que reciben.

¿Puedo realizar las sesiones online?

Sí. La atención puede realizarse presencialmente en Vecindario o mediante consulta online, en función de las características y necesidades de cada caso.

 

RESERVA CITA ONLINE


Reserva tu cita por WhatsApp 630723090 dejando los siguientes datos:

  • Nombre y apellidos
  • Modalidad: online o presencial
  • Día y hora
  • Online: Pago al realizar la reserva mediante Bizum o transferencia bancaria
  • Presencial: Bizum al realizar la reserva/Efectivo en consulta

María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

 

Psicóloga Vecindario online y presencial infantil adolescentes adultos mayores pareja y familia

Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de informes psicológicos

 Psicóloga en Vecindario y online Terapia Infantil, adolescentes, adultos y mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Elaboración de i...