sábado, 19 de septiembre de 2026

TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraerse prestando atención a otra persona

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Distraerse prestando atención a otra persona

¿En qué consiste?

Cuando una persona experimenta una emoción muy intensa, su atención puede quedar casi completamente centrada en su propio dolor, sus pensamientos y las sensaciones asociadas al malestar.

Cuanto más se concentra en lo que siente, en determinados momentos mayor puede hacerse la sensación de desbordamiento.

Una estrategia de tolerancia al malestar consiste en desplazar temporalmente el foco de atención desde uno mismo hacia otras personas.

Esto puede hacerse de diferentes maneras: ayudando a alguien, interesándose por las necesidades de otra persona, observando atentamente a quienes nos rodean o pensando en alguien significativo que pueda proporcionarnos una referencia de apoyo y serenidad.

El mecanismo básico sería:

malestar intenso → atención absorbida por el propio sufrimiento → dirigir la atención hacia otra persona → interrupción temporal de la focalización en el dolor → disminución del desbordamiento emocional.

Como ocurre con las demás estrategias de distracción, no pretende negar el problema ni evitarlo permanentemente. Se utiliza para atravesar un momento de elevada intensidad emocional.

¿Por qué puede ayudar centrarse en otras personas?

Durante los momentos de sufrimiento intenso puede aparecer una especie de estrechamiento de la atención: la persona piensa repetidamente en lo ocurrido, en cómo se siente y en las posibles consecuencias.

Centrarse deliberadamente en otra persona introduce información diferente en el foco atencional y puede interrumpir temporalmente ese circuito.

Además, algunas actividades implican conductas prosociales —ayudar, acompañar, colaborar— que pueden proporcionar una sensación de conexión, utilidad o participación.

Pero hay una condición importante: ayudar a los demás debe utilizarse como una estrategia puntual de regulación, no como una manera habitual de ignorar las propias necesidades.

¿Cuándo puede ser útil?

Depresión y estados de tristeza

Puede resultar útil cuando la persona está excesivamente centrada en pensamientos negativos sobre sí misma y comienza a aislarse. El contacto o la colaboración con otras personas puede ayudar a modificar temporalmente ese foco.

No sustituye el tratamiento de la depresión ni significa que la persona deba ocuparse de los demás para no atender su propio sufrimiento.

Ansiedad y preocupación

Cuando existe una elevada atención dirigida hacia las propias preocupaciones, dirigir deliberadamente la atención hacia información externa puede interrumpir temporalmente la cadena de pensamientos ansiosos.

Rumiación

Es particularmente comprensible en este problema: si la persona lleva mucho tiempo analizando repetidamente una situación sin encontrar una solución, cambiar voluntariamente el objeto de atención puede ayudar a interrumpir temporalmente la rumiación.

Rechazo, ruptura o conflictos interpersonales

Puede resultar útil cuando prácticamente toda la atención está centrada en la persona con la que se ha producido el conflicto: qué dijo, qué hizo, por qué no llama, qué significa determinado comportamiento, etc.

Dirigir durante un tiempo la atención hacia otras personas puede reducir esa focalización.

Dificultades de regulación emocional y TLP

Dentro de una intervención DBT puede utilizarse para atravesar períodos de elevada intensidad emocional, especialmente cuando existe una fuerte focalización en sentimientos de rechazo, abandono o conflictos interpersonales.

Estrés y situaciones de elevada activación emocional

También puede emplearse sin que exista ningún diagnóstico. Puede ser una estrategia cotidiana para crear una pausa respecto al propio malestar.

Ejercicio: hacer algo por otra persona

Marca con una X aquellas actividades que estarías dispuesto/a a poner en práctica.

☐ Llamar a un amigo y preguntarle si necesita ayuda con alguna tarea, una compra u otra actividad.

☐ Preguntar a padres, abuelos, hermanos u otros familiares si necesitan ayuda en algo.

☐ Decir a alguien que tienes tiempo disponible y preguntarle si puedes ayudarlo.

☐ Llamar a una persona conocida y ofrecerte a prepararle una comida.

☐ Realizar alguna acción solidaria hacia una persona que lo necesite.

☐ Si sabes que existen momentos en los que habitualmente te encuentras emocionalmente desbordado/a, planificar previamente alguna actividad de voluntariado.

☐ Colaborar con una organización social de tu localidad.

☐ Participar en actividades comunitarias, sociales, medioambientales u otras iniciativas que impliquen colaborar con otras personas.

☐ Otra actividad: __________________________________________

La finalidad no es resolver el sufrimiento de los demás para olvidar permanentemente el propio, sino descentrar temporalmente la atención durante un momento de elevada intensidad emocional.

Otra posibilidad: observar a otras personas

No siempre es necesario hablar o interactuar con alguien.

Otra forma de aplicar la estrategia consiste simplemente en dirigir deliberadamente la atención hacia las personas que nos rodean.

Por ejemplo, se puede acudir a un comercio, unos grandes almacenes, una librería, una cafetería o un parque y observar a las personas que se encuentran allí.

El ejercicio consiste en prestar atención a detalles concretos:

☐ Observar cómo van vestidas.

☐ Fijarse en lo que están haciendo.

☐ Escuchar fragmentos de las conversaciones que se producen alrededor sin invadir la privacidad de nadie.

☐ Observar detalles de la ropa.

☐ Contar determinados elementos, como botones.

☐ Observar características visibles diferentes.

☐ Contar cuántas personas presentan una determinada característica y cuántas otra.

El objetivo consiste en observar tantos detalles como sea posible.

Cuando la atención vuelva al pensamiento doloroso, no es necesario luchar contra él. Simplemente se reconoce que ha regresado y se vuelve a dirigir la atención hacia aquello que se está observando.

Así, la persona practica activamente el cambio del foco atencional.

Pensar en alguien que nos importa

Existe otra variante especialmente interesante.

La persona puede llevar consigo una fotografía de alguien importante: su pareja, padre, madre, hijos, un amigo u otra persona significativa.

También puede tratarse de alguien a quien admire profundamente, aunque no lo conozca personalmente.

Cuando aparezca un momento de gran angustia, puede mirar la fotografía e imaginar una conversación tranquila y reparadora con esa persona.

Puede preguntarse:

¿Qué me diría esta persona si estuviera aquí conmigo?

¿Qué palabras utilizaría para ayudarme a atravesar este momento?

¿Cómo me hablaría si supiera exactamente cómo me estoy sintiendo?

Después puede imaginar a esa persona pronunciando esas palabras.

Esta variante añade a la distracción un elemento de representación mental de apoyo y seguridad.

Ejemplo práctico

Una persona acaba de mantener una discusión importante con su pareja. Después de la conversación permanece durante horas repasando mentalmente cada frase:

«¿Por qué me dijo eso?»

«¿Qué habrá querido decir?»

«Seguro que ya no siente lo mismo.»

«Tendría que volver a escribirle.»

Se da cuenta de que lleva mucho tiempo atrapada en los mismos pensamientos y que su angustia está aumentando.

En lugar de continuar revisando mensajes o analizando la conversación, llama a un familiar y le pregunta si necesita ayuda con unas compras que tenía pendientes.

Durante un tiempo, su atención se dirige hacia otra persona, otra conversación y una tarea concreta.

El problema de pareja continúa existiendo y posteriormente tendrá que afrontarlo. Sin embargo, ha conseguido interrumpir temporalmente la escalada emocional y puede regresar al problema cuando su activación sea menor.

Una precaución importante

Esta estrategia puede ser contraproducente si la persona presenta un patrón habitual de desatenderse a sí misma ocupándose constantemente de las necesidades de los demás.

Por ejemplo, en personas con dificultades para establecer límites, relaciones de dependencia o patrones excesivos de cuidado de los demás, no sería conveniente convertir:

«prestar atención a otra persona»

en:

«mis necesidades no importan y tengo que ocuparme siempre de los demás».

La función de la técnica es flexibilizar temporalmente el foco de atención, no fomentar el autosacrificio.

Distracción frente a evitación

Como en la estrategia anterior, debemos mantener una distinción fundamental.

Si utilizamos a otras personas continuamente para no estar nunca en contacto con nuestras propias emociones, la estrategia deja de ser una distracción puntual y puede convertirse en evitación.

Por tanto:

Primero puedo disminuir el desbordamiento desviando temporalmente mi atención. Después, cuando pueda pensar con mayor claridad, vuelvo a aquello que necesita ser afrontado.

Conclusión

Distraerse prestando atención a otra persona consiste en desplazar temporalmente el foco desde el propio sufrimiento hacia otras personas, mediante la ayuda, la observación o la representación mental de una figura significativa. Su finalidad es disminuir el desbordamiento emocional, no ignorar indefinidamente las propias emociones ni sustituir el afrontamiento del problema.


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TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraerse con actividades agradables

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Distraerse con actividades agradables

¿En qué consiste?

Una de las estrategias de tolerancia al malestar consiste en dirigir temporalmente la atención hacia actividades agradables cuando las emociones dolorosas se vuelven demasiado intensas.

Cuando una persona se encuentra desbordada por tristeza, ansiedad, ira, rechazo, frustración u otras emociones difíciles, es frecuente que toda su atención quede concentrada en aquello que le está produciendo sufrimiento. Cuanto más piensa en ello, más intensa puede hacerse la emoción y más difícil resulta salir de ese estado.

Realizar una actividad agradable permite interrumpir temporalmente ese círculo de malestar, desplazando la atención hacia una experiencia diferente.

La finalidad no es negar lo ocurrido ni evitar indefinidamente el problema. Se trata de reducir durante un tiempo la intensidad emocional para poder afrontarlo posteriormente en mejores condiciones.

Podemos resumirlo así:

malestar intenso → atención centrada en el sufrimiento → actividad agradable → cambio temporal del foco de atención → disminución de la intensidad emocional → mayor capacidad para afrontar la situación.

No hay que esperar a encontrarse mal

Un aspecto especialmente importante de esta estrategia es que las actividades agradables no deberían utilizarse únicamente cuando la persona ya se encuentra emocionalmente desbordada.

También resulta beneficioso incorporarlas de manera habitual a la vida cotidiana.

Por ello, conviene procurar realizar alguna actividad agradable cada día, aunque sea pequeña. De esta manera, las experiencias gratificantes no aparecen solamente como una respuesta de emergencia ante el sufrimiento, sino que forman parte del cuidado personal habitual.

Además, conocer de antemano qué actividades resultan agradables facilita recurrir a ellas cuando aparece una crisis emocional. Cuando una persona está muy angustiada puede resultarle difícil pensar qué podría hacer para sentirse mejor; disponer previamente de una lista de alternativas simplifica la elección.

El ejercicio físico como actividad especialmente útil

Dentro de las actividades agradables, el ejercicio físico merece una consideración especial.

Además de sus beneficios generales para la salud, la actividad física puede producir efectos positivos sobre el estado de ánimo y forma parte de distintas intervenciones psicológicas, especialmente cuando existe bajo estado de ánimo.

El ejercicio también puede favorecer cambios fisiológicos asociados a una sensación posterior de bienestar y puede constituir una alternativa para canalizar la activación corporal que acompaña a emociones intensas.

Por ejemplo, una persona que se encuentra muy activada después de una discusión puede optar por salir a caminar, siempre que la situación lo permita, en lugar de permanecer centrada exclusivamente en la discusión.

La actividad física, por tanto, puede cumplir simultáneamente varias funciones: distraer la atención, reducir activación, proporcionar una conducta alternativa y favorecer el bienestar físico y psicológico.

¿Cuándo puede ser útil?

Esta estrategia puede resultar especialmente útil cuando existe una focalización excesiva en pensamientos y emociones dolorosas y necesitamos disminuir temporalmente su intensidad.

Puede utilizarse como recurso complementario ante:

Depresión y bajo estado de ánimo. Las actividades agradables pueden contrarrestar el aislamiento y la reducción progresiva de actividades gratificantes. En el tratamiento de la depresión, este principio se relaciona también con la activación conductual, aunque esta constituye una intervención más estructurada.

Ansiedad. Puede utilizarse durante determinados momentos de elevada activación para desplazar temporalmente la atención. No debe convertirse, sin embargo, en una forma permanente de evitar aquello que produce ansiedad cuando terapéuticamente es necesario afrontarlo.

Rumiación. Es especialmente útil cuando la persona permanece dando vueltas repetidamente a una situación sin llegar a ninguna solución.

Ira y frustración. Una actividad alternativa puede proporcionar el tiempo necesario para que disminuya la intensidad emocional antes de actuar.

Rupturas, rechazo o conflictos de pareja. Puede ayudar a interrumpir temporalmente la atención constante sobre mensajes, conversaciones, discusiones o pensamientos relacionados con la otra persona.

Dificultades de regulación emocional y TLP. Dentro de un programa DBT, las actividades agradables pueden formar parte de las estrategias para atravesar momentos de elevada intensidad emocional sin recurrir a comportamientos impulsivos o perjudiciales.

Estrés. Pueden proporcionar períodos de recuperación frente a una atención constantemente dirigida hacia las preocupaciones y demandas cotidianas.

También es una estrategia perfectamente aplicable sin que exista ningún trastorno psicológico. Cualquier persona puede utilizar actividades agradables para afrontar momentos puntuales de malestar.

Ejercicio: elaborar una lista de actividades agradables

Es conveniente preparar la lista antes de necesitarla.

La persona puede revisar diferentes actividades y marcar aquellas que estaría realmente dispuesta a realizar cuando necesite distraerse de una emoción dolorosa.

No todas las actividades sirven para todas las personas. Una actividad solamente será útil si resulta realista, accesible y suficientemente atractiva para esa persona.

Puede incluir actividades relacionadas con:

  • ejercicio o movimiento;
  • contacto social;
  • música;
  • lectura;
  • animales;
  • naturaleza;
  • actividades creativas;
  • ocio;
  • cocina;
  • cuidado personal;
  • salidas;
  • juegos;
  • aprendizaje;
  • actividades culturales;
  • pequeños proyectos personales.

ENLACE : Lista de más de 100 actividades agradables 

Cómo utilizar la lista en un momento de malestar

Cuando aparezca una emoción muy intensa:

  1. Identificar el estado emocional.
    «Estoy empezando a sentirme desbordado/a».
  2. Valorar si en ese momento puedo solucionar el problema.
    Si puedo hacerlo eficazmente, actúo. Si estoy demasiado activado para hacerlo, puedo utilizar temporalmente una estrategia de distracción.
  3. Consultar mi lista de actividades agradables.
  4. Elegir una actividad posible en ese momento.
  5. Realizarla prestándole realmente atención.
  6. Comprobar posteriormente cómo ha cambiado la intensidad de la emoción.
  7. Cuando haya disminuido suficientemente el malestar, volver a valorar qué necesito hacer respecto al problema original.

Una distinción fundamental: distracción frente a evitación

Para comprender bien esta técnica, hay que distinguir distraerse temporalmente de evitar sistemáticamente.

Si cada vez que aparece una emoción desagradable la persona se distrae para no enfrentarse nunca a ella, la estrategia puede convertirse en evitación.

Por ejemplo, una persona que siente ansiedad ante una conversación importante con su pareja puede realizar temporalmente una actividad agradable si está demasiado alterada para hablar adecuadamente. Pero, una vez regulada, probablemente tendrá que afrontar la conversación.

Por tanto:

La distracción crea una pausa; la evitación convierte esa pausa en una huida permanente.

Esta diferencia es especialmente importante en los trastornos de ansiedad, TOC, fobias o TEPT, porque utilizar sistemáticamente la distracción para escapar de aquello que necesita ser abordado terapéuticamente puede mantener el problema.

Ejemplo práctico

Una persona recibe un mensaje de su pareja que interpreta como frío y distante. Inmediatamente empieza a pensar que está perdiendo interés en ella.

Comienza a releer el mensaje, recordar conversaciones anteriores y buscar posibles señales de rechazo. Cuanto más analiza la situación, mayor es su ansiedad y más ganas siente de enviar varios mensajes pidiendo explicaciones.

Reconoce que en ese momento está demasiado activada para responder de manera reflexiva.

Consulta su lista de actividades agradables y decide salir a caminar mientras escucha música.

El objetivo no es olvidar la relación ni evitar hablar con su pareja. Está utilizando la actividad para interrumpir temporalmente la escalada emocional.

Cuando regresa, la emoción ha disminuido suficientemente como para volver a leer el mensaje y decidir con mayor claridad si necesita responder y cómo hacerlo.

Conclusión:

Distraerse mediante actividades agradables consiste en apartar temporalmente la atención del sufrimiento cuando la emoción es demasiado intensa, dirigiéndola hacia una experiencia gratificante. No pretende negar ni solucionar el problema, sino reducir el desbordamiento para poder afrontarlo posteriormente con mayor claridad.

Y esta queda claramente diferenciada de las dos anteriores: la aceptación radical cambia nuestra relación con una realidad que no podemos modificar; la distracción frente a conductas autodestructivas busca atravesar una urgencia sin hacerse daño; y las actividades agradables desplazan temporalmente el foco de atención para disminuir el desbordamiento emocional.

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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es


TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Distraerse frente a comportamientos autodestructivos

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Distraerse frente a comportamientos autodestructivos

¿En qué consiste?

Uno de los objetivos importantes de la Terapia Dialéctico-Conductual es ayudar a la persona a interrumpir conductas autodestructivas que aparecen como respuesta a un sufrimiento emocional muy intenso.

Entre estas conductas pueden encontrarse acciones como:

  • cortarse;
  • quemarse;
  • arañarse;
  • golpearse;
  • mutilarse;
  • realizar otras conductas físicas dirigidas contra uno mismo.

En muchos casos, estas conductas no aparecen porque la persona “quiera hacerse daño” sin más, sino porque se han convertido en una forma extrema de regular un malestar emocional que se vive como insoportable.

Algunas personas describen que, después de hacerse daño, experimentan una reducción temporal de la tensión o del sufrimiento. Sin embargo, ese alivio es de corta duración y puede ir acompañado de consecuencias físicas graves, cicatrices, complicaciones médicas, culpa, vergüenza y un mayor riesgo de repetir la conducta.

Por eso, el objetivo terapéutico es sustituir progresivamente la conducta autodestructiva por respuestas menos dañinas que permitan atravesar el pico de malestar sin lesionarse.

La función de la conducta autodestructiva

Para comprender esta estrategia es importante no quedarse únicamente en la conducta visible.

La secuencia puede ser:

dolor emocional intenso → sensación de desbordamiento → impulso de hacerse daño → conducta autodestructiva → alivio inmediato → consecuencias negativas → aumento posterior del sufrimiento.

El hecho de que una conducta produzca alivio a corto plazo puede hacer que se repita con mayor facilidad en el futuro.

Por eso, no basta con decirle a una persona:

“No lo hagas”.

Hay que ayudarla a desarrollar alternativas concretas para el momento en que aparece el impulso.

¿Para qué problemas psicológicos puede resultar útil esta estrategia?

Esta intervención puede ser útil como parte de un tratamiento más amplio cuando aparecen conductas autolesivas o impulsos de hacerse daño, especialmente en situaciones de:

  • Trastorno límite de la personalidad. La autolesión puede aparecer asociada a desregulación emocional intensa, sentimientos de vacío, rechazo, abandono o dificultad para tolerar estados afectivos muy intensos.
  • Trauma y TEPT. Algunas personas utilizan la autolesión como forma de reducir hiperactivación, angustia, recuerdos intrusivos o estados disociativos. En estos casos, la estrategia puede ayudar en momentos agudos, pero no sustituye el tratamiento específico del trauma.
  • Depresión grave. Puede aparecer autolesión asociada a desesperanza, culpa, autodesprecio o anestesia emocional.
  • Trastornos relacionados con la regulación emocional. Puede ser útil cuando la persona experimenta emociones tan intensas que recurre al daño físico como forma de descarga o control.
  • Disociación. Algunas personas se lesionan para “sentirse reales” o para salir de estados de desconexión. En estos casos se requieren estrategias específicas de grounding y estabilización.
  • Crisis interpersonales intensas. Por ejemplo, después de una ruptura, una discusión grave, rechazo percibido o sensación de abandono.

También puede utilizarse aunque no exista un diagnóstico concreto, siempre que haya un impulso autolesivo asociado a sufrimiento emocional intenso.

Objetivo de la técnica

El objetivo inmediato no es resolver toda la causa del sufrimiento.

El objetivo es más concreto:

ganar tiempo y atravesar el pico de urgencia sin hacerse daño.

Esto permite que la intensidad emocional disminuya y que posteriormente puedan utilizarse otras estrategias de regulación, solución de problemas o procesamiento terapéutico.

Ejercicio: alternativas a las conductas autodestructivas

Marca con una X aquellas estrategias que estarías dispuesto/a a utilizar cuando aparezca el impulso de hacerte daño.

☐ Sujetar un cubito de hielo en la mano y concentrarse en la sensación de frío.

☐ Dibujar sobre la piel con un rotulador rojo en la zona donde aparecería el impulso de hacerse daño.

☐ Utilizar pintura roja o esmalte de uñas para representar visualmente aquello que la persona estaría intentando expresar mediante la autolesión.

☐ Dibujar posteriormente líneas o “puntos de sutura” con un rotulador negro.

☐ Apretar un cubito de hielo mientras se utiliza otra estrategia distractora.

☐ Clavar las uñas en el brazo sin llegar a lesionar la piel.

☐ Dibujar en globos las caras de personas hacia las que se siente rabia y explotarlos.

☐ Escribir cartas a personas que hayan causado daño expresando lo que se siente, sin necesidad de enviarlas.

☐ Lanzar contra una pared objetos blandos, como cojines o calcetines enrollados.

☐ Gritar contra una almohada o hacerlo en un lugar donde no se moleste a otras personas.

☐ Llorar y permitir que la emoción se exprese.

☐ Utilizar otra actividad física segura que permita descargar tensión sin hacerse daño.

☐ Otra alternativa saludable: ___________________________________

☐ Otra alternativa saludable: ___________________________________

Precaución importante

Hay algunas estrategias clásicas de manuales antiguos de DBT o de tolerancia al malestar que buscan producir sensaciones físicas intensas, pero hoy conviene aplicarlas con mucha prudencia.

La regla clínica debería ser:

la alternativa no debe convertirse en otra forma de autolesión.

Si una técnica produce lesiones, marcas importantes, dolor excesivo o refuerza el mismo patrón de castigo hacia uno mismo, deja de cumplir la función terapéutica deseada.

Por eso, cuanto más segura, breve y controlable sea la alternativa, mejor.

¿Por qué puede funcionar la distracción?

Cuando el impulso autodestructivo alcanza una intensidad elevada, la persona puede experimentar una especie de “visión de túnel” en la que solo percibe una forma de aliviarse.

La distracción introduce una demora conductual:

aparece el impulso → se utiliza una alternativa → pasa el pico emocional → disminuye la urgencia → aumenta la capacidad de elegir.

Muchas urgencias emocionales son intensas pero fluctuantes. Si la persona logra atravesar el momento de máxima intensidad, aumenta la posibilidad de no ejecutar la conducta autodestructiva.

Ejercicio clínico de análisis funcional

Después de que haya pasado el episodio, puede ser útil analizarlo de esta manera:

Situación desencadenante:
¿Qué ocurrió justo antes?

Pensamientos:
¿Qué me estaba diciendo?

Emoción:
¿Qué sentía y con qué intensidad?

Sensaciones corporales:
¿Qué notaba físicamente?

Impulso:
¿Qué quería hacer?

Conducta:
¿Qué hice finalmente?

Alivio inmediato:
¿Qué efecto tuvo?

Consecuencia posterior:
¿Cómo me sentí después?

Alternativa posible:
¿Qué podría probar la próxima vez?

Este análisis ayuda a comprender qué función está cumpliendo la conducta autolesiva, algo esencial para poder sustituirla eficazmente.

Plan de emergencia personal

Puede ser útil que la persona prepare por adelantado un pequeño plan para momentos de urgencia.

Por ejemplo:

Cuando note ganas de hacerme daño:

  1. Me alejaré de objetos o situaciones que faciliten la lesión.
  2. Utilizaré una estrategia alternativa de la lista.
  3. Esperaré unos minutos antes de tomar cualquier decisión.
  4. Contactaré con una persona de apoyo si la urgencia continúa aumentando.
  5. Buscaré ayuda profesional urgente si siento que puedo perder el control.

Preparar estas alternativas cuando la persona está calmada suele ser mucho más eficaz que intentar inventarlas en plena crisis.

¿Cuándo esta estrategia no es suficiente?

Si existen:

  • lesiones graves;
  • aumento progresivo de la frecuencia o intensidad de las autolesiones;
  • pérdida de control;
  • planificación de daño grave;
  • intención suicida;
  • acceso inmediato a medios letales;
  • incapacidad para garantizar la propia seguridad,

la distracción por sí sola no es suficiente.

En esos casos se requiere una evaluación específica del riesgo y una intervención de seguridad inmediata.

Diferencia entre autolesión y conducta suicida

Aunque pueden coexistir, no son exactamente lo mismo.

Una conducta autolesiva puede tener como función regular una emoción, reducir tensión, interrumpir una sensación de vacío o expresar sufrimiento sin existir necesariamente intención de morir.

Sin embargo, toda conducta autolesiva debe explorarse clínicamente, porque el riesgo suicida puede coexistir o variar con el tiempo.

Por eso no debe asumirse automáticamente que:

autolesión = intento de suicidio

ni tampoco que:

autolesión = ausencia de riesgo suicida.

Conclusión

La estrategia de distracción frente a comportamientos autodestructivos no pretende resolver inmediatamente el origen del dolor, sino ayudar a la persona a atravesar el momento de máxima intensidad sin hacerse daño. Una vez que disminuye la urgencia, pueden utilizarse estrategias de regulación emocional y tratamiento más profundas.

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TERAPIA DIALÉCTICA CONDUCTUAL - Aceptación radical

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Aceptación radical

¿Qué es la aceptación radical?

La aceptación radical es una habilidad de tolerancia al malestar utilizada en Terapia Dialéctico-Conductual (TDC/DBT). Consiste en reconocer la realidad tal como es en el momento presente, sin luchar mentalmente contra aquello que ya ha sucedido y que, en ese momento, no podemos cambiar.

Cuando experimentamos una situación dolorosa, es frecuente reaccionar con enfado, culpabilización o pensamientos como:

  • «Esto no debería haber ocurrido».
  • «No tendría que estar pasando esto».
  • «¿Por qué me ha tenido que pasar a mí?».
  • «Si esa persona hubiera actuado de otra manera, yo no estaría así».

Estas reacciones son comprensibles, pero no modifican el acontecimiento que ya ha ocurrido. Por el contrario, mantener una lucha constante contra la realidad puede añadir sufrimiento al dolor inicial.

Podemos expresarlo mediante una distinción sencilla:

Dolor inevitable + lucha contra la realidad = aumento del sufrimiento.

La aceptación radical intenta reducir esa segunda parte.

Aceptar no significa aprobar

Esta distinción es fundamental.

Aceptar una realidad no significa considerarla justa, correcta o deseable. Tampoco significa perdonar a quien nos ha hecho daño, justificar su comportamiento, resignarnos o renunciar a cambiar aquello que todavía podemos modificar.

Aceptar significa reconocer:

«Esto es lo que ha ocurrido o esto es lo que está ocurriendo ahora, aunque no me guste».

Por ejemplo, una persona que se encuentra en una relación abusiva no tiene que aceptar el abuso como algo correcto. La aceptación consiste en reconocer que la situación existe para poder dirigir su atención hacia aquello que sí puede hacer en el presente, incluida la búsqueda de protección y la salida de la situación.

Por tanto:

Aceptación ≠ aprobación ≠ resignación.

La aceptación puede ser precisamente el punto de partida para el cambio.

¿Por qué luchar contra el pasado aumenta el sufrimiento?

Cuando una persona se enfada continuamente por algo que ya ha ocurrido, se critica a sí misma o permanece centrada en cómo deberían haber sucedido las cosas, puede quedar atrapada en una realidad que ya no puede modificar.

Ser excesivamente crítico con uno mismo o con la situación puede actuar metafóricamente como llevar unas gafas de sol oscuras dentro de una habitación: dificulta percibir con claridad todos los elementos de lo que está ocurriendo.

La persona puede entonces:

juzgar → enfadarse → rumiar → aumentar el malestar → volver a juzgar.

Además, cuanto mayor es la activación emocional, más difícil puede resultar analizar con claridad la situación y decidir qué hacer.

La aceptación radical propone sustituir esa lucha por otra secuencia:

Observar la realidad → reconocerla → aceptar que ha ocurrido → identificar qué puedo controlar ahora → actuar sobre el presente.

No podemos modificar el pasado mediante el enfado. Sí podemos decidir qué hacer a partir de ahora.

¿En qué problemas psicológicos puede ser útil?

La aceptación radical es una habilidad transversal de regulación y tolerancia al malestar. No constituye por sí sola el tratamiento de un trastorno y debe integrarse en una intervención adecuada al problema de la persona.

Puede resultar especialmente útil en situaciones caracterizadas por elevada reactividad emocional, rumiación o dificultad para aceptar acontecimientos que no pueden modificarse, por ejemplo:

  • Trastorno límite de la personalidad (TLP). Es una de las aplicaciones características dentro de DBT, especialmente ante emociones muy intensas, impulsividad, sentimientos de rechazo o abandono y crisis emocionales.
  • Depresión. Puede ayudar cuando existe rumiación persistente sobre acontecimientos pasados, pérdidas, decisiones o errores. No pretende que la persona «acepte estar deprimida», sino reducir la lucha repetitiva contra hechos que ya no puede modificar.
  • Trastornos de ansiedad. Puede ser útil para trabajar la dificultad para tolerar incertidumbre, sensaciones desagradables o circunstancias que no están bajo control. Debe diferenciarse de la evitación y no sustituye técnicas específicas como la exposición cuando están indicadas.
  • Trauma y TEPT. Puede ayudar a reconocer que el acontecimiento traumático ocurrió y que no puede deshacerse. Esto no significa aceptar, justificar ni perdonar al agresor, y la aceptación radical no sustituye el procesamiento terapéutico del trauma.
  • Duelo y pérdidas. Puede favorecer progresivamente el reconocimiento de una realidad dolorosa que no puede modificarse, como una muerte, una ruptura o determinadas pérdidas vitales.
  • Rupturas sentimentales, rechazo e infidelidad. Puede ser útil cuando la persona permanece atrapada intentando mentalmente modificar lo ocurrido, preguntándose reiteradamente por qué sucedió o deseando que el pasado hubiese sido diferente.
  • Ira y conflictos interpersonales. Puede ayudar a diferenciar entre el hecho que ya ha ocurrido y aquello que todavía puede hacerse para responder a él.
  • Dolor crónico o enfermedad física. Puede utilizarse para disminuir la lucha psicológica contra determinadas circunstancias que no pueden modificarse inmediatamente, sin que aceptar signifique abandonar tratamientos médicos o dejar de buscar mejoría.

También puede utilizarse sin que exista ningún trastorno psicológico: ante cambios vitales, frustraciones, errores propios, conflictos familiares, problemas laborales, decepciones o cualquier circunstancia dolorosa que ya haya sucedido y no pueda deshacerse.

Frases de afrontamiento para practicar la aceptación radical

Las frases de afrontamiento sirven para recordar la habilidad cuando la persona comienza a luchar mentalmente contra una realidad que no puede cambiar.

Marca con una X aquellas que te puedan resultar útiles:

☐ Así es como tiene que ser.

☐ Todos los acontecimientos han conducido hasta aquí.

☐ No puedo cambiar lo que ya ha ocurrido.

☐ No tiene sentido luchar con el pasado.

☐ Luchar con el pasado solo me impide ver mi presente.

☐ El presente es el único momento sobre el que tengo control.

☐ Es una pérdida de tiempo luchar con lo que ya ha ocurrido.

☐ El momento presente es perfecto, aunque no me guste lo que está pasando.

☐ Este momento es justamente como tendría que ser, dado lo que ha ocurrido anteriormente.

☐ Este momento es el resultado de un millón de otras decisiones.

Mis propias frases de aceptación:

☐ ______________________________________________________

☐ ______________________________________________________

☐ ______________________________________________________

Una precisión sobre estas frases

Expresiones como «este momento es perfecto» o «así es como tiene que ser» pueden resultar confusas si se interpretan literalmente.

No quieren decir que lo sucedido sea bueno, justo o moralmente aceptable. Su significado dentro del ejercicio es:

«Dadas las circunstancias y la cadena de acontecimientos anteriores, esta es la realidad que existe ahora. Puedo no estar de acuerdo con ella y, al mismo tiempo, reconocer que existe».

Esta interpretación evita confundir aceptación con conformismo.

Ejercicio práctico de aceptación radical

Objetivo

Aprender a observar una situación sin añadir inmediatamente juicios, críticas o pensamientos acerca de cómo debería haber sido.

Conviene comenzar con acontecimientos de baja intensidad emocional. Una situación traumática o extremadamente dolorosa no suele ser el mejor punto de partida para aprender esta habilidad.

Práctica

Marca aquellas situaciones que estés dispuesto/a a utilizar para practicar:

☐ Leer una noticia polémica intentando observar los hechos antes de emitir juicios sobre ellos.

☐ La próxima vez que te encuentres en un atasco, observar la situación y esperar intentando no añadir críticas continuamente.

☐ Ver una noticia en televisión intentando distinguir entre lo que ha ocurrido y mi valoración sobre lo ocurrido.

☐ Escuchar un comentario político en la radio observando las reacciones internas que aparecen sin necesidad de actuar inmediatamente sobre ellas.

☐ Recordar un acontecimiento del pasado que no sea excesivamente doloroso y practicar su recuerdo sin juzgarse a uno mismo ni intentar modificar mentalmente lo sucedido.

☐ Otra situación: ____________________________________________

Cómo realizar el ejercicio

Cuando aparezca una situación adecuada para practicar, puede seguirse esta secuencia:

  1. Describir los hechos.
    ¿Qué ha ocurrido realmente?
  2. Detectar los juicios.
    ¿Qué estoy diciéndome acerca de cómo debería o no debería haber sucedido?
  3. Diferenciar lo modificable de lo inmodificable.
    ¿Qué parte pertenece ya al pasado y no puedo cambiar?
  4. Utilizar una frase de aceptación radical.
    Por ejemplo: «No puedo cambiar lo que ya ha ocurrido».
  5. Observar la emoción.
    Permitir que esté presente sin intentar eliminarla inmediatamente.
  6. Volver al presente.
    Preguntarse: «Dado que esta es la realidad actual, ¿qué puedo hacer ahora?»

Esta última pregunta es especialmente importante porque evita convertir la aceptación en pasividad.

¿Cuándo no basta con aceptar?

La aceptación radical no debe utilizarse para justificar la permanencia en una situación peligrosa o modificable.

Si existe violencia, abuso, riesgo para la persona, autolesiones, ideación suicida u otra situación grave, además de trabajar la aceptación de los hechos que ya han ocurrido, hay que intervenir sobre aquello que sí puede cambiarse y priorizar la seguridad.

La distinción que conviene recordar es:

Acepto lo que no puedo cambiar del pasado o del presente para dejar de luchar contra su existencia; actúo sobre aquello que sí puedo modificar.

Conclusión:

La aceptación radical no pretende eliminar el dolor ni afirmar que lo ocurrido está bien. Pretende dejar de añadir sufrimiento mediante una lucha constante contra una realidad que ya existe, para poder dirigir la atención y la conducta hacia aquello que todavía puede hacerse en el presente.


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María Jesús Suárez Duque - Doctoralia.es

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