miércoles, 17 de junio de 2026

ANSIEDAD GENERALIZADA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Pensamientos, cambios físicos y estrategias en la Ansiedad Generalizada

    


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¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

Lo que define a la ansiedad generalizada es la preocupación, la preocupación excesiva. Todo el mundo se preocupa por razones muy parecidas: la salud de los seres queridos, el trabajo, las finanzas, la propia salud o la relación con los demás. En la ansiedad generalizada estas preocupaciones cotidianas se desorbitan, se vuelven incontrolables.

 

Pensamientos en la Ansiedad Generalizada

Las personas con ansiedad generalizada describen su problema como que no pueden dejar de preocuparse, no pueden parar sus pensamientos sobre que las cosas puedan ir mal.

Preocupaciones frecuentes:

  • La salud de sus hijos (“¿y si mi hijo tuviera meningitis?”)
  • Su seguridad (“¿y si el autobús del cole tiene un accidente?”)
  • La seguridad de otras personas queridas (“me da miedo que mi marido tenga un accidente con el coche”),
  • El trabajo (“¿y si me quedo sin clientes?”)
  • Sus finanzas (“no podré hacer frente a los pagos”)
  • Los impuestos (“¿y si me pilla hacienda?”)

O sobre cualquier otro tema que pueda resultar perturbador: relación con familiares o amigos, ejecución de tareas o rendimiento académico.

 

Cada vez que aparece una preocupación, la persona busca mentalmente una solución. Pero la solución a su vez provoca una nueva preocupación que se intenta neutralizar con otra solución. Y así se entra en un proceso rumiativo que parece no tener fin.

Para complicar más todavía la situación, aparece otra clase de pensamientos: preocupaciones sobre las preocupaciones. En cada caso es distinto, pero después de un tiempo sintiendo estas preocupaciones constantemente, la persona empieza a preocuparse sobre su preocupación. Se cree que todo ese proceso no es normal, que uno está enfermo o sufre algún tipo de extraño trastorno psicológico, y que acabará sufriendo un colapso nervioso, volviéndose loco, o que como resultado de sufrir ansiedad tanto tiempo, acabará dañándose físicamente. A partir de ese momento, la autofocalización se centra en la propia preocupación, y en cuanto se detecta se intenta evitar a toda costa: “vaya, ya estoy nervioso otra vez, me resulta imposible desconectar, ¿qué puedo hacer para quitarme esto de encima?”

 

Por otra parte, también es muy frecuente tener otro tipo de pensamiento sobre las preocupaciones. Creencias acerca de que preocuparse, en realidad, es bueno. Sería algo así como creer que la preocupación es un modo de afrontamiento de posibles problemas, como de ir un paso por delante. Predecir la aparición de futuros problemas y tener ya preparado un plan para abordarlos. Esta manera de conceptualizar la preocupación se aprende durante la infancia y es muy probable que la influencia de los padres sea determinante en su adquisición.

El flujo de preocupaciones, aunque tiende a ser constante, fluctúa en intensidad. Hay épocas mejores que otras, y sin duda alguna, está modulada por variables como el estado de ánimo, el estrés y cualquier elemento que tenga protagonismo en el estilo de vida.

 

Reacciones físicas en la Ansiedad Generalizada

 

La reacción fisiológica, suele ser moderada pero continua. Muchos sufridores se quejan con expresiones como “no sé relajarme, nunca estoy tranquilo, o no

puedo desconectar”.

  • Las alteraciones del sueño son muy corrientes. Meterse en la cama y tardar mucho tiempo en dormirse o tener un sueño ligero, poco reparador y con muchos despertares a lo largo de la noche.
  • El dolor de cabeza y de espalda como resultado de la tensión muscular sostenida también es una sensación habitual.
  • Notar molestias en el aparato digestivo como boca seca, digestiones pesadas, aires, estreñimiento o diarrea.

 

Por otra parte, en momentos puntuales la ansiedad puede subir más y volverse intensa: taquicardia, ahogo, temblores o piernas débiles.

 

Estrategias más comunes en la Ansiedad Generalizada

 1. El pensamiento neutralizador

Estrategia más común. Cada vez que aparece un pensamiento de preocupación, la persona lo bloquea con un pensamiento en formato de solución. He aquí algunos ejemplos:

–Este mes no podré pagar la letra. –Pues pediré un préstamo rápido.

–¿Y si le ofrecieran droga a mi hijo? –No pasa nada, seguro que la rechazaría.

–Hacienda me pillará esta factura. –Es defendible en concepto de dietas.

–¿Y si el pediatra le encuentra algo –Para nada, está muy sano? a mi hijo?

–¿Les habrá molestado lo que dije? –No lo creo, estaban sonriendo todo el rato.

–Tanta ansiedad acabará fastidiándome –No, el cardiólogo dice que estoy sano.

–Al final me volveré loco. –Si tuviera que volverme loco, ya lo hubiera hecho

Esta constante lucha mental provoca que la ansiedad ascienda y descienda. Los pensamientos catastróficos la elevan y los neutralizadores la reducen. Pero este alivio ni es completo ni duradero. Porque al instante la solución genera otro problema (“pues pediré un préstamo rápido” ➭ “los intereses de esos préstamos son muyaltos, no podré hacerle frente” ➭ “pues le pediré un préstamo a mi hermano” ➭ “vale, pero si no se lo puedo pagar pronto, mi cuñada se enfadará mucho” ➭ etc.)

La persona constantemente estaría anticipando problemas sin desearlo y, a su vez, los atajaría voluntariamente, intentando resolverlos a la búsqueda de la solución definitiva que,nunca llegaría.

2. La distracción

Muchas de las secuencias anteriores, se cortan cuando la persona consigue distraerse, bien voluntariamente, o bien porque sucede algo que capta su atención. Jugar a tenis, o cualquier deporte competitivo, ver televisión, jugar a un videojuego, navegar en Internet, llamar por teléfono….

3. La evitación

Cada persona tiene diferentes preocupaciones y por lo tanto evita diferentes situaciones. Si una madre está atormentada por la seguridad de su hijo, intentará evitar aquellas situaciones que van a empeorar sus miedos: excursiones del colegio, actividades extraescolares, o que pase la noche en casa de amigos.

4.Otros comportamientos voluntarios

Por ejemplo, unos padres excesivamente preocupados por la seguridad de su hijo podrían regalarle un móvil prematuramente e instruirle a usarlo para tener más sensación de seguridad. Y antes de salir de casa, no sería raro que le advirtieran acerca de los peligros del mundo exterior. Una persona preocupada por la posibilidad de quedarse en números rojos, podría pasarse horas comprobando el estado de sus cuentas y haciendo operaciones matemáticas con sus ingresos y pagos, o llamar constantemente al banco para preguntar sobre sus operaciones financieras. Quien se preocupara porque sus hijos enfermaran podría dedicar mucho tiempo a buscar posibles síntomas de enfermedades en los niños y a consultar en exceso al pediatra o páginas médicas de Internet.

 

Diferencias individuales en la Ansiedad Generalizada

 

Aunque la preocupación siempre parece estar ahí, el grado de consciencia varía según momentos. Por supuesto, en ocasiones desaparece completamente, sobre todo cuando la atención de la persona está centrada en algo que le atrae poderosamente. Muchas veces, es como si hubiera una consciencia doble. Por una parte, intenta centrarse en lo que está haciendo, en las actividades que implica la vida cotidiana, pero por otra, no puede evitar que los pensamientos de preocupación estén ahí como en un segundo plano. Algunas personas lo describen como que los perciben en un volumen más bajo, perturban menos, pero no desaparecen del todo. Y luego están los momentos peores. Cuando las preocupaciones dominan completamente la atención y se notan en su máxima intensidad.

Este estado, el más doloroso, se ve provocado por situaciones específicas. Es más, estas situaciones son las responsables de que aparezcan estas preocupaciones en su más intensa expresión.


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HIPOCONDRÍA Psicóloga María Jesús Suárez Duque - Pensamientos, reacciones físicas y estrategias más frecuentes en la Hipondría

 

   


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¿Qué es la Hipocondría?

   La hipondría es un trastorno psicológico en el que la ansiedad es uno de los ingredientes fundamentales, y se caracteriza porque la persona que lo sufre tiene una alta convicción de padecer una enfermedad física grave o potencialmente mortal.

 

Pensamientos en la Hipocondría

La creencia básica es tener una enfermedad mortal que matará a la persona, pero no inmediatamente, no ahora, sino en un futuro de meses o años.

En la misma línea, se teme no sólo el desenlace, la muerte, sino el propio proceso de recibir el diagnóstico, intentar un tratamiento que de todas formas no va a funcionar, notar el deterioro que se irá produciendo, y finalmente morir.

Quien sufre una hipocondría cree que tiene un cáncer, un problema cardíaco o cualquier tipo de extraña enfermedad que los médicos todavía no le han detectado.

“Debo tener un tumor cerebral, un día de estos el corazón me estallará, soy seropositivo, me voy a morir, el hígado me puede fallar o seguro que tengo un alzeimer”

El grado de convicción en que se creen estas ideas es muy variable. En un mismo día, en momentos determinados, se pueden creer al 100 % y en otros con menos intensidad. No es raro que puedan aparecer imágenes, la persona podría verse a sí misma yaciendo en la UCI de un hospital o recibiendo quimioterapia o viendo cómo su médico le dice que sus análisis de sida dan positivo.

A lo largo del tiempo los temores suelen cambiar. Hay personas que tienen un temor predominante y concreto que, aunque con alguna variación, se mantiene relativamente constante. Otros, sin embargo, cambian el contenido de sus temores con el tiempo. Quizás lo más habitual es una combinación de los dos anteriores: un miedo principal, que con variaciones perdura, y diferentes miedos que van alternándose en sucesivos períodos.

 

Suelen aparecer también pensamientos de tipo supersticioso. El contenido más habitual es creer que si piensan en términos realistas o positivos, entonces la enfermedad será un hecho sólido. A partir de ahí, lo habitual es intentar neutralizar esa clase de pensamientos con otros de contenido catastrófico.

Además, aparecen pensamientos acerca de cómo ellos y sus familias encararán este terrible proceso. Imaginan el sufrimiento psicológico que conllevará enfermar y morir, no sólo en ellos sino en sus seres queridos. No es raro, sobre todo cuando tienen hijos pequeños, que aparezcan preocupaciones sobre el futuro de los niños.

 

Reacciones físicas en la Hipocondría

 

Cuando una persona piensa que puede tener cáncer, sida o una gravísima enfermedad cardiaca, inevitablemente se pone nerviosa, aparece la ansiedad. Se nota una gran cantidad de sensaciones físicas que pueden resultar inquietantes: aceleración del corazón, aumento de la velocidad de la respiración, tensión muscular, boca seca, sensaciones en el estómago, calor, dolor de cabeza o de espalda, mareo y muchas más.

La intensidad de la ansiedad no es siempre constante. El grado de ansiedad es directamente proporcional a cuánto se creen estos pensamientos catastróficos. Cuanto más ciertos parecen, más ansiedad producen.

Asimismo, aproximadamente el 70 % de las personas que padecen hipocondría, también sufren ataques de pánico esporádicamente.

 

Estrategias más comunes en la Hipocondría

1. Consultar a médicos, personas de confianza o fuentes fiables sobre su malestar.

2. Auto vigilancia del cuerpo y la consiguiente comprobación de los síntomas que se temen. 
Pesarse a diario para comprobar que no se ha perdido peso, lo que se interpretaría como síntoma de cáncer, revisar la piel buscando manchas indicativas de lesiones cancerígenas, tomarse el pulso para asegurarse de que su corazón no está a punto de estallar o hacer una prueba de equilibrio con el objetivo de ratificar que no tienen un tumor cerebral. A menudo la comprobación sigue unas pautas y reglas completamente subjetivas y con un estilo compulsivo. Por ejemplo, muchas veces no basta con comprobar una vez el supuesto signo de la enfermedad, sino que se necesita repetirlo un extenso número de veces.

Tanto la comprobación, como la reaseguración, puede provocar el efecto contrario a lo que la persona anda buscando: aumentar la ansiedad. Primero, porque puede empeorar el síntoma y segundo, porque se pueden encontrar más señales sospechosas.

3. La distracción

La distracción puede ser hacer cosas o pensar cosas. Uno puede distraerse charlando con los demás, viendo una película, haciendo deporte, o escuchando música.

O puede también distraerse recordando jugadas de un partido de fútbol reciente, escenas de una película interesante o fantaseando sobre un viaje futuro muy deseado.

4. La racionalización

Consiste en conseguir, durante un período corto de tiempo, tranquilidad a base de autoargumentar que el contenido de los temores es falso. Es decir, intentar convencerse de que no tienen ninguna enfermedad. Esto les lleva a repetirse, en una espiral sinfín, una y otra vez, que no les pasa nada, que todo está en su imaginación y que no hay peligro. Se recuerdan la información obtenida a través de la reaseguración, los resultados de las pruebas diagnósticas y se usa mucho el pensamiento positivo: “todo va a ir bien, no te pasa nada, eres joven y fuerte, no te amargues la vida”. Este proceso tiene una eficacia mínima, funciona durante segundos o minutos en el mejor de los casos.

5. La evitación

Evitar oír hablar de enfermedades, no ver películas donde alguno de los protagonistas sufre una enfermedad, dejar de ir a hospitales o consultas médicas, o no ver ni tocar partes del propio cuerpo, son ejemplos de evitación.

 

Diferencias individuales en la Hipocondría
 

Cada persona está bajo la influencia de un amplio número de variables que modulan el protagonismo de la hipocondría.

1. Variables indirectas

Por ejemplo, el estilo de vida. Muchos notan menos su hipocondría cuando están muy ocupados. En esa línea, es habitual que se sufra más el fin de semana si el trabajo es un gran distractor, o en momentos de aburrimiento.

2. El estrés

El estrés no es más que ansiedad y la ansiedad provoca sensaciones. Estas sensaciones tienden a interpretarse como síntomas de posibles enfermedades. Hay personas que notan empeoramiento en el trabajo, puesto que el trabajo les produce estrés.

3. Problemas personales

Los problemas personales, inherentes a la vida, como discusiones de pareja, desavenencias familiares o desajustes económicos, pueden también aumentar o disminuir el grado de malestar hipocondríaco. Si atraen la atención de la persona distrayéndola de sus miedos habituales, lo reducirán. Pero si aumentan su nivel de estrés, probablemente los exacerbarán.

4. Cambios en el estilo de vida

Cambios en eventos ambientales positivos, tienden a suavizar el malestar. Es el caso de preparar o realizar un viaje largo tiempo deseado, iniciar una relación afectiva, estrenar una casa, o cambiar de coche.

5. Sensaciones fisiológicas que produce el propio organismo

Pueden ser cambios inocuos y absolutamente normales parte del funcionamiento habitual del organismo, como el proceso digestivo, la ovulación, sensación de cansancio o de sueño. En otras ocasiones, son cambios biológicos producidos por el propio estrés, como la taquicardia, el mareo o la sensación de falta de aire. También es habitual que estas sensaciones alarmantes las provoque la persona en su proceso de comprobación.

6. Descubrimiento de un “nuevo sintoma”

En ocasiones, lo que inicia la ansiedad es el descubrimiento de “nuevos síntomas” que, en realidad, siempre habían estado allí: un nuevo lunar, una mancha en la piel, una asimetría en la cabeza, o notar que elvelo del paladar es rugoso.

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jueves, 11 de junio de 2026

INFORMES PSICOLÓGICOS Psicóloga infantil María Jesús Suárez Duque - Entrevista del niño desde diferentes perspectivas teóricas

   


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Entrevista del niño desde diferentes perspectivas teóricas

   Como psicóloga infantil trabajo desde un enfoque integrador. Desde el primer contacto, integro las técnicas y estrategias aportadas desde diferentes enfoques teóricos: Terapia cognitiva conductual, terapias de tercera generación, terapias de trauma, terapia psicosensoriomotriz….

   Respecto a la entrevista del niño, uso una batería multimodal que me permita:

  • Determinar fortalezas y debilidades de los niños y los padres
  • Entender la naturaleza del síntoma y qué tanto éste impide la funcionalidad del niño.
  • Evaluar qué tanto el menor se encuentra en riesgo de presentar psicopatología u otro tipo de trastorno conductual
  • Determinar las condiciones que inhiben al niño para desarrollar habilidades apropiadas, o bien que mantienen la conducta problema.

Perspectivas teóricas que guían la evaluación

  1. Perspectiva del desarrollo normativa

Se enfoca en evaluar si la conducta del menor es similar a la de otros niños de su edad y género.

Se evalúa el nivel del desarrollo del menor en áreas como el lenguaje, habilidad motora, social y de autoayuda.

La información por lo general se obtiene de la historia del desarrollo del paciente que proporcionan los padres o cuidadores.

  1. Perspectiva conductual.

Se enfatiza en la información aportada por los padres o cuidadores acerca de ejemplos concretos de la conducta problema y se les pide que en lo posible sean muy específicos en señalar los pensamientos, sentimientos y acciones que suceden cuando se presenta dicha conducta. Asimismo, se investiga la frecuencia, duración e intensidad de las conductas problema y cómo éstas afectan al niño y, se evalúa la motivación para el cambio de los padres y cuidadores.

  1. Orientación humanista fenomenológica.

Se trata de averiguar la forma en que el niño y los padres se ven a sí mismos y a otras personas de su ambiente, así como lo que el pequeño puede valorar sobre las consecuencias de su conducta y cómo éste visualiza sus elecciones y preferencias. Por otro lado, también se averigua qué se ha hecho para remediar el problema (acudir a otro profesional, castigos, amenazas, premios, entre otros)

 

Evaluación continua a lo largo de todo el proceso

La evaluación psicológica se lleva a cabo a lo largo de todo el proceso de intervención. La evaluación constante proporciona una guía útil para seleccionar en cada momento del proceso la intervención clínica o educacional adecuada para ese niño en particular. Es importante evaluar los cambios que se den durante el tratamiento tanto en los niños como con sus padres o cuidadores.


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miércoles, 10 de junio de 2026

INFORME PSICOLÓGICO Psicóloga infantil María Jesús Suárez Duque - Consentimiento Informado en Menores: ¿A qué edad es obligatorio el permiso de los padres en Psicología?

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 Consentimiento Informado en Menores: ¿A qué edad es obligatorio el permiso de los padres en Psicología?

¿Es necesario el consentimiento de ambos padres para la terapia psicológica de un menor?


Límite de los 16 años, la Ley 41/2002 y las últimas excepciones del Código Civil.

En la práctica de la psicología clínica y de la salud, uno de los dilemas legales y deontológicos más frecuentes gira en torno a la atención de pacientes menores de edad.

¿A partir de qué edad puede un adolescente decidir ir al psicólogo por sí mismo?

¿Cuándo es estrictamente obligatorio contar con la firma de los progenitores?

Aunque la normativa estatal clave se aprobó hace más de dos décadas, diversas reformas posteriores en el Código Civil y en las leyes de protección a la infancia han matizado de forma drástica cómo debemos gestionar el  consentimiento informado en menores.

En este artículo analizamos el marco legal actual en España, la frontera de los 16 años y las excepciones críticas que todo profesional de la salud mental debe conocer.

La "Mayoría de Edad Sanitaria": ¿Qué dice la Ley 41/2002?

El marco de referencia estatal en España sigue siendo la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente. En su artículo 9.4, esta ley establece lo que jurídicamente se conoce como la mayoría de edad sanitaria, fijada de forma nítida en los 16 años.

A efectos prácticos en la consulta de psicología, esto se traduce en dos escenarios muy claros basados en la edad:

  •  Pacientes con 16 años cumplidos o más: Se les considera legalmente capaces para tomar decisiones sobre su propia salud. El adolescente puede solicitar, recibir tratamiento psicológico y firmar su propio consentimiento informado. No es obligatorio que los padres autoricen la terapia (salvo supuestos excepcionales de riesgo grave para la vida o la salud del menor).
  •  Pacientes menores de 16 años: Se considera que el consentimiento debe darse por representación. Esto significa que la validez legal del tratamiento depende de la autorización de sus representantes legales (padres o tutores).

A pesar de las diferentes leyes publicadas con posterioridad, esta frontera de los 16 años no se ha modificado. Sin embargo, la gestión de los menores de 16 años sí ha sufrido cambios cruciales que todo psicólogo debe aplicar en su día a día.

Menores de 16 años: ¿Basta con el consentimiento de un solo progenitor?

Este es el principal foco de conflicto en las consultas de psicología, especialmente en casos de familias de padres separados, divorciados o en situación de alta conflictividad.

La normativa posterior a 2002 y los criterios unificados de los Colegios Oficiales de Psicología (COP) aclaran que la intervención psicológica no es un acto ordinario o cotidiano (como comprar una medicina para el resfriado), sino un acto extraordinario y de especial trascendencia. Por lo tanto, se encuadra dentro de la patria potestad, no de la mera guardia y custodia.

Regla general en la práctica clínica:

Para atender psicológicamente a un menor de 16 años, es obligatorio contar con el consentimiento de ambos progenitores (siempre que ambos ostenten la patria potestad), independientemente de quién tenga la custodia del menor.

Iniciar un tratamiento con la firma de un solo progenitor, sabiendo que el otro no ha sido informado o se opone, puede suponer una infracción deontológica grave para el profesional y derivar en problemas legales.

La Excepción del Artículo 156 del Código Civil: Violencia de Género

Para evitar que un progenitor en procesos de violencia pudiera bloquear el necesario apoyo psicológico de sus hijos negando su autorización, el marco legal introdujo una modificación histórica tras la aprobación del *Real Decreto-ley 9/2018* y la posterior Ley Orgánica 8/2021 (LOPIVI).

Esta reforma modificó el artículo 156 del Código Civil, estableciendo la principal excepción a la regla general de la doble firma:

 Cuándo basta con un solo consentimiento: No será necesario el permiso del segundo progenitor si este se encuentra incurso en un proceso penal por violencia de género, si existe una sentencia condenatoria, o bien si la madre está siendo asistida en servicios públicos especializados y estos emiten un informe que acredite la situación.

 El límite infranqueable de la edad: La propia ley añade un recordatorio sobre la autonomía del menor en este contexto: Si la asistencia hubiera de prestarse a los hijos e hijas mayores de dieciséis años se precisará en todo caso el consentimiento expreso de estos".

El "Deber de Escucha" y el Interés Superior del Menor

Otro aspecto fundamental introducido por la legislación de protección a la infancia (LOPIVI) es el derecho del menor a ser escuchado.

Aunque legalmente el documento de consentimiento informado deba ser firmado por los padres en los menores de 16 años, el psicólogo tiene la obligación ética y legal de valorar la madurez del menor y escuchar su opinión. Si un adolescente de 14 años se niega rotundamente a realizar terapia, la firma de sus padres no es un cheque en blanco; se debe evaluar el conflicto y priorizar el bienestar emocional e interés superior del menor antes de forzar una intervención.

Conclusiones para la Gestión de Consultas de Psicología

Para garantizar la seguridad jurídica del profesional y una correcta praxis, el protocolo de recepción de menores debe estructurarse bajo estas tres reglas de oro:

  1. A partir de los 16 años: El paciente firma de manera autónoma su consentimiento.
  2. Menores de 16 años (Norma general): Exigir la firma tanto del padre como de la madre en el documento de consentimiento informado antes de la primera sesión evaluativa o de tratamiento.
  3. Menores de 16 años (Excepción por violencia): Admitir la firma de un único progenitor solo si se aporta la documentación judicial o el informe del servicio social especializado que acredite la excepción del artículo 156 del Código Civil.

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INFORMES PSICOLÓGICOS Psicóloga infantil María Jesús Suárez Duque - Particularidades del proceso de evaluación en los niños


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 PARTICULARIDADES DEL PROCESO DE EVALUACIÓN EN LOS NIÑOS

  1. Ser sensible al período evolutivo del menor


En la evaluación de niños y adolescentes hay que ser sensible al período evolutivo en el que se encuentre, éste será un criterio importante a la hora de elegir los instrumentos que se van a utilizar.

Los mismos problemas o trastornos no se presentan igual en niños y en los adultos, ni en los niños y en los adolescentes. En comparación con los adultos un cuadro depresivo en la infancia es más probable que se manifieste con irritabilidad y, en comparación con los adolescentes es menos frecuente que presente pérdida de interés y placer en las cosas. A diferencia de los adultos, no lograr los puntos cruciales del desarrollo en el momento adecuado ya será suficiente para determinar que hay un problema. Es decir, la no adquisición de aquellas habilidades esperadas (normativa) a la edad como controlar esfínteres, hablar, separarse de los padres sin grandes dificultades, comer o dormir solos...

  1. Cognición: Las preguntas a realizar al menor por debajo de los 12 años deben ser muy concretas, referidas a un solo concepto y estar muy situadas en el contexto.
  • De los 2 a los 7 años los niños se encuentran en el estadio preoperacional del desarrollo cognitivo. En este período puede pensar simbólicamente, pero el pensamiento se centra en un solo aspecto del problema y se piensa en contenido específico y concreto.
  • De los 7 a los 11 años (período de operaciones concretas) aparece el razonamiento lógico, que se aplica a los objetos reales o que se pueden ver, ya se puede asumir múltiples perspectivas, ponerse en el lugar del otro y razonar simultáneamente sobre conceptos relacionados. El lenguaje va cobrando paulatinamente más importancia que el contexto.

 2. Lenguaje:

A los 4 años y medio ya ha desarrollado el lenguaje comprensivo y expresivo y dispone de las habilidades necesarias para poder comunicarse adecuadamente.

Se debe adaptar el lenguaje al niño utilizando una fonología, vocabulario y sintaxis apropiadas y comprensibles:

  • Las preguntas que empiezan con Qué, Quién y Dónde son más fáciles que las que empiezan por Cuándo, Cómo, Cuál y Por qué. Proporcionar referentes es siempre de gran ayuda, especialmente antes de los 10 años, porque la capacidad para responder preguntas que contienen temporalidad es limitada.
  • Siempre que sea posible es mejor utilizar nombres que pronombres, frases de construcción sencilla (sujeto-verbo-predicado) y que pregunten por un solo concepto.
  • Las muletillas, las preguntas que inducen la respuesta y las preguntas negativas son malas. Por ejemplo: Tu no has fumado nunca ¿verdad?
  • Tener en cuenta la pragmática adaptándola a los distintos grupos culturales.

 3. Memoria y atención:

Para entender el problema que se está evaluando es necesario conocer no sólo su manifestación actual, sino también sus antecedentes.

A medida que el niño se hace mayor recuerda mejor y, a los 10 años, la capacidad para recordar acontecimientos pasados es comparable a la del adulto.

Factores que influyen en cómo se recuerdan las cosas:

  • La motivación de la persona que informa
  • La emoción que suscitó el acontecimiento (se recuerda mejor lo que se asoció a una emoción)
  • La edad del niño cuando ocurrió el acontecimiento y el grado en que se comprendió la situación.

Factores que influyen en la atención:

  • La edad del niño cuando ocurrió el acontecimiento y el grado en que se comprendió la situación.

 

Los niños tienen una gran capacidad de persistencia en aquellas tareas que les interesan. La memoria y la atención del niño a lo largo de la evaluación dependerá en parte de la explicación inicial del proceso a seguir y la motivación y reforzamiento continuado durante el mismo.

 4. Conceptos temporales

  • Entre los 3 años y medio y los 5, hay bastante dificultad para entender el tiempo. Principalmente, el tiempo se mide por las rutinas o acontecimientos especiales que se realizan (ir a dormir…)
  • Entre los 6 y los 8 años se realizan grandes logros: se conocen los días de la semana, el reloj, los meses del año. A esta edad ya se puede dar información sobre cuánto duran las cosas.
  • Los 8-9 años marcan la comprensión de la sucesión temporal (orden) y la duración (cuánto tiempo ha pasado entre dos acontecimientos)
  • Entre los 9 y 11 años se entienden las fechas, los años, se estima la edad de los adultos y se tiene una ligera noción de los acontecimientos históricos.
  • A partir de los 12 años se puede informar con más precisión sobre la duración de un síntoma con respecto a otros.
  • Hacia los 14 años se entiende el concepto de futuro.

 5. Concepto de sí mismo

  • Entre los 9 meses y los 3 años, el yo se describe basándose en la identificación visual y descripción física de sí mismo, y en la apariencia física, y en las conductas y en actividades que se realizan entre los 4 y 6 años.
  • De los 7 a los 11 años se es capaz de identificar las propias características psicológicas y de diferenciar entre los aspectos físicos y mentales de uno.
  • Entre los 6 y los 8 años el concepto de sí mismo ya incluye descripciones más abstractas, basadas en constructos psicológicos, características disposicionales, creencias y valores.

A partir de los 8 años un niño tiene una clara idea de los diferentes componentes de su yo y, por tanto, se le puede preguntar sobre la percepción que tiene de ello con garantías de obtener una información significativa y relevante sobre diferentes experiencias y situaciones.

 6. Cognición social

  • Antes de los 8 años los niños hacen descripciones de los demás principalmente en términos globales y autorreferenciales.
  • A los 7-8 años aparece la habilidad de reflexionar sobre lo que otros piensan de uno mismos. Esto permite responder preguntas sobre lo que otras personas piensan de él.
  • Entre los 8-11 años se incluirán términos más precisos y abstractos para describir a los otros, pero sus representaciones todavía no consisten en una percepción coordinada
  • En la adolescencia es cuando el menor es capaz de integra los distintos rasgos de una persona, e incluso aunque sean contradictorios.

 7. Comprensión de emociones

  • Entre los 2 y los 3 años ya se observa bastante autoconocimiento de las emociones propias y ajenas.
  • Los niños de 3 a 5 años son capaces de identificar la tristeza, enfado y la felicidad.
  • A los 8 años se ha adquirido con bastante destreza la capacidad para expresar verbalmente enfado y miedo. En esta edad se producen los cambios más importantes para la comprensión de las emociones. A partir de entonces el niño entiende las emociones basándose en su propia experiencia interna, toma conciencia de que las emociones pueden controlarse usando estrategias mentales y puede informar de manera fiable sobre sus propias emociones.
  • Has los 11 años entiende que se puede experimentar sentimientos positivos y negativos sobre la misma persona al mismo tiempo y es capar de expresar emociones opuestas (por ejemplo, tranquilo pero enfadado)

 8. Sinceridad

  • Entre los 3-4 años se diferencia entre la verdad y la mentira. A partir de estas edades se puede mentir deliberadamente para evitar un castigo o una consecuencia negativa.
  • A partir de los 5 años, la mayoría reconoce que no está bien mentir.

No obstante, para los niños mentir es una tarea difícil, ya que les cuesta esconder sus emociones. Mentir es más la excepción que la regla: sólo un 5% de los niños de todas las edades mienten a menudo.

Al inicio de la evaluación se debe indicar al niño que si no desea responder a cualquier pregunta no hay problema, puede decir que no quiere hablar de ese tema y que eso es preferible a que mienta.

 9. El niño no es el que pide el tratamiento

En contadas ocasiones es el niño el que pide acudir al psicólogo. Normalmente son los padres, y en algunas ocasiones los maestros.

Es importante indicar al niño las razones por las que ha acudido a la consulta, así como el papel que jugará el psicólogo.

La Ley de Autonomía del Paciente 41/2002 señala con respecto al consentimiento informado que, si el menor es incapaz de comprender el alcance de la intervención, el consentimiento lo prestarán sus padres pero se le oirá siempre que haya cumplido los 12 años; cuando se trate de menores no incapaces ni incapacitados pero emancipados o con 16 años cumplidos, no es necesario obtener el consentimiento de los padres o representantes legales (Gobierno de España, 2002)

 10. Evaluar a un niño implica evaluar a sus cuidadores

No únicamente hay que evaluar al niño, sino que también hay que evaluar a sus padres o cuidadores.

Hay que tener en cuenta que las madres con depresión informan de un exceso de síntomas interiorizados y exteriorizados en sus hijos. En estos casos, no solamente se tratará de conocer cuál es el problema del niño, sino que también será necesario conocer cuál es la salud mental de los padres.

Aspectos por evaluar:

Disciplinan que emplean los padres, su estilo de educar, o el grado de satisfacción en su relación de pareja, entre otros, que pueden estar incidiendo en la situación y actuar como factores predisponentes, precipitantes o mantenedores del problema.

 11. Negociar la confidencialidad

El niño tiene que saber que la confidencialidad sólo se romperá si de lo que él dice se dedujera que alguien puede estar en un peligro importante (por ejemplo, en cualquier tipo de abuso)

Una vez realizada la evaluación se le pregunta al niño qué le parece la información que se piensa compartir con los padres:

  • ¿Qué te parece?
  • ¿Hay alguna cosa especial que quieres que les diga a tus padres?
  • ¿Hay alguna cosa especial que no quieres que les diga?


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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

 

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